
La ansiedad forma parte de nuestros mecanismos normales de supervivencia. Nos pone en alerta, aumenta nuestra capacidad de reacción y nos prepara para responder rápidamente cuando percibimos un peligro.
El problema comienza cuando ese sistema de alarma permanece activado aunque ya no exista una amenaza inmediata o cuando responde de una manera desproporcionada ante situaciones cotidianas.
Y entonces la ansiedad deja de ayudarnos.
Puede aparecer como taquicardia, opresión en el pecho, respiración acelerada, sudoración, tensión muscular, molestias digestivas, agotamiento, dificultad para dormir o sensación de no poder desconectar.
Pero no siempre se presenta de una manera tan evidente.
Hay personas que no dicen «estoy ansiosa». Dicen que tienen un nudo permanente en el estómago, que se despiertan de madrugada con la cabeza funcionando, que no consiguen concentrarse, que comen continuamente, que tienen el cuerpo contracturado o que están agotadas pero son incapaces de parar.
Por eso, cuando buscamos alternativas naturales para la ansiedad, para mí la primera pregunta no es qué planta sirve para la ansiedad.
Es:
¿Qué tipo de ansiedad tiene esta persona?
Porque no todo el mundo necesita lo mismo.
Cuando predomina el nerviosismo y cuesta relajarse
Aquí encontramos algunas de las plantas tradicionalmente más utilizadas para el sistema nervioso.
La valeriana es probablemente una de las más conocidas. Se utiliza especialmente cuando existe nerviosismo acompañado de tensión y dificultad para relajarse o conciliar el sueño.
La pasiflora también tiene una larga tradición en estados de inquietud, nerviosismo y dificultad para dormir. Me resulta especialmente interesante cuando la persona está cansada pero la cabeza continúa funcionando y no consigue desconectar.
La melisa tiene otro perfil que me gusta mucho porque conecta sistema nervioso y aparato digestivo.
No es extraño que una persona nerviosa presente al mismo tiempo digestiones difíciles, espasmos, sensación de nudo en el estómago o molestias intestinales. En esos casos no siempre tiene sentido separar el problema digestivo del estado emocional.
La avena también aparece tradicionalmente en preparados destinados a personas sometidas a periodos prolongados de tensión, especialmente cuando junto al nerviosismo empieza a aparecer agotamiento.
No elegiría una planta simplemente porque en su ficha aparezca la palabra «ansiedad». Intentaría reconocer el cuadro de la persona.
Cuando el problema es estrés mantenido y agotamiento
Hay otro tipo de persona que llega a consulta diciendo que tiene ansiedad, pero cuando empiezas a preguntar descubres algo ligeramente diferente.
Lleva meses —a veces años— funcionando por encima de sus posibilidades.
No descansa correctamente, tiene demasiadas responsabilidades, permanece continuamente en alerta y llega un momento en que el organismo empieza a pasar factura.
En estos casos puede resultar interesante valorar los adaptógenos, porque el objetivo no es simplemente sedar a una persona que ya está agotada.
Plantas como la rhodiola se utilizan precisamente en situaciones donde aparecen estrés, cansancio y disminución del rendimiento mental.
Pero los adaptógenos tampoco son intercambiables ni son apropiados para todo el mundo. Una persona agotada y apática no presenta necesariamente el mismo cuadro que otra agotada pero permanentemente acelerada.
Magnesio y vitaminas del grupo B
El sistema nervioso necesita nutrientes.
El magnesio participa en numerosos procesos relacionados con la función neuromuscular y el metabolismo energético. Por eso aparece con tanta frecuencia en complementos destinados a periodos de estrés, tensión muscular y cansancio.
También encontramos habitualmente vitaminas del grupo B, entre ellas la vitamina B6, que participa en el metabolismo normal de neurotransmisores.
Esto no significa que toda ansiedad se produzca por falta de magnesio o vitaminas B.
