
La sarcoidosis es una afección inflamatoria en la que aparecen pequeñas agrupaciones de células inmunitarias llamadas granulomas. Suelen localizarse principalmente en los pulmones y en los ganglios linfáticos cercanos, aunque también pueden afectar a otras partes del organismo, como la piel, los ojos, las articulaciones, el hígado, los músculos, el corazón o el sistema nervioso.
Muchas personas con sarcoidosis no presentan síntomas y, en numerosos casos, la enfermedad puede remitir espontáneamente. Sin embargo, cuando la inflamación persiste durante mucho tiempo puede llegar a producir alteraciones en los órganos afectados.
¿Qué es la sarcoidosis?
En condiciones normales, cuando el sistema inmunitario detecta una amenaza, activa diferentes células y mecanismos destinados a defender al organismo. Como consecuencia de esta respuesta aparece inflamación.
Una vez que la amenaza desaparece, la inflamación normalmente disminuye y los tejidos vuelven progresivamente a su estado habitual.
En la sarcoidosis esta respuesta no se resuelve de la misma manera. Las células inmunitarias se agrupan formando pequeños acúmulos denominados granulomas.
Estos granulomas aparecen con mayor frecuencia en los pulmones, la piel y los ganglios linfáticos del tórax, aunque pueden desarrollarse prácticamente en cualquier órgano.
Cuando afectan a los ojos pueden provocar inflamación ocular, especialmente uveítis. También pueden aparecer en el hígado, corazón, sistema nervioso y otros tejidos.
El problema surge cuando los granulomas persisten, aumentan o interfieren con el funcionamiento normal del órgano afectado.
En los pulmones, por ejemplo, una inflamación mantenida puede acabar produciendo fibrosis o cicatrización pulmonar.
Síndrome de Löfgren
Existe una presentación de la sarcoidosis denominada síndrome de Löfgren que puede producir fiebre, inflamación de los ganglios linfáticos del tórax, dolor e inflamación de las articulaciones, especialmente de los tobillos, y lesiones rojizas y dolorosas en la piel conocidas como eritema nudoso.
Esta forma suele presentar una evolución favorable y puede desaparecer espontáneamente.
Síntomas de la sarcoidosis
En algunos casos la enfermedad no produce ningún síntoma.
Cuando afecta a los pulmones pueden aparecer:
- dificultad para respirar;
- sibilancias;
- tos seca;
- sensación de falta de aire;
- dolor o molestias en el pecho;
- fatiga y debilidad;
- pérdida de peso;
- ganglios linfáticos aumentados de tamaño alrededor de los pulmones.
Cuando la sarcoidosis afecta a otras partes del organismo también pueden aparecer:
- lesiones, bultos o cambios de coloración en la piel;
- fiebre;
- hinchazón y dolor en tobillos y rodillas;
- dolor articular;
- inflamación ocular;
- alteraciones hepáticas;
- sudores nocturnos;
- anemia;
- cansancio;
- cambios en el estado de ánimo;
- ganglios linfáticos inflamados o sensibles en cuello, axilas o ingles.
Las manifestaciones pueden ser muy diferentes dependiendo de los órganos afectados.
¿Qué es la sarcoidosis pulmonar?
La sarcoidosis pulmonar aparece cuando los granulomas afectan a los pulmones o a los ganglios linfáticos del tórax.
Es la localización más frecuente de esta enfermedad y alrededor del 90 % de las personas con sarcoidosis presentan algún grado de afectación pulmonar.
Etapas de la sarcoidosis pulmonar
Tradicionalmente se han utilizado diferentes estadios radiológicos para clasificar la afectación pulmonar:
- Estadio 0: radiografía de tórax normal.
- Estadio I: afectación de los ganglios linfáticos del tórax sin infiltrados pulmonares.
- Estadio II: afectación de los ganglios linfáticos y de los pulmones.
- Estadio III: afectación pulmonar sin aumento de los ganglios linfáticos hiliares.
- Estadio IV: fibrosis o cicatrización pulmonar.
