
La migraña es mucho más que un simple dolor de cabeza. Se trata de un trastorno neurológico que puede provocar episodios de dolor intenso, frecuentemente pulsátil y en uno de los lados de la cabeza, aunque no siempre, acompañado en muchas ocasiones de náuseas y una especial sensibilidad a la luz, los sonidos o los olores.
Una crisis puede durar desde varias horas hasta incluso varios días.
Y quienes sufren migrañas saben perfectamente que determinados alimentos pueden convertirse en auténticos detonantes.
El problema es que no todas las personas reaccionan a los mismos alimentos. Por eso, más que elaborar una lista universal de alimentos prohibidos, resulta especialmente interesante descubrir cuáles son nuestros propios desencadenantes.
Tipos de migraña
Tradicionalmente se hablaba de dos grandes tipos de migraña:
-
Migraña común, actualmente denominada migraña sin aura. El dolor puede aparecer progresivamente y acompañarse de náuseas, vómitos, sensibilidad a la luz o al ruido.
-
Migraña clásica, actualmente denominada migraña con aura. Antes o durante el dolor aparecen determinados síntomas neurológicos, especialmente alteraciones visuales.
El aura puede manifestarse mediante:
- luces o destellos;
- líneas en zigzag;
- puntos ciegos;
- dificultad para enfocar;
- alteraciones sensitivas;
- hormigueos;
- dificultad para encontrar palabras o hablar.
Existen diferentes sustancias presentes en los alimentos que pueden actuar como desencadenantes de una crisis en determinadas personas.
1. Tiramina
La tiramina es una amina biógena que se forma a partir del aminoácido tirosina.
Puede encontrarse especialmente en alimentos fermentados, curados, madurados o conservados durante cierto tiempo.
La tiramina puede influir sobre la liberación de catecolaminas como noradrenalina y adrenalina y, en personas sensibles, se ha relacionado tradicionalmente con la aparición de migrañas.
Podemos encontrar tiramina en diferentes cantidades en alimentos como:
- quesos curados;
- embutidos;
- carnes curadas;
- arenques y determinados pescados conservados;
- productos fermentados de soja;
- encurtidos y fermentados;
- vino y otras bebidas alcohólicas;
- chocolate;
- algunos frutos secos;
- cacahuetes;
- determinados alimentos muy maduros.
La cantidad de tiramina de un alimento puede variar muchísimo dependiendo de su maduración, fermentación, conservación y procesamiento.
Nuestro organismo también produce tiramina a partir de la tirosina y esta vía se encuentra relacionada con la síntesis y metabolismo de catecolaminas.
Esta conexión resulta especialmente interesante porque muchas personas con migraña identifican también el estrés y determinadas situaciones de elevada activación como desencadenantes de sus crisis.
Las bebidas alcohólicas merecen especial atención porque algunas, especialmente las fermentadas, pueden contener diferentes aminas biógenas como tiramina e histamina.
2. Nitratos y nitritos
Los nitratos y nitritos también aparecen frecuentemente cuando hablamos de alimentación y migraña.
Los nitritos se utilizan, entre otras cosas, como conservantes en determinados productos cárnicos y pueden intervenir en mecanismos relacionados con el óxido nítrico y la vasodilatación.
En algunas personas sensibles pueden desencadenar dolor de cabeza y acompañarse de enrojecimiento facial.
Podemos encontrarlos especialmente en:
- embutidos;
- fiambres;
- carnes procesadas;
- carnes curadas;
- determinados ahumados;
- algunos productos cárnicos en conserva.
En las etiquetas podemos encontrar, entre otros:
- nitrito de potasio, E-249;
- nitrito de sodio, E-250;
- nitrato de sodio, E-251;
- nitrato de potasio, E-252.
¿Y los nitratos de las verduras?
Aquí debemos hacer una distinción importante.
Verduras como espinacas, rúcula, acelgas, remolacha o lechuga pueden contener naturalmente cantidades importantes de nitratos.
Pero esto no convierte a las verduras en alimentos equivalentes a los embutidos.
Las verduras proporcionan simultáneamente vitamina C, polifenoles y otros antioxidantes y forman parte de una alimentación saludable.
Podemos, eso sí, procurar:
- consumir verduras frescas y bien conservadas;
- refrigerar adecuadamente los alimentos cocinados;
- no mantener durante demasiado tiempo las verduras cocinadas a temperatura ambiente;
- evitar consumir alimentos deteriorados o almacenados incorrectamente.
