Problemas estomacales más comunes y sus remedios naturales

Todos sufrimos alguna vez molestias digestivas.

Una comida demasiado abundante, un viaje, estrés, cambios en nuestros horarios, determinados alimentos o incluso un tratamiento con antibióticos pueden alterar temporalmente nuestro sistema digestivo.

Cuando los síntomas son ocasionales podemos recurrir a diferentes soluciones naturales.

Estos son algunos de los problemas digestivos más comunes y qué podemos hacer para aliviarlos.

1. Estreñimiento

El estreñimiento afecta a una gran parte de la población y puede acompañarse de:

  • hinchazón abdominal;
  • gases;
  • sensación de pesadez;
  • esfuerzo al evacuar;
  • heces duras;
  • sensación de evacuación incompleta.

Y estar «atascado» puede estropearnos el día entero.

Viajar, cambiar nuestros horarios, beber alcohol, modificar la alimentación, determinadas intolerancias, beber poca agua, movernos menos de lo habitual y, por supuesto, el estrés pueden favorecer su aparición.

Solución: relajarse, hidratarse, moverse y aumentar la fibra

El estrés puede afectar muchísimo al intestino.

Para evacuar correctamente necesitamos una adecuada coordinación entre los movimientos intestinales, el recto, el suelo pélvico y los músculos implicados en la defecación.

Si estamos continuamente tensos y corriendo hasta para ir al baño, no estamos ayudando precisamente al proceso.

Yoga, respiración y ejercicio pueden resultar muy útiles.

También debemos mantener una buena hidratación.

Y, por supuesto, revisar la alimentación.

Una dieta rica en verduras, frutas, legumbres, frutos secos, semillas y diferentes tipos de fibra puede ayudar a regular el tránsito intestinal.

Entre los alimentos interesantes encontramos:

  • avena;
  • lentejas;
  • semillas de lino;
  • semillas de chía;
  • frutos secos;
  • frutas;
  • verduras.

Eso sí, si estamos tomando poquísima fibra no debemos pasar de cero a cien en un solo día.

El intestino también necesita acostumbrarse.

2. Flatulencias

Los gases pueden provocar:

  • dolor abdominal;
  • hinchazón;
  • presión;
  • eructos;
  • flatulencias;
  • sensación de tener el abdomen completamente inflado.

Nuestro aparato digestivo produce gases de manera normal.

Parte procede del aire que tragamos y otra parte se genera durante los procesos digestivos y, especialmente, mediante la fermentación que realizan las bacterias intestinales.

El problema aparece cuando producimos demasiado gas, no lo eliminamos correctamente o nuestro intestino se vuelve especialmente sensible a la distensión.

Los cambios hormonales, incluido el síndrome premenstrual y la menopausia, también pueden modificar el funcionamiento digestivo y hacer que algunas mujeres noten más hinchazón y gases.

Solución: comer despacio, revisar la alimentación y cuidar la microbiota

Una de las primeras cosas que podemos hacer es evitar tragar aire innecesariamente.

Para ello:

  • come despacio;
  • mastica bien;
  • evita hablar continuamente mientras masticas;
  • reduce el chicle;
  • evita beber demasiado deprisa.

También podemos valorar la utilización de un buen probiótico cuando sospechamos que existe un desequilibrio de la microbiota.

El carbón activado puede utilizarse de manera puntual para determinados episodios de gases, pero no lo utilizaría de forma continua porque también puede interferir con la absorción de medicamentos y otras sustancias.

¿Y las crucíferas?

Brócoli, coliflor, repollo y coles de Bruselas pueden producir gases en algunas personas debido a determinados carbohidratos fermentables y a su contenido en fibra.

Eso no significa que tengamos que eliminarlos.

Podemos probar a:

  • cocinarlos;
  • comenzar con pequeñas cantidades;
  • masticarlos muy bien;
  • observar nuestra tolerancia individual.

Con las legumbres ocurre algo parecido.

Empieza por cantidades pequeñas y ve aumentándolas progresivamente.

Podemos acompañarlas de verduras como calabaza, zanahoria, apio o calabacín y utilizar especias digestivas según nuestra tolerancia.

Nuestro intestino también se adapta.

3. Diarrea

La diarrea se caracteriza por deposiciones blandas o acuosas y un aumento de la frecuencia de las evacuaciones.

Puede acompañarse de:

  • dolor abdominal;
  • retortijones;
  • gases;
  • náuseas;
  • cansancio;
  • fiebre en determinados casos.

Una diarrea ocasional puede aparecer por múltiples motivos.

Solución: averiguar qué la ha provocado y reponer líquidos

Lo primero es intentar recordar qué ha ocurrido.

