Aluminio y Alzheimer: qué relación han encontrado los científicos

El aluminio forma parte de nuestra vida cotidiana. Podemos encontrarlo en alimentos, agua, medicamentos, cosméticos, utensilios y numerosos productos de uso habitual.

Desde hace décadas existe además una cuestión que continúa generando investigación: ¿puede la acumulación de aluminio participar en el desarrollo o progresión de la enfermedad de Alzheimer?

El aluminio tiene capacidad para acumularse en diferentes tejidos y, en determinadas circunstancias y concentraciones, ejercer efectos neurotóxicos. Precisamente por ello, numerosos investigadores han estudiado su presencia en el cerebro y su posible relación con diferentes enfermedades neurodegenerativas.

Uno de los científicos que más ha investigado este asunto fue el profesor Christopher Exley, de la Universidad de Keele, en Reino Unido.

Aluminio en el cerebro de personas con Alzheimer

Durante años se había observado aluminio en tejido cerebral de personas con Alzheimer, pero una de las grandes preguntas era si esa presencia tenía alguna importancia en el desarrollo de la enfermedad o era simplemente una consecuencia de otros procesos.

En 2017, Christopher Exley y su equipo publicaron en Journal of Trace Elements in Medicine and Biology un trabajo especialmente interesante: Aluminium in brain tissue in familial Alzheimer's disease.

Los investigadores analizaron por primera vez las concentraciones de aluminio en tejido cerebral procedente de 12 donantes diagnosticados de Alzheimer familiar.

Los resultados llamaron considerablemente la atención.

En 5 de los 12 individuos se encontraron valores superiores a 10 μg de aluminio por gramo de tejido cerebral seco.

En conjunto, las concentraciones encontradas fueron superiores a las obtenidas anteriormente en otros estudios sobre aluminio cerebral, con la excepción de los casos conocidos de encefalopatía producida por aluminio.

Además de cuantificarlo, los investigadores utilizaron microscopía de fluorescencia selectiva para aluminio y pudieron visualizar su presencia en diferentes regiones de los cerebros estudiados.

¿Por qué era especialmente interesante el Alzheimer familiar?

El Alzheimer familiar es una forma poco frecuente de la enfermedad en la que determinadas alteraciones genéticas favorecen su aparición a edades mucho más tempranas.

Estas alteraciones están relacionadas con el procesamiento de la proteína precursora amiloide y la producción de beta-amiloide.

Lo interesante del trabajo de Exley fue encontrar concentraciones excepcionalmente elevadas de aluminio precisamente en estos cerebros genéticamente predispuestos a desarrollar la enfermedad.

Los propios investigadores plantearon entonces una pregunta muy interesante: ¿podría existir una relación entre la predisposición genética, el beta-amiloide y la acumulación de aluminio en el cerebro?

La investigación posterior ha continuado explorando precisamente esta interacción entre genética, ambiente, metabolismo y neurodegeneración.

Aluminio y beta-amiloide

La enfermedad de Alzheimer es mucho más compleja que una única sustancia o una única causa.

En ella intervienen diferentes procesos, entre ellos:

  • acumulación de beta-amiloide;

  • alteraciones de la proteína tau;

  • estrés oxidativo;

  • inflamación cerebral;

  • alteraciones mitocondriales;

  • cambios en el metabolismo energético;

  • alteraciones en la señalización del calcio;

  • factores genéticos;

  • envejecimiento;

  • y diferentes factores ambientales.

Y precisamente aquí es donde el aluminio resulta especialmente interesante.

La investigación experimental ha relacionado el aluminio con varios mecanismos que también encontramos implicados en el Alzheimer, como el estrés oxidativo, la neuroinflamación, la disfunción mitocondrial, la agregación de beta-amiloide y determinadas alteraciones de la proteína tau.

Por eso la investigación actual ya no necesita plantearse necesariamente si el aluminio es «la causa» del Alzheimer.

La pregunta puede ser mucho más interesante:

¿Puede el aluminio actuar como uno de los factores que favorecen o aceleran determinados procesos neurodegenerativos en personas susceptibles?

¿Qué dicen los estudios más recientes?

Desde los primeros trabajos de Exley se han publicado nuevos estudios, revisiones y meta-análisis.

Un meta-análisis anterior, que reunió estudios realizados en cerebro, sangre y líquido cefalorraquídeo, encontró niveles significativamente mayores de aluminio en personas con Alzheimer que en los controles sin demencia.