La vitamina C y otros antioxidantes también intervienen en las reacciones relacionadas con nitratos, nitritos y formación de nitrosaminas, otra buena razón para que frutas y verduras formen parte habitual de nuestra alimentación.
3. Aspartamo
El aspartamo es un edulcorante intenso que algunas personas identifican como desencadenante de sus migrañas.
Podemos encontrarlo en:
- edulcorantes de mesa;
- refrescos sin azúcar;
- chicles;
- caramelos;
- postres;
- algunos yogures y lácteos;
- productos light o bajos en calorías;
- determinados medicamentos y complementos.
En Europa podemos identificarlo también como E-951.
Si sufrimos migrañas frecuentes y consumimos habitualmente productos con aspartamo, puede resultar interesante observar si existe una relación temporal entre su consumo y nuestras crisis.
4. Glutamato monosódico
El glutamato monosódico o MSG es un potenciador del sabor utilizado en numerosos alimentos preparados.
Durante años se relacionó popularmente con el llamado «síndrome del restaurante chino», término que se utilizaba para describir síntomas como dolor de cabeza, rubor, sensación de presión o palpitaciones después de determinadas comidas.
En personas susceptibles, el glutamato puede ser uno de los alimentos o aditivos que merece la pena observar cuando buscamos posibles desencadenantes.
El glutamato monosódico aparece en las etiquetas como:
- glutamato monosódico;
- glutamato de sodio;
- MSG;
- E-621.
También existen ingredientes como proteína hidrolizada, extracto de levadura o levadura autolizada que pueden aportar glutamato libre de forma natural, pero no son químicamente lo mismo que añadir glutamato monosódico y no debemos tratarlos como sinónimos.
5. Otras circunstancias que pueden desencadenar una migraña
No todos los desencadenantes están escondidos en una etiqueta.
Hay otras situaciones relacionadas con la alimentación que pueden favorecer la aparición de dolor de cabeza o una crisis de migraña.
Dolor de cabeza por helado
Ese dolor súbito que aparece en la frente o detrás de los ojos después de tomar algo extremadamente frío es el famoso «dolor de cabeza por helado».
Se produce por la estimulación brusca provocada por el frío en el paladar y estructuras próximas y suele desaparecer rápidamente.
Las personas que padecen migrañas parecen ser especialmente susceptibles a experimentarlo.
Alergias e intolerancias alimentarias
En algunas personas existe una relación clara entre determinados alimentos y la aparición de síntomas.
Leche, huevo, trigo, gluten u otros alimentos pueden convertirse en desencadenantes cuando existe una alergia, intolerancia o sensibilidad individual.
Aquí resulta especialmente útil observar el patrón personal en lugar de eliminar indiscriminadamente media despensa.
Bajadas de glucosa y ayunos prolongados
Pasar demasiadas horas sin comer puede desencadenar una migraña en algunas personas.
El ayuno prolongado, saltarse comidas o determinadas fluctuaciones de glucosa pueden actuar como desencadenantes, especialmente en personas que ya tienen predisposición a las migrañas.
Por eso, si observamos que nuestras crisis aparecen precisamente cuando llevamos demasiadas horas sin comer, esa información puede ser mucho más útil que cualquier lista genérica de alimentos prohibidos.
No todos los alimentos desencadenan migrañas en todas las personas
Este es probablemente el punto más importante.
Que un alimento aparezca en una lista de posibles desencadenantes no significa que una persona con migraña tenga que eliminarlo automáticamente.
Un queso curado puede desencadenar una crisis en una persona y no producir absolutamente nada en otra.
Por eso puede resultar muy útil llevar durante un tiempo un pequeño registro de:
- qué hemos comido;
- a qué hora;
- cuándo comenzó la migraña;
- horas de sueño;
- nivel de estrés;
- menstruación;
- ayunos prolongados;
- alcohol;
- intensidad y duración del episodio.
Muchas veces el verdadero desencadenante no es un único alimento, sino la suma de varios factores: hemos dormido poco, estamos estresados, llevamos demasiadas horas sin comer y además tomamos ese alimento al que somos especialmente sensibles.
Encontrar ese patrón personal puede ayudarnos mucho más que vivir permanentemente con una enorme lista de alimentos prohibidos.


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