Usos del carbón activado

El carbón activado es un material extraordinariamente poroso que se utiliza desde hace muchísimo tiempo por su capacidad para retener sobre su superficie numerosas sustancias.

Y aquí hay una pequeña diferencia que merece la pena conocer: el carbón activado no absorbe, sino que adsorbe.

Cuando una sustancia es absorbida penetra en el interior de otra. En la adsorción, en cambio, las moléculas quedan retenidas sobre una superficie.

Esto es precisamente lo que hace tan especial al carbón activado. Su tratamiento crea una enorme red de poros microscópicos que multiplica extraordinariamente su superficie disponible. Diferentes moléculas pueden quedar adheridas a ella y ser posteriormente eliminadas junto con el carbón.

Por eso encontramos carbón activado en lugares aparentemente tan diferentes como hospitales, filtros de agua, productos digestivos, cosméticos y sistemas de eliminación de olores.

Carbón activado en intoxicaciones

Éste es probablemente su uso médico más conocido.

En determinadas intoxicaciones agudas, el carbón activado puede administrarse para adsorber una sustancia que todavía se encuentra en el aparato digestivo, reduciendo así la cantidad disponible para ser absorbida y pasar a la circulación.

Pero esto no significa que sirva para cualquier intoxicación.

Su capacidad depende enormemente de la sustancia implicada. Hay compuestos que adsorbe muy bien y otros frente a los que resulta poco útil.

Además, en una intoxicación real importa muchísimo qué se ha ingerido, cuánto, cuánto tiempo ha pasado y cuál es el estado de la persona.

Por eso el carbón activado que podemos encontrar en un herbolario para uso digestivo no debe convertirse en un sustituto de la atención sanitaria ante una posible intoxicación.

1. Gases e hinchazón abdominal

Una de sus aplicaciones tradicionales más conocidas es precisamente ésta.

La superficie porosa del carbón activado puede adsorber determinados gases y compuestos presentes en el aparato digestivo, razón por la que se utiliza en preparados destinados a disminuir flatulencias e hinchazón.

Cuando existen fermentaciones intestinales excesivas, naturalmente también merece la pena preguntarse por qué se están produciendo.

Un exceso de determinados azúcares fermentables, cambios de microbiota, intolerancias, digestiones deficientes o ciertos hábitos alimentarios pueden estar detrás de una producción excesiva de gas.

El carbón puede ayudarnos con el síntoma, pero el intestino sigue contándonos algo.

2. Diarrea

El carbón activado también se ha utilizado tradicionalmente como adsorbente gastrointestinal durante determinados episodios de diarrea.

Su capacidad para retener sobre su superficie diferentes sustancias presentes en el contenido intestinal explica este uso.

Sin embargo, una diarrea no es una enfermedad única. Puede aparecer por infecciones, medicamentos, intolerancias, alteraciones inflamatorias, cambios bruscos de alimentación y multitud de causas.

Además, cuando existe diarrea importante, la prioridad es evitar la deshidratación y pérdida de electrolitos.

Por eso una diarrea persistente, con sangre, fiebre importante, dolor intenso o signos de deshidratación no es simplemente una situación para tomar carbón y esperar.

3. Carbón activado y depuración digestiva

Tradicionalmente también encontramos el carbón vegetal dentro de productos destinados a la depuración digestiva.

Aquí me parece importante precisar qué estamos haciendo.

El carbón permanece fundamentalmente dentro del aparato digestivo y es precisamente allí donde ejerce su capacidad adsorbente. Puede retener determinadas moléculas presentes en el contenido intestinal y posteriormente eliminarlas con las heces.

No entra en nuestra sangre para recorrer el organismo «aspirando toxinas».

Ésa es precisamente una de sus ventajas: actúa fundamentalmente dentro del tubo digestivo.

Por eso resulta mucho más preciso hablar de adsorción intestinal que atribuirle una depuración general de todos los tejidos del organismo.

4. Filtración de agua

Aquí encontramos otra aplicación extraordinariamente extendida del carbón activado.

Los filtros de carbón se utilizan tanto a nivel doméstico como industrial porque pueden retener numerosos compuestos orgánicos, sustancias responsables de olores y sabores y determinados contaminantes presentes en el agua.

Los gránulos o bloques de carbón activado proporcionan una enorme superficie sobre la que quedan adsorbidas diferentes moléculas mientras el agua atraviesa el filtro.

Por eso encontramos carbón activado en jarras filtrantes, sistemas instalados bajo el fregadero, filtros de acuarios y grandes instalaciones de tratamiento de agua.

Sin embargo, tampoco un filtro de carbón elimina absolutamente todo.

Su capacidad depende del contaminante, del tipo de carbón, del tiempo de contacto y del estado del filtro.

Y esto último es importante: un filtro saturado necesita cambiarse.

5. Cuidado de la piel

El carbón activado también se ha hecho muy popular en cosmética.

Lo encontramos en mascarillas, limpiadores, jabones y exfoliantes, especialmente en productos destinados a piel grasa o con tendencia a acumular impurezas.

Su superficie puede retener grasa, suciedad y diferentes sustancias presentes sobre la piel, ayudando a conseguir una sensación de limpieza.

Resulta especialmente conocido en mascarillas destinadas a piel con puntos negros y exceso de sebo.

