La infección urinaria se produce generalmente cuando determinadas bacterias ascienden por la uretra y se multiplican en el tracto urinario. La bacteria implicada con mayor frecuencia es Escherichia coli (E. coli), procedente habitualmente del propio intestino.
Cuando la infección afecta principalmente a la vejiga hablamos de cistitis.
Entre sus síntomas más característicos encontramos:
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Escozor o dolor al orinar.
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Necesidad de orinar con mucha frecuencia.
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Sensación urgente de tener que ir al baño.
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Orinar pequeñas cantidades cada vez.
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Presión o molestias en la parte baja del abdomen.
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Orina turbia o con olor diferente.
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En ocasiones, presencia de sangre en la orina.
Las infecciones urinarias son mucho más frecuentes en las mujeres, entre otras razones porque la uretra femenina es considerablemente más corta y su abertura se encuentra próxima a la zona perineal y anal, facilitando el ascenso de las bacterias.
Las relaciones sexuales, el embarazo, los cambios hormonales de la menopausia, determinadas alteraciones de la microbiota, el uso reciente de antibióticos, una higiene inadecuada, retener frecuentemente la orina o determinados problemas del aparato urinario pueden favorecer su aparición.
¿Cuándo una infección urinaria necesita atención médica?
Una cistitis aparentemente sencilla puede evolucionar y afectar a las vías urinarias superiores.
Hay que prestar especial atención cuando aparecen:
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Fiebre.
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Escalofríos.
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Dolor en la espalda o en un costado, especialmente en la zona renal.
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Náuseas o vómitos.
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Sangre abundante en la orina.
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Empeoramiento rápido del estado general.
También requieren una valoración especial las infecciones urinarias durante el embarazo, en hombres, niños, personas con enfermedad renal o cuando las infecciones se repiten con frecuencia.
Los remedios naturales pueden acompañar el cuidado de las vías urinarias, pero una infección que necesita tratamiento antibiótico no debe dejarse evolucionar intentando solucionarla únicamente con plantas o complementos.
Alimentos y bebidas que conviene reducir durante una cistitis
Cuando la vejiga está inflamada hay alimentos y bebidas que pueden aumentar la irritación y hacer que el escozor o la urgencia sean mucho más molestos.
Azúcar y dulces
Durante una infección no necesitamos llenar la dieta de azúcar, bollería y productos ultraprocesados.
Además de aportar muy pocos nutrientes, un consumo elevado de azúcar puede resultar especialmente poco interesante cuando existen alteraciones metabólicas o de la microbiota.
Café y bebidas con cafeína
El café, las bebidas energéticas y otras fuentes concentradas de cafeína pueden aumentar la frecuencia urinaria y actuar como irritantes vesicales en algunas personas.
Si durante una cistitis observas que aumentan el escozor o la urgencia, es mejor evitarlos temporalmente.
Bebidas carbonatadas
Algunas personas con vejiga especialmente sensible notan un empeoramiento de las molestias con refrescos y bebidas carbonatadas.
Además, muchos refrescos combinan gas, cafeína, azúcar o edulcorantes y diferentes ácidos, una mezcla poco interesante cuando la vejiga ya está irritada.
Alcohol
El alcohol puede irritar la vejiga y además no resulta conveniente durante una infección, especialmente si estamos tomando medicamentos.
Cítricos y alimentos muy ácidos
No todas las personas necesitan eliminarlos.
Sin embargo, cuando existe mucho escozor, algunos alimentos muy ácidos pueden aumentar temporalmente la sensación de irritación vesical.
Picantes, chocolate y alimentos muy procesados
También pueden empeorar las molestias en algunas personas.
Aquí conviene observar la respuesta individual: no estamos haciendo una lista universal de alimentos prohibidos, sino intentando no irritar todavía más una vejiga que ya está inflamada.
Qué comer y beber durante una infección urinaria
Agua
Una hidratación adecuada es una de las medidas más sencillas.
Beber agua regularmente favorece la producción de orina y evita que esta esté excesivamente concentrada.
No hace falta obligarse a beber cantidades disparatadas: se trata simplemente de mantener una buena hidratación durante el día.
Arándano rojo
El arándano rojo americano (Vaccinium macrocarpon) es probablemente uno de los remedios naturales más conocidos para las vías urinarias.
Contiene unas sustancias llamadas proantocianidinas tipo A (PAC-A) que pueden dificultar la adhesión de determinadas bacterias, especialmente E. coli, al urotelio o pared del tracto urinario.
Y este detalle es importante.
El arándano no actúa simplemente «matando bacterias». Su interés reside especialmente en dificultar que puedan adherirse con facilidad a las paredes urinarias.
Por eso resulta particularmente interesante dentro de las estrategias destinadas a personas con tendencia a sufrir infecciones urinarias recurrentes.
Si utilizamos zumo de arándano, es preferible escoger uno sin grandes cantidades de azúcar añadido.
Ajo
El ajo contiene diferentes compuestos azufrados y forma parte de una alimentación interesante durante los procesos infecciosos.
Podemos incorporarlo normalmente a las comidas, preferiblemente junto a una dieta rica en verduras y alimentos frescos.
Alimentos fermentados
Yogur natural, kéfir, chucrut y otros alimentos fermentados pueden ayudar a cuidar la microbiota intestinal.
