
Clostridium butyricum es uno de esos probióticos que me parecen especialmente interesantes porque nos obliga a mirar mucho más allá del intestino.
Es una bacteria productora de ácido butírico o butirato, un ácido graso de cadena corta que tiene una enorme importancia para la mucosa intestinal, la microbiota y el sistema inmunitario y que, además, participa en esa relación cada vez más interesante entre intestino y cerebro.
C. butyricum es una bacteria Gram positiva, anaerobia y formadora de esporas que podemos encontrar en el medio ambiente y también en el intestino de animales y personas sanas.
Pero antes de continuar hay algo importante: cuando hablamos de probióticos hablamos de cepas.
No podemos coger el nombre de una especie bacteriana y atribuir automáticamente las mismas propiedades a todas sus cepas. Y esto resulta especialmente importante con Clostridium butyricum, porque existen cepas seleccionadas y no toxigénicas utilizadas como probióticos desde hace décadas, especialmente en Asia.
Clostridium butyricum: una bacteria productora de butirato
Para comprender por qué esta bacteria resulta tan interesante tenemos que empezar por el butirato.
El ácido butírico es uno de los principales ácidos grasos de cadena corta o SCFA producidos en el intestino.
Junto con el acetato y el propionato, forma parte de los metabolitos más interesantes generados por nuestra microbiota.
El butirato sirve como una importante fuente de energía para los colonocitos, las células que recubren el colon.
Pero hace bastante más.
Participa en:
-
El mantenimiento de la barrera intestinal.
-
La regulación de la respuesta inmunitaria intestinal.
-
El equilibrio de la inflamación.
-
El funcionamiento de las células epiteliales.
-
La comunicación entre microbiota y huésped.
-
Diferentes procesos metabólicos.
Por eso, cuando estudiamos una bacteria capaz de producir butirato, no me interesa únicamente saber si «mejora la digestión».
Me interesa saber qué está haciendo en el terreno intestinal.
Clostridium butyricum y microbiota intestinal
Una de las características más interesantes de determinadas cepas probióticas de C. butyricum es su capacidad para modificar el ecosistema intestinal.
Se ha observado su relación con aumentos de bacterias beneficiosas como:
-
Bifidobacterium.
-
Lactobacillus.
-
Determinadas especies de Eubacterium.
Al mismo tiempo puede dificultar el predominio de determinados microorganismos no deseados.
Esto es importante porque una microbiota saludable no consiste simplemente en tener «muchas bacterias buenas».
Estamos hablando de un ecosistema en el que unas bacterias producen sustancias que otras utilizan, se modifican las condiciones del medio intestinal y se generan metabolitos que posteriormente influyen sobre nuestras propias células.
Clostridium butyricum y barrera intestinal
El epitelio intestinal no es simplemente una pared que separa el intestino del resto del organismo.
Es una superficie biológicamente activa que selecciona qué atraviesa la barrera intestinal y mantiene una comunicación continua con:
-
Microbiota.
-
Sistema inmunitario.
-
Nutrientes.
-
Metabolitos bacterianos.
El butirato participa en el mantenimiento de esta barrera y proporciona energía a los colonocitos.
Por ello Clostridium butyricum resulta especialmente interesante cuando trabajamos sobre microbiota, mucosa y terreno intestinal.
Clostridium butyricum y diarrea asociada a antibióticos
Una de las aplicaciones más interesantes de determinadas cepas de C. butyricum se encuentra en el contexto de los tratamientos antibióticos.
Los antibióticos pueden modificar considerablemente la microbiota intestinal y, en algunas personas, provocar diarrea y otras molestias digestivas.
Las cepas probióticas de Clostridium butyricum se han utilizado para favorecer la recuperación del equilibrio intestinal y reducir determinadas alteraciones gastrointestinales asociadas a estos tratamientos.
Ésta es también una de las razones por las que esta bacteria ha sido utilizada durante años como probiótico en diferentes países asiáticos.
Clostridium butyricum y diarrea
Su utilización no se limita al contexto de los antibióticos.
C. butyricum se ha estudiado en diferentes tipos de alteraciones intestinales acompañadas de diarrea, observándose cambios tanto en la microbiota como en la producción de ácidos grasos de cadena corta.
