
Henri-Frédéric Amiel, filósofo y escritor suizo, dijo: «Saber envejecer es la obra maestra de la vida, y una de las cosas más difíciles en el arte dificilísimo de la vida».
Envejecer forma parte de la vida, pero la manera en que llegamos a cada etapa depende también de cómo hayamos cuidado las tres partes esenciales de nuestro ser: lo físico, lo mental y lo espiritual.
Y nuestra piel cuenta buena parte de esa historia.
El paso de los años influye inevitablemente en ella, pero no es el único responsable de las arrugas, la pérdida de elasticidad o la aparición de manchas. El estrés mantenido, el sedentarismo, una alimentación deficiente, el tabaco, la falta de sueño y la exposición excesiva al sol pueden acelerar considerablemente el envejecimiento cutáneo.
Por eso el cuidado antiedad no debería comenzar cuando aparecen las primeras arrugas, sino mucho antes.
¿Por qué envejece nuestra piel?
La piel es el órgano más extenso de nuestro cuerpo y está continuamente expuesta al medio exterior.
Con los años disminuye progresivamente la producción de colágeno y elastina, se modifica la renovación celular, cambia la distribución de la grasa subcutánea y la piel tiende a retener menos agua y lípidos.
Como consecuencia, puede hacerse más fina, seca y menos elástica y comienzan a hacerse visibles las conocidas líneas de expresión.
A este envejecimiento natural se suma el provocado por factores externos. Uno de los más importantes es la exposición repetida a la radiación ultravioleta, responsable de buena parte del denominado fotoenvejecimiento.
El viento, el frío, la contaminación y determinados hábitos también pueden afectar a la barrera protectora de la piel.
Y hay tres zonas que suelen delatarnos antes que otras: rostro, cuello y manos.
Precisamente las que dejamos más expuestas.
¿Qué buscar en un producto herbolario antiedad?
No hace falta llenar el cuarto de baño de cosméticos. Una buena rutina puede ser bastante sencilla si elegimos productos adecuados para nuestra piel.
En un herbolario podemos encontrar cremas, aceites vegetales, sérums, lociones, jabones y otros cosméticos naturales formulados con ingredientes interesantes para cuidar la piel madura.
Rosa mosqueta
El aceite de rosa mosqueta es probablemente uno de los clásicos de la cosmética natural.
Es rico en ácidos grasos y se utiliza tradicionalmente para nutrir la piel, mejorar su elasticidad y favorecer los procesos naturales de regeneración cutánea. Resulta especialmente interesante para pieles secas, maduras o castigadas.
Aceite de argán
Otro gran aceite vegetal utilizado en cosmética.
El aceite de argán aporta ácidos grasos y vitamina E y ayuda a mantener la función barrera, la nutrición y la suavidad de la piel.
Puede encontrarse puro o formando parte de cremas y sérums.
Aceite de macadamia
Su composición lipídica hace que resulte especialmente agradable en pieles secas y maduras.
El aceite de macadamia ayuda a nutrir y suavizar la piel y es un ingrediente habitual en cremas destinadas a manos, rostro y zonas especialmente secas.
Aloe vera
El aloe vera es otro de los grandes clásicos del herbolario.
Sus geles y extractos se utilizan por sus propiedades hidratantes, calmantes y refrescantes. Puede resultar especialmente interesante cuando la piel está sensible, seca o sometida a factores externos como el sol, el frío o el viento.
Caléndula y manzanilla
La caléndula y la manzanilla aparecen con frecuencia en productos destinados a pieles sensibles.
Tradicionalmente se utilizan para calmar, suavizar y cuidar la piel, por lo que pueden acompañar perfectamente a otros ingredientes más nutritivos en una formulación antiedad.
Antioxidantes
Los antioxidantes tienen especial interés en el cuidado de la piel porque ayudan a protegerla frente al estrés oxidativo producido por los radicales libres.
Vitamina C, vitamina E, polifenoles y numerosos extractos vegetales pueden formar parte de cosméticos formulados para proteger la piel y mantener un aspecto saludable.
Las manos también envejecen
A menudo prestamos muchísima atención al rostro y nos olvidamos completamente de las manos.
Sin embargo, están continuamente expuestas al sol, al frío, al agua, a detergentes y a todo aquello que tocamos durante el día.
Con el tiempo pueden aparecer sequedad, pérdida de elasticidad y manchas.
Una buena crema de manos nutritiva, especialmente si contiene aceites vegetales como rosa mosqueta, macadamia, almendra o argán, puede ayudar a mantener la barrera cutánea y evitar que la piel permanezca constantemente seca.
Y si hablamos de envejecimiento cutáneo, proteger las manos del exceso de radiación solar es tan importante como hacerlo con el rostro.
La belleza también empieza por dentro
No debemos limitar el cuidado de la piel a lo que ponemos sobre ella.
Una crema puede hidratar, aportar lípidos, proteger la barrera cutánea y mejorar considerablemente su aspecto, pero la piel también necesita recibir nutrientes desde el interior.
Una alimentación rica en frutas y verduras, proteínas de calidad, frutos secos, semillas, pescado y grasas saludables aporta vitaminas, minerales, aminoácidos, antioxidantes y ácidos grasos necesarios para mantener sus estructuras.
También necesitamos una hidratación adecuada.
Y no olvidemos el sueño. Durante el descanso nuestro organismo pone en marcha numerosos procesos de reparación y renovación. Dormir mal de forma habitual termina reflejándose también en nuestra cara.
Menos productos y más constancia
No necesitamos veinte cosméticos distintos.
Una limpieza suave, una buena hidratación y nutrición, protección frente al exceso de radiación solar y uno o dos productos adaptados a las necesidades de nuestra piel pueden resultar mucho más interesantes que una colección interminable de botes utilizados de vez en cuando.
La constancia suele ser bastante más importante que llenar el baño de productos.
Y tampoco podemos pretender que una crema detenga el tiempo. El objetivo de la cosmética natural no debería ser borrar nuestra edad, sino mantener la piel nutrida, protegida, elástica y saludable mientras envejecemos.
Como dijo Jung: «No podemos vivir el atardecer de la vida con el mismo programa de la mañana».
Quizá tampoco deberíamos intentarlo.
Cuidar nuestra alimentación, mantenernos activos, aprender a manejar el estrés y prestar atención a nuestra piel forma parte de ese proceso.
Porque saber envejecer no consiste en luchar permanentemente contra el tiempo, sino en procurar que los años nos encuentren lo mejor cuidados posible.


Batido para reforzar nuestro cerebro: memoria, concentración y cerebro
Zumo alcalino para combatir el estrés: receta natural y beneficios
Trucos para aliviar el estreñimiento en los bebés