Bifidobacterium longum: para qué sirve y beneficios

Bifidobacterium longum es una de las bacterias que más me interesan cuando hablamos de microbiota intestinal.

Pertenece al género Bifidobacterium, uno de los grandes grupos de bacterias que asociamos con una microbiota saludable, y puede encontrarse tanto en niños como en adultos.

Además, algunas bifidobacterias tienen una importancia enorme desde el comienzo de nuestra vida. El intestino del bebé comienza a establecer su propia microbiota desde los primeros momentos y la alimentación, el entorno y especialmente la leche materna favorecen el desarrollo de determinadas bifidobacterias.

Pero Bifidobacterium longum no es interesante únicamente porque forme parte de nuestra microbiota.

Lo verdaderamente interesante es qué hace cuando está allí.

¿Qué es Bifidobacterium longum?

Bifidobacterium longum es una bacteria Gram positiva, anaerobia y perteneciente al grupo de las bