
El asma es una enfermedad respiratoria caracterizada por inflamación de las vías respiratorias y una obstrucción variable del paso del aire.
Durante una crisis, la musculatura que rodea los bronquios puede contraerse, la mucosa se inflama y puede aumentar la producción de moco. Todo ello estrecha las vías respiratorias y provoca esa característica sensación de que el aire no entra y sale con normalidad.
La intensidad y frecuencia de los síntomas varían muchísimo de una persona a otra.
Y también varían los desencadenantes.
Por eso, además de controlar el asma, resulta especialmente interesante aprender a reconocer qué cosas desencadenan nuestras propias crisis.
¿Qué es el asma?
El asma es una enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias.
Los bronquios de una persona asmática presentan una mayor hiperreactividad, es decir, pueden reaccionar exageradamente ante determinados estímulos que en otras personas apenas producirían respuesta.
Durante una crisis pueden aparecer:
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Dificultad para respirar.
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Sensación de opresión en el pecho.
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Tos.
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Silbidos o sibilancias al respirar.
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Respiración entrecortada.
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Sensación de falta de aire.
En algunas personas el síntoma predominante puede ser simplemente una tos seca persistente, especialmente por la noche, al realizar ejercicio o al exponerse a determinados desencadenantes.
Entre los factores relacionados con la aparición o exacerbación del asma encontramos:
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Alergias.
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Polen.
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Ácaros.
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Moho.
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Contaminación.
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Humo del tabaco.
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Irritantes ambientales.
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Infecciones respiratorias.
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Ejercicio.
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Aire frío.
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Estrés y emociones intensas.
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Obesidad.
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Determinadas exposiciones laborales.
-
Cambios hormonales en algunas personas.
Alimentos que conviene vigilar en el asma
No existe una lista universal de alimentos prohibidos para todas las personas asmáticas.
Pero sí podemos revisar nuestra alimentación y observar si existen alimentos que empeoran individualmente los síntomas.
Lácteos
Tradicionalmente se ha relacionado el consumo de leche y productos lácteos con una mayor producción de moco.
En realidad, no todas las personas producen más secreciones por consumir lácteos, aunque algunas sí describen una sensación de mucosidad más espesa o mayor congestión.
Si observamos claramente que nos ocurre, podemos probar a reducirlos durante un tiempo y valorar la respuesta.
Azúcar
Conviene reducir el exceso de:
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Azúcar.
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Bollería.
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Refrescos.
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Dulces.
-
Postres industriales.
Especialmente dentro de una estrategia general destinada a disminuir alimentos ultraprocesados y favorecer una alimentación de mayor densidad nutricional.
Alimentos procesados
Los alimentos ultraprocesados suelen aportar grandes cantidades de azúcar, sal y grasas de mala calidad y pocos micronutrientes.
Por eso deberían ocupar un espacio pequeño dentro de nuestra alimentación habitual.
Aditivos y conservantes
Algunas personas asmáticas pueden reaccionar a determinados componentes de los alimentos.
Los sulfitos, por ejemplo, pueden provocar síntomas respiratorios en personas susceptibles y aparecen en determinados vinos, frutas desecadas y productos procesados.
Aquí lo importante es identificar sensibilidades individuales en lugar de eliminar indiscriminadamente todos los aditivos.
Alimentos muy fríos
En algunas personas con vías respiratorias especialmente reactivas, el frío puede actuar como desencadenante.
Si observamos que bebidas heladas, helados u otros alimentos muy fríos nos provocan tos o molestias, simplemente los evitaremos.
No se debe a un «choque térmico del aparato digestivo», sino a la sensibilidad individual frente al estímulo frío.
Alimentos recomendados para el asma
Frutas y verduras
Una alimentación abundante en frutas y verduras aporta:
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Vitamina C.
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Carotenoides.
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Folatos.
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Minerales.
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Polifenoles.
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Fibra.
Los cítricos, manzanas, cebollas y numerosos vegetales contienen además quercetina, un flavonoide especialmente interesante por su actividad antioxidante y su relación con los procesos alérgicos e inflamatorios.
