
La fucoxantina es un pigmento natural que se encuentra principalmente en las algas pardas, como el wakame o el hijiki, y en algunas otras fuentes marinas. Pertenece al grupo de los carotenoides y, más concretamente, es una xantofila.
Su estructura guarda cierta semejanza con otros carotenoides, como el betacaroteno, pero la fucoxantina no presenta actividad de provitamina A. Lo interesante de esta sustancia está en otro sitio: en los últimos años ha despertado muchísimo interés por su relación con el tejido adiposo, el metabolismo de las grasas, la glucosa y el hígado.
De ahí que haya terminado apareciendo fundamentalmente en complementos destinados al control del peso y como quemagrasas, aunque reducir la fucoxantina exclusivamente a eso es quedarse bastante cortos.
Fucoxantina, algas pardas y tejido adiposo
Una de las características más interesantes de la fucoxantina es lo que sucede después de ingerirla.
Durante la digestión se transforma en fucoxantinol, uno de sus principales metabolitos activos, y posteriormente pueden aparecer otros metabolitos como la amarouciaxantina A. Estos compuestos presentan una especial relación con el tejido adiposo.
Aquí empieza precisamente la parte que hizo famosa a la fucoxantina.
Se ha estudiado su capacidad para influir sobre la diferenciación de los adipocitos, es decir, el proceso mediante el cual determinadas células precursoras terminan convirtiéndose en células grasas maduras, así como sobre la acumulación de lípidos en ellas.
También se ha relacionado con mecanismos de termogénesis y gasto energético. Uno de los más interesantes es su acción sobre la proteína desacoplante UCP1, normalmente muy relacionada con el tejido adiposo marrón.
La fucoxantina ha mostrado capacidad para favorecer la expresión de UCP1 en tejido adiposo, aumentando el gasto de energía en forma de calor. Éste es uno de los mecanismos que explican por qué comenzó a estudiarse como ayuda para reducir la acumulación de grasa.
Y tiene otra peculiaridad: no es un estimulante.
No estamos hablando del típico producto para adelgazar basado en aumentar artificialmente la estimulación del sistema nervioso. Su interés se encuentra en el metabolismo del propio tejido adiposo, razón por la que sus efectos tampoco son inmediatos.
Fucoxantina para adelgazar
La utilización más conocida de la fucoxantina es precisamente ésta: pérdida de peso y reducción de grasa corporal.
Se han propuesto varios mecanismos que pueden actuar simultáneamente:
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favorecer un mayor gasto energético y termogénesis;
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reducir la acumulación de grasa;
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interferir en la diferenciación y proliferación de los adipocitos;
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influir sobre la adiponectina;
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mejorar determinados aspectos del metabolismo de la glucosa;
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disminuir la acumulación de grasa en el hígado;
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influir sobre señales metabólicas relacionadas con el apetito y el tejido adiposo.
La adiponectina resulta especialmente interesante. Es una hormona producida por el tejido adiposo que participa en la regulación de la sensibilidad a la insulina, el metabolismo de la glucosa y los ácidos grasos.
También se ha estudiado la relación de la fucoxantina con los receptores beta-3 adrenérgicos, implicados en la movilización de grasas y la termogénesis.
Por eso hablar simplemente de un «quemagrasas» no explica realmente lo que se estaba buscando cuando comenzaron a estudiarse sus efectos metabólicos.
Uno de los ensayos en humanos más conocidos se realizó en 151 mujeres obesas no diabéticas, algunas de ellas con hígado graso no alcohólico. Se utilizó una preparación que combinaba fucoxantina procedente de algas pardas con aceite de semilla de granada y se observaron cambios en el peso corporal, la grasa corporal y determinados parámetros hepáticos.
La fucoxantina, por tanto, no actúa como algo que tomamos hoy para quemar grasa mañana. Su interés está relacionado con modificaciones metabólicas que necesitan tiempo.
Glucosa, insulina y músculo
Otra de las aplicaciones que me parece especialmente interesante es su relación con el metabolismo de la glucosa.
La fucoxantina y sus metabolitos se han estudiado por su capacidad para mejorar determinadas alteraciones metabólicas relacionadas con la resistencia a la insulina y favorecer la utilización de glucosa por el músculo esquelético.
Esto conecta nuevamente tejido adiposo, músculo, adiponectina y sensibilidad a la insulina.
