
Nuestro organismo puede presentar diferentes reacciones frente a los alimentos y no todas significan lo mismo.
Podemos reaccionar frente a determinadas proteínas, carbohidratos, aditivos u otros componentes de los alimentos mediante mecanismos diferentes y, precisamente por eso, los síntomas pueden ser también muy variados.
Problemas digestivos, inflamación, alteraciones de la piel, jaquecas, cansancio, molestias articulares o determinados síntomas después de comer pueden hacernos sospechar que algún alimento no nos está sentando bien.
Pero antes de hablar de la relación entre alimentación y grupo sanguíneo, conviene distinguir tres conceptos que muchas veces se utilizan indistintamente: alergia, intolerancia y sensibilidad alimentaria.
Alergia, intolerancia y sensibilidad alimentaria
Alergia alimentaria
En una alergia alimentaria interviene el sistema inmunitario.
El organismo identifica una sustancia normalmente inocua como una amenaza y desencadena una respuesta inmunológica.
Las reacciones pueden aparecer muy rápidamente, incluso pocos minutos después de ingerir el alimento, aunque no todas siguen exactamente el mismo patrón.
Entre sus manifestaciones podemos encontrar:
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Urticaria.
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Picor.
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Hinchazón.
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Congestión nasal.
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Síntomas digestivos.
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Dificultad respiratoria.
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Reacciones generalizadas de diferente intensidad.
La histamina participa en muchas reacciones alérgicas inmediatas.
Intolerancia alimentaria
Una intolerancia alimentaria no tiene necesariamente un origen inmunológico.
Un ejemplo clásico es la intolerancia a la lactosa.
Para digerir correctamente la lactosa necesitamos una enzima intestinal llamada lactasa. Cuando su actividad es insuficiente, parte de la lactosa llega sin digerir al colon y puede producir:
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Hinchazón.
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Gases.
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Dolor abdominal.
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Diarrea.
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Malestar digestivo.
Existen otros mecanismos de intolerancia, por lo que no todas se deben a la ausencia de una enzima.
Sensibilidad o hipersensibilidad alimentaria
Existe además un amplio grupo de reacciones en las que una persona relaciona determinados alimentos con síntomas digestivos o extradigestivos sin presentar necesariamente una alergia alimentaria inmediata.
Los síntomas pueden ser menos evidentes y aparecer de forma más tardía, lo que dificulta mucho identificar el alimento responsable.
Entre las manifestaciones que algunas personas relacionan con determinados alimentos encontramos:
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Jaquecas.
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Fatiga.
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Hinchazón.
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Alteraciones digestivas.
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Dolores musculares o articulares.
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Nerviosismo.
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Problemas cutáneos.
Por eso, además de las pruebas que puedan estar indicadas en cada caso, resulta enormemente útil observar qué comemos y cómo responde nuestro organismo.
Un diario de alimentación y síntomas puede descubrir relaciones que pasan completamente desapercibidas cuando intentamos recordarlas varios días después.
¿Qué tienen que ver los grupos sanguíneos con la alimentación?
A partir de aquí entramos en una teoría diferente.
El naturópata Peter J. D'Adamo popularizó la denominada dieta según el grupo sanguíneo, basada en la idea de que determinadas características relacionadas con los grupos ABO podrían influir en nuestra respuesta frente a ciertos alimentos.
Para entender su planteamiento primero tenemos que saber qué es un grupo sanguíneo.
Los grupos sanguíneos ABO
Dentro del sistema ABO existen cuatro grupos principales:
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Grupo A.
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Grupo B.
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Grupo AB.
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Grupo 0.
Los glóbulos rojos pueden presentar en su superficie determinados antígenos.
Una persona del grupo A presenta el antígeno A; una del grupo B presenta el antígeno B; las personas AB presentan ambos y las del grupo 0 no presentan ninguno de los dos antígenos ABO.
El plasma contiene además anticuerpos frente a determinados antígenos que nuestro organismo no posee.
Esto explica por qué la compatibilidad sanguínea resulta tan importante en las transfusiones.
