Aceite de crisálida de seda: propiedades, beneficios y usos

La utilización del gusano de seda (Bombyx mori) por el ser humano se remonta a miles de años. La sericultura se desarrolló en China hace más de 2.700 años y durante siglos la obtención de la seda fue uno de sus secretos mejor guardados.

Pero del gusano de seda no solamente se ha aprovechado la seda.

La crisálida, que permanece en el interior del capullo durante la metamorfosis, contiene lípidos, proteínas, aminoácidos y otros compuestos que dieron lugar a un producto mucho menos conocido: el aceite de crisálida de seda.

Utilizado tradicionalmente en Asia y posteriormente incorporado a diferentes preparados cosméticos, este peculiar aceite se ha empleado especialmente para el cuidado, nutrición y regeneración de la piel.

¿Qué es el aceite de crisálida de seda?

Para entender de dónde procede primero tenemos que recordar brevemente la vida del gusano de seda.

La larva de Bombyx mori se alimenta fundamentalmente de hojas de morera.

Cuando llega el momento de transformarse comienza a producir el hilo de seda con el que construye el capullo a su alrededor.

Dentro de ese capullo, la larva se transforma en crisálida y posteriormente, si se completa su ciclo natural, en mariposa.

La crisálida contiene una importante reserva de nutrientes que permite realizar esta extraordinaria metamorfosis.

De ella pueden obtenerse diferentes fracciones, entre ellas un aceite rico en ácidos grasos, que ha despertado interés tanto desde el punto de vista nutricional como cosmético.

Propiedades del aceite de crisálida

La utilización del gusano de seda en la tradición china va mucho más allá de la fabricación de tejidos.

Diferentes productos derivados del gusano y de su ciclo biológico han formado parte tradicionalmente de preparados utilizados para distintas finalidades.

El aceite obtenido de la crisálida ha destacado especialmente por su utilización sobre la piel, donde se ha empleado por sus propiedades emolientes, nutritivas y regeneradoras.

Su composición puede incluir:

  • Ácidos grasos omega 3.

  • Ácidos grasos omega 6.

  • Otros ácidos grasos.

  • Fosfolípidos.

  • Proteínas y péptidos en determinados extractos.

  • Aminoácidos.

  • Diferentes micronutrientes y compuestos liposolubles.

Su composición exacta puede variar dependiendo del procedimiento utilizado para obtener el aceite y de las características de la materia prima.

La curiosa historia del aceite de crisálida en Europa

Existe una historia especialmente curiosa relacionada con la llegada del aceite de crisálida a la cosmética occidental.

Durante la primera mitad del siglo XX, en Córcega, un médico habría observado algo peculiar entre las mujeres que trabajaban manipulando los capullos en una fábrica de seda.

A pesar de realizar un trabajo manual continuo, sus manos permanecían extraordinariamente suaves.

Además, los pequeños cortes y heridas que sufrían durante el trabajo parecían cicatrizar con gran rapidez y dejando pocas señales.

Aquella observación llamó su atención.

El médico comenzó a investigar las sustancias con las que las trabajadoras estaban continuamente en contacto y relacionó aquel fenómeno con los componentes procedentes del gusano y de la crisálida.

A partir de ahí comenzó a utilizar preparados derivados de la crisálida sobre diferentes alteraciones cutáneas, entre ellas quemaduras, eccemas y psoriasis.

Sea como sea, aquella observación resume bastante bien la propiedad por la que este aceite terminaría haciéndose conocido:

su extraordinaria afinidad con la piel.

El gusano de seda y la morera

Hay otra curiosidad detrás del Bombyx mori.

Durante su etapa larvaria, el gusano de seda mantiene una alimentación extraordinariamente especializada basada en las hojas de morera (Morus alba).

Las hojas de morera contienen numerosos compuestos vegetales, entre ellos diferentes polifenoles y flavonoides, que han sido estudiados por su actividad antioxidante.