Y nos ayuda a entender por qué una sustancia inicialmente popularizada para adelgazar empezó a estudiarse también en relación con obesidad, síndrome metabólico y alteraciones del metabolismo de la glucosa.
Fucoxantina e hígado graso
El hígado es otro de los órganos que aparece repetidamente cuando estudiamos la fucoxantina.
Se ha observado una reducción de la acumulación de grasa hepática y cambios en parámetros relacionados con el metabolismo de los lípidos.
Esto resulta especialmente interesante porque obesidad abdominal, resistencia a la insulina, alteraciones de la glucosa y acumulación de grasa en el hígado suelen formar parte de un mismo escenario metabólico.
No son compartimentos independientes.
Precisamente ésa es una de las cosas interesantes de la fucoxantina: varios de los mecanismos que se le atribuyen terminan encontrándose en ese mismo punto, el de la regulación energética y metabólica.
Acción antioxidante y antiinflamatoria
La fucoxantina también presenta actividad antioxidante y se ha estudiado su capacidad para modular procesos inflamatorios.
Entre ellos encontramos mecanismos relacionados con la respuesta inducida por lipopolisacáridos (LPS), componentes de la membrana externa de determinadas bacterias capaces de desencadenar una potente respuesta inflamatoria.
Ésta es otra línea interesante porque vuelve a conectar metabolismo e inflamación, dos procesos que muchas veces estudiamos por separado cuando en realidad están íntimamente relacionados.
Las algas pardas tienen una larguísima historia de utilización alimentaria y tradicional, aunque el aislamiento de la fucoxantina y el estudio de sus mecanismos pertenecen ya a una etapa mucho más reciente.
¿Y qué tiene que ver con los huesos?
Ésta es una de esas aplicaciones menos conocidas que merece la pena conservar.
La fucoxantina también se ha estudiado por su posible influencia sobre el equilibrio entre las células encargadas de formar hueso y las que participan en su resorción.
Los osteoblastos intervienen en la formación de tejido óseo, mientras que los osteoclastos participan en su degradación y remodelación.
Se ha observado que la fucoxantina puede influir sobre este equilibrio, favoreciendo la actividad relacionada con la formación ósea y modulando la actividad osteoclástica.
Es una línea muy distinta a la del control del peso, pero vuelve a demostrar que la fucoxantina es bastante más interesante que la etiqueta comercial de «quemagrasas».
También se han investigado sus efectos sobre proliferación y apoptosis de diferentes líneas celulares, de ahí su interés experimental dentro de la investigación sobre células tumorales.
¿Tiene contraindicaciones la fucoxantina?
La primera precaución es bastante lógica: fucoxantina aislada y alga parda no son exactamente lo mismo.
Las algas pueden aportar cantidades importantes de yodo, mientras que un extracto de fucoxantina purificado tendrá una composición diferente. Por eso, cuando existe un problema tiroideo, no basta con leer «fucoxantina» en la parte frontal del envase: hay que mirar de qué procede y qué contiene realmente el producto.
Durante el embarazo y la lactancia no utilizaría complementos concentrados de fucoxantina sin una valoración individual.
En algunas personas se han descrito molestias gastrointestinales, diarrea, estreñimiento o dolor de cabeza.
También tendría especial precaución en personas con enfermedades hepáticas, alteraciones importantes de la glucosa, hipertensión o tratamiento farmacológico, sobre todo cuando se utilizan extractos concentrados o fórmulas que combinan la fucoxantina con otros principios activos.
Y hay una última cuestión que para mí es importante cuando hablamos de algas: la calidad de la materia prima.
Una sustancia procedente del medio marino depende muchísimo de su origen, procesamiento, concentración y control de contaminantes. No elegiría un complemento de fucoxantina únicamente por la cantidad que aparece en letras grandes en la etiqueta.
La fucoxantina se hizo conocida como ayuda para adelgazar y quemar grasa, pero sus mecanismos cuentan una historia bastante más amplia. Adipocitos, termogénesis, adiponectina, glucosa, músculo, hígado, inflamación y metabolismo óseo forman parte de las diferentes líneas en las que se ha estudiado este curioso pigmento de las algas pardas.
Y precisamente por eso merece algo más que quedarse en la estantería de los productos «quemagrasas».
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La utilización de extractos concentrados de algas y fucoxantina debe valorarse teniendo en cuenta su procedencia, composición, situación individual y posibles tratamientos farmacológicos.


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