Ruidos corporales: qué dicen sobre nuestra salud

Nuestro cuerpo hace ruido. Mucho más del que pensamos.

Desde el crujido de una articulación hasta un estornudo monumental en el peor momento posible, pasando por un estómago que decide hacerse oír durante una reunión, el cuerpo humano produce diariamente un auténtico coro de sonidos.

La mayoría son completamente normales. Son simplemente consecuencia del movimiento del aire, los líquidos, los músculos, las articulaciones o nuestros propios reflejos.

Pero también es verdad que los cambios en los sonidos habituales de nuestro cuerpo pueden darnos pistas sobre lo que está ocurriendo en nuestro interior.

Vamos a escuchar qué tiene que contarnos.

Bostezos y salud

Aunque tradicionalmente relacionamos el bostezo con el aburrimiento o el sueño, todavía no conocemos completamente todas sus funciones.

Una de las hipótesis más interesantes propone que el bostezo puede participar en la termorregulación cerebral.

Nuestro cerebro necesita mantener unas condiciones bastante estables para funcionar correctamente. Durante el bostezo se producen movimientos musculares, cambios en la circulación y una inspiración profunda que podrían participar en ese proceso de regulación.

Pero el bostezo está relacionado también con los cambios en nuestro estado de alerta.

Por eso aparece con tanta facilidad cuando estamos cansados, tenemos sueño, acabamos de despertarnos o estamos atravesando momentos en los que cambia nuestro nivel de activación.

Entonces, ¿por qué bostezamos cuando estamos cansados?

La privación de sueño modifica numerosos mecanismos cerebrales, entre ellos la regulación de la temperatura y el estado de alerta.

Por eso sueño y bostezo están tan estrechamente relacionados.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando dormimos suficientemente y aun así bostezamos constantemente?

Aquí merece la pena mirar un poco más.

Determinados medicamentos, entre ellos algunos antidepresivos, antihistamínicos y analgésicos, pueden favorecer los bostezos.

Y un bostezo verdaderamente excesivo y persistente puede aparecer en determinadas alteraciones neurológicas, metabólicas o cardiovasculares.

Eso no significa que bostezar mucho sea señal de una enfermedad grave. En la inmensa mayoría de los casos no lo es. Pero un cambio llamativo y sin explicación en algo que nuestro cuerpo hacía de otra manera también merece ser escuchado.

¿Qué podemos hacer si bostezamos demasiado?

Lo primero es bastante evidente: revisar cómo estamos durmiendo.

También puede ayudar:

  • Mantener una buena hidratación.

  • Levantarnos y caminar si llevamos mucho tiempo sentados.

  • Ventilar la habitación.

  • Evitar ambientes excesivamente calurosos.

  • Revisar si el exceso de bostezos comenzó coincidiendo con algún medicamento.

  • Introducir alimentos frescos y ricos en agua, como sandía, pepino o apio, dentro de nuestra alimentación habitual.

Y, sobre todo, preguntarnos si estamos realmente descansados aunque pensemos que hemos dormido suficientes horas.

Ruidos en el estómago y salud

Nos ha pasado a todos.

Estamos en absoluto silencio y nuestro aparato digestivo decide comunicar públicamente que también está presente.

Estos ruidos reciben el nombre de borborigmos y proceden fundamentalmente del movimiento de gases y líquidos a través del estómago y del intestino como consecuencia de las contracciones del aparato digestivo.

Es decir, nuestros intestinos hacen ruido porque se mueven.

Y eso, normalmente, es una buena noticia.

¿Por qué suena más el estómago cuando tenemos hambre?

Cuando el estómago y el intestino están relativamente vacíos, los sonidos pueden percibirse con mayor facilidad porque hay menos contenido que los amortigüe.

Además, entre comidas aparece un patrón de actividad gastrointestinal denominado complejo motor migratorio, una especie de ciclo de limpieza que moviliza restos a través del aparato digestivo.

Por eso podemos escuchar auténticos conciertos intestinales aunque no estemos digiriendo una comida.

Los ruidos también pueden aumentar después de comer, cuando tenemos gases, diarrea o determinados cambios de la motilidad intestinal.

Lo interesante no es tanto que nuestro intestino haga ruido como observar si ha cambiado de repente y qué otros síntomas aparecen junto a ese cambio.

