
La psicóloga Cony Flores dijo: «Envejecer es hacer un inventario y administrar sabiamente los activos que nos quedan». Y, sin duda, una parte importante de ese capital que debemos cuidar y preservar a medida que cumplimos años es nuestra salud física y mental.
El intestino también envejece. Con el paso de los años pueden producirse cambios en la composición y diversidad de la microbiota intestinal, y a esto se suman factores como la alimentación, determinados medicamentos, el estreñimiento, una menor actividad física o los tratamientos repetidos con antibióticos.
Por eso los probióticos pueden resultar especialmente interesantes en las personas mayores, aunque no todos los probióticos son iguales ni necesitamos las mismas cepas para todo.
Envejecimiento y microbiota intestinal
Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios al organismo.
Podemos encontrarlos de forma natural en determinados alimentos fermentados y también en complementos alimenticios que contienen cepas seleccionadas de bacterias o levaduras.
Con la edad es bastante frecuente que aparezcan cambios digestivos. Además, a lo largo de nuestra vida vamos acumulando factores capaces de modificar nuestra microbiota:
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Tratamientos repetidos con antibióticos.
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Dietas pobres en fibra y alimentos vegetales.
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Exceso de alimentos ultraprocesados y azúcares.
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Estreñimiento crónico.
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Estrés mantenido.
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Sedentarismo.
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Determinados medicamentos.
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Infecciones y trastornos gastrointestinales.
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Una alimentación cada vez menos variada.
No significa que todos los problemas digestivos que aparecen durante el envejecimiento procedan de la microbiota, pero cuidar el ecosistema intestinal es una parte importante del cuidado digestivo en las personas mayores.
Y no debemos olvidar que el intestino no trabaja de forma aislada. Mantiene una estrecha relación con el sistema inmunitario, el metabolismo y, a través del denominado eje intestino-cerebro, también con nuestro sistema nervioso.
¿Para qué sirven los probióticos en personas mayores?
Una microbiota equilibrada participa en numerosos procesos que van bastante más allá de hacer bien la digestión.
Los probióticos pueden utilizarse para ayudar a recuperar y mantener el equilibrio de la microbiota, especialmente después de determinadas circunstancias que la hayan alterado.
Según las cepas utilizadas, pueden resultar interesantes para:
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Favorecer el equilibrio de la flora intestinal.
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Ayudar después de un tratamiento con antibióticos.
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Mejorar determinados trastornos del tránsito intestinal.
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Reducir algunos episodios de diarrea asociados al uso de antibióticos.
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Favorecer una digestión más cómoda.
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Ayudar en situaciones de gases e hinchazón relacionados con desequilibrios de la microbiota.
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Apoyar la función de la barrera intestinal.
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Participar en el mantenimiento de las defensas naturales del organismo.
Pero aquí hay algo importante: un probiótico no es simplemente un bote lleno de bacterias buenas.
La especie y, sobre todo, la cepa importan.
Un Lactobacillus determinado no tiene necesariamente las mismas propiedades que otro, aunque ambos pertenezcan al mismo género. Por eso, cuando buscamos un probiótico para una finalidad concreta, no deberíamos fijarnos únicamente en que tenga muchísimos millones de microorganismos.
Más cantidad no significa automáticamente mejor probiótico.
Cómo elegir un probiótico para una persona mayor
Durante mucho tiempo se vendieron los probióticos casi exclusivamente por el número de millones o miles de millones de bacterias que contenían. Sin embargo, hay otros factores que también debemos valorar.
Un buen probiótico debería especificar claramente qué microorganismos contiene y, cuando sea posible, identificar sus cepas.
También interesa valorar:
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La cantidad de microorganismos viables que aporta.
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La combinación de especies y cepas.
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Su estabilidad durante la vida útil del producto.
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La finalidad para la que vamos a utilizarlo.
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La forma de conservación indicada por el fabricante.
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La tolerancia individual.