Más recientemente, una revisión sistemática y meta-análisis publicada en 2025 analizó 54 estudios sobre exposición ambiental al aluminio y Alzheimer o demencia.

Los resultados no fueron uniformes: algunos estudios encontraron asociación y otros no. Sin embargo, al analizar conjuntamente los datos disponibles, los autores encontraron una asociación entre exposición ambiental al aluminio y enfermedad de Alzheimer.

La investigación continúa porque existen diferencias importantes entre estudios, formas de exposición, poblaciones y métodos utilizados para medir el aluminio.

En 2026, una amplia revisión de la investigación publicada durante este siglo volvió a analizar la cuestión y encontró mecanismos biológicos mediante los cuales el aluminio podría participar en procesos relacionados con el Alzheimer.

Entre ellos se encuentran:

  • estrés oxidativo;

  • inflamación cerebral;

  • activación de las células gliales;

  • alteración de las mitocondrias;

  • alteración de la señalización del calcio;

  • agregación de beta-amiloide;

  • disminución de su eliminación;

  • fosforilación de tau;

  • alteraciones de la autofagia;

  • y cambios epigenéticos.

Esto dibuja una situación bastante más compleja que la antigua discusión de «aluminio sí» o «aluminio no».

El Alzheimer es una enfermedad multifactorial y el aluminio continúa siendo investigado como uno de los posibles factores ambientales que pueden contribuir a determinados mecanismos implicados en su desarrollo o progresión, especialmente en personas susceptibles.

El aluminio se acumula con el paso del tiempo

Uno de los aspectos que más interesó a Exley fue precisamente la acumulación progresiva.

El envejecimiento es el principal factor de riesgo del Alzheimer y, paralelamente, determinados elementos pueden ir acumulándose en nuestros tejidos durante años.

Esto llevó al investigador a plantear que una exposición ambiental elevada podría favorecer concentraciones mayores de aluminio cerebral y que, cuando existe además una predisposición genética u otros procesos neurodegenerativos, ambos factores podrían interactuar.

No significa que encontrar aluminio en un cerebro permita saber por qué una persona desarrolló Alzheimer.

Pero sí explica por qué continúa siendo interesante investigar qué ocurre cuando una sustancia neurotóxica se acumula precisamente en un tejido que está sufriendo un proceso neurodegenerativo.

¿Podemos reducir nuestra exposición al aluminio?

No podemos eliminar completamente nuestra exposición al aluminio porque está presente de forma natural en el medio ambiente y forma parte de multitud de productos.

Pero sí podemos evitar exposiciones innecesarias.

Una de las líneas de investigación más curiosas de Christopher Exley estuvo relacionada con el silicio.

Exley estudió la posibilidad de que determinadas aguas minerales ricas en silicio favorecieran la eliminación urinaria de aluminio.

El silicio puede interaccionar químicamente con el aluminio formando especies que facilitan su eliminación, razón por la que este mecanismo despertó interés como posible forma de reducir progresivamente la carga corporal de aluminio.

Es un buen ejemplo de algo que siempre repito: cuando hablamos de salud no solamente importa lo que introducimos en nuestro organismo, sino también la capacidad que tenemos para metabolizar, transformar y eliminar aquello que no necesitamos.

Una relación que continúa investigándose

Han pasado décadas desde que comenzó a estudiarse la posible relación entre aluminio y Alzheimer y la cuestión continúa abierta.

Lo que sí sabemos es que el aluminio puede ejercer efectos neurotóxicos en determinadas circunstancias, que se ha encontrado aluminio en tejido cerebral humano y que diferentes investigaciones han observado concentraciones superiores en personas con Alzheimer.

También sabemos que el Alzheimer no tiene una única causa.

Genética, envejecimiento, metabolismo, inflamación, circulación, nutrición, estilo de vida y factores ambientales forman un entramado mucho más complejo.

Por eso quizá la pregunta más útil no sea si el aluminio causa por sí solo el Alzheimer, sino hasta qué punto una exposición elevada y su acumulación pueden convertirse en una pieza más dentro de ese complejo puzle.


Aviso: Este artículo tiene carácter meramente informativo y educativo. No pretende diagnosticar, prevenir ni sustituir el tratamiento o seguimiento médico de la enfermedad de Alzheimer.

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