Pero el interés de la crisálida no depende simplemente de trasladar las propiedades de la hoja de morera al aceite.

Durante su desarrollo, el gusano transforma los nutrientes que obtiene de su alimentación y acumula importantes reservas de proteínas y lípidos que necesitará posteriormente para realizar la metamorfosis.

La crisálida es, literalmente, una fase de transformación extraordinaria.

Y precisamente sus reservas lipídicas son las que aprovechamos para obtener el aceite.

Beneficios del aceite de crisálida de seda

El aceite de crisálida se utiliza principalmente de forma tópica.

Su composición rica en lípidos le permite actuar sobre la superficie de la piel ayudando a mantener su función barrera, disminuir la pérdida de agua y mejorar su elasticidad y suavidad.

Entre sus propiedades tradicionales encontramos:

  • Favorecer la recuperación de la piel alterada.

  • Mejorar la suavidad y tersura.

  • Nutrir las pieles secas.

  • Ayudar a mantener la elasticidad.

  • Favorecer el aspecto de cicatrices y marcas.

  • Mejorar descamaciones.

  • Cuidar pieles castigadas o agrietadas.

  • Ayudar a mantener la barrera cutánea.

  • Proteger frente al estrés oxidativo.

Esto explica que haya sido utilizado en preparados destinados tanto a pieles envejecidas como a pieles secas, alteradas o sometidas a diferentes agresiones externas.

Aceite de crisálida y regeneración de la piel

Una de las propiedades que tradicionalmente más se ha destacado del aceite de crisálida es su capacidad para favorecer la recuperación de la piel.

Los ácidos grasos forman parte de las estructuras lipídicas necesarias para mantener una barrera cutánea adecuada.

Cuando esta barrera se encuentra alterada, la piel pierde agua con mayor facilidad y puede aparecer:

  • Sequedad.

  • Tirantez.

  • Descamación.

  • Irritación.

  • Mayor sensibilidad.

El aporte tópico de lípidos ayuda a recuperar esa barrera y proporciona una superficie más flexible y protegida.

Los ácidos grasos esenciales están además relacionados con diferentes rutas metabólicas y con la formación de eicosanoides, moléculas que participan, entre otras funciones, en los procesos inflamatorios y de reparación.

Por eso la composición lipídica de un aceite puede tener bastante más importancia para la piel que el simple hecho de «engrasarla».

Aceite de crisálida y envejecimiento cutáneo

La piel está continuamente expuesta a factores capaces de aumentar la producción de radicales libres:

  • Radiación solar.

  • Contaminación.

  • Tabaco.

  • Inflamación.

  • Estrés oxidativo celular.

Cuando este daño se acumula puede afectar a las membranas celulares y a estructuras relacionadas con la firmeza y elasticidad de la piel.

Con el tiempo aparecen algunos de los signos que asociamos al envejecimiento:

  • Arrugas.

  • Pérdida de elasticidad.

  • Sequedad.

  • Alteraciones de la pigmentación.

  • Pérdida de luminosidad.

Por su composición lipídica y antioxidante, los extractos derivados de la crisálida se han estudiado por su capacidad para ayudar a proteger la piel frente al estrés oxidativo y el fotoenvejecimiento.

Aceite de crisálida y radiación ultravioleta

La radiación ultravioleta, especialmente cuando la exposición es repetida, favorece la formación de especies reactivas de oxígeno en la piel.

Estas especies pueden alterar diferentes estructuras celulares y participar en el envejecimiento cutáneo producido por el sol.

Diferentes extractos derivados del gusano de seda y la crisálida han despertado interés por su actividad antioxidante y por su posible capacidad para ayudar a disminuir determinados efectos del estrés producido por la radiación ultravioleta.

Esto explica parte de su utilización tradicional en productos destinados a mantener una piel joven y protegida.

No sustituye, naturalmente, a la protección física frente al sol: estamos hablando de mecanismos completamente diferentes.

