Beneficios y propiedades de la nuez de macadamia

Las nueces de macadamia son unos frutos secos originarios de Australia, pequeños y redondeados, con una textura extraordinariamente cremosa y un sabor suave, ligeramente dulce.

Proceden principalmente de Macadamia integrifolia y Macadamia tetraphylla, árboles australianos cuyas nueces fueron consumidas durante mucho tiempo por los pueblos aborígenes antes de convertirse en un alimento apreciado en todo el mundo.

Y tienen una composición bastante peculiar.

Mientras otros frutos secos llaman la atención por sus proteínas, omega-3 o determinados minerales, la macadamia destaca fundamentalmente por su elevadísimo contenido en grasas monoinsaturadas.

Propiedades de la nuez de macadamia

Las macadamias aportan manganeso, magnesio, cobre, fósforo, hierro, zinc, calcio y potasio, aunque las cantidades son muy diferentes dependiendo del mineral.

Contienen también vitaminas del grupo B, especialmente tiamina (B1), además de niacina, vitamina B6, riboflavina y folatos, junto con vitamina E y otros compuestos antioxidantes.

Aportan fibra, proteínas y fitoesteroles, pero aproximadamente tres cuartas partes de su peso corresponden a grasa.

Y aquí está precisamente lo más interesante.

Predominan los ácidos grasos monoinsaturados, principalmente ácido oleico, pero las macadamias contienen además una cantidad especialmente llamativa de ácido palmitoleico, un ácido graso omega-7 mucho menos habitual en nuestra alimentación.

Ésta es una de las razones por las que tanto la nuez como su aceite tienen unas características diferentes a las de otros frutos secos.

Macadamias y salud cardiovascular

Durante mucho tiempo se miró con cierto recelo a los frutos secos precisamente porque contienen mucha grasa y muchas calorías.

Hoy sabemos que eso era simplificar demasiado.

Importa la cantidad, naturalmente, pero importa muchísimo qué tipo de grasa estamos comiendo y a qué alimentos está sustituyendo.

En la macadamia predominan las grasas monoinsaturadas. Diferentes estudios realizados incorporando estos frutos secos dentro de la alimentación han observado cambios favorables en el perfil lipídico, especialmente en el colesterol total y LDL.

Esto tiene bastante sentido cuando utilizamos frutos secos para sustituir alimentos ricos en determinadas grasas saturadas o productos ultraprocesados.

Además, las macadamias aportan fitoesteroles, fibra y diferentes compuestos antioxidantes que completan su interés nutricional.

No necesitamos, por tanto, buscar un alimento sin grasa para cuidar el corazón.

A veces necesitamos simplemente elegir mejor las grasas.

Un alimento muy energético

Las macadamias tienen una elevada densidad energética debido precisamente a su contenido en aceite.

Esto las convierte en un alimento muy interesante para personas con gran actividad física, elevado gasto energético o que necesitan aumentar fácilmente el aporte calórico de su alimentación.

Además son fáciles de transportar, ocupan poco y proporcionan mucha energía en poco volumen.

Pero esa misma característica significa que es muy fácil comer una cantidad considerable sin darnos cuenta.

Un puñado de macadamias desaparece misteriosamente con una facilidad extraordinaria.

El omega-7 de la macadamia

Una de las características que más me interesa de este fruto seco es su contenido en ácido palmitoleico.

Se trata de un ácido graso monoinsaturado perteneciente a la familia omega-7 que también forma parte de nuestro organismo.

No es exclusivo de la macadamia —podemos encontrarlo, por ejemplo, en el espino amarillo y en determinadas grasas animales y marinas—, pero el aceite de macadamia constituye una fuente vegetal particularmente interesante.

El ácido palmitoleico participa además en los lípidos cutáneos, lo que nos lleva directamente a otra de las grandes aplicaciones de la macadamia.

Su aceite.

Aceite de macadamia para la piel

El aceite de macadamia es uno de esos productos que sirven tanto en alimentación como en cosmética, siempre que utilicemos un aceite apropiado para cada finalidad.

Su composición rica en ácidos oleico y palmitoleico le proporciona una textura suave, buena extensibilidad y unas propiedades emolientes muy interesantes.

Ayuda a suavizar la piel y reducir la pérdida de humedad, dejando una sensación nutritiva sin resultar tan pesado como otros aceites.

Me gusta especialmente para piel seca, frágil y madura.

Y aquí vuelve a resultar interesante el ácido palmitoleico. Este ácido graso forma parte de los lípidos de nuestra piel y su presencia tiende a disminuir con la edad, lo que ayuda a entender el interés cosmético que tradicionalmente se ha atribuido al aceite de macadamia en las pieles maduras.

También contiene fitoesteroles y otros componentes de la fracción insaponificable que contribuyen a sus propiedades cosméticas.

Puede utilizarse solo o formando parte de mezclas con otros aceites vegetales.

Para el contorno de ojos

Su textura permite utilizar una cantidad muy pequeña en zonas especialmente secas y delicadas, incluido el contorno de los ojos, siempre evitando introducirlo en el ojo.

Aquí la clave está en la cantidad.

No necesitamos dejar la zona cubierta de aceite. Una cantidad mínima bien extendida puede ser suficiente para aportar emoliencia y reducir la sensación de tirantez.

Como ocurre con cualquier aceite vegetal, cada piel responde de una manera diferente, especialmente cuando existe tendencia a formar comedones o milia.

Aceite de macadamia para el cabello

También es un aceite estupendo para el cabello seco, castigado o quebradizo.

Puede utilizarse como tratamiento previo al lavado, en mascarillas capilares o aplicando una cantidad mínima sobre las puntas.

Los aceites vegetales no «reparan» una fibra capilar dañada como si pudieran reconstruirla desde dentro, pero sí pueden recubrirla, lubricarla, disminuir la fricción y mejorar considerablemente su flexibilidad y aspecto.

En cabellos muy secos puede resultar especialmente agradable.

Y nuevamente conviene utilizar poca cantidad: el objetivo es nutrir y suavizar el cabello, no freírlo.

Macadamia para masajes

Por su capacidad de extensión, el aceite de macadamia funciona también muy bien como aceite de masaje.

Puede utilizarse solo o mezclarse con otros aceites vegetales y servir como vehículo para aceites esenciales cuando queremos preparar una fórmula de masaje.

El propio masaje favorece la circulación superficial de la zona y, al mismo tiempo, el aceite reduce la fricción y deja la piel flexible y acondicionada.

Contraindicaciones de las nueces de macadamia

La principal precaución es evidente: las personas con alergia a las nueces de macadamia deben evitarlas.

Como ocurre con otros frutos secos, una cantidad excesiva puede producir pesadez, gases o molestias digestivas en personas sensibles, especialmente por su elevada concentración de grasa.

También son un alimento muy energético, algo que puede ser una ventaja o simplemente un aspecto que debemos tener en cuenta dependiendo de nuestra alimentación.

Y hay una curiosidad importante si convivimos con animales: las nueces de macadamia son tóxicas para los perros. Pueden provocar debilidad, vómitos, temblores, dificultad para caminar y otros síntomas, por lo que nunca debemos ofrecérselas ni dejar una bolsa a su alcance.

Para nosotros, en cambio, la macadamia es un fruto seco nutritivo y muy peculiar: grasas monoinsaturadas, ácido oleico, una cantidad poco habitual de omega-7, minerales, fibra y un aceite que podemos aprovechar también para cuidar piel y cabello.

Una nuez pequeña con bastantes más posibilidades de las que parece.

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