Para qué sirve la E. coli

Aunque normalmente relacionamos la Escherichia coli o E. coli con intoxicaciones e infecciones intestinales, no todas las cepas de esta bacteria son perjudiciales. Muchas forman parte de nuestra microbiota intestinal y existen incluso cepas específicas utilizadas como probióticos, como Escherichia coli Nissle 1917.

Estas cepas probióticas se han utilizado especialmente para ayudar a mantener el equilibrio intestinal y en determinados trastornos digestivos, entre ellos la colitis ulcerosa.

Propiedades de la E. coli

La Escherichia coli fue descubierta oficialmente en 1885 por Theodor Escherich, un pediatra alemán que la aisló de las heces de bebés sanos. Inicialmente llamó al microorganismo Bacterium coli, precisamente porque se trataba de una bacteria encontrada en el colon.

La E. coli es un componente habitual de la microbiota intestinal de los seres humanos y otros animales de sangre caliente.

Y aquí aparece una de las características más interesantes de esta bacteria: E. coli tiene una doble reputación.

Muchas de sus cepas viven pacíficamente en nuestro intestino formando parte de su ecosistema microbiano. Sin embargo, otras han adquirido factores de virulencia que pueden convertirlas en patógenas.

Algunas cepas, por ejemplo, producen la denominada toxina Shiga, responsable de cuadros que pueden cursar con dolor abdominal y diarrea, en ocasiones sanguinolenta, y que en los casos más graves pueden provocar complicaciones como el síndrome urémico hemolítico y afectar a los riñones.

Por eso no debemos confundir las cepas comensales o probióticas de E. coli con las cepas patógenas.

Las cepas que forman parte normalmente de nuestra microbiota establecen una relación con el organismo huésped en la que encuentran un ambiente adecuado y nutrientes para sobrevivir, mientras participan en el complejo ecosistema intestinal.

Además, determinadas bacterias intestinales intervienen en el metabolismo y disponibilidad de diferentes nutrientes, entre ellos la vitamina K y algunas vitaminas del grupo B.

Beneficios de las cepas probióticas de E. coli

Mejora la respuesta inmunitaria

Una de las funciones más interesantes de las bacterias que forman nuestra microbiota es su relación permanente con el sistema inmunitario intestinal.

Las cepas beneficiosas de E. coli compiten con otros microorganismos por el espacio y los nutrientes disponibles en el intestino y pueden dificultar la colonización por determinadas bacterias patógenas.

Además, interactúan con la mucosa intestinal y con el sistema inmunitario asociado al intestino, participando en la regulación de su respuesta.

Este mecanismo forma parte de lo que conocemos como resistencia a la colonización: una microbiota bien establecida ocupa los nichos ecológicos disponibles y dificulta que determinados microorganismos oportunistas encuentren espacio para instalarse y proliferar.

Ayuda a mantener el equilibrio intestinal

Las cepas probióticas de E. coli se han estudiado especialmente por su capacidad para ayudar a estabilizar la microbiota y la función intestinal.

Una de las más conocidas es Escherichia coli Nissle 1917, utilizada desde hace más de un siglo como probiótico.

Se ha empleado principalmente en problemas relacionados con el tránsito intestinal y se ha estudiado especialmente en colitis ulcerosa, además de otras alteraciones gastrointestinales.

También puede resultar interesante cuando existe:

  • estreñimiento;

  • alteración del tránsito intestinal;

  • hinchazón;

  • desequilibrio de la microbiota.

La capacidad de estas bacterias para adherirse temporalmente a la mucosa intestinal también favorece su interacción con el ecosistema intestinal y la competencia frente a otros microorganismos.

Microbiota e infecciones intestinales

Uno de los papeles fundamentales de nuestra microbiota es impedir que cualquier microorganismo que llega al intestino encuentre un terreno completamente libre para instalarse.

Las bacterias compiten continuamente por nutrientes, espacio y lugares de adhesión.

Por eso una microbiota intestinal equilibrada constituye una primera barrera frente a microorganismos potencialmente perjudiciales.

No deja de resultar curioso que una bacteria conocida popularmente por provocar determinadas infecciones pueda, dependiendo completamente de la cepa de E. coli de la que estemos hablando, desempeñar precisamente el papel contrario dentro del intestino.

Mejora la digestión y el metabolismo intestinal

La E. coli forma parte del complejo entramado metabólico de la microbiota.

Las bacterias intestinales participan en la transformación de diferentes sustancias que llegan al colon y producen metabolitos que posteriormente interactúan tanto con otros microorganismos como con nuestro propio organismo.

Por eso su función no puede entenderse de manera aislada: E. coli convive con cientos de especies diferentes de bacterias y otros microorganismos que mantienen entre sí una relación constante.

Precisamente ese equilibrio entre microorganismos es una de las claves para comprender la microbiota intestinal.

Usos de las cepas probióticas de E. coli

Las cepas probióticas de Escherichia coli se han utilizado o estudiado principalmente en:

  • colitis ulcerosa;

  • alteraciones del tránsito intestinal;

  • estreñimiento;

  • hinchazón abdominal;

  • desequilibrios de la microbiota intestinal;

  • determinados cuadros de diarrea;

  • mantenimiento de la barrera intestinal.

Es importante fijarse siempre en la cepa concreta que contiene un probiótico. Que determinadas cepas de E. coli tengan propiedades beneficiosas no significa que todas las bacterias pertenecientes a esta especie tengan las mismas características.

Contraindicaciones de los probióticos con E. coli

Al comenzar a utilizar determinados probióticos puede aparecer una intolerancia digestiva inicial, con distensión abdominal, gases o molestias gastrointestinales.

En algunas personas estas molestias mejoran al reducir inicialmente la cantidad y aumentarla progresivamente según tolerancia.

En el caso de E. coli, además, es especialmente importante utilizar preparados probióticos correctamente identificados y controlados, ya que sus propiedades dependen de la cepa y no simplemente de que el microorganismo pertenezca a la especie Escherichia coli.

En personas con inmunidad gravemente comprometida, enfermedades importantes o situaciones clínicas complejas, la utilización de microorganismos vivos debe valorarse individualmente.

Elena González, Naturópata – Fitoterapeuta clínica (+15 años)

La información de este artículo tiene carácter educativo e informativo y no sustituye una valoración individual cuando existe una enfermedad o se está siguiendo un tratamiento.

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