
Una herida puede estar causada por diferentes tipos de lesiones: cortes, golpes, raspaduras, rozaduras, pinchazos o pequeñas quemaduras.
La mayoría de los pequeños cortes y rasguños evolucionan perfectamente en pocos días si los mantenemos limpios y protegidos. Sin embargo, cualquier rotura de la barrera de la piel supone también una posible puerta de entrada para microorganismos.
Por eso es importante saber cómo limpiar una herida, cómo favorecer su cicatrización y qué señales pueden indicarnos que se está infectando.
¿Qué hacer ante una herida?
Lo primero que debemos hacer es valorar la herida.
Si existe hemorragia, aplicaremos presión directa con una gasa o paño limpio durante varios minutos.
Si el sangrado es abundante, la herida es profunda, los bordes están muy separados o no conseguimos detener la hemorragia mediante presión, necesitaremos atención sanitaria.
Una vez controlado el sangrado, podemos realizar la primera cura.
1. Limpiar la herida
Lavamos cuidadosamente la zona con agua corriente limpia o suero fisiológico para eliminar suciedad y restos superficiales.
Si existen pequeñas partículas superficiales podemos retirarlas cuidadosamente con unas pinzas limpias.
Sin embargo, si encontramos un objeto profundamente clavado en la herida no debemos intentar extraerlo nosotros mismos.
2. Protegerla
Después del lavado secamos suavemente la piel que rodea la lesión y protegemos la herida con un apósito adecuado si existe riesgo de roce o contaminación.
Las heridas no necesitan necesariamente permanecer secas y «al aire» para cicatrizar.
Un ambiente limpio, protegido y ligeramente húmedo puede favorecer la reparación de la piel y evitar que la costra se agriete continuamente.
3. Vigilar su evolución
Cambiaremos el apósito cuando sea necesario y observaremos cómo evoluciona.
Si aparecen:
- enrojecimiento que se extiende;
- aumento progresivo del dolor;
- calor intenso;
- hinchazón;
- pus;
- mal olor;
- fiebre;
puede existir una infección que necesita valoración.
¿Y el agua oxigenada?
Durante muchos años prácticamente todos hemos tenido agua oxigenada en el botiquín y se utilizaba sistemáticamente sobre cualquier corte.
Sin embargo, actualmente no es la primera opción para la limpieza rutinaria de pequeñas heridas.
Su acción oxidante puede resultar irritante para las células que están participando precisamente en la reparación del tejido.
Para un pequeño corte o raspadura, una limpieza abundante con agua o suero fisiológico suele ser una opción mucho más respetuosa con el tejido.
Alimentos que pueden dificultar la cicatrización
La piel necesita materias primas para reconstruirse.
Una alimentación nutricionalmente pobre puede hacer más difícil este proceso.
Alcohol
El consumo elevado de alcohol puede interferir con diferentes mecanismos relacionados con la inmunidad y la reparación de los tejidos.
Azúcar y productos refinados
Una alimentación basada en azúcar, bollería, harinas refinadas y productos ultraprocesados desplaza alimentos mucho más ricos en los nutrientes necesarios para regenerar los tejidos.
Grasas hidrogenadas y ultraprocesados
Las grasas trans y una alimentación excesivamente basada en productos procesados tampoco constituyen el mejor terreno nutricional cuando nuestro organismo necesita reparar una lesión.
Alimentos que favorecen la cicatrización
Verduras de hoja verde
Kale, brócoli, espinacas, acelgas y otras verduras proporcionan vitaminas, minerales y numerosos compuestos vegetales.
Entre ellos encontramos vitamina K, fundamental para el proceso normal de coagulación sanguínea.
Proteínas
Este es uno de los nutrientes fundamentales.
Nuestro organismo necesita aminoácidos para reconstruir el tejido perdido y fabricar numerosas proteínas implicadas en la reparación.
Podemos obtenerlos de:
- huevos;
- pescado;
- carne;
- legumbres;
- lácteos;
- frutos secos y semillas;
- tofu y otros alimentos proteicos.
Vitamina C
La vitamina C participa en la formación normal de colágeno, una proteína estructural fundamental para piel, vasos sanguíneos y tejido conjuntivo.
Encontramos buenas cantidades en:
- pimientos;
- cítricos;
- kiwi;
- fresas;
- brócoli;
- perejil;
- tomate.
Zinc
El zinc interviene en numerosos procesos enzimáticos relacionados con la división celular, inmunidad y reparación de los tejidos.
Podemos encontrarlo en ostras y otros mariscos, carnes, huevos, semillas de calabaza, legumbres y frutos secos.
