El aceite de krill es una de las fuentes de omega-3 más interesantes que podemos encontrar en suplementación, y no simplemente porque aporte EPA y DHA.
Su particularidad está en cómo se encuentran esos ácidos grasos, los fosfolípidos que los acompañan y la presencia natural de astaxantina.
El krill antártico (Euphausia superba) es un pequeño crustáceo parecido a una diminuta gamba que forma enormes concentraciones en las aguas del océano Austral.
A primera vista puede parecer insignificante.
Pero constituye una pieza fundamental del ecosistema antártico.
Ballenas, focas, pingüinos, aves marinas, calamares y numerosos peces dependen directa o indirectamente del krill como alimento. Una gran ballena puede consumir cantidades enormes durante las épocas de alimentación.
Precisamente por esa importancia ecológica, cuando elegimos aceite de krill no sólo debería preocuparnos la cantidad de omega-3 que contiene. También me parece importante comprobar procedencia, trazabilidad y sistema de captura.
¿Qué hace diferente al aceite de krill?
El aceite de pescado y el aceite de krill comparten algo fundamental: ambos pueden proporcionarnos los ácidos grasos omega-3 de cadena larga EPA y DHA.
Pero su estructura lipídica no es idéntica.
En muchos aceites de pescado los omega-3 aparecen principalmente formando triglicéridos o ésteres etílicos, dependiendo del producto y de su procesamiento.
En el aceite de krill, una proporción importante de EPA y DHA se encuentra asociada a fosfolípidos.
Y ésta es una de sus características más interesantes.
Los fosfolípidos son componentes fundamentales de nuestras membranas celulares. Poseen una parte que interacciona con el agua y otra que interacciona con las grasas, una estructura que les permite participar en la formación y funcionamiento de las membranas.
El fosfolípido predominante en el aceite de krill es normalmente la fosfatidilcolina.
Por eso el krill no es simplemente «otro aceite con omega-3».
Tenemos EPA y DHA, fosfolípidos, colina y astaxantina reunidos en una misma matriz.
¿Se absorbe mejor que el aceite de pescado?
Ésta es una de las cuestiones que más interés ha despertado.
Algunas investigaciones han observado que cantidades relativamente menores de EPA y DHA procedentes de aceite de krill pueden producir concentraciones sanguíneas comparables a cantidades superiores procedentes de determinados aceites de pescado.
Un estudio publicado en Lipids en 2011 fue precisamente uno de los trabajos que popularizó esta cuestión.
Esto sugiere que la forma fosfolipídica puede influir en la biodisponibilidad y utilización de los omega-3.
Pero no significa que podamos afirmar que el aceite de krill es «48 veces más potente».
La comparación depende del producto, cantidad real de EPA y DHA, forma química, absorción y parámetro que estemos estudiando.
Para mí, la ventaja interesante no está en convertirlo en una competición contra el aceite de pescado.
Está en que ofrece una forma diferente de aportar EPA y DHA.
Astaxantina: el antioxidante rojo del krill
Si alguna vez habéis visto aceite de krill habréis observado inmediatamente su intenso color rojizo.
El responsable es principalmente la astaxantina, un carotenoide que encontramos también en otros organismos marinos y que contribuye al color rosado o rojizo de salmón, crustáceos y determinadas microalgas.
La astaxantina posee una importante actividad antioxidante.
Y en el aceite de krill cumple una función especialmente interesante porque los omega-3 EPA y DHA son grasas poliinsaturadas y, por tanto, susceptibles a la oxidación.
La presencia de astaxantina proporciona protección antioxidante dentro del propio aceite.
También se ha estudiado este carotenoide por separado por su relación con estrés oxidativo, inflamación, piel, sistema cardiovascular y envejecimiento celular.
Por eso la combinación natural de omega-3 y astaxantina constituye una de las características que más me gustan del krill.
Fosfolípidos y membranas celulares
Los fosfolípidos son mucho más que una forma de transportar grasa.
Nuestras células están delimitadas por una membrana formada fundamentalmente por una bicapa de fosfolípidos en la que se integran proteínas, colesterol y otros componentes.
La composición de estas membranas influye en su fluidez y funcionamiento.
