Beneficios y contraindicaciones del cromo

El cromo es un oligoelemento que necesitamos en cantidades muy pequeñas y que se hizo especialmente conocido por su relación con el metabolismo de la glucosa y la acción de la insulina.

Durante muchos años esta función se explicó mediante el llamado factor de tolerancia a la glucosa (FTG), un complejo al que se atribuía la capacidad de potenciar la actividad de la insulina y en el que se incluían cromo, ácido nicotínico —vitamina B3— y determinados aminoácidos.

Actualmente conocemos bastante mejor la relación entre el cromo y la señalización de la insulina, pero aquel concepto del FTG explica por qué durante décadas encontramos asociado el cromo con vitamina B3, zinc y aminoácidos en numerosos preparados nutricionales.

Y también explica por qué este pequeño mineral terminó siendo especialmente conocido dentro de los complementos destinados al control de la glucosa, el apetito y el peso.

Principales funciones del cromo

La función más característica del cromo está relacionada con la insulina, una hormona imprescindible para regular la entrada y utilización de la glucosa por las células.

Por esta razón se ha utilizado tradicionalmente como apoyo en alteraciones relacionadas con el metabolismo del azúcar, especialmente cuando existe mala tolerancia a la glucosa, hiperglucemia o resistencia a la insulina.

Esta relación también resulta interesante en las personas que experimentan oscilaciones importantes de glucosa acompañadas de hambre, cansancio o deseo frecuente de alimentos dulces.

El cromo se ha utilizado además en el control del apetito y del peso corporal. Cuando el metabolismo de la glucosa funciona mal pueden aparecer picos y descensos que terminan influyendo en el hambre y en la necesidad de volver a comer.

De ahí procede buena parte de la fama del picolinato de cromo en los complementos destinados al control de peso.

El metabolismo de la glucosa no es su única conexión. El cromo también se ha relacionado con el metabolismo de las grasas y el colesterol, razón por la que tradicionalmente aparece asociado a la salud cardiovascular, colesterol elevado, hipertensión y arteriosclerosis.

Glucosa, insulina, grasas y salud cardiovascular no funcionan como compartimentos separados. Forman parte del mismo entramado metabólico y precisamente ahí es donde el cromo resulta más interesante.

¿Qué ocurre cuando falta cromo?

Una deficiencia importante de cromo puede alterar la tolerancia a la glucosa y la respuesta a la insulina.

Se han descrito alteraciones como aumento de glucosa sanguínea, cambios en el metabolismo de los lípidos y alteraciones metabólicas que pueden recordar a las observadas en la diabetes.

La relación entre cromo y diabetes, obesidad, colesterol elevado y enfermedad cardiovascular se ha estudiado precisamente por su participación en estos mecanismos, aunque no significa que cualquiera de estas alteraciones se deba automáticamente a una carencia de cromo.

La deficiencia franca no es habitual en una persona que lleva una alimentación variada, pero existen circunstancias en las que las necesidades o pérdidas pueden cambiar.

La edad, determinadas situaciones metabólicas y fisiológicas y una alimentación basada principalmente en productos muy refinados pueden influir en el aporte de este oligoelemento.

Cromo y alimentos refinados

Aquí encontramos una de las partes más interesantes.

El cromo está presente en los cereales integrales, pero una parte importante se pierde durante el refinado.

Es decir, eliminamos las capas externas del cereal y con ellas desaparecen diferentes minerales y nutrientes. Después utilizamos esos cereales refinados para fabricar productos ricos en hidratos de carbono que van a necesitar precisamente una buena regulación de la glucosa.

Algo parecido ocurre con el azúcar refinado: aporta enormes cantidades de hidratos de carbono simples pero prácticamente ninguno de los micronutrientes que acompañaban al alimento original.

Por eso no solamente importa cuánto azúcar o cuántos hidratos comemos. También importa en qué alimento vienen contenidos y qué hemos eliminado durante su procesamiento.

Fuentes naturales de cromo

Podemos encontrar cromo en diferentes alimentos, entre ellos:

cereales integrales, levadura de cerveza, hígado, riñones, carnes, algunos quesos, pimienta negra y determinados vegetales.

La cantidad puede variar considerablemente dependiendo del alimento, del suelo en el que se haya producido y de su procesamiento.

La levadura de cerveza ha sido tradicionalmente una de las fuentes más conocidas de cromo y precisamente por eso aparece con frecuencia en antiguos preparados destinados al metabolismo de la glucosa.

Cromo, apetito y pérdida de peso

Ésta es probablemente, junto con la glucosa, una de sus aplicaciones más populares.

El cromo no «quema grasa» directamente. Su interés está en su relación con la insulina y el aprovechamiento de la glucosa, y a partir de ahí con el hambre y el metabolismo energético.

Por eso puede resultar especialmente interesante cuando el problema no consiste simplemente en comer demasiado, sino en una persona que presenta hambre frecuente, deseo de dulce y oscilaciones de energía relacionadas con su alimentación.

En estos casos tiene mucho más sentido comprender por qué aparece el cromo en una fórmula que considerarlo simplemente otro ingrediente para adelgazar.

Contraindicaciones del cromo

Necesitamos muy poco cromo y, como ocurre con cualquier oligoelemento, no tiene sentido utilizar cantidades cada vez mayores pensando que así funcionará mejor.

También es importante distinguir el cromo trivalente, que es la forma relacionada con nutrición y complementación, del cromo hexavalente, que es un compuesto industrial tóxico y no tiene nada que ver con el uso nutricional del mineral.

Cuando existen alteraciones importantes de la glucosa o se utilizan medicamentos destinados a reducirla, hay que tener en cuenta que añadir sustancias que también intervienen en este metabolismo puede modificar la respuesta individual.

Lo mismo ocurre cuando existen problemas renales o hepáticos importantes, situaciones en las que no utilizaría complementos minerales alegremente sin valorar primero el conjunto.

El cromo es un buen ejemplo de cómo un mineral presente en cantidades diminutas puede acabar conectado con algo muchísimo mayor: glucosa, insulina, hambre, metabolismo de las grasas y utilización de la energía.

Y quizá también sea un buen ejemplo de lo que ocurre cuando refinamos tanto nuestros alimentos que terminamos separando los hidratos de carbono de muchos de los micronutrientes que originalmente los acompañaban.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa y no constituye una pauta individual de suplementación.

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