Sal del Himalaya: beneficios, propiedades y usos

La sal del Himalaya, conocida también como sal rosa, se ha convertido en una de las sales naturales más populares por su característico color, su sabor y su contenido en pequeñas cantidades de diferentes minerales.

Pero alrededor de ella también han aparecido tantas afirmaciones que a veces resulta difícil separar lo que realmente tiene de especial de todo lo que se le ha ido atribuyendo.

Y para entenderla, primero tenemos que empezar por algo mucho más básico.

La sal es necesaria para la vida.

El sodio y el cloruro participan en el equilibrio de los líquidos corporales, la transmisión nerviosa, la contracción muscular y numerosos procesos fisiológicos. El problema no es que el cloruro de sodio sea una sustancia extraña para nuestro organismo. Todo lo contrario.

El problema aparece cuando nuestra alimentación aporta mucho más sodio del que necesitamos, algo bastante fácil en una dieta con abundantes alimentos procesados.

Sal de mesa, sal marina y sal del Himalaya

La mayor parte de cualquier sal alimentaria está formada por cloruro de sodio (NaCl).

Esto ocurre con la sal refinada, la sal marina y también con la sal rosa del Himalaya.

La diferencia entre ellas se encuentra principalmente en su procedencia, procesamiento, tamaño del cristal, humedad y pequeñas cantidades de otros minerales.

La sal de mesa refinada se procesa para conseguir cristales uniformes y puede contener agentes antiapelmazantes que evitan que absorba humedad y se formen bloques.

También puede estar yodada.

Y esto merece una aclaración porque durante años se ha presentado el yodo añadido a la sal como algo negativo.

El yodo es un oligoelemento necesario para fabricar las hormonas tiroideas. Precisamente la sal yodada comenzó a utilizarse como estrategia para prevenir los problemas derivados de una ingesta insuficiente de yodo.

Otra cuestión completamente diferente es que una persona necesite controlar individualmente su consumo de yodo.

La sal marina se obtiene mediante la evaporación del agua del mar y, dependiendo de su procesamiento, puede conservar cantidades pequeñas de otros minerales.

Y después tenemos la sal rosa.

¿De dónde procede realmente la sal del Himalaya?

Aunque la conocemos comercialmente como sal del Himalaya, gran parte de esta sal procede de antiguos depósitos salinos situados en la región de Punjab, en Pakistán.

Uno de los lugares más conocidos es la mina de sal de Khewra, situada en la cordillera de Salt Range.

Estamos hablando de depósitos geológicos de sal formados hace millones de años.

De ahí procede una de sus características más llamativas: no se obtiene directamente evaporando el agua de los océanos actuales, sino mediante minería de depósitos salinos antiguos.

Su color puede variar desde un rosa muy pálido hasta tonalidades rojizas dependiendo de su composición mineral.

El hierro y sus óxidos participan especialmente en estas tonalidades.

¿Tiene realmente muchos minerales?

Éste es uno de los argumentos que más se utilizan para promocionarla.

La sal rosa puede contener pequeñas cantidades de calcio, potasio, magnesio, hierro y otros elementos traza.

Y eso es cierto.

Lo que debemos poner en contexto es la cantidad.

La inmensa mayoría de la sal sigue siendo cloruro de sodio y los demás minerales aparecen en proporciones pequeñas.

Por tanto, aunque su composición mineral sea algo más variada que la de una sal altamente refinada, no utilizaría sal del Himalaya como fuente de magnesio, calcio, hierro o zinc.

Tenemos alimentos muchísimo mejores para conseguirlos y, además, no tendría ningún sentido aumentar el consumo de sodio intentando obtener cantidades nutricionalmente importantes de esos minerales.

Esto no le quita interés a la sal rosa.

Simplemente coloca cada cosa en su sitio.

Para qué necesitamos realmente la sal

Sodio y cloruro son electrolitos fundamentales.

El sodio participa en el mantenimiento del volumen de los líquidos corporales, en la transmisión del impulso nervioso y en la contracción muscular.

Nuestro sistema nervioso funciona gracias, entre otras cosas, a movimientos controlados de sodio y potasio a través de las membranas de las neuronas.

Los músculos también necesitan un equilibrio adecuado de electrolitos para contraerse y relajarse correctamente.

El cloruro, por su parte, participa en el equilibrio de líquidos y forma parte además del ácido clorhídrico del estómago, necesario para el proceso digestivo.

Por eso ni la sal es un veneno ni necesitamos eliminar completamente el sodio de nuestra alimentación.

Necesitamos equilibrio.

Sal, agua y presión arterial

Sodio y agua están íntimamente relacionados.

Nuestro organismo regula de manera muy precisa la concentración de sodio y el volumen de los líquidos mediante los riñones y diferentes sistemas hormonales.

Cuando ingerimos cantidades elevadas de sodio, nuestro organismo puede retener más agua y esto puede influir en el volumen sanguíneo y en la presión arterial, especialmente en personas sensibles a la sal.

Aquí la sal rosa no tiene una ventaja mágica.

El sodio de la sal del Himalaya sigue siendo sodio.

Por tanto, una persona a la que se le haya recomendado reducir la sal no debería sustituir simplemente la sal común por grandes cantidades de sal rosa pensando que así desaparece el problema.

¿Es más natural la sal del Himalaya?