Y aquí los ácidos grasos que incorporamos mediante la alimentación tienen bastante que decir.
EPA y DHA pueden integrarse en las membranas celulares y modificar la producción de diferentes mediadores lipídicos.
Ésta es una de las razones por las que los omega-3 tienen efectos tan amplios y aparentemente diferentes en cerebro, corazón, inflamación y sistema inmunitario.
Fosfatidilcolina y colina
Otro punto que diferencia al krill es su contenido en fosfatidilcolina.
La colina forma parte de las membranas celulares y además es precursora de acetilcolina, uno de nuestros neurotransmisores fundamentales.
La acetilcolina interviene en memoria, aprendizaje, atención, contracción muscular y multitud de funciones del sistema nervioso.
La colina también participa en el transporte y metabolismo de las grasas en el hígado y puede transformarse en betaína o trimetilglicina, implicada en procesos de metilación.
Por eso me parece especialmente interesante la combinación que encontramos en el krill:
DHA + fosfatidilcolina + colina + astaxantina.
Especialmente cuando estamos pensando en cerebro y sistema nervioso.
Aceite de krill y cerebro
El DHA es uno de los ácidos grasos estructurales más importantes del cerebro y de la retina.
Las membranas neuronales contienen cantidades importantes de grasas y necesitan mantener unas características determinadas de fluidez y funcionamiento.
A partir de DHA también pueden formarse moléculas especializadas, entre ellas neuroprotectinas, relacionadas con mecanismos de protección y resolución de procesos inflamatorios.
Por eso los niveles de omega-3 se han estudiado ampliamente en relación con memoria, aprendizaje, deterioro cognitivo, estado de ánimo y envejecimiento cerebral.
El artículo original recogía diferentes estudios realizados con omega-3 o DHA.
Uno de ellos encontró que adultos mayores con concentraciones más elevadas de omega-3 presentaban menor incidencia posterior de determinados problemas cognitivos.
Otro trabajo, realizado por Yurko-Mauro y colaboradores utilizando DHA procedente de algas, observó mejorías en determinadas pruebas de memoria y aprendizaje después de varios meses.
Estos estudios no utilizaron necesariamente aceite de krill, pero ayudan a entender por qué su contenido en DHA resulta tan interesante.
Estado de ánimo
También existe una larga línea de investigación sobre EPA, DHA y estado de ánimo.
Se han observado diferencias en los niveles de omega-3 en algunas personas con depresión y se han estudiado estos ácidos grasos como complemento nutricional en diferentes alteraciones del estado de ánimo.
También existen investigaciones sobre omega-3 en personas con riesgo elevado de determinados trastornos psiquiátricos.
Aquí tampoco debemos atribuir al aceite de krill cualquier resultado obtenido con EPA o DHA procedentes de otras fuentes.
Lo interesante es que el krill constituye precisamente una de las formas de aportar estos ácidos grasos.
Inflamación: resolvinas y protectinas
Ésta es probablemente una de las propiedades más interesantes de los omega-3.
Durante mucho tiempo hablamos de ellos simplemente como «antiinflamatorios».
Ahora sabemos que el mecanismo es mucho más bonito.
EPA y DHA pueden servir como precursores de mediadores especializados en la resolución de la inflamación, entre ellos resolvinas y protectinas.
Nuestro organismo no necesita únicamente iniciar una respuesta inflamatoria.
También necesita saber terminarla.
Cuando los mecanismos de resolución funcionan mal, la inflamación puede prolongarse y contribuir al daño de los tejidos.
Esto ayuda a comprender el interés de los omega-3 en articulaciones, sistema cardiovascular, metabolismo y otros procesos relacionados con inflamación mantenida.
Aceite de krill y articulaciones
El artículo original recogía investigaciones específicas sobre aceite de krill y dolor, rigidez e inflamación articular.
En uno de estos trabajos se estudiaron marcadores inflamatorios y síntomas en personas con inflamación crónica, observándose cambios relativamente rápidos en parámetros como dolor, rigidez y capacidad funcional.
También se ha investigado en personas con osteoartritis y artritis reumatoide.
Además de los resultados concretos de cada estudio, existe una explicación fisiológica coherente: EPA y DHA participan en la formación de mediadores que regulan y ayudan a resolver la respuesta inflamatoria.