Aceite de crisálida, arrugas y elasticidad

Una piel bien hidratada y con una barrera lipídica adecuada presenta una superficie más flexible y uniforme.

Por eso el aceite de crisálida se ha utilizado tradicionalmente para:

  • Piel seca.

  • Piel fina.

  • Piel flácida.

  • Piel envejecida.

  • Pérdida de elasticidad.

  • Prevención del envejecimiento cutáneo.

Su función emoliente ayuda a mantener la piel más suave, flexible y tersa.

Aceite de crisálida para estrías

Otro de sus usos tradicionales ha sido el cuidado de las estrías.

Las estrías aparecen cuando la piel se somete a cambios importantes de volumen y se producen alteraciones en las fibras de la dermis.

Por eso son frecuentes durante:

  • Embarazo.

  • Crecimiento rápido.

  • Cambios importantes de peso.

  • Desarrollo muscular.

Tradicionalmente el aceite de crisálida se ha utilizado durante el embarazo para mantener la elasticidad y flexibilidad de la piel, especialmente en abdomen, caderas, muslos y pecho.

También puede utilizarse sobre estrías ya formadas con el objetivo de mejorar el estado general, hidratación y aspecto de la piel.

Aceite de crisálida para cicatrices

Una de las aplicaciones que dio fama a este aceite fue precisamente el cuidado de marcas y cicatrices.

Los aceites ricos en ácidos grasos ayudan a mantener flexible la piel y evitan que la zona se reseque excesivamente.

El masaje realizado durante su aplicación también puede resultar interesante una vez que la herida se encuentra completamente cerrada.

Por ello el aceite de crisálida se ha utilizado tradicionalmente para mejorar el aspecto de:

  • Cicatrices.

  • Marcas antiguas.

  • Secuelas del acné.

  • Estrías.

  • Zonas de piel alterada.

Aceite de crisálida y manchas de la piel

El aceite de crisálida también aparece tradicionalmente entre los productos utilizados para mejorar el aspecto de determinadas manchas cutáneas.

Aquí intervienen diferentes mecanismos.

Por una parte, mantener una piel correctamente hidratada y favorecer su renovación mejora el aspecto general y la uniformidad de la superficie cutánea.

Por otra, la protección frente al estrés oxidativo resulta especialmente interesante cuando hablamos de fotoenvejecimiento, ya que la exposición solar repetida está estrechamente relacionada con la aparición de alteraciones de la pigmentación.

Aceite de crisálida, psoriasis y eccemas

Tradicionalmente se ha utilizado también como coadyuvante en diferentes problemas dermatológicos, especialmente:

  • Psoriasis.

  • Eccemas.

  • Dermatosis.

  • Descamaciones.

  • Grietas.

  • Rozaduras.

  • Piel extremadamente seca o maltratada.

En estos casos resulta especialmente interesante su capacidad emoliente y nutritiva, ayudando a mantener la barrera cutánea y disminuir la sequedad y descamación.

Precisamente psoriasis y eccemas aparecen repetidamente en la historia de utilización de este aceite.

Un aceite rico en ácidos grasos

Una de las características más interesantes del aceite de crisálida es su composición en ácidos grasos, entre ellos omega 3 y omega 6.

Los lípidos tienen una enorme importancia para nuestra piel.

El estrato córneo necesita una organización adecuada de diferentes sustancias grasas para formar una barrera capaz de:

  • Retener agua.

  • Mantener la flexibilidad.

  • Proteger frente al exterior.

  • Evitar una pérdida excesiva de humedad.

Por eso los aceites tópicos no sirven únicamente para dejar una sensación agradable después de aplicarlos.

Dependiendo de su composición pueden contribuir al mantenimiento de la barrera cutánea.

Aceite de crisálida y radicales libres

También se ha estudiado la actividad antioxidante de diferentes componentes procedentes de la crisálida.

