El flúor es un elemento especialmente relacionado con los tejidos mineralizados del organismo. Se encuentra principalmente en huesos y dientes, donde participa en los procesos de mineralización y tiene una relación estrecha con el metabolismo mineral.
En nutrición hablamos habitualmente de flúor, aunque en el agua, los alimentos y el organismo se encuentra fundamentalmente en forma de fluoruro.
Durante mucho tiempo se presentó casi exclusivamente como el mineral protector de los dientes frente a la caries. Sin embargo, su relación con el organismo es bastante más compleja y tiene una característica especialmente interesante: tanto una exposición insuficiente como una exposición excesiva pueden ocasionar problemas.
Principales funciones del flúor
El flúor tiene especial afinidad por los tejidos mineralizados.
Entre sus principales funciones y aplicaciones encontramos:
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Participa en la mineralización de huesos y dientes.
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Contribuye a aumentar la resistencia del esmalte dental frente a los ácidos producidos por las bacterias de la placa.
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Se relaciona estrechamente con el metabolismo del calcio y de los tejidos mineralizados.
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Dentro de la oligoterapia se ha utilizado especialmente en el terreno osteoarticular, incluyendo huesos, ligamentos y cartílagos.
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Tradicionalmente se ha considerado particularmente interesante en personas con laxitud ligamentosa y articular.
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Una de sus aplicaciones clásicas dentro de este enfoque ha sido el terreno de los niños escolióticos e hiperlaxos.
Esta última aplicación resulta especialmente interesante porque no contempla únicamente el hueso, sino el conjunto formado por estructura ósea, articulaciones y ligamentos.
Flúor, huesos, ligamentos y articulaciones
Aunque normalmente asociamos el flúor con los dientes, una parte importante del flúor corporal se encuentra en el esqueleto.
El fluoruro puede incorporarse a los cristales minerales del hueso y modificar sus características.
Precisamente por su afinidad por el tejido óseo, el flúor ha ocupado tradicionalmente un lugar dentro de la oligoterapia cuando aparecen signos de fragilidad estructural, laxitud o alteraciones osteoarticulares.
Entre las situaciones tradicionalmente relacionadas con este terreno encontramos:
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Deformaciones óseas y vertebrales.
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Debilidad de los ligamentos.
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Cifosis.
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Escoliosis asociada a hiperlaxitud.
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Torceduras y esguinces repetitivos.
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Laxitud articular.
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Insuficiencias dorsales dolorosas.
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Osteoporosis.
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Enfermedad de Paget.
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Retraso en la consolidación de fracturas.
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Artrosis asociada a un terreno osteoporótico.
El interés del flúor en estos casos no se limita, por tanto, al hueso aislado, sino a la estructura osteoligamentosa en su conjunto.
Flúor y salud dental
Probablemente sea esta su función más conocida.
El fluoruro favorece la resistencia del esmalte frente a los procesos de desmineralización provocados por los ácidos que producen determinadas bacterias al metabolizar los azúcares.
También puede favorecer los procesos de remineralización del esmalte.
Por esta razón, durante décadas se convirtió en uno de los principales elementos utilizados para la prevención de la caries.
Entre los signos tradicionalmente relacionados con un aporte insuficiente encontramos:
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Caries dentales frecuentes.
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Mayor vulnerabilidad del esmalte.
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Aparición rápida de sarro, dentro de la descripción tradicional del terreno.
Sin embargo, la relación entre flúor y dientes no responde a la idea de que cuanto más flúor recibamos, mejor.
Y ahí aparece una de sus particularidades.
Cuando demasiado flúor también causa problemas
Durante mucho tiempo se llegó a considerar al flúor prácticamente como una panacea contra la caries.
Pero el margen entre una exposición adecuada y una exposición excesiva tiene importancia, especialmente durante las etapas en las que se están formando los dientes.
Un exceso mantenido de fluoruro durante el desarrollo dental puede producir fluorosis dental, que puede manifestarse mediante alteraciones en el aspecto y estructura del esmalte.
Cuando la exposición excesiva es mucho mayor y se mantiene durante largos periodos puede afectar también al esqueleto, produciendo fluorosis esquelética.
Aquí aparece una paradoja interesante: tanto los desequilibrios por defecto como los producidos por una exposición excesiva pueden terminar afectando precisamente a los dientes y al sistema óseo.
Por eso con el flúor resulta especialmente importante mantener el equilibrio.
Flúor y sistema nervioso
La posible relación entre una exposición elevada al fluoruro y el sistema nervioso lleva décadas siendo objeto de investigación y controversia.
Se han estudiado especialmente las exposiciones elevadas durante determinadas etapas del desarrollo y su posible relación con diferentes parámetros neurológicos.
También han aparecido a lo largo de los años hipótesis sobre una posible relación entre la exposición al fluoruro y enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer.
Es un campo complejo porque la cantidad de fluoruro, la duración de la exposición, la edad, la procedencia del agua y otros factores pueden variar enormemente entre poblaciones.
En cualquier caso, estas investigaciones sirven para recordar algo importante: el flúor no debe contemplarse únicamente desde el punto de vista dental y su cantidad importa.
Principales asociaciones del flúor
Dentro de la oligoterapia, el flúor puede formar parte de diferentes asociaciones minerales dependiendo del terreno de la persona.
Tradicionalmente se ha relacionado con otros minerales implicados en la estructura ósea y el metabolismo mineral, por lo que su utilización puede integrarse dentro de asociaciones más amplias.
Fuentes naturales de flúor
La cantidad de fluoruro presente en los alimentos puede variar considerablemente dependiendo del suelo, el agua y el lugar donde se hayan producido.
Entre sus fuentes encontramos:
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Té.
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Sardinas.
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Caballa.
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Salmón.
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Mariscos.
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Manzana.
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Soja y germinados de soja.
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Diente de león.
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Espinacas.
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Perejil.
El agua puede constituir además una fuente muy importante de fluoruro, aunque su concentración varía enormemente de unas zonas geográficas a otras.
El té resulta especialmente curioso porque la planta puede acumular fluoruro procedente del suelo, de manera que su contenido depende también de las condiciones de cultivo y del tipo de té.
¿Cuánto flúor necesitamos?
Las cantidades consideradas adecuadas son pequeñas y varían según la edad y el sexo.
En adultos suelen manejarse valores de referencia de aproximadamente 3-4 mg diarios, por lo que la cifra clásica de 3,5 mg al día se encuentra dentro de ese orden de magnitud.
Pero existe una diferencia importante entre hablar de ingesta total procedente del agua y la alimentación y recomendar una suplementación de esa cantidad.
El flúor puede proceder del agua, bebidas, alimentos y productos utilizados para la higiene dental, por lo que no tendría sentido valorar su aporte sin tener en cuenta el conjunto.
Flúor, azúcar y caries
Existe además una relación importante entre el consumo de azúcar y la protección dental asociada al fluoruro.
Las bacterias de la placa utilizan determinados hidratos de carbono fermentables, especialmente azúcares, y producen ácidos que favorecen la desmineralización del esmalte.
Por eso una exposición adecuada al fluoruro no convierte al diente en invulnerable.
Una alimentación con una elevada frecuencia de consumo de azúcares puede seguir favoreciendo la aparición de caries.
El flúor puede ayudar a aumentar la resistencia del esmalte y favorecer su remineralización, pero la salud dental depende también de la alimentación, la microbiota oral, la higiene y la frecuencia con la que exponemos los dientes a los azúcares.
Una vez más, el equilibrio resulta bastante más interesante que buscar un único elemento al que atribuir toda la responsabilidad.



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