Dolor abdominal intenso, distensión importante, vómitos, incapacidad para evacuar o expulsar gases y alteraciones llamativas de los sonidos intestinales necesitan valoración porque pueden aparecer en problemas como una obstrucción intestinal.

Cómo reducir el exceso de ruido intestinal

Si el problema es simplemente que nuestro intestino es demasiado comunicativo, podemos probar algunas cosas sencillas.

Comer despacio es una de ellas.

También conviene evitar:

  • Mascar chicle constantemente.

  • Beber utilizando pajitas si nos hacen tragar mucho aire.

  • Comer demasiado deprisa.

  • Abusar de bebidas carbonatadas.

  • Tomar grandes cantidades de determinados edulcorantes que fermentan fácilmente.

  • Consumir alimentos que sabemos que personalmente nos producen muchos gases.

El café puede aumentar la actividad gastrointestinal en algunas personas y provocar que el intestino se haga bastante más audible.

Y tampoco podemos olvidarnos del estrés.

El aparato digestivo y el sistema nervioso mantienen una comunicación constante a través del eje cerebro-intestino. En algunas personas el estrés acelera la motilidad; en otras puede ralentizar determinados procesos digestivos.

Por eso no es ninguna casualidad que haya intestinos que empiezan a montar una fiesta precisamente cuando nosotros estamos más nerviosos.

Estornudos y salud

Un estornudo es básicamente un reflejo defensivo.

Algo irrita la mucosa nasal y nuestro organismo responde intentando expulsarlo violentamente.

Entre los desencadenantes más habituales encontramos:

  • Virus respiratorios.

  • Polen.

  • Polvo.

  • Ácaros.

  • Pelo y caspa de animales.

  • Humo.

  • Perfumes y sustancias irritantes.

  • Alimentos picantes.

  • Cambios bruscos de temperatura.

Y existe incluso el reflejo fótico del estornudo: personas que estornudan cuando pasan repentinamente de un lugar oscuro a una luz intensa.

Así que sí: podemos estornudar simplemente por mirar hacia una luz brillante.

Los estornudos repetidos también pueden aparecer en diferentes tipos de rinitis, especialmente la rinitis alérgica.

Incluso algunos medicamentos y la retirada de determinadas sustancias pueden modificar los reflejos nasales.

¿Cómo reducir los estornudos?

Si conocemos el desencadenante, lo primero es intentar reducir nuestra exposición.

Mantener la casa ventilada, controlar el polvo y prestar atención a aquello que irrita nuestra nariz puede ayudar mucho.

Dentro de la fitoterapia, la ortiga se utiliza tradicionalmente en infusión y otros preparados durante las épocas de alergias estacionales y molestias respiratorias.

Cuando sentimos que el estornudo está a punto de aparecer, algunas personas consiguen interrumpir momentáneamente el reflejo presionando suavemente la zona situada bajo la nariz o respirando lentamente por la boca.

Pero si estamos estornudando porque nuestra nariz intenta expulsar un irritante, tampoco debemos convertir en una batalla personal impedir cada estornudo.

Hipo y salud

El hipo es uno de los sonidos corporales más curiosos.

Se produce cuando aparece una contracción involuntaria del diafragma, seguida rápidamente por el cierre de la glotis.

Ese cierre es precisamente el responsable del característico:

¡Hip!

El diafragma está relacionado con los nervios frénico y vago, por lo que diferentes estímulos capaces de alterar estos circuitos pueden desencadenar el hipo.

Entre los motivos más frecuentes encontramos:

  • Comer demasiado deprisa.

  • Comer demasiado.

  • Distensión del estómago.

  • Bebidas carbonatadas.

  • Alcohol.

  • Cambios bruscos de temperatura.

  • Reír intensamente.

  • Excitación.

  • Nerviosismo.

  • Estrés.

La mayoría de los episodios duran pocos minutos y desaparecen solos.

¿Cuándo deja de ser normal el hipo?

Aquí tenemos una frontera bastante clara.

Cuando el hipo persiste durante más de 48 horas, merece valoración médica.

El hipo persistente puede aparecer asociado a alteraciones gastrointestinales, metabólicas, neurológicas, respiratorias o a determinados medicamentos.

Esto es poco frecuente, pero explica por qué un hipo que lleva varios días no debería tratarse simplemente como una molestia graciosa.