Si se administra sangre incompatible puede producirse una reacción antígeno-anticuerpo con aglutinación y destrucción de glóbulos rojos, una situación potencialmente muy grave.
Además del sistema ABO existen otros sistemas sanguíneos.
Uno de los más conocidos es el factor Rh, motivo por el que podemos ser, por ejemplo, A positivo, A negativo, 0 positivo o 0 negativo.
¿Qué son las lectinas?
Aquí aparece uno de los elementos centrales de la teoría de D'Adamo: las lectinas.
Las lectinas son proteínas capaces de unirse específicamente a determinados carbohidratos.
Se encuentran ampliamente distribuidas en la naturaleza y están presentes en:
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Plantas.
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Animales.
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Microorganismos.
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Numerosos alimentos.
Algunas lectinas pueden presentar capacidad de aglutinación celular en determinadas condiciones, y precisamente esta característica sirvió de base para desarrollar diferentes hipótesis sobre su posible interacción con los grupos sanguíneos.
No debemos confundirlas con las lecitinas, que son sustancias completamente diferentes.
Lectinas, intestino y grupo sanguíneo
Dentro del modelo desarrollado por D'Adamo, no todas las personas reaccionarían de la misma manera frente a determinadas lectinas alimentarias.
Su propuesta relaciona la estructura de algunas lectinas con los antígenos característicos de los grupos sanguíneos ABO.
A partir de esta idea clasificó los alimentos en función de su posible compatibilidad con cada grupo sanguíneo.
Las lectinas también resultan interesantes desde el punto de vista digestivo porque algunas pueden interactuar con la superficie intestinal.
La preparación de los alimentos modifica enormemente esta cuestión.
Remojo, germinación, fermentación y especialmente cocción pueden reducir considerablemente la actividad de muchas lectinas presentes en los alimentos.
El trigo, las legumbres y otros vegetales contienen diferentes tipos de lectinas, pero no todas tienen el mismo comportamiento ni debemos hablar de «las lectinas» como si fueran una única sustancia.
Alimentación según el grupo sanguíneo de Peter D'Adamo
D'Adamo relacionó los diferentes grupos sanguíneos con determinadas etapas de adaptación humana y propuso para cada uno de ellos un patrón alimentario diferente.
Dentro de su modelo, los alimentos se clasifican habitualmente como beneficiosos, neutros o poco recomendables dependiendo del grupo sanguíneo.
Pero incluso dentro de este enfoque existe una regla que considero fundamental:
cada persona es un mundo y debemos observar cómo responde nuestro propio organismo a los alimentos.
El grupo sanguíneo puede utilizarse como una orientación dentro de este modelo, pero nunca debería sustituir esa observación individual.
Grupo sanguíneo 0
Dentro de la teoría de D'Adamo, el grupo 0 se relaciona con el patrón alimentario más antiguo y con una alimentación rica en proteínas animales.
Se considera un grupo con buena capacidad para digerir:
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Carnes.
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Pescados.
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Determinados vegetales.
Los quesos de cabra y oveja y algunos panes elaborados con cereales germinados, como el pan esenio, aparecen también dentro de determinadas versiones de esta alimentación.
Por el contrario, D'Adamo considera menos favorables para el grupo 0 determinados:
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Cereales, especialmente trigo y maíz.
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Algunas legumbres.
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Productos lácteos.
Dentro de este modelo se utilizan con frecuencia ajo y cebolla acompañando las comidas ricas en proteínas animales.
También se considera al grupo 0 poseedor de una respuesta inmunitaria especialmente activa.
Por esta razón, dentro de esta orientación alimentaria se da importancia a vegetales como:
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Brócoli.
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Coles.
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Cebolla.
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Ajo.
Y a bebidas como el rooibos.
Grupo sanguíneo A
En el modelo evolutivo utilizado por D'Adamo, el grupo A se relaciona con la aparición de sociedades más agrícolas y con una alimentación progresivamente más vegetal.