Eso no significa que el carbón «extraiga toxinas» desde el interior de la piel ni que cure por sí mismo una infección.

Y en una úlcera, herida complicada o pie diabético no utilizaría carbón cosmético como tratamiento doméstico. Existen apósitos médicos que incorporan carbón activado para controlar exudado y olor en determinados tipos de heridas, pero estamos hablando de productos sanitarios específicamente diseñados para ello.

6. Desodorante y control de olores

Éste es uno de los usos más sencillos y efectivos del carbón activado.

Su capacidad adsorbente permite retener numerosas moléculas responsables de malos olores, por lo que puede utilizarse en:

  • calzado;

  • frigoríficos;

  • armarios;

  • habitaciones;

  • filtros de aire;

  • y diferentes productos desodorantes.

También encontramos carbón activado en algunos productos destinados al cuidado corporal.

Aquí no necesita ninguna explicación complicada: simplemente tenemos una enorme superficie porosa capaz de atrapar muchas de las moléculas responsables del olor.

7. Salud bucal y blanqueamiento dental

El carbón activado aparece también en numerosos dentífricos y productos de higiene bucal.

Su principal interés está relacionado con su capacidad adsorbente y con la eliminación de determinadas manchas superficiales.

Por eso puede proporcionar una apariencia más blanca en algunos dientes.

Pero hay que distinguir entre retirar manchas externas y blanquear químicamente el interior del diente, que son procesos diferentes.

Tampoco utilizaría el carbón activado como tratamiento de una caries, una infección de encías o un dolor dental.

Además, un producto excesivamente abrasivo utilizado continuamente puede resultar contraproducente para el esmalte, de manera que aquí también importa mucho cómo esté formulado.

8. Halitosis

El carbón activado también aparece tradicionalmente entre los productos utilizados frente al mal aliento debido a su capacidad para adsorber diferentes compuestos.

Puede resultar útil cuando existen determinadas moléculas responsables del olor dentro de la boca o el aparato digestivo.

Pero la halitosis persistente merece buscar su origen.

Problemas dentales y periodontales, lengua saburral, sequedad bucal, tabaco, determinados alimentos y algunas alteraciones digestivas pueden producirla.

Eliminar temporalmente el olor no siempre significa haber solucionado su causa.

9. Carbón activado y enfermedad renal

Ésta es una aplicación bastante más peculiar.

Se ha investigado el uso de adsorbentes intestinales en enfermedad renal crónica con la intención de disminuir la absorción intestinal de determinados compuestos que posteriormente contribuyen a la carga de toxinas urémicas.

La conexión entre intestino y riñón es especialmente interesante porque parte de estos compuestos procede precisamente del metabolismo de la microbiota intestinal.

Pero aquí conviene corregir una confusión frecuente: urea y ácido úrico no son lo mismo.

La urea procede fundamentalmente del metabolismo del nitrógeno de los aminoácidos, mientras que el ácido úrico es el producto final del metabolismo de las purinas en humanos.

Por tanto, no podemos deducir que porque un adsorbente intestinal haya sido investigado en el contexto de la uremia vaya a disminuir automáticamente la hiperuricemia o tratar la gota.

Contraindicaciones del carbón activado

El carbón activado no se absorbe de manera significativa en el intestino, pero esto no significa que carezca completamente de contraindicaciones.

Puede producir estreñimiento, náuseas, vómitos y heces negras.

Debe evitarse o valorarse especialmente cuando existe sospecha de obstrucción intestinal, perforación o alteraciones importantes de la motilidad gastrointestinal.

En personas con disminución del nivel de conciencia existe además riesgo de aspiración hacia los pulmones, especialmente cuando se utiliza en el contexto de una intoxicación.

Y existe otra precaución particularmente importante para quien lo utiliza como complemento:

el carbón activado puede adsorber medicamentos.

Ésa es precisamente su función.

Por tanto, tomarlo al mismo tiempo que determinados medicamentos puede disminuir su absorción y modificar su efecto. También puede interferir con otros complementos y nutrientes administrados simultáneamente.

Por eso no me gusta la idea de utilizar carbón activado continuamente como si fuera una sustancia que cuanto más «limpie», mejor.

Una esponja molecular, pero dentro del intestino

La mejor forma de comprender el carbón activado es imaginarlo como una especie de esponja molecular con millones de pequeños poros.

No distingue inteligentemente entre «lo malo» y «lo bueno».

Simplemente tiene una extraordinaria capacidad para adsorber determinadas moléculas que entran en contacto con su superficie.

Esa propiedad explica prácticamente todos sus usos: intoxicaciones, gases intestinales, filtración de agua, control de olores, cosmética e incluso algunas aplicaciones médicas mucho más específicas.

Y también explica sus limitaciones.

Precisamente porque puede atrapar sustancias que no queremos absorber, también puede atrapar medicamentos que sí necesitamos absorber.

El carbón activado es una herramienta sencilla y muy antigua, pero su utilidad está precisamente en saber cuándo interesa esa capacidad adsorbente y cuándo no.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. Ante una posible intoxicación no debe provocarse el vómito ni administrarse carbón activado por iniciativa propia: es necesario contactar con los servicios sanitarios o toxicológicos correspondientes.

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