Los antioxidantes ayudan a controlar el exceso de radicales libres y otras especies reactivas capaces de afectar a las estructuras celulares.

Esto resulta especialmente interesante en la piel porque se encuentra continuamente expuesta al medio exterior.

La acción antioxidante complementa así sus propiedades nutritivas y emolientes y ayuda a explicar su utilización tradicional para retrasar los signos del envejecimiento cutáneo.

Afinidad con las membranas celulares

Antiguamente se describía al aceite de crisálida como una especie de «emulsión liposomiada natural» debido a su facilidad para extenderse y su afinidad con los tejidos.

En realidad, un aceite no es un liposoma.

Pero aquella descripción intentaba explicar una característica que sí resulta interesante: los componentes lipídicos presentan una buena afinidad con las estructuras grasas de la superficie cutánea.

Esto favorece su acción emoliente y permite que se integre fácilmente en preparados cosméticos destinados a nutrir y proteger la piel.

Otros usos tradicionales del aceite de crisálida

Aunque actualmente lo asociamos fundamentalmente con la cosmética y el cuidado dermatológico, tradicionalmente también se ha utilizado de forma tópica mediante masaje en:

  • Artrosis.

  • Artritis.

  • Contracturas.

  • Dolores musculares.

  • Esguinces.

  • Luxaciones.

  • Pesadez y molestias relacionadas con la circulación venosa.

En estas aplicaciones el aceite se utiliza fundamentalmente como aceite de masaje, aprovechando sus características cosméticas y su buena extensibilidad sobre la piel.

Usos del aceite de crisálida de seda

Entre sus principales aplicaciones encontramos:

  • Mantenimiento de una piel saludable.

  • Cuidado de la piel envejecida.

  • Prevención del envejecimiento cutáneo.

  • Piel seca y deshidratada.

  • Piel fina o flácida.

  • Piel castigada o agrietada.

  • Estrías.

  • Cicatrices.

  • Marcas posteriores al acné.

  • Manchas cutáneas.

  • Descamaciones.

  • Psoriasis.

  • Eccemas.

  • Dermatosis.

  • Rozaduras.

  • Masaje en contracturas y molestias musculares.

  • Uso tradicional sobre articulaciones.

  • Masaje de piernas.

¿Cómo utilizar el aceite de crisálida?

El aceite de crisálida se utiliza fundamentalmente de forma tópica, aplicando una pequeña cantidad sobre la piel limpia y realizando un masaje suave hasta su absorción.

En zonas secas, cicatrices, estrías o áreas concretas puede aplicarse directamente.

También puede formar parte de:

  • Cremas.

  • Sérums oleosos.

  • Aceites corporales.

  • Bálsamos.

  • Productos para masaje.

  • Cosméticos regeneradores.

Cuando se utiliza sobre cicatrices o lesiones cutáneas, se aplica sobre la piel una vez que la zona se encuentra cerrada, no sobre heridas abiertas.

Precauciones del aceite de crisálida de seda

El aceite de crisálida procede de un insecto, algo que conviene tener presente especialmente en personas con antecedentes de alergia a productos derivados de insectos o con pieles extremadamente reactivas.

Como ocurre con cualquier producto cosmético nuevo, en una piel muy sensible puede probarse primero una pequeña cantidad en una zona limitada.

También es importante diferenciar un aceite cosmético correctamente elaborado y destinado a uso tópico de cualquier preparado artesanal obtenido sin los adecuados controles.

La crisálida de seda es probablemente uno de los ejemplos más curiosos de cómo un producto nacido alrededor de una actividad completamente diferente, la fabricación de seda, terminó encontrando su propio lugar en el cuidado tradicional de la piel.

Y quizá su historia sea también la mejor manera de entender por qué comenzó a utilizarse: alguien observó las manos de unas mujeres que trabajaban diariamente con la seda y se preguntó por qué, pese a aquel trabajo manual, permanecían extraordinariamente suaves y cuidadas.

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