Para qué sirve la arcilla

El uso medicinal de la arcilla se remonta a los principios de la humanidad. Existen referencias muy antiguas a su utilización para heridas, inflamaciones y numerosas molestias, tanto mediante aplicaciones externas como a través de su ingestión.

Se cree incluso que el ser humano pudo observar este comportamiento en los animales, ya que distintas especies se revuelcan en el barro cuando están heridas o lo ingieren en determinadas circunstancias. Hoy conocemos este último comportamiento como geofagia.

La utilización terapéutica de tierras y arcillas ha llegado hasta nuestros días a través de la geoterapia, una práctica tradicional que aprovecha sus características minerales, su capacidad absorbente y adsorbente y las diferentes posibilidades que ofrece su aplicación en forma de emplastos, cataplasmas, baños o preparados de uso interno.

Propiedades de la arcilla

La arcilla posee numerosas propiedades relacionadas con su composición mineral y con su particular estructura.

Una de las más interesantes es su capacidad de adsorción. No debemos confundirla con la absorción: la arcilla puede retener diferentes sustancias sobre la superficie de sus partículas, una propiedad que explica buena parte de sus usos tradicionales.

También puede absorber agua, grasa y secreciones, intercambiar determinados iones y formar, mezclada con agua, una pasta capaz de conservar durante bastante tiempo la humedad y la temperatura.

Tradicionalmente la arcilla se ha utilizado como depurativa, remineralizante, calmante, refrescante, absorbente, cicatrizante y antiinflamatoria, especialmente mediante su aplicación externa.

También se ha empleado para calmar molestias, cuidar la piel, favorecer la recuperación de determinados tejidos y acompañar diferentes procesos digestivos.

Su composición no es siempre la misma. Las proporciones de sílice, aluminio, hierro, calcio, magnesio y otros minerales varían dependiendo del tipo de arcilla y de su procedencia, y esto hace que unas resulten más adecuadas que otras para determinados usos.

Tipos de arcilla

Todas las arcillas comparten determinadas características, aunque no en las mismas proporciones. Entre las más utilizadas encontramos la arcilla verde, blanca y roja.

La arcilla verde es una de las más conocidas en geoterapia. Posee una gran capacidad absorbente y tradicionalmente se utiliza en cataplasmas y emplastos para inflamaciones, golpes y molestias musculares o articulares. También es habitual en mascarillas para piel grasa y preparados destinados al cuero cabelludo con exceso de sebo.

La arcilla blanca, generalmente más suave, se emplea tanto en cosmética como en preparados tradicionales de higiene. Puede utilizarse en cataplasmas, emplastos, mascarillas, polvos corporales y cuidados bucales. Dentro de las arcillas blancas encontramos el caolín, utilizado también en diferentes preparados farmacéuticos y digestivos.

La arcilla roja debe su color principalmente a su riqueza en óxidos de hierro. Es bastante utilizada externamente en baños, envolturas y cataplasmas y forma parte de numerosos tratamientos tradicionales destinados a la piel y al cuidado corporal.

¿Cómo preparar la arcilla?

La tradición de la geoterapia recomienda que ni el metal ni el plástico entren en contacto con la arcilla durante su preparación.

Por esta razón se utilizan recipientes de vidrio, porcelana, loza, madera o gres, y para manipularla podemos emplear una cuchara de madera o las propias manos.

Se añade agua mineral o agua de buena calidad hasta conseguir la consistencia adecuada para el uso que vayamos a darle.

Dependiendo de la preparación, también podemos utilizar una infusión de plantas en lugar de agua o incorporar otros ingredientes tradicionales.

La arcilla preparada puede utilizarse en forma de cataplasma, emplasto, compresa, mascarilla, envoltura o baño.

Usos externos de la arcilla

El uso externo es la forma más sencilla y conocida de utilizarla y permite adaptar la preparación a situaciones muy diferentes.

En golpes, contusiones, esguinces y molestias musculares o articulares, los emplastos de arcilla constituyen uno de los remedios clásicos de la geoterapia. Tradicionalmente pueden aplicarse fríos o calientes dependiendo de lo que se pretenda conseguir y también se combinan con plantas como el árnica.

Para artrosis, reuma y molestias articulares se han utilizado emplastos calientes, directamente sobre la zona o separados de la piel mediante una tela fina de algodón.

En la celulitis, encontramos preparados tradicionales de arcilla combinada con romero, enebro o centella asiática, plantas muy relacionadas con el cuidado circulatorio y del tejido conjuntivo.

También encontramos la arcilla en los cuidados del cuero cabelludo, caspa y seborrea. Su capacidad para absorber el exceso de grasa hace que pueda utilizarse como mascarilla capilar o formar parte de champús y otros preparados.

En los pies puede utilizarse seca, como si fuera un polvo, para ayudar a controlar la humedad. Esta característica explica su utilización tradicional como complemento en problemas como el pie de atleta, aunque cuando existe una infección por hongos el tratamiento de la infección debe realizarse de forma específica.

La arcilla también ha formado parte tradicionalmente del cuidado de pieles con psoriasis y otras alteraciones cutáneas, fundamentalmente mediante baños, barros y aplicaciones externas destinadas a calmar y proteger la piel.

Mascarillas de arcilla

Las mascarillas son probablemente uno de sus usos cosméticos más conocidos.