Algunos probióticos necesitan refrigeración y otros se mantienen perfectamente a temperatura ambiente gracias a los sistemas actuales de fabricación y conservación. Por tanto, no podemos valorar la calidad de un probiótico simplemente porque esté o no refrigerado.
También podemos encontrar fórmulas que incorporan prebióticos, sustancias que sirven de alimento a determinadas bacterias intestinales y favorecen su desarrollo.
Probióticos y prebióticos no son lo mismo, aunque pueden utilizarse conjuntamente.
Alimentos probióticos para personas mayores
Además de los complementos alimenticios, existen alimentos fermentados que pueden ayudarnos a introducir microorganismos y productos derivados de la fermentación en nuestra alimentación.
Yogur natural
Probablemente sea el alimento probiótico más conocido.
El yogur se obtiene mediante la fermentación de la leche con bacterias como Streptococcus thermophilus y Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus.
Puede resultar especialmente interesante en personas mayores porque, además, aporta proteínas y calcio.
Siempre que sea posible, prefiero yogur natural sin grandes cantidades de azúcar añadido.
Kéfir
El kéfir contiene una comunidad de bacterias y levaduras más compleja que la del yogur y constituye otra forma sencilla de incorporar alimentos fermentados a la dieta.
Existe kéfir de leche y también otras preparaciones fermentadas, aunque su composición microbiológica es diferente.
Chucrut y otros vegetales fermentados
El chucrut tradicional se obtiene mediante la fermentación de la col y puede contener bacterias lácticas.
Aquí hay que distinguir el vegetal realmente fermentado de muchos productos comerciales pasteurizados posteriormente, porque el tratamiento térmico modifica considerablemente su contenido en microorganismos vivos.
Kimchi
El kimchi es un alimento tradicional coreano elaborado mediante fermentación de diferentes verduras, generalmente col, junto con otros ingredientes.
Además de los microorganismos derivados de la fermentación, nos permite incorporar vegetales a la alimentación de una manera diferente.
Miso
El miso es una pasta fermentada tradicional japonesa que suele elaborarse a partir de soja, aunque existen variedades preparadas con arroz, cebada y otros cereales.
Una curiosidad importante: si queremos conservar los microorganismos presentes en un miso sin pasteurizar, no tiene mucho sentido echarlo a una sopa y hervirlo durante diez minutos. Es preferible incorporarlo cuando la preparación ya no esté hirviendo.
Probióticos después de los antibióticos
Este es probablemente uno de los momentos en los que más pensamos en los probióticos.
Los antibióticos son necesarios cuando están indicados, pero no distinguen perfectamente entre las bacterias que queremos eliminar y todos los microorganismos que forman parte de nuestro ecosistema intestinal.
Por eso algunas personas presentan durante o después del tratamiento diarrea, gases, cambios en las deposiciones o molestias digestivas.
Determinadas cepas probióticas se utilizan precisamente para ayudar a mantener o recuperar el equilibrio intestinal en estas situaciones.
Si el probiótico contiene bacterias sensibles al antibiótico, normalmente se separa su toma unas horas. Sin embargo, esto depende también del microorganismo utilizado; una levadura probiótica, por ejemplo, no responde de la misma manera a un antibiótico que una bacteria.
No todo se arregla tomando probióticos
Y esto también hay que tenerlo presente.
Podemos comprar el mejor probiótico del mundo, pero nuestra microbiota necesita además un entorno en el que pueda mantenerse.
Una alimentación variada, fibra, verduras, frutas, legumbres y otros alimentos vegetales, junto con suficiente hidratación y actividad física adaptada a las posibilidades de cada persona, sigue siendo fundamental.
En las personas mayores también debemos prestar atención a algo que a veces se olvida: que coman suficiente.
Una dieta cada vez más limitada, monótona o escasa puede terminar afectando no solamente al estado nutricional, sino también a la microbiota intestinal.
Los probióticos pueden ser una herramienta muy interesante durante el envejecimiento, pero lo realmente importante es escogerlos según lo que queremos conseguir y no simplemente porque el envase anuncie una cantidad enorme de bacterias.


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