Su interés se encuentra precisamente en esa doble acción:
microbiota + metabolitos bacterianos.
No estamos simplemente añadiendo una bacteria al intestino.
Estamos intentando modificar lo que ocurre dentro del ecosistema intestinal.
Clostridium butyricum y estreñimiento
Aunque resulte curioso encontrar el mismo probiótico relacionado tanto con diarrea como con estreñimiento, esto tiene sentido cuando dejamos de pensar en los probióticos como si fueran laxantes o antidiarreicos.
Su función está relacionada con la regulación del ecosistema intestinal.
Dependiendo de la cepa y de las características de la persona, modificar la microbiota y sus metabolitos puede influir sobre:
-
Consistencia de las heces.
-
Tránsito intestinal.
-
Fermentación.
-
Barrera intestinal.
-
Inflamación local.
Por eso un probiótico bien elegido no debería seleccionarse únicamente preguntando «¿sirve para diarrea o para estreñimiento?».
Clostridium butyricum y síndrome de intestino irritable
El síndrome de intestino irritable es un buen ejemplo de lo complejo que puede llegar a ser el aparato digestivo.
En él pueden intervenir:
-
Motilidad intestinal.
-
Hipersensibilidad visceral.
-
Microbiota.
-
Fermentación.
-
Estrés.
-
Sistema nervioso.
-
Eje intestino-cerebro.
-
Alimentación.
Precisamente por actuar sobre algunos de estos terrenos, determinadas cepas de C. butyricum resultan interesantes dentro del estudio de la microbiota en personas con síndrome de intestino irritable.
Clostridium butyricum y colitis ulcerosa
También se ha estudiado C. butyricum en relación con la colitis ulcerosa.
Aquí el butirato vuelve a tener especial interés por su relación con los colonocitos, la barrera intestinal y la regulación de la respuesta inflamatoria.
En diferentes estudios se han observado cambios en la microbiota y en concentraciones de ácidos grasos de cadena corta como:
-
Butirato.
-
Propionato.
-
Acetato.
También se han estudiado cambios en microorganismos como lactobacilos y determinadas especies de Eubacterium.
En una enfermedad inflamatoria intestinal, el probiótico forma parte de un contexto mucho más amplio y su utilización debe adaptarse a la situación concreta de la persona.
Clostridium butyricum y Helicobacter pylori
Ésta es otra aplicación que me parece especialmente interesante.
Los tratamientos utilizados para erradicar Helicobacter pylori pueden alterar considerablemente la microbiota y producir efectos gastrointestinales, incluida diarrea asociada a los antibióticos.
Determinadas cepas de Clostridium butyricum se han estudiado como complemento durante estos tratamientos.
Se han observado efectos interesantes sobre:
-
Alteraciones de la microbiota.
-
Tolerancia gastrointestinal.
-
Diarrea asociada al tratamiento.
-
Mucosa digestiva.
Además, existe investigación sobre la interacción entre C. butyricum, sus metabolitos y H. pylori.
Esto abre una línea especialmente interesante: utilizar determinados probióticos no sólo pensando en «reponer flora», sino teniendo en cuenta qué microorganismos, qué cepas y qué metabolitos queremos favorecer.
Clostridium butyricum y mucosa gástrica
También encontramos trabajos experimentales interesantes relacionados con la protección de la mucosa gástrica.
Se han estudiado mecanismos antioxidantes y antiinflamatorios, con cambios en enzimas como:
-
Superóxido dismutasa.
-
Catalasa.
Y en marcadores relacionados con estrés oxidativo como el malondialdehído.
Esto resulta interesante para comprender los mecanismos que se están investigando alrededor de esta bacteria y sus metabolitos.
Clostridium butyricum, alergias y sistema inmunitario
El intestino es uno de nuestros grandes órganos inmunológicos.
Por eso microbiota e inmunidad están inevitablemente relacionadas.
C. butyricum se ha estudiado por su capacidad para modular diferentes componentes de la respuesta inmunitaria.
Entre los mecanismos investigados encontramos su relación con:
-
IgA.
-
IgM.