Pescado azul
Los pescados azules aportan EPA y DHA, ácidos grasos omega-3 relacionados con la regulación de los procesos inflamatorios.
Podemos incluir:
-
Sardinas.
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Caballa.
-
Boquerones.
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Salmón.
-
Arenque.
Ajo y cebolla
El ajo contiene diferentes compuestos azufrados y la cebolla es especialmente rica en quercetina.
Son dos alimentos sencillos que podemos incorporar habitualmente a nuestra alimentación.
Agua
Mantener una hidratación adecuada ayuda a conservar las secreciones respiratorias menos espesas.
No necesitamos obligarnos a beber cantidades enormes: simplemente evitar la deshidratación y mantener una ingesta adecuada a nuestras necesidades.
Semillas de lino
Las semillas de lino son una buena fuente vegetal de ácido alfa-linolénico (ALA), perteneciente a la familia de los omega-3.
Podemos incorporarlas molidas a yogures, ensaladas, cremas o diferentes platos.
Remedios naturales de apoyo para el asma
Quercetina
La quercetina es un flavonoide presente en numerosos alimentos y especialmente interesante dentro de los procesos relacionados con inflamación y alergia.
Podemos encontrarla naturalmente en:
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Cebolla.
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Manzana.
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Alcaparras.
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Cítricos.
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Uvas.
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Frutos rojos.
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Verduras.
También existe en forma de complemento alimenticio.
NAC o N-acetilcisteína
La N-acetilcisteína (NAC) es precursora del glutatión, uno de nuestros principales sistemas antioxidantes.
Además presenta una conocida actividad mucolítica, ayudando a disminuir la viscosidad de las secreciones.
Por eso resulta especialmente interesante cuando, además de hiperreactividad bronquial, existe mucosidad espesa.
Omega-3
Los ácidos grasos omega-3 participan en diferentes vías relacionadas con la respuesta inflamatoria.
Podemos obtenerlos mediante la alimentación y también existen preparados concentrados de aceite de pescado o de algas.
Vitamina B6
La vitamina B6 participa en numerosas reacciones metabólicas y en el funcionamiento normal del sistema nervioso e inmunitario.
Podemos obtenerla mediante una alimentación variada y valorar individualmente su estado cuando existan motivos para sospechar una deficiencia.
Magnesio
El magnesio participa en la función muscular y nerviosa y tiene una relación especialmente interesante con la musculatura lisa.
Esto explica que el magnesio haya sido estudiado también dentro del contexto respiratorio.
Sin embargo, un suplemento oral de magnesio no sustituye a la medicación de rescate durante una crisis asmática.
Remedios de la abuela para el asma
Las siguientes fórmulas proceden de la tradición naturista y fitoterapéutica.
Receta 1
Hervimos 1 litro de agua y añadimos un puñado de cola de caballo.
Retiramos del fuego, removemos, tapamos y dejamos reposar durante unos cinco minutos.
Colamos y bebemos la infusión a pequeños sorbos.
Receta 2
Mezclamos a partes iguales:
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Vara de oro.
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Tila.
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Manzanilla.
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Muérdago.
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Agracejo.
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Tusílago.
-
Milenrama.
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Tomillo.
Utilizamos 1 cucharadita de la mezcla por taza de agua hirviendo.
Tapamos, dejamos reposar y colamos.
Ésta es ya una fórmula fitoterapéutica compleja y no una simple infusión doméstica para utilizar indiscriminadamente durante largos periodos.
Receta 3
Mezclamos a partes iguales:
-
Anís.
-
Tila.
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Salvia.
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Llantén.
-
Tusílago.
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Tomillo andaluz.
-
Pino silvestre.
-
Cola de caballo.
-
Milenrama.
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Flores de malva.
Utilizamos 1 cucharadita de la mezcla por taza de agua y dejamos reposar durante diez minutos.
Podemos endulzar con miel de eucalipto o de tomillo.
La antigua fórmula continuaba posteriormente con una segunda combinación:
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Malvavisco.
-
Tusílago.
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Pulmonaria.
-
Tomillo.
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Gordolobo.
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Ortiga.
-
Tila.