Se considera que las personas del grupo A suelen adaptarse especialmente bien a una alimentación rica en:
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Verduras.
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Frutas.
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Legumbres seleccionadas.
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Cereales.
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Frutos secos.
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Semillas.
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Pescado.
Dentro de este sistema se reduce considerablemente el protagonismo de la carne roja, utilizando con mayor moderación las proteínas animales.
También se presta especial atención a los alimentos antioxidantes, como:
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Arándanos y otros frutos rojos.
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Brócoli.
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Verduras.
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Té verde.
D'Adamo relacionó además este grupo con una mayor sensibilidad frente al estrés, por lo que dentro de su propuesta adquieren importancia tanto la alimentación como el descanso, la relajación y el ejercicio moderado.
Grupo sanguíneo B
El grupo B aparecería posteriormente dentro del modelo evolutivo propuesto por D'Adamo y estaría relacionado con poblaciones adaptadas a condiciones ambientales diferentes y a una alimentación relativamente variada.
Entre los alimentos considerados especialmente compatibles aparecen determinados:
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Productos lácteos.
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Huevos.
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Vegetales.
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Carnes, especialmente cordero.
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Pescados.
En cuanto a los cereales, dentro de esta teoría algunos resultan menos favorables que otros.
La avena, el mijo y la espelta aparecen habitualmente entre las opciones mejor toleradas dentro de este enfoque.
Una característica muy particular del grupo B dentro del sistema de D'Adamo es precisamente su buena adaptación a determinados productos lácteos, algo que lo diferencia claramente de los grupos 0 y A.
Por esta razón puede adaptarse bastante bien a una alimentación predominantemente vegetal que incluya huevos y productos lácteos, siempre que estos sean bien tolerados individualmente.
D'Adamo también relacionó este grupo con determinadas características inmunitarias y del sistema nervioso, dando especial importancia al equilibrio entre actividad, descanso y alimentación.
Grupo sanguíneo AB
El grupo AB reúne los antígenos A y B y es el menos frecuente de los cuatro grandes grupos del sistema ABO.
Dentro de la teoría de la alimentación por grupos sanguíneos se considera que comparte características de los grupos A y B.
Por una parte, heredaría algunas características digestivas atribuidas al grupo A y, por otra, una mayor tolerancia a determinados alimentos lácteos característica del grupo B.
La alimentación propuesta suele incluir:
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Verduras.
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Pescado.
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Determinados productos lácteos.
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Tofu y otras proteínas vegetales.
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Frutas.
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Alimentos ricos en antioxidantes.
La carne suele ocupar un lugar más moderado.
Dentro de este enfoque también se presta especial atención a alimentos como ajo, verduras y té verde.
El grupo sanguíneo como orientación, no como una cárcel alimentaria
Probablemente esta sea la parte más importante de todo el artículo.
Dos personas del mismo grupo sanguíneo pueden reaccionar de manera completamente diferente al mismo alimento.
Una puede encontrarse estupendamente comiendo un determinado cereal y otra experimentar hinchazón, cansancio o molestias digestivas.
Por eso ninguna tabla debería imponerse por encima de la observación individual.
Si queremos investigar nuestra alimentación podemos fijarnos en:
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Cómo hacemos la digestión.
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Si aparece hinchazón después de determinados alimentos.
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Cambios intestinales.
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Energía después de comer.
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Dolores de cabeza.
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Alteraciones de la piel.
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Congestión.
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Cansancio.
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Sensación de hambre poco después de determinadas comidas.
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Cómo cambia todo esto cuando retiramos y posteriormente reintroducimos un alimento.
La alimentación según el grupo sanguíneo puede utilizarse como un mapa orientativo dentro del modelo desarrollado por Peter D'Adamo, pero nuestro organismo sigue siendo quien proporciona la información más importante.
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Este artículo tiene carácter informativo y educativo. Las alergias, intolerancias y otras reacciones adversas a los alimentos tienen mecanismos diferentes y pueden necesitar una valoración individual, especialmente cuando las reacciones son intensas o recurrentes.


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