-
IgG.
-
IL-10.
-
Células B reguladoras.
-
Respuesta inmunitaria de las mucosas.
Esto explica su interés en el estudio de alergias y determinadas respuestas inmunológicas.
Clostridium butyricum y asma
La relación entre microbiota intestinal y enfermedades respiratorias puede parecer extraña hasta que entendemos el llamado eje intestino-pulmón.
La microbiota y sus metabolitos pueden influir sobre diferentes componentes del sistema inmunitario.
En este contexto se ha estudiado C. butyricum junto con inmunoterapia específica en personas con determinadas alergias y asma.
Se han observado cambios relacionados con:
-
IgE específica.
-
IL-10.
-
Respuesta inmunitaria reguladora.
-
Células B reguladoras.
Es una de las líneas que mejor muestran que los efectos de la microbiota intestinal no terminan en el colon.
Clostridium butyricum y obesidad
El butirato también participa en mecanismos relacionados con el metabolismo energético.
Por eso las bacterias productoras de butirato han despertado muchísimo interés en el estudio de obesidad, resistencia a la insulina y metabolismo.
En diferentes modelos se ha estudiado C. butyricum en relación con:
-
Sensibilidad a la insulina.
-
Tolerancia a la glucosa.
-
Inflamación del tejido adiposo.
-
Lipogénesis.
-
Acumulación de grasa.
-
Metabolismo hepático.
Esto vuelve a llevarnos a una idea que para mí es fundamental:
el intestino no funciona aislado del metabolismo.
Lo que ocurre en nuestra microbiota puede modificar metabolitos y señales capaces de participar en procesos que ocurren mucho más allá del aparato digestivo.
Clostridium butyricum e hígado graso
También existe una relación interesante entre microbiota, permeabilidad intestinal, metabolismo y hígado.
El hígado recibe a través de la circulación portal una gran cantidad de sustancias procedentes del intestino.
Por eso hablamos del eje intestino-hígado.
C. butyricum y otros microorganismos productores de ácidos grasos de cadena corta se estudian en relación con:
-
Acumulación de grasa hepática.
-
Inflamación.
-
Metabolismo de la glucosa.
-
Sensibilidad a la insulina.
-
Metabolismo lipídico.
En este contexto también se han observado cambios en mecanismos relacionados con el metabolismo del colesterol.
Clostridium butyricum y cerebro
Y llegamos probablemente a una de las partes más fascinantes de esta bacteria.
El intestino y el cerebro mantienen una comunicación continua a través del denominado eje microbiota-intestino-cerebro.
En esta comunicación participan:
-
Sistema nervioso.
-
Sistema inmunitario.
-
Nervio vago.
-
Hormonas.
-
Metabolitos bacterianos.
-
Ácidos grasos de cadena corta.
El butirato es uno de los metabolitos especialmente estudiados dentro de esta relación.
Clostridium butyricum y BDNF
En modelos experimentales, Clostridium butyricum ha mostrado efectos relacionados con el BDNF o factor neurotrófico derivado del cerebro.
El BDNF es una proteína fundamental para el sistema nervioso porque participa en:
-
Supervivencia neuronal.
-
Plasticidad cerebral.
-
Formación y mantenimiento de conexiones neuronales.
-
Aprendizaje.
-
Memoria.
Se han observado cambios en BDNF junto con modificaciones de la microbiota, metabolismo del butirato y diferentes marcadores neurológicos.
Es una línea de investigación especialmente interesante para comprender hasta qué punto microbiota y cerebro pueden comunicarse a través de sus metabolitos.
Clostridium butyricum y neuroprotección
También se han estudiado mecanismos relacionados con:
-
Estrés oxidativo.
-
Apoptosis o muerte celular programada.
-
Inflamación neuronal.
-
Supervivencia de neuronas.
-
Función cognitiva.
En modelos de lesión cerebral e isquemia se han observado efectos antioxidantes y antiapoptóticos asociados a C. butyricum y a los cambios metabólicos que produce.
Estos mecanismos han despertado interés en el estudio de deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas.
Nos encontramos ante un campo todavía enormemente complejo, pero que ayuda a entender por qué actualmente resulta imposible estudiar el cerebro ignorando completamente el intestino.
