Casi todo el mundo ha experimentado alguna vez las molestas náuseas, esa desagradable sensación en el estómago que nos avisa de que podríamos vomitar, aunque no siempre llegue a producirse el vómito.
Las náuseas no son una enfermedad en sí mismas, sino un síntoma que puede aparecer por muchísimas razones.
Entre las más frecuentes encontramos:
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Embarazo.
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Intoxicaciones alimentarias.
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Mareo durante los viajes.
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Infecciones digestivas o procesos gripales.
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Problemas biliares o de la vesícula.
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Migrañas.
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Estrés emocional.
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Digestiones pesadas.
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Determinados medicamentos.
Precisamente porque las causas pueden ser tan diferentes, también tendremos que observar cuándo aparecen las náuseas y qué otros síntomas las acompañan.
Alimentos que conviene evitar cuando tenemos náuseas
Cuando tenemos el estómago revuelto, hay determinados alimentos que pueden aumentar todavía más el malestar.
Alimentos ricos en grasa
Las comidas muy grasas pueden ralentizar el vaciamiento del estómago y hacer que la digestión resulte más pesada.
Fritos, salsas, embutidos y comidas excesivamente grasas no suelen ser nuestros mejores amigos cuando tenemos náuseas.
Bebidas carbonatadas
Las bebidas con gas pueden aumentar la distensión abdominal y los eructos y, en algunas personas, empeorar la sensación de náusea.
Comidas abundantes
Comer demasiado de una sola vez puede aumentar considerablemente el malestar.
Cuando tenemos náuseas suele funcionar mucho mejor comer poca cantidad varias veces que intentar enfrentarnos a un plato enorme.
Alimentos recomendados para las náuseas
Granos germinados y quinoa
La quinoa y los granos germinados son alimentos nutritivos y relativamente sencillos que podemos incorporar cuando necesitamos comidas ligeras.
Tomados en pequeñas cantidades pueden resultar una buena opción, especialmente por la mañana, cuando algunas personas presentan más náuseas.
Comidas pequeñas
Reducir la cantidad de alimento de cada comida puede ayudar mucho.
No necesitamos llenar el estómago.
Pequeñas cantidades repartidas durante el día suelen tolerarse mejor, especialmente cuando las náuseas aparecen durante el embarazo o cuando el aparato digestivo está sensible.
Vegetales de hoja verde
Los vegetales de hoja verde aportan folatos, magnesio y numerosos micronutrientes.
Podemos incorporarlos dentro de una alimentación ligera y nutritiva, adaptando la preparación a nuestra tolerancia digestiva.
Cuando existe mucho malestar puede resultar más fácil tomarlos cocinados que enfrentarnos a una enorme ensalada cruda.
Jengibre
El jengibre (Zingiber officinale) es probablemente uno de los remedios naturales más conocidos para las náuseas.
Se utiliza tradicionalmente para aliviar:
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Náuseas digestivas.
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Mareo durante los viajes.
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Digestiones pesadas.
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Náuseas del embarazo.
Podemos utilizarlo en infusión, fresco o mediante preparados de raíz.
Limón o lima
El sabor y el aroma del limón o la lima pueden resultar muy agradables cuando existe sensación de náusea.
Podemos chupar un pequeño trozo de limón o lima, añadir unas gotas al agua o simplemente utilizar su aroma.
Es uno de esos remedios sencillos que merece la pena probar porque algunas personas responden sorprendentemente bien.
Té de menta
La menta es una de las plantas digestivas tradicionales por excelencia.
Una infusión de menta puede ayudar a relajar el aparato digestivo y disminuir la sensación de estómago revuelto.
Además, su aroma fresco resulta especialmente agradable cuando las náuseas se acompañan de sensación de pesadez.
Remedios naturales para las náuseas
Raíz de jengibre
El jengibre puede ayudar a aliviar los síntomas de las náuseas y es uno de los primeros remedios que podemos tener en cuenta.
Podemos utilizar aproximadamente 300 mg de raíz de jengibre o prepararlo en forma de infusión.
Para hacer un té podemos cortar unas rodajas de jengibre fresco, añadir agua caliente y dejarlo reposar unos minutos.
Vitamina B6
La vitamina B6 o piridoxina participa en numerosas funciones del sistema nervioso y del metabolismo.
Resulta especialmente conocida por su utilización en las náuseas del embarazo.
Puede utilizarse en cantidades de 25 mg tres veces al día durante periodos concretos.
Si ya estamos utilizando un complejo vitamínico, especialmente durante el embarazo, conviene tener en cuenta la cantidad total de B6 que estamos tomando para no sumar productos innecesariamente.
Manzanilla
La manzanilla (Matricaria chamomilla) es otro de nuestros grandes remedios digestivos tradicionales.
Puede resultar especialmente útil cuando las náuseas aparecen acompañadas de:
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Digestión pesada.
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Gases.
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Espasmos digestivos.
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Nerviosismo.
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Sensación de estómago cerrado.
Una sencilla infusión después de la comida puede ser suficiente.
Aceites esenciales para las náuseas
Los aromas también pueden ayudarnos cuando aparece esa desagradable sensación de estómago revuelto.
Podemos utilizar aceite esencial de menta o de jengibre, correctamente diluido en un aceite vegetal, mediante un masaje suave en el abdomen o detrás de las orejas.
Otra posibilidad muy sencilla es utilizar la inhalación.
Podemos poner una pequeña cantidad en un pañuelo o utilizar un difusor y respirar suavemente el aroma.
La menta resulta especialmente interesante cuando buscamos una sensación fresca y despejada, mientras que el jengibre mantiene ese carácter cálido y digestivo que encontramos también cuando utilizamos su raíz.
Pequeños trucos cuando tenemos náuseas
Además de los remedios anteriores, hay pequeñas cosas que pueden marcar bastante diferencia:
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Comer despacio.
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Evitar tumbarnos inmediatamente después de comer.
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Mantener las habitaciones ventiladas si los olores empeoran las náuseas.
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Beber pequeñas cantidades de líquido en lugar de grandes vasos de golpe.
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Elegir alimentos sencillos y poco condimentados mientras dure el malestar.
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Evitar olores fuertes si somos especialmente sensibles.
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No permanecer muchas horas con el estómago completamente vacío si observamos que eso empeora las náuseas.
Y algo bastante importante: no todas las náuseas se tratan igual porque no todas proceden del estómago.
Una náusea por embarazo, una migraña, un viaje en coche, una intoxicación alimentaria o un problema de vesícula pueden producir una sensación parecida, pero el origen es completamente diferente.
Observar cuándo aparece, qué la desencadena y qué otros síntomas la acompañan puede ayudarnos muchísimo a encontrar el remedio más adecuado.
Este artículo tiene carácter informativo y educativo. Las náuseas intensas o persistentes, los vómitos repetidos, la imposibilidad de mantener líquidos o la aparición de otros síntomas importantes necesitan valoración de su causa.



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