¿Has comido algo diferente?

¿Has tomado recientemente antibióticos?

¿Has aumentado mucho algún alimento?

¿Hay más personas de tu entorno con síntomas?

¿Te ocurre siempre después de comer determinados productos?

Una causa bastante frecuente de molestias digestivas en adultos es la intolerancia a la lactosa.

Cuando existe, los productos con lactosa pueden provocar:

  • diarrea;
  • gases;
  • hinchazón;
  • dolor abdominal.

También algunas personas presentan molestias con determinadas cantidades de fructosa, algunos edulcorantes o ciertos alimentos.

El café y el alcohol también pueden acelerar el tránsito intestinal.

Diarrea después de tomar antibióticos

Si recientemente hemos necesitado antibióticos debemos tener en cuenta su efecto sobre la microbiota intestinal.

En estos casos puede resultar interesante valorar un probiótico adecuado.

Remedios tradicionales para la diarrea

Una antigua receta consiste en preparar una infusión con cáscara de naranja ecológica bien lavada, agua caliente y un poco de miel.

La manzanilla también es una de nuestras grandes aliadas digestivas y puede resultar especialmente agradable cuando existen molestias abdominales.

Pero lo más importante durante una diarrea es evitar la deshidratación.

Necesitamos reponer agua y electrolitos.

Podemos utilizar líquidos, caldos y, cuando la pérdida es importante, soluciones de rehidratación adecuadas.

Si la diarrea es intensa, persiste, aparece sangre, fiebre importante, dolor intenso o signos de deshidratación, ya no estamos ante el típico episodio digestivo que solucionamos tranquilamente en casa.

4. Indigestión

La indigestión o dispepsia puede presentarse de formas muy diferentes.

Podemos notar:

  • sensación de estar llenos demasiado pronto;
  • pesadez después de comer;
  • eructos;
  • gases;
  • hinchazón;
  • náuseas;
  • ardor o molestias en la parte superior del abdomen.

En ocasiones existe un problema digestivo concreto detrás, pero muchas indigestiones ocasionales tienen una explicación bastante más sencilla:

hemos comido demasiado, demasiado deprisa o algo que no nos ha sentado bien.

Y el estrés tampoco ayuda.

Jengibre para la indigestión

El jengibre es una de las plantas más interesantes para el aparato digestivo.

Tradicionalmente se utiliza para favorecer la digestión y resulta especialmente conocido por su utilización frente a las náuseas.

Podemos tomarlo en infusión o incorporarlo a nuestra alimentación.

Si tenemos eructos, hinchazón o náuseas, también conviene pensar qué hicimos durante las horas anteriores.

Quizá no necesitemos ningún misterio diagnóstico.

A veces sabemos perfectamente que la cena gigantesca, el alcohol y el postre de las once de la noche tuvieron algo que ver.

Hinojo y alcaravea

Las semillas de hinojo y alcaravea son dos remedios tradicionales muy utilizados para:

  • gases;
  • flatulencias;
  • digestiones pesadas;
  • hinchazón.

Podemos utilizarlas después de las comidas en forma de infusión.

Vinagre de manzana y miel

Otro remedio tradicional consiste en diluir una pequeña cantidad de vinagre de sidra de manzana y miel en agua.

No es adecuado para todo el mundo: si existe ardor importante, gastritis o reflujo y observamos que el vinagre empeora los síntomas, evidentemente no debemos insistir porque sea un «remedio natural».

Nuestro propio cuerpo también nos da información.

Avena

La avena es un alimento especialmente interesante para el aparato digestivo por su contenido en fibra soluble, especialmente betaglucanos.

Puede ayudar a regular el tránsito intestinal y resulta muy fácil de incorporar a desayunos y comidas.

No olvidemos el estrés

El aparato digestivo y el sistema nervioso mantienen una comunicación constante.

Todos hemos experimentado alguna vez cómo una preocupación puede quitarnos el hambre, cerrarnos el estómago, producirnos diarrea o dejarnos completamente estreñidos.

Por eso, cuando sospechamos que el componente emocional está participando en nuestras molestias digestivas, también debemos actuar sobre él.

Podemos:

  • salir a caminar;
  • hacer ejercicio;
  • practicar respiración;
  • escuchar música;
  • darnos un baño caliente;
  • descansar;
  • comer sin mirar el teléfono;
  • sentarnos tranquilamente a la mesa.

No todo problema digestivo se arregla añadiendo otro suplemento.

A veces nuestro estómago simplemente necesita que dejemos de vivir y comer como si nos estuviera persiguiendo un tigre.

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