Significa que, cuando estudiamos a una persona que lleva meses sometida a estrés, también debemos preguntarnos cómo está comiendo, durmiendo y recuperándose.
A veces buscamos una planta extraordinaria mientras la persona lleva meses intentando funcionar con café, pocas horas de sueño y una alimentación desordenada.
5-HTP y serotonina
El 5-HTP o 5-hidroxitriptófano merece tratarse aparte.
Se obtiene habitualmente de las semillas de Griffonia simplicifolia y es un precursor de la serotonina, neurotransmisor relacionado, entre otras funciones, con estado de ánimo, sueño y apetito.
Por eso encontramos 5-HTP en complementos destinados al equilibrio emocional y al descanso.
Pero que sea de origen natural no significa que podamos combinarlo alegremente con cualquier cosa.
Si una persona utiliza antidepresivos u otros medicamentos que aumentan la actividad serotoninérgica, hay que valorar cuidadosamente su utilización. Aquí sí importa conocer la medicación antes de recomendar un complemento.
Cuando la ansiedad se instala en el aparato digestivo
Esta relación aparece continuamente en consulta.
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación permanente a través del eje intestino-cerebro, y el estrés puede modificar motilidad, secreciones, sensibilidad visceral y microbiota.
Por eso algunas personas presentan diarrea cuando están nerviosas y otras estreñimiento; unas pierden completamente el apetito y otras necesitan comer constantemente.
También pueden aparecer gases, dolor abdominal, digestiones pesadas o sensación de tener el estómago cerrado.
En estos casos, trabajar únicamente sobre «los nervios» puede quedarse corto. Hay que mirar también qué está ocurriendo en el aparato digestivo.
La melisa resulta especialmente interesante en este perfil, pero dependiendo de la persona podemos necesitar un planteamiento bastante diferente.
Y cuando la ansiedad no deja dormir
Dormir mal aumenta la irritabilidad, disminuye nuestra capacidad para afrontar el estrés y puede hacer que al día siguiente el sistema nervioso vuelva a reaccionar de forma exagerada.
Y esa noche volvemos a dormir peor.
Se crea un círculo bastante desagradable:
ansiedad, mal descanso, agotamiento, mayor sensibilidad al estrés y otra vez ansiedad.
En estas situaciones, valeriana, pasiflora, melisa y otras plantas tradicionalmente utilizadas para favorecer la relajación pueden tener sentido, pero nuevamente depende de por qué no duerme esa persona.
No es lo mismo no poder conciliar el sueño que despertarse continuamente, despertarse demasiado pronto o dormir ocho horas y levantarse agotado.
No toda ansiedad necesita un producto relajante
Ésta probablemente sea la parte más importante.
Cuando alguien entra en un herbolario preguntando «¿qué tienes para la ansiedad?», es muy fácil coger el primer producto relajante de la estantería.
Pero podemos estar delante de situaciones completamente diferentes.
Puede haber estrés mantenido, agotamiento, insomnio, alteraciones digestivas, cambios hormonales, exceso de estimulantes, problemas nutricionales, determinados medicamentos o una situación emocional que lleva demasiado tiempo manteniendo activado el sistema de alerta.
Y cada una requiere una estrategia distinta.
También hay momentos en los que la intensidad de los síntomas —especialmente una ansiedad incapacitante, crisis repetidas o un deterioro importante de la vida cotidiana— hace necesario ampliar la valoración y no limitarse a intentar controlar los síntomas con un complemento.
En un herbolario especializado podemos encontrar muchas herramientas: plantas relajantes, adaptógenos, aminoácidos, minerales y nutrientes destinados al sistema nervioso.
Pero para mí la diferencia no está en tener muchas cajas en una estantería.
Está en saber cuál tiene sentido para la persona que tienes delante.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La elección de plantas y complementos debe adaptarse a cada persona, especialmente cuando existe medicación concomitante.


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