6 trucos para mantener la casa fresca en verano

Cuando llega el verano y las temperaturas empiezan a subir, mantener la casa fresca puede convertirse en una pequeña batalla diaria. Y no siempre podemos —ni necesitamos— solucionar el problema poniendo el aire acondicionado a todas horas.

Hay algunos trucos muy sencillos que nuestras casas llevan utilizando toda la vida y que ayudan a impedir que el calor entre durante el día y a expulsarlo cuando baja la temperatura exterior.

Antes de empezar con la casa, recuerda que nosotros también tenemos que mantenernos frescos e hidratados durante los días de mucho calor. Bebe agua regularmente y, si te cuesta, puedes añadir unas rodajas de limón, naranja, pepino o unas hojas de hierbabuena para darle un poco de sabor. También puedes preparar té o infusiones frías y guardarlas en la nevera.

Y no nos olvidemos del gazpacho, uno de los grandes inventos para el verano: refresca, aporta agua, verduras y minerales y además nos alimenta cuando el calor nos quita las ganas de comer.

Especialmente durante las olas de calor debemos prestar atención a niños, personas mayores y personas vulnerables, que pueden deshidratarse con mayor facilidad.

Y ahora sí, vamos con la casa.

1. Baja las persianas y cierra las ventanas

Puede parecer contradictorio cerrar las ventanas cuando hace calor, pero durante las horas centrales del día lo que nos interesa es precisamente impedir que entre el aire caliente del exterior y, sobre todo, la radiación solar.

Si por la mañana todavía corre aire fresco, aprovecha para ventilar. Pero en cuanto la temperatura exterior empiece a superar la de la casa, cierra las ventanas y baja persianas, toldos o estores, especialmente en las habitaciones donde da directamente el sol.

Piensa en la casa como en un pequeño bastión que ha acumulado fresco durante la noche: nuestro trabajo durante el día consiste en no dejar entrar el calor.

Incluso si sales temprano a trabajar y no vas a volver hasta la tarde, merece la pena dejar persianas bajadas y ventanas cerradas. Cuando regreses lo agradecerás.

2. Refresca el balcón o la terraza

Las terrazas, balcones, patios y suelos exteriores pueden acumular muchísimo calor después de varias horas expuestos al sol.

Cuando las temperaturas lo permitan, refrescar ligeramente estas superficies puede ayudar a reducir temporalmente su temperatura mediante la evaporación del agua.

No hace falta convertir la terraza en una piscina ni desperdiciar agua. Si tienes que regar las plantas, por ejemplo, puedes aprovechar el final de la tarde para hacerlo y refrescar ligeramente la zona.

Los toldos, plantas y elementos que proporcionan sombra son todavía más interesantes porque evitan que las superficies lleguen a calentarse tanto.

3. Friega el suelo al atardecer

Éste es uno de esos trucos de toda la vida que tiene doble utilidad: suelo limpio y sensación de frescor.

Cuando se haya ido el sol y empiece a bajar la temperatura, pasar una fregona con agua fresca puede ayudar a enfriar ligeramente el suelo que ha acumulado calor durante todo el día.

Además, la evaporación del agua produce una agradable sensación de frescor.

Naturalmente, no hace falta inundar la casa. Basta con fregar normalmente y aprovechar precisamente las últimas horas de la tarde o primeras de la noche.

4. Evita generar calor dentro de casa

Muchas veces estamos intentando enfriar una habitación mientras seguimos produciendo calor dentro de ella.

Bombillas antiguas, ordenadores, televisores, electrodomésticos y aparatos eléctricos desprenden calor mientras funcionan.

Apaga lo que no estés utilizando y, si todavía tienes bombillas que generan mucho calor, sustitúyelas progresivamente por LED, que además consumen bastante menos electricidad.

Y durante los días más calurosos intenta evitar el horno siempre que puedas.

El verano es un momento estupendo para recuperar ensaladas, gazpachos, cremas frías, frutas, verduras y platos que necesitan poca cocción. Si tienes que cocinar, hacerlo a primera hora de la mañana también evita añadir más calor a la casa justo cuando la temperatura exterior está en su punto máximo.

5. Decora tu casa de verde

Las plantas hacen que una casa resulte visualmente más fresca y agradable y algunas pueden ayudarnos a crear pequeñas zonas de sombra, especialmente en terrazas, balcones y ventanas.

Las plantas de hojas grandes resultan especialmente agradables en verano.

Puedes pulverizar moderadamente aquellas especies a las que les siente bien, pero recuerda que no todas las plantas agradecen tener constantemente las hojas mojadas.

En exteriores, una buena distribución de plantas puede ser todavía más útil. Una trepadora, un pequeño árbol en maceta o plantas colocadas estratégicamente pueden evitar que el sol incida directamente sobre determinadas superficies.

No hace falta convertir el salón en el Amazonas —aunque a algunos nos pueda apetecer—. Un poco de verde ya cambia muchísimo el ambiente de una casa.

6. Ventila por la noche

Después de haber pasado el día defendiendo la casa del calor, llega el momento de hacer exactamente lo contrario.

Cuando la temperatura exterior haya bajado por debajo de la temperatura interior, abre las ventanas.

Si la distribución de la casa lo permite, abre ventanas situadas en lados opuestos para generar ventilación cruzada. Esa corriente ayuda a expulsar el aire caliente acumulado durante el día y permite que paredes, suelos y muebles pierdan parte del calor almacenado.

Si puedes mantener la casa ventilada durante la noche con seguridad, mucho mejor. Y a primera hora de la mañana vuelve a cerrar antes de que empiece a entrar el calor.

En realidad, muchos de estos trucos se resumen en una estrategia muy sencilla:

ventilar cuando fuera hace más fresco y cerrar la casa cuando fuera hace más calor.

Nuestros abuelos ya lo hacían mucho antes de que existieran los aparatos de aire acondicionado.

Una casa bien protegida del sol durante el día, ventilada durante la noche y en la que evitamos generar calor innecesariamente puede mantenerse bastante más agradable durante el verano y, de paso, reducir el consumo eléctrico.

Y si aun así el calor aprieta demasiado, entonces utilizaremos ventiladores o climatización cuando hagan falta. Ser ecológicos no consiste en pasar calor, sino en no gastar energía tontamente cuando podemos evitarlo.

Durante episodios de calor intenso, mantener una temperatura segura y una hidratación adecuada es prioritario, especialmente en niños, personas mayores y personas con problemas de salud.

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