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Violeta.
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Hinojo.
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Liquen de Islandia.
Especialmente interesante resulta aquí la presencia de plantas ricas en mucílagos, como malvavisco, gordolobo y violeta, tradicionalmente utilizadas para suavizar las mucosas respiratorias.
Receta 4: baño de plantas
Mezclamos a partes iguales:
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Eucalipto.
-
Cola de caballo.
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Romero.
-
Milenrama.
-
Salvia.
En un recipiente con 5 litros de agua dejamos macerar durante toda la noche 3 puñados de la mezcla.
A la mañana siguiente calentamos sin llegar a hervir, colamos y añadimos al agua de la bañera.
Permanecemos unos 15 minutos, aprovechando el baño para relajarnos y realizar una respiración tranquila y sin forzar.
Aceites esenciales y asma
Aquí debemos tener bastante cuidado.
Tradicionalmente se han utilizado aceites esenciales como:
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Eucalipto.
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Menta.
-
Pino.
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Mirto.
Sus aromas producen una sensación característica de frescor y apertura nasal.
Pero una persona con asma tiene precisamente unas vías respiratorias hiperreactivas, y un aroma intenso, humo, perfume, aerosol o aceite esencial puede resultar agradable para una persona y desencadenar tos o broncoespasmo en otra.
Por eso no utilizaría aceites esenciales como método para «abrir los bronquios» durante una crisis.
Si sabemos que los toleramos, podemos utilizarlos suavemente en aromaterapia ambiental o correctamente diluidos para aplicación tópica.
Y nunca añadiremos aceites esenciales al depósito de un humidificador salvo que el aparato esté específicamente diseñado para ello.
Consejos para controlar mejor el asma
Respira aire limpio
Siempre que sea posible, evita:
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Tabaco.
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Humo.
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Ambientadores.
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Aerosoles.
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Perfumes intensos.
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Contaminación.
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Productos de limpieza muy volátiles.
Identifica tus desencadenantes
No todos los asmáticos reaccionan a lo mismo.
Puede ser:
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Polen.
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Ácaros.
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Gatos.
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Moho.
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Frío.
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Ejercicio.
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Una infección.
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Estrés.
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Un producto químico.
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Un alimento concreto.
Conocer nuestros desencadenantes nos proporciona muchísima información.
Practica ejercicio
El ejercicio no debe eliminarse automáticamente por padecer asma.
Caminar, montar en bicicleta, nadar o realizar otras actividades adaptadas a nuestra capacidad puede mejorar nuestra condición física general.
Cuando existe asma inducida por el ejercicio, simplemente habrá que adaptar la actividad y controlar adecuadamente la enfermedad.
Trabaja la respiración y la relajación
El estrés no es la causa de todo el asma, pero las emociones intensas y la hiperventilación pueden empeorar los síntomas en algunas personas.
Las técnicas de relajación y respiración pueden ayudarnos a controlar mejor esa parte del problema.
No intentaremos realizar respiraciones profundas y forzadas durante una crisis si aumentan la sensación de ahogo.
Come muchas verduras y frutas
Una alimentación rica en vegetales aporta antioxidantes, minerales y fitoquímicos que forman parte de un buen terreno nutricional.
En el asma, conocer nuestros desencadenantes es fundamental
Dos personas pueden tener exactamente el mismo diagnóstico de asma y reaccionar ante cosas completamente diferentes.
Una empeora con los ácaros.
Otra cuando corre con aire frío.
Otra durante la primavera.
Otra después de una infección respiratoria.
Otra cuando entra en una habitación llena de humo o perfume.
Por eso, además de trabajar alimentación, inflamación, hidratación y estado nutricional, una parte fundamental del abordaje consiste en descubrir qué está haciendo reaccionar nuestros bronquios.
Los remedios naturales pueden formar parte del cuidado general y ayudarnos a trabajar sobre determinados terrenos.
Pero una crisis asmática aguda es una broncoconstricción, y en ese momento no debemos sustituir la medicación de rescate indicada por una infusión, un aceite esencial o un suplemento.
Primero respiramos.
Después podremos trabajar todo lo demás.


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