Del intestino al cerebro
Cuando hablamos de un probiótico como Clostridium butyricum, por tanto, no estamos hablando únicamente de si una persona va mejor o peor al baño.
Estamos hablando de:
microbiota → butirato → mucosa intestinal → sistema inmunitario → metabolismo → comunicación intestino-cerebro.
Y ésta es precisamente la razón por la que esta bacteria me parece tan interesante.
¿Para qué se utiliza Clostridium butyricum?
Dependiendo de la cepa y del contexto en el que se utilice, encontramos interés especialmente en:
-
Alteraciones de la microbiota intestinal.
-
Diarrea.
-
Diarrea asociada a antibióticos.
-
Estreñimiento.
-
Síndrome de intestino irritable.
-
Salud de la mucosa intestinal.
-
Tratamientos que alteran considerablemente la microbiota.
-
Apoyo durante determinadas estrategias frente a Helicobacter pylori.
-
Colitis ulcerosa dentro de un abordaje individualizado.
-
Regulación inmunitaria.
-
Alergias.
-
Metabolismo.
-
Eje intestino-hígado.
-
Eje microbiota-intestino-cerebro.
No todos los Clostridium butyricum son iguales
Ésta es probablemente la precaución más importante de todo el artículo.
El nombre Clostridium butyricum identifica una especie bacteriana, pero dentro de ella existen diferentes cepas.
Y en probióticos, la cepa importa.
Determinadas cepas no toxigénicas han sido seleccionadas y utilizadas como probióticos, especialmente en países asiáticos.
Otras cepas de la misma especie pueden presentar características completamente diferentes.
Por eso no utilizaría cualquier producto simplemente porque en la etiqueta aparezca escrito Clostridium butyricum.
Me interesa conocer:
-
Cepa concreta.
-
Identificación del microorganismo.
-
Seguridad de esa cepa.
-
Cantidad de microorganismos viables.
-
Conservación.
-
Calidad del fabricante.
-
Combinación con otros probióticos.
-
Objetivo para el que se está utilizando.
Ésta es una regla que deberíamos aplicar a todos los probióticos, pero con C. butyricum cobra todavía más importancia.
Contraindicaciones y precauciones de Clostridium butyricum
Las cepas probióticas seleccionadas de C. butyricum tienen un historial de utilización muy diferente al de cepas no seleccionadas.
Por ello es fundamental utilizar productos probióticos correctamente identificados y destinados al consumo humano.
Debe prestarse especial atención cuando hablamos de:
-
Recién nacidos.
-
Prematuros.
-
Personas gravemente enfermas.
-
Inmunodepresión importante.
-
Personas con dispositivos intravasculares o situaciones clínicas complejas.
En estas circunstancias, la elección de cualquier microorganismo vivo como complemento debe individualizarse.
Un probiótico que merece la pena conocer
Durante mucho tiempo hemos hablado de probióticos casi exclusivamente pensando en Lactobacillus y Bifidobacterium.
Pero nuestra microbiota es muchísimo más compleja.
Clostridium butyricum resulta especialmente interesante porque nos permite comprender otra manera de mirar los probióticos.
No sólo importa qué bacteria introducimos.
Importa qué hace esa bacteria, qué metabolitos produce, con qué otros microorganismos se relaciona y qué cambios provoca en el ecosistema intestinal.
En este caso, el protagonista es el butirato.
Y a partir de él podemos seguir un camino que comienza en el colon y nos lleva hacia la barrera intestinal, el sistema inmunitario, el metabolismo, el hígado y finalmente el cerebro.
Por eso Clostridium butyricum es, para mí, uno de los probióticos más interesantes cuando queremos comprender de verdad hasta dónde puede llegar la influencia de nuestra microbiota.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo y no constituye una pauta probiótica individualizada. En los probióticos es fundamental conocer la cepa concreta y adaptar su utilización a la situación de cada persona.


Batido para reforzar nuestro cerebro: memoria, concentración y cerebro
Zumo alcalino para combatir el estrés: receta natural y beneficios
Trucos para aliviar el estreñimiento en los bebés