La arcilla puede prepararse simplemente con agua o utilizando una infusión de tilo, melisa o manzanilla, aloe o jugo de zanahoria.

Podemos elegir el tipo de arcilla según las características de la piel. Las arcillas más absorbentes suelen utilizarse en pieles grasas, mientras que las más suaves resultan más adecuadas para pieles sensibles o secas.

Afecciones bucales

La arcilla blanca se ha utilizado tradicionalmente en higiene bucal.

En la geoterapia encontramos preparados de arcilla blanca con sal marina empleados como enjuagues o aplicaciones locales para el cuidado de encías y boca.

En este tipo de utilización debemos emplear siempre una arcilla cuya calidad y pureza sean adecuadas para entrar en contacto con la mucosa oral.

Baños de arcilla

Los baños de arcilla constituyen otra de las aplicaciones clásicas.

Pueden hacerse fríos, templados o calientes dependiendo de la época del año y de lo que busquemos. Tradicionalmente se utilizan para relajar el cuerpo y como apoyo en molestias musculares y articulares.

Después de un baño de arcilla resulta agradable descansar y permitir que el cuerpo termine de relajarse.

Y una cuestión muy práctica: si utilizamos bastante arcilla en una bañera, conviene impedir que grandes cantidades pasen al desagüe, porque puede terminar obstruyéndolo.

Arcilla, heridas y piel lesionada

La utilización de arcillas sobre heridas, quemaduras y lesiones cutáneas es antiquísima.

Parte de este interés está relacionado con su capacidad de adsorción y con las características particulares de determinados minerales arcillosos.

Sin embargo, no todas las arcillas son iguales ni cualquier arcilla cosmética es estéril. Cuando existe una herida profunda, una quemadura importante o una lesión con riesgo de infección no debemos aplicar sobre ella cualquier arcilla simplemente por ser natural.

Esto no invalida el uso tradicional de la arcilla sobre la piel; significa que debemos distinguir una cataplasma casera sobre una zona intacta de una aplicación sobre tejido abierto.

Arcilla y aparato digestivo

La arcilla también tiene una larga historia de uso interno, especialmente para diferentes molestias del aparato digestivo.

Su capacidad adsorbente permite retener sobre su superficie determinadas sustancias presentes en el tubo digestivo, lo que explica que algunos minerales arcillosos se hayan utilizado en preparados destinados a diarreas y otras alteraciones intestinales.

Un ejemplo es la diosmectita, un mineral arcilloso purificado utilizado específicamente en preparados digestivos.

Tradicionalmente también se ha empleado arcilla para molestias relacionadas con acidez, gastritis, digestiones pesadas y alteraciones intestinales.

Aquí existe una diferencia fundamental con el uso externo: no cualquier arcilla puede beberse.

Una arcilla destinada a mascarillas, manualidades o uso exclusivamente externo no debe ingerirse. Para uso interno tiene que tratarse de una arcilla específicamente preparada y controlada para este fin.

Agua arcillosa y agua de arcilla

Tradicionalmente se han utilizado dos preparaciones diferentes.

El agua arcillosa contiene la propia arcilla en suspensión en el agua.

En cambio, para preparar el denominado agua de arcilla, la arcilla finamente pulverizada se mezcla con agua de buena calidad y se deja reposar durante varias horas hasta que se deposita en el fondo.

Después se bebe lentamente únicamente el agua que queda en la parte superior, procurando no volver a mezclar el sedimento.

Son dos formas distintas de utilización y no deben confundirse.

Precauciones con el uso interno de la arcilla

La ingesta de arcilla merece bastante más cuidado que su utilización externa.

Su gran capacidad adsorbente, que constituye precisamente una de sus propiedades más interesantes, también significa que puede interferir con medicamentos y otras sustancias administradas por vía oral.

Además, la composición mineral varía enormemente de unas arcillas a otras y una arcilla que no haya sido preparada para consumo puede contener impurezas o contaminantes.

Por eso, para uso interno debemos conocer perfectamente qué arcilla estamos utilizando, su procedencia y si está específicamente indicada para ingestión.

También merece especial precaución cuando existe estreñimiento crónico, diverticulitis, determinados problemas digestivos, enfermedad renal o tratamientos farmacológicos.

En geoterapia tradicional se recomienda además realizar su utilización interna separada de comidas y medicamentos y mantener una adecuada hidratación.

La arcilla es uno de esos remedios naturales que han acompañado al ser humano durante miles de años y que probablemente hemos simplificado demasiado al relegarla únicamente a las mascarillas cosméticas.

Su interés está precisamente en la combinación de minerales, estructura, capacidad de adsorción, retención de agua y posibilidades de aplicación, desde una sencilla mascarilla hasta una cataplasma, un baño o las formas tradicionales de utilización digestiva.

Como ocurre con tantos recursos naturales, conocerla bien permite utilizarla con mucho más sentido que pensar que, porque algo es natural, sirve de cualquier manera y para todo.

Elena González, Naturópata – Fitoterapeuta clínica (+15 años)

Este contenido tiene finalidad educativa e informativa. El uso interno de arcillas requiere productos específicamente destinados a ingestión y un conocimiento adecuado de su composición, calidad y posibles interacciones.

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1 comentarios

Por Joss 30/12/2024 04:53:57

Hola , mi madre tiene cataratas, le voy a hacer este tratamiento de arcilla para que se le quiten, muchas gracias, por la información.