Estos estadios describen lo que se observa radiológicamente y no significan necesariamente que todas las personas vayan pasando progresivamente de uno a otro.
¿Por qué se produce la sarcoidosis?
La causa exacta de la sarcoidosis todavía no se conoce.
Se considera que puede existir una predisposición genética sobre la que determinados factores ambientales, infecciosos o inmunitarios actúan como desencadenantes.
Existe una importante activación del sistema inmunitario, que responde de manera persistente frente a algún estímulo y termina formando los granulomas característicos.
Entre los posibles factores que se han investigado encontramos:
- determinados microorganismos;
- partículas ambientales;
- polvo;
- sustancias químicas;
- diferentes exposiciones profesionales;
- hongos y mohos;
- distintos antígenos ambientales.
Por tanto, existe una alteración de la respuesta inmunitaria, aunque la sarcoidosis no se clasifica propiamente como una enfermedad autoinmune clásica.
Sarcoidosis, mohos y micotoxinas
Existe un caso especialmente interesante relacionado con la exposición ambiental.
Se describió una familia formada por cinco personas que había permanecido durante aproximadamente dos meses en una vivienda dañada por una inundación y con una importante contaminación por hongos.
Los recuentos de esporas en el aire oscilaron entre 12.000 y más de 3 millones por metro cúbico.
Los análisis del polvo de la vivienda identificaron diferentes especies de Aspergillus y Penicillium, además de Chaetomium globosum y Stachybotrys chartarum.
También se encontraron micotoxinas en muestras de orina de los miembros de la familia relacionadas con las encontradas en el ambiente de la vivienda.
Los afectados desarrollaron ganglios linfáticos aumentados de tamaño, lesiones cutáneas, sueño no reparador, deterioro neurocognitivo y alteraciones ortostáticas compatibles con síndrome de fatiga crónica y encefalomielitis miálgica.
Posteriormente desarrollaron sarcoidosis y continuaron presentando problemas de salud incluso después de trasladarse a una vivienda sin daños conocidos por agua.
Este tipo de observaciones resulta especialmente interesante dentro del estudio de los posibles desencadenantes ambientales de la sarcoidosis y de la interacción entre sistema inmunitario, susceptibilidad individual y exposición a diferentes partículas ambientales.
Dieta para la sarcoidosis
No existe una dieta específica para la sarcoidosis, pero una alimentación equilibrada puede ayudar a mantener un buen estado nutricional.
Al tratarse de una enfermedad estrechamente relacionada con la inflamación, podemos prestar especial atención a los alimentos que favorecen un terreno nutricional adecuado y reducir aquellos que pueden contribuir a una alimentación proinflamatoria.
Alimentos que debemos reducir
Conviene reducir especialmente:
- azúcar y productos elaborados con harinas refinadas;
- bollería industrial;
- alimentos ultraprocesados;
- grasas trans e hidrogenadas;
- exceso de carnes rojas;
- exceso de alcohol.
También es especialmente importante evitar el tabaco, sobre todo cuando existe afectación pulmonar.
La cafeína puede reducirse cuando aumenta el nerviosismo, las palpitaciones o interfiere con el descanso.
Alimentos recomendados para la sarcoidosis
Podemos aumentar el consumo de alimentos frescos y ricos en antioxidantes, como:
- frutas y verduras;
- tomates;
- pimientos;
- arándanos y otros frutos rojos;
- calabaza;
- pescado;
- aves;
- legumbres;
- aceite de oliva virgen extra;
- aguacate;
- nueces y otros frutos secos;
- pescado azul.
Una alimentación variada proporciona vitaminas, minerales, antioxidantes, fibra y diferentes compuestos vegetales interesantes para mantener el equilibrio general del organismo.
Calcio y vitamina D en la sarcoidosis
La sarcoidosis presenta una particularidad importante relacionada con el metabolismo del calcio y la vitamina D.
Los granulomas pueden aumentar la conversión de vitamina D a su forma activa y, en algunas personas, esto puede favorecer una absorción excesiva de calcio y provocar hipercalcemia o un aumento del calcio eliminado por la orina.