Podemos considerarla una sal menos refinada cuando el producto conserva sus características originales y no ha sufrido determinados procesos industriales.

También puede gustarnos más su sabor, textura o procedencia.

Y eso ya constituye una razón perfectamente válida para elegirla.

Lo que no necesitamos es convertir la sal refinada en un veneno para poder defender una sal natural.

Una alimentación saludable no depende de que un único ingrediente sea absolutamente bueno o malo.

Depende del conjunto y de la cantidad.

Sal del Himalaya y calambres musculares

Los electrolitos participan en el funcionamiento muscular y una pérdida importante de sodio puede producir problemas, especialmente cuando sudamos abundantemente durante ejercicio prolongado, trabajos físicos intensos o temperaturas elevadas.

Pero los calambres musculares no dependen exclusivamente del sodio.

Hidratación, fatiga muscular, entrenamiento, magnesio, potasio y otras circunstancias también pueden intervenir.

Por tanto, la sal puede formar parte de la reposición de electrolitos cuando realmente existe una pérdida importante, pero no consideraría la sal rosa un remedio universal contra los calambres.

Lavados nasales con agua salina

Aquí sí tenemos un uso muy interesante de la sal, aunque no sea exclusivo de la procedente del Himalaya.

Las soluciones salinas nasales pueden utilizarse para limpiar las fosas nasales, fluidificar secreciones y arrastrar partículas, alérgenos y mucosidad.

Son especialmente conocidas en épocas de congestión, sequedad ambiental o alergias.

Pero es importante prepararlas correctamente.

Para una irrigación nasal no utilizaría simplemente agua del grifo mezclada con una cantidad de sal calculada a ojo. El agua debe ser adecuada para este uso y la concentración salina también importa para no irritar la mucosa.

Por tanto, para lavados nasales prefiero una solución preparada específicamente para ello o una preparación correctamente realizada.

¿La sal rosa está libre de contaminantes?

El hecho de proceder de depósitos geológicos antiguos reduce determinadas preocupaciones relacionadas con la contaminación marina actual, pero no podemos afirmar que cualquier sal rosa esté «absolutamente libre de contaminantes».

Los minerales naturales contienen diferentes elementos dependiendo de su origen geológico.

Por eso sigue siendo importante comprar sal destinada al consumo alimentario y procedente de un fabricante que realice los correspondientes controles de calidad.

Natural no significa sin controles.

De hecho, cuanto más interés tengo por un producto natural, más me interesa conocer su procedencia.

¿Es necesario utilizar siempre sal del Himalaya?

No.

Podemos utilizar sal marina, sal yodada, sal rosa u otras sales dependiendo de nuestra alimentación y necesidades.

Hay personas que disfrutan utilizando diferentes sales según el plato: cristales gruesos para terminar una preparación, sal marina para cocinar o sal rosa por su sabor y textura.

Lo importante es no perder de vista algo mucho más relevante que el color de la sal.

Gran parte del sodio que consumimos actualmente no procede del salero, sino de panes, quesos, embutidos, salsas, aperitivos, comidas preparadas y productos ultraprocesados.

Podemos utilizar una maravillosa sal rosa en nuestra cocina y continuar tomando demasiado sodio si el resto de nuestra alimentación está cargado de productos procesados.

Lámparas de sal del Himalaya

Las lámparas de sal se fabrican tallando grandes bloques de sal rosa y colocando en su interior una bombilla o una fuente de luz.

Cada pieza es diferente porque conserva la forma, vetas y tonalidades propias del bloque mineral.

Cuando se iluminan producen una luz cálida en tonos rosados, rojizos y anaranjados que puede crear un ambiente especialmente agradable y relajante.

Tradicionalmente se les han atribuido propiedades como liberar iones negativos, neutralizar los producidos por aparatos electrónicos o purificar el aire.

Yo separaría aquí dos cosas.

Una lámpara de sal puede ser un objeto decorativo natural precioso, proporcionar una iluminación cálida y ayudarnos a crear un entorno que invite al descanso.

No necesitamos atribuirle la capacidad de neutralizar las radiaciones de televisores, móviles o electrodomésticos para disfrutar de ella.

A veces un objeto puede mejorar nuestro entorno de una manera mucho más sencilla.

Una habitación con una iluminación cálida, suave y agradable al final del día ya cambia muchísimo la sensación que produce ese espacio.

Beneficios de la sal del Himalaya

La sal rosa nos proporciona principalmente lo mismo que cualquier sal: sodio y cloruro, dos minerales imprescindibles para nuestro organismo.

Su interés particular está en su origen geológico, su escaso procesamiento en determinadas presentaciones, su textura, su sabor y las pequeñas cantidades de otros minerales que le proporcionan su característico color.

Puede ser una buena sal para cocinar si nos gusta.

Pero no necesitamos tomar más cantidad para aprovecharla.

Ésta es probablemente la idea más importante.

Que una sal sea natural no cambia la cantidad de sodio que nuestro organismo necesita.

Podemos elegir una buena sal, disfrutar de ella y utilizarla con sentido sin convertirla ni en un veneno ni en una medicina.

Este contenido tiene carácter educativo e informativo. Las personas que necesiten restringir el sodio por hipertensión, enfermedad renal, cardiaca u otra circunstancia deben adaptar el consumo de cualquier tipo de sal a sus necesidades individuales.

Share

Añadir un comentario