Pescado y omega-3
Los pescados, especialmente los pescados azules, proporcionan proteínas además de EPA y DHA, dos ácidos grasos omega-3 implicados en diferentes mecanismos relacionados con la respuesta inflamatoria.
Remedios naturales para favorecer la cicatrización
Bromelina
La bromelina es un conjunto de enzimas proteolíticas procedentes de la piña.
Se utiliza especialmente por su relación con los procesos inflamatorios y el edema y puede resultar interesante cuando una lesión se acompaña de hinchazón.
Vitamina C
Además de obtenerla mediante los alimentos, la vitamina C es uno de los nutrientes que podemos valorar cuando queremos favorecer una correcta formación de colágeno y reparación de los tejidos.
Zinc
El zinc participa tanto en la función inmunitaria como en los procesos normales de cicatrización.
Un estado nutricional adecuado de zinc resulta especialmente importante cuando el organismo tiene que reconstruir tejido.
Tepezcohuite (Mimosa tenuiflora)
El tepezcohuite tiene una larga tradición de uso tópico para el cuidado de la piel.
Su corteza se ha utilizado en diferentes preparados destinados a piel dañada, heridas superficiales y quemaduras, y actualmente podemos encontrarla incorporada a cremas y otros productos cosméticos.
Sangre de Drago
La Sangre de Drago, obtenida de diferentes especies del género Croton, es una savia rojiza utilizada tradicionalmente en Sudamérica.
Su uso tradicional incluye tanto el cuidado de pequeñas lesiones externas como diferentes aplicaciones sobre mucosas.
Aplicada tópicamente se ha utilizado por sus propiedades astringentes, protectoras y cicatrizantes.
Uno de sus componentes más conocidos es la taspina, que ha despertado interés precisamente por su relación con los procesos de reparación tisular.
Remedios de la abuela para las heridas
Receta 1: miel
La miel tiene una larguísima historia de utilización sobre heridas.
Actualmente existen incluso preparados de miel de grado médico, elaborados específicamente para este uso.
En una herida abierta prefiero este tipo de producto frente a utilizar directamente miel cruda de cocina, ya que ha sido preparado y controlado específicamente para su aplicación sobre lesiones.
En preparados destinados a piel ya cerrada o superficial podemos combinar productos a base de miel con otros ingredientes tradicionalmente utilizados para el cuidado cutáneo.
Receta 2: antiguo preparado de plantas
Esta es una receta tradicional utilizada como preparación para lavar y cuidar pequeñas lesiones superficiales.
Ingredientes:
- 30 g de raíz de equinácea;
- 30 g de hoja de nogal;
- 30 g de caléndula;
- 30 g de hoja de eucalipto;
- agua suficiente para cubrir las plantas.
Preparación:
- Colocamos todas las plantas en una cazuela.
- Añadimos agua hasta cubrirlas.
- Dejamos cocer durante aproximadamente 30 minutos.
- Colamos cuidadosamente y dejamos enfriar.
- Utilizamos la preparación sobre la zona que queremos cuidar.
Al ser una preparación casera elaborada con agua y sin conservantes, no debemos tratarla como si fuese un producto estéril ni guardarla durante largos periodos de tiempo.
Aceites esenciales para favorecer la recuperación de la piel
Tradicionalmente se han utilizado diferentes aceites esenciales para el cuidado de la piel.
Entre los más conocidos encontramos:
Lavanda: utilizada en preparados destinados a calmar y cuidar pieles irritadas.
Árbol de té (Melaleuca alternifolia): destaca especialmente por sus propiedades antimicrobianas y antifúngicas.
Romero: utilizado tradicionalmente en preparados para masaje y cuidado de la piel.
Mirra: posee una larga tradición de utilización sobre piel y mucosas y aparece en numerosos preparados tradicionales.
Los aceites esenciales son sustancias extremadamente concentradas. No necesitamos introducirlos puros dentro de una herida abierta. Podemos reservarlos para preparados correctamente formulados o diluidos y para el cuidado de la piel que rodea la lesión.
La cicatrización también depende de nuestro estado general
Una herida no se repara únicamente desde fuera.
Para fabricar tejido nuevo nuestro organismo necesita proteínas, vitamina C, zinc, energía, una buena circulación y un sistema inmunitario capaz de responder adecuadamente.
Por eso una alimentación deficiente, determinados problemas circulatorios o metabólicos y algunas carencias nutricionales pueden hacer que una pequeña lesión tarde mucho más de lo esperado en cerrar.
Una herida que no evoluciona normalmente también puede estar diciéndonos algo sobre el terreno de la persona que la está intentando cicatrizar.


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