Por esta razón, los suplementos que contienen cantidades importantes de calcio o vitamina D deben valorarse de forma individualizada.
Esto no significa que todas las personas con sarcoidosis tengan que eliminar el calcio de su alimentación, sino que conviene conocer su situación particular antes de utilizar determinados complementos.
Remedios naturales para la sarcoidosis
El abordaje natural de la sarcoidosis puede orientarse hacia el terreno inflamatorio, nutricional, digestivo e inmunitario y hacia la identificación de posibles factores ambientales.
Antioxidantes y micronutrientes
Las vitaminas antioxidantes, las vitaminas del grupo B y minerales como magnesio, zinc y selenio participan en numerosos procesos relacionados con la protección celular, el metabolismo y el funcionamiento normal del sistema inmunitario.
Su utilización puede valorarse según las necesidades nutricionales de cada persona.
Ácidos grasos omega-3
Los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA participan en la formación de diferentes mediadores relacionados con la regulación de la respuesta inflamatoria.
Podemos obtenerlos principalmente de pescados grasos como sardinas, caballa, arenque o salmón.
Bromelina
La bromelina es un conjunto de enzimas proteolíticas procedentes de la piña.
Se utiliza especialmente por su relación con los procesos inflamatorios y el edema y puede formar parte de un abordaje nutricional destinado a trabajar sobre el terreno inflamatorio.
Probióticos
La microbiota intestinal mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario.
Por este motivo, cuidar el equilibrio intestinal puede resultar interesante dentro de un abordaje general de la sarcoidosis.
Entre las bacterias utilizadas habitualmente en complementos probióticos encontramos diferentes especies de Lactobacillus y Bifidobacterium, entre ellas Lactobacillus acidophilus.
Cúrcuma
La cúrcuma (Curcuma longa) contiene diferentes curcuminoides, entre ellos la curcumina, relacionados con numerosos mecanismos implicados en la respuesta inflamatoria y antioxidante.
Por esta razón puede resultar interesante dentro de un abordaje natural destinado a cuidar el terreno inflamatorio.
Uña de gato
La uña de gato (Uncaria tomentosa) es una planta utilizada tradicionalmente por sus propiedades relacionadas con la respuesta inflamatoria e inmunitaria.
En una enfermedad caracterizada precisamente por una actividad inmunitaria alterada, su utilización debe adaptarse a las características de cada persona.
Comino negro
Otra planta especialmente interesante es el comino negro (Nigella sativa).
Su aceite contiene timoquinona, uno de sus componentes más estudiados, relacionado con diferentes mecanismos antioxidantes, inflamatorios e inmunitarios.
Teniendo en cuenta la posible relación entre inflamación, alteración inmunitaria y determinados desencadenantes ambientales, puede resultar una planta interesante dentro de un abordaje naturopático individualizado.
Cuando existen antecedentes o síntomas que hagan sospechar exposición a mohos, micotoxinas, alteraciones intestinales, microorganismos o parásitos, estos factores pueden investigarse para determinar si están participando en el terreno de esa persona.
Consejos para la sarcoidosis
Cuando existe afectación pulmonar resulta especialmente importante evitar el tabaco y reducir la exposición a humo, polvo, contaminación y productos químicos irritantes.
También resulta beneficioso mantener actividad física adaptada a la capacidad de cada persona.
Otros hábitos interesantes son:
- mantener una alimentación nutritiva y variada;
- cuidar el intestino y la microbiota;
- descansar adecuadamente;
- mantener una buena hidratación;
- evitar exposiciones ambientales innecesarias;
- mantener un peso adecuado;
- trabajar sobre el estrés;
- realizar ejercicio de forma regular y adaptada.
La sarcoidosis es una enfermedad compleja en la que todavía existen muchas preguntas sin respuesta. Por ello, además de observar los órganos afectados, puede resultar interesante valorar el terreno general de la persona: alimentación, estado nutricional, microbiota, inflamación, sistema inmunitario y posibles exposiciones ambientales.


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