Remedios de la Abuela para el hipo

Uno de los remedios tradicionales consiste en tomar una cucharadita de miel disuelta lentamente en agua tibia.

También encontramos tradicionalmente el eneldo, una planta digestiva y carminativa que se ha utilizado cuando el hipo aparece relacionado con digestiones pesadas o distensión abdominal.

Y probablemente uno de los recursos más sencillos sea detenernos y respirar despacio.

Si el episodio ha aparecido después de comer deprisa, reír, discutir o ponernos nerviosos, relajar el diafragma mediante una respiración tranquila puede resultar sorprendentemente útil.

Eructos y salud

Aunque socialmente no sean demasiado elegantes, eructar es completamente normal.

Durante el día tragamos aire cuando comemos, bebemos y hablamos. Parte de ese aire tiene que volver a salir y el eructo es uno de los mecanismos que utiliza nuestro organismo para hacerlo.

El problema aparece cuando comenzamos a eructar muchísimo más de lo habitual.

¿Por qué eructamos demasiado?

Una de las causas más sencillas es la aerofagia, es decir, tragar demasiado aire.

Puede ocurrir cuando:

  • Comemos demasiado rápido.

  • Hablamos mientras comemos.

  • Bebemos con pajita.

  • Mascamos chicle.

  • Tomamos muchas bebidas carbonatadas.

  • Fumamos.

  • Comemos nerviosos.

Pero los eructos frecuentes también pueden acompañar a problemas digestivos como el reflujo gastroesofágico, determinadas gastritis, dispepsia y algunos procesos relacionados con fermentación o alteraciones de la microbiota.

Por eso otra vez aparece la misma regla: un eructo no significa nada especial; un cambio persistente acompañado de otros síntomas sí merece que investiguemos qué está pasando.

¿Cómo reducir los eructos?

Comer lentamente es probablemente uno de los consejos más sencillos.

También podemos:

  • Masticar bien.

  • Evitar hablar continuamente mientras tenemos comida en la boca.

  • Beber directamente del vaso.

  • Reducir las bebidas carbonatadas.

  • Evitar mascar chicle durante horas.

  • Observar qué alimentos producen más síntomas.

  • No tumbarnos inmediatamente después de una comida abundante.

Y si los eructos aparecen acompañados de ardor, dolor, hinchazón importante o digestiones constantemente pesadas, merece la pena mirar más allá del aire que estamos tragando.

Crujidos y chasquidos de las articulaciones

Rodillas que crujen, dedos que chasquean, tobillos que suenan al levantarnos...

Las articulaciones también tienen su propio repertorio musical.

Muchas veces estos sonidos aparecen por cambios de presión dentro de la articulación, desplazamiento de tendones o ligamentos sobre determinadas estructuras o simplemente por el movimiento normal de los tejidos.

Una articulación que cruje pero no duele no significa necesariamente que esté dañada.

La situación cambia cuando el sonido aparece acompañado de:

  • Dolor.

  • Inflamación.

  • Bloqueo.

  • Pérdida de movilidad.

  • Sensación de inestabilidad.

  • Un traumatismo reciente.

En esos casos, el ruido deja de ser simplemente una curiosidad y pasa a formar parte de un conjunto de síntomas que merece valoración.

Nuestro cuerpo habla, incluso cuando hace ruido

Un bostezo, un eructo, un estornudo o un intestino ruidoso no son pruebas diagnósticas.

Y probablemente esta sea la idea más importante de todo el artículo.

No debemos interpretar cada ruido corporal como una enfermedad.

Lo que sí podemos aprender es a observar los cambios.

Si llevamos toda la vida teniendo unas rodillas ruidosas sin dolor, probablemente no haya ocurrido nada nuevo. Si de repente una rodilla comienza a chasquear, hincharse y doler, la información es diferente.

Lo mismo ocurre con nuestro aparato digestivo, los bostezos, los estornudos o el hipo.

El organismo nos proporciona constantemente pequeñas pistas sobre cómo está funcionando. Aprender a escucharlas puede ayudarnos a conocernos mejor, siempre sin convertir cada sonido en motivo de preocupación.

Este artículo tiene una finalidad educativa e informativa. Los sonidos corporales aislados no permiten diagnosticar una enfermedad y la información aquí recogida no sustituye una valoración médica cuando existen síntomas persistentes, intensos o de aparición repentina.

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