En la mujer existe además una estrecha relación entre microbiota intestinal, vaginal y riesgo de colonización por determinadas bacterias uropatógenas.
No se trata de que el yogur vaya directamente a «llenar la vejiga de bacterias buenas», sino de cuidar los ecosistemas microbianos que rodean y protegen el aparato urinario.
Alimentos ricos en agua
Sandía, melón, verduras, sopas y otros alimentos ricos en agua pueden contribuir también a mantener una buena hidratación.
El apio y el perejil se han utilizado tradicionalmente dentro de la alimentación destinada a favorecer la función urinaria.
Remedios naturales para las infecciones urinarias
D-manosa
La D-manosa es uno de los complementos más utilizados para el cuidado de las vías urinarias.
Es un azúcar simple que se absorbe parcialmente y se elimina rápidamente a través de la orina.
Su interés reside en que puede unirse a determinadas estructuras presentes en algunas cepas de E. coli, dificultando que estas bacterias se adhieran al revestimiento del tracto urinario.
Por eso se utiliza especialmente en personas con cistitis recurrentes, aunque no todas las infecciones urinarias están causadas por bacterias que responden de la misma manera.
Arándano rojo
El arándano rojo comparte con la D-manosa un objetivo especialmente interesante: la adhesión bacteriana.
Sus proantocianidinas tipo A pueden interferir con determinados mecanismos utilizados por E. coli para fijarse al urotelio.
Esto explica por qué arándano rojo y D-manosa aparecen con tanta frecuencia en productos destinados al cuidado de las vías urinarias.
Probióticos
Los probióticos pueden resultar interesantes especialmente cuando existe una historia de antibióticos frecuentes, alteraciones de la microbiota intestinal o vaginal e infecciones urinarias recurrentes.
En la mujer, determinadas especies de Lactobacillus forman parte de la microbiota vaginal normal y ayudan a crear un ambiente menos favorable para la colonización por microorganismos potencialmente problemáticos.
Aceite de orégano
El orégano y algunos de sus componentes, especialmente carvacrol y timol, poseen conocidas propiedades antimicrobianas.
Puede formar parte de determinadas estrategias naturopáticas, pero los preparados concentrados de aceite de orégano no son equivalentes al orégano que utilizamos como especia y deben utilizarse correctamente.
Vitamina C
La vitamina C participa en el funcionamiento normal del sistema inmunitario y podemos obtenerla fácilmente mediante una alimentación rica en frutas y verduras.
Pimiento, kiwi, fresas, brócoli, perejil y cítricos son buenas fuentes.
Durante una infección interesa mantener un buen aporte de vitamina C, aunque no debemos reducir toda su función a «acidificar la orina».
Recetas de la Abuela para la infección urinaria
Receta 1: tomillo, gayuba y cola de caballo
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Mezclar tomillo, gayuba y cola de caballo a partes iguales.
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Poner 2 cucharaditas de la mezcla en 1/4 de litro de agua hirviendo.
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Dejar reposar durante 10 minutos.
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Colar.
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Beber caliente a pequeños sorbos, hasta 2 tazas al día.
La gayuba (Arctostaphylos uva-ursi) es una de las plantas tradicionalmente más utilizadas para las vías urinarias. No está pensada para utilizarse de manera prolongada ni indiscriminadamente.
Receta 2: salvia, brezo y menta
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Mezclar salvia, brezo y menta a partes iguales.
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Poner 2 cucharaditas de esta mezcla en 1/4 de litro de agua hirviendo.
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Dejar reposar durante 10 minutos.
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Colar.
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Tomar 1 taza después de las comidas.
El brezo ha sido tradicionalmente una de las plantas utilizadas dentro de las mezclas destinadas al aparato urinario, mientras que salvia y menta completan esta antigua combinación.
Infecciones urinarias recurrentes: aquí hay que mirar más allá
Cuando una mujer tiene una infección urinaria aislada, probablemente estemos ante un episodio puntual.
Pero cuando aparecen una y otra vez, no basta con apagar cada infección y esperar a la siguiente.
Hay que preguntarse qué está favoreciendo esa recurrencia.
Puede resultar interesante valorar:
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Si aparecen después de mantener relaciones sexuales.
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Si existe sequedad vaginal.
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Si han comenzado durante la perimenopausia o menopausia.
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Si ha habido tratamientos antibióticos repetidos.
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Cómo está la microbiota intestinal y vaginal.
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Si existe estreñimiento.
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Si se retiene habitualmente la orina.
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Si hay diabetes o alteraciones de la glucosa.
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Si existe alguna alteración anatómica o funcional del aparato urinario.
En mujeres peri y posmenopáusicas, la disminución de estrógenos puede modificar el epitelio y la microbiota vaginal, disminuyendo la presencia de lactobacilos y facilitando la colonización por determinadas bacterias.
Este es un buen ejemplo de por qué una cistitis recurrente no siempre es simplemente una cistitis mal curada.
A veces el verdadero trabajo consiste en descubrir por qué esas bacterias encuentran continuamente el terreno adecuado para volver.
Este artículo tiene carácter educativo y no sustituye el diagnóstico ni el tratamiento de una infección urinaria. Ante fiebre, dolor renal o lumbar, vómitos, embarazo, empeoramiento de los síntomas o infecciones recurrentes es necesaria una valoración sanitaria.



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