Por eso utilizamos los omega-3 con tanta frecuencia dentro del apoyo nutricional a las articulaciones.
Corazón y circulación
EPA y DHA tienen una estrecha relación con el sistema cardiovascular.
Se han estudiado por su influencia sobre triglicéridos, membranas celulares, función vascular, agregación plaquetaria y mediadores inflamatorios.
El aceite de krill también se ha investigado específicamente por su posible efecto sobre diferentes parámetros del perfil lipídico.
En algunos estudios se han observado modificaciones en triglicéridos y colesterol, aunque la respuesta depende de la cantidad de EPA y DHA, situación metabólica de la persona y producto utilizado.
Por eso prefiero hablar de apoyo al metabolismo lipídico y cardiovascular antes que prometer que cualquier cápsula de krill va a bajar automáticamente el colesterol.
Hígado, grasa y síndrome metabólico
Ésta es una de las partes más curiosas de la investigación sobre krill.
En estudios experimentales se ha comparado el aceite de krill con aceite de pescado y se han observado diferencias en la acumulación de grasa en hígado y corazón.
Uno de los trabajos animales recogidos en el artículo original encontró una reducción muy importante de la acumulación de grasa hepática y cardíaca en los animales alimentados con krill.
Se propuso entre los posibles mecanismos una interacción con el sistema endocannabinoide, un sistema de señalización que participa, entre otras muchas cosas, en apetito, metabolismo energético, dolor, memoria y estado de ánimo.
Esto abrió una línea de investigación muy interesante sobre aceite de krill, hígado graso, obesidad, resistencia a la insulina y síndrome metabólico.
Al tratarse en buena medida de investigaciones experimentales no podemos trasladar porcentajes obtenidos en animales directamente a una persona, pero el mecanismo merece conservarse porque es una de las peculiaridades más interesantes estudiadas en el krill.
Glucosa y metabolismo
El metabolismo de las grasas y el de la glucosa están íntimamente relacionados.
Cuando existe resistencia a la insulina encontramos frecuentemente alteraciones de triglicéridos, acumulación de grasa visceral, hígado graso e inflamación metabólica.
Por eso se ha investigado el aceite de krill dentro del síndrome metabólico y alteraciones de la glucosa.
Aquí vuelven a confluir diferentes elementos: omega-3, fosfolípidos, inflamación, metabolismo hepático y sistema endocannabinoide.
Es un campo bastante más interesante que reducir el krill a «un suplemento para bajar el colesterol».
Síndrome premenstrual y menstruaciones dolorosas
Ésta es otra utilización del aceite de krill que muchas personas desconocen.
Se ha investigado específicamente en mujeres con síndrome premenstrual y dismenorrea, observándose cambios en determinados síntomas físicos y emocionales.
La relación resulta lógica teniendo en cuenta la participación de los ácidos grasos en la síntesis de diferentes mediadores inflamatorios.
Por eso el krill puede resultar interesante dentro del abordaje nutricional de mujeres con molestias premenstruales, inflamación y dolor menstrual.
Piel, cabello y envejecimiento
Aquí se unen nuevamente omega-3, fosfolípidos y astaxantina.
Los ácidos grasos forman parte de nuestras membranas celulares y tienen importancia en el mantenimiento de la barrera cutánea.
La astaxantina aporta además su actividad antioxidante y ha sido estudiada por su relación con exposición solar, elasticidad y envejecimiento de la piel.
Por eso el aceite de krill también puede tener interés cuando buscamos mejorar piel y cabello desde la nutrición, especialmente cuando existe una alimentación pobre en omega-3.
Huesos
El artículo original incluía también osteoporosis.
Los omega-3 se han investigado por su relación con inflamación, metabolismo óseo y actividad de las células que forman y remodelan el hueso.
No considero el aceite de krill un suplemento específico de calcio ni un sustituto de vitamina D, magnesio, vitamina K2 y otros nutrientes fundamentales para el hueso.
Pero su relación con inflamación y metabolismo hace que tenga sentido dentro de una estrategia nutricional más amplia destinada a mantener la salud ósea.
