
El oro lleva acompañando al ser humano desde hace miles de años, pero su historia no se limita a joyas, monedas y símbolos de riqueza. También ha formado parte de la medicina, la alquimia, la odontología y diferentes sistemas terapéuticos.
Los registros y tradiciones procedentes del antiguo Egipto relacionaron el oro con la purificación, la vitalidad y la regeneración. Dentro del pensamiento alquímico representaba la perfección de la materia y terminó convirtiéndose en una sustancia especialmente vinculada a la búsqueda de la longevidad.
Los alquimistas de Alejandría buscaron diferentes formas de preparar lo que denominaban elixires de oro. Consideraban que este metal podía estimular la fuerza vital, rejuvenecer el organismo y ayudar a recuperar el equilibrio físico y espiritual.
Puede parecernos una idea muy alejada de nuestra época, pero la relación entre el oro y la salud sobrevivió durante siglos.
En la Europa medieval encontramos referencias a las llamadas aguas de oro y a preparados y píldoras que incorporaban este metal. El oro llegó a relacionarse especialmente con dolores articulares y enfermedades reumáticas.
Y curiosamente, siglos después, la relación entre oro y articulaciones volvió a aparecer dentro de la medicina moderna.
Del oro de los alquimistas a las sales de oro
Durante el siglo XX diferentes compuestos de oro comenzaron a utilizarse en medicina, especialmente en el tratamiento de la artritis reumatoide.
Las conocidas sales de oro tuvieron durante décadas un lugar importante entre los tratamientos de esta enfermedad. Entre los compuestos desarrollados encontramos sustancias como la aurotiomalato sódico y posteriormente auranofina, un compuesto de oro administrado por vía oral.
Esto es importante porque no debemos confundir el oro metálico, el oro coloidal, las sales de oro y los diferentes compuestos organometálicos. Aunque todos contienen oro, químicamente no son lo mismo y tampoco se comportan igual dentro del organismo.
La historia del oro medicinal es precisamente interesante por eso: una sustancia que comenzó rodeada de simbolismo y alquimia terminó formando parte también de la farmacología.
Oro y oligoterapia
El oro ocupa además un lugar dentro de la oligoterapia, donde los oligoelementos se utilizan en cantidades muy pequeñas con el objetivo de favorecer determinadas funciones del organismo.
Tradicionalmente se ha relacionado con situaciones de astenia, cansancio, disminución de la capacidad de respuesta y determinados procesos inflamatorios y reumáticos.
Dentro de este marco se le han atribuido diferentes acciones:
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estimulación de la actividad celular;
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acción antiasténica, especialmente en periodos de cansancio;
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apoyo a las defensas del organismo;
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relación con determinados procesos inflamatorios;
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participación en la respuesta frente a procesos infecciosos;
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apoyo a la reparación y cicatrización de los tejidos;
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utilización tradicional en problemas reumáticos;
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relación con determinados trastornos circulatorios.
También se ha utilizado especialmente a partir de determinadas edades, cuando empiezan a aparecer con mayor frecuencia cansancio, rigidez, problemas articulares o una menor capacidad de recuperación.
Dentro de la oligoterapia clásica encontramos además la conocida asociación cobre-oro-plata, utilizada tradicionalmente en determinados terrenos caracterizados por cansancio profundo, falta de vitalidad y disminución de la capacidad defensiva.
¿Existe una carencia de oro?
Aquí tenemos que diferenciar nutrición y oligoterapia.
El oro no está considerado un mineral esencial de la nutrición humana, como pueden ser el hierro, zinc, cobre o magnesio. Por tanto, no existe una cantidad diaria recomendada de oro ni una enfermedad carencial nutricional oficialmente definida por falta de este elemento.
Sin embargo, dentro de antiguos textos de oligoterapia se relacionaba el terreno asociado al oro con diferentes manifestaciones, entre ellas:
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hemorroides;
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varices y fragilidad venosa;
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alteraciones circulatorias;
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reumatismo;
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mala cicatrización;
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astenia;
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determinadas alteraciones cardiovasculares;
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sensación de opresión y congestión;
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y algunos trastornos neurológicos.
Ésta es la razón por la que podemos encontrar en literatura antigua listados de «síntomas de carencia de oro». En realidad, se está utilizando el lenguaje propio de la oligoterapia, no describiendo una deficiencia nutricional comparable a una falta de hierro o vitamina B12.
El oro en odontología
Probablemente uno de los usos sanitarios más conocidos del oro sea la odontología.
Su utilización es antiquísima y tiene unas razones físicas muy claras: es un metal extremadamente maleable, resistente a la corrosión y muy estable.
Durante muchísimo tiempo se ha utilizado en coronas, puentes, incrustaciones y diferentes restauraciones dentales.
Una de sus grandes ventajas es precisamente que el oro no se oxida ni se empaña fácilmente y puede trabajarse con enorme precisión.
Curiosamente, éste es uno de los puntos en los que una sustancia considerada valiosa por las civilizaciones antiguas continúa teniendo utilidad miles de años después, aunque por razones completamente diferentes.
El oro en la alimentación y las tradiciones orientales
El oro también ha aparecido en diferentes tradiciones culinarias.
El pan de oro de gran pureza se sigue utilizando como decoración en determinados alimentos y platos de lujo. Es prácticamente inerte desde el punto de vista digestivo y su utilización gastronómica tiene fundamentalmente un carácter ornamental.
También se han recogido tradiciones rurales asiáticas en las que se cocinaba el arroz introduciendo una moneda de oro en el recipiente, práctica a la que se atribuía la capacidad de enriquecer o revitalizar el alimento.
Es una de esas costumbres curiosas en las que resulta difícil separar por completo medicina tradicional, simbolismo y cultura, pero que demuestra hasta qué punto el oro ha estado relacionado con la idea de vitalidad en civilizaciones muy diferentes.
¿Dónde encontramos oro de forma natural?
Podemos encontrar trazas de oro en el medio ambiente y, por tanto, cantidades diminutas pueden aparecer también en determinados tejidos animales, vegetales, algas y otros alimentos.
Esto no significa que necesitemos buscar alimentos ricos en oro ni cubrir una cantidad diaria determinada, porque no se considera un nutriente esencial.
La importancia del oro dentro de la salud procede fundamentalmente de sus preparaciones terapéuticas, su utilización tradicional y las diferentes formas químicas en las que puede administrarse, no de la necesidad de incorporarlo diariamente a nuestra dieta.
Un metal con una historia medicinal sorprendente
Quizá lo que más me interesa del oro sea precisamente el recorrido que ha hecho.
Fue símbolo de perfección para los alquimistas. Apareció en elixires y aguas de oro. Se relacionó durante siglos con vitalidad, rejuvenecimiento y articulaciones. Entró en la oligoterapia y terminó formando parte de medicamentos utilizados contra la artritis reumatoide.
Y actualmente el interés biomédico por este metal tampoco ha desaparecido. Las nanopartículas de oro se investigan como herramientas para diagnóstico, transporte dirigido de sustancias y diferentes aplicaciones médicas.
Más de cinco mil años después de que el ser humano comenzara a sentirse fascinado por él, seguimos encontrando nuevas formas de estudiar el oro.
Quizá los motivos hayan cambiado muchísimo desde aquellos antiguos alquimistas de Alejandría, pero la fascinación continúa.
Este artículo tiene carácter educativo e informativo y recoge usos históricos, tradicionales, oligoterápicos y médicos del oro. Las distintas preparaciones que contienen oro no son equivalentes entre sí y su utilización debe valorarse según su composición y finalidad.


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