Memoria, concentración y aprendizaje
Cuando reunimos DHA, fosfatidilcolina y colina resulta bastante fácil entender por qué ésta es una de las aplicaciones clásicas del krill.
No estamos hablando de un estimulante que produzca concentración durante unas horas.
Estamos aportando componentes utilizados estructuralmente por las membranas neuronales y el sistema nervioso.
Por eso me parece especialmente interesante en épocas de gran desgaste intelectual, envejecimiento y situaciones en las que queremos prestar especial atención a la nutrición cerebral.
¿Y qué ocurre con los telómeros?
El artículo original recogía un estudio especialmente curioso realizado en personas con enfermedad coronaria estable.
Durante varios años se observó que quienes presentaban concentraciones sanguíneas superiores de EPA y DHA mostraban menor acortamiento de los telómeros.
Los telómeros son estructuras situadas en los extremos de nuestros cromosomas que se van modificando con la división celular y están relacionadas con procesos de envejecimiento celular.
Esto no significa que el aceite de krill sea una píldora para alargar los telómeros.
Pero vuelve a mostrar algo interesante: el estado de nuestros ácidos grasos omega-3 se relaciona con procesos biológicos que van mucho más allá del colesterol.
¿Aceite de krill o aceite de pescado?
No creo que tengamos que convertirlos en enemigos.
Los dos aportan EPA y DHA.
Un buen aceite de pescado puede proporcionar cantidades muy elevadas de omega-3 y ser una opción estupenda.
El krill aporta normalmente menos cantidad absoluta de EPA y DHA por cápsula, pero una parte importante aparece asociada a fosfolípidos y contiene además fosfatidilcolina y astaxantina.
Algunas personas también encuentran que produce menos regusto a pescado o eructos que determinados aceites de pescado.
Por eso la elección depende de lo que estemos buscando.
Si únicamente queremos una cantidad elevada de EPA+DHA, debemos comparar las cantidades reales que aporta cada producto.
Si además nos interesan fosfolípidos, colina y astaxantina, el aceite de krill tiene una composición especialmente atractiva.
No comparemos los miligramos de «aceite».
Comparemos los miligramos reales de EPA y DHA y la forma en la que aparecen.
Precauciones del aceite de krill
El krill es un crustáceo, por lo que las personas con alergia a crustáceos o marisco deben prestar especial atención y evitar utilizarlo sin haber valorado previamente su tolerancia.
Los omega-3 pueden influir sobre la agregación plaquetaria, por lo que también debemos tenerlo en cuenta cuando se utilizan anticoagulantes o antiagregantes, existe un trastorno de coagulación o está prevista una intervención quirúrgica.
Puede producir molestias digestivas en algunas personas, aunque muchos usuarios encuentran que el krill genera menos regusto que determinados aceites de pescado.
Y como ocurre con cualquier fuente de omega-3, la calidad del aceite es fundamental.
EPA y DHA son grasas susceptibles a la oxidación. La astaxantina proporciona cierta protección antioxidante, pero eso no convierte un aceite mal procesado o mal conservado en un buen producto.
Un omega-3 bastante diferente
Durante años metimos todos los suplementos de omega-3 en el mismo saco.
Y no son exactamente iguales.
El aceite de krill resulta especialmente interesante porque encontramos EPA y DHA asociados en buena medida a fosfolípidos, fosfatidilcolina, colina y astaxantina dentro de una misma matriz natural.
Esto explica buena parte de su interés para cerebro, sistema cardiovascular, inflamación, articulaciones, metabolismo, hígado, piel y sistema nervioso.
No necesito decir que sea 48 veces mejor que el aceite de pescado para considerarlo extraordinariamente interesante.
Su composición ya es suficientemente peculiar por sí misma.
Y quizá ésa sea la mejor manera de elegir cualquier omega-3: no mirar únicamente el número grande que aparece en la parte delantera del envase, sino qué ácidos grasos contiene realmente, en qué cantidad, en qué forma, qué otros nutrientes los acompañan y cuál es la calidad de la materia prima.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo y recoge la composición, propiedades y líneas de investigación relacionadas con el aceite de krill. La elección de un suplemento de omega-3 debe realizarse atendiendo a su composición real en EPA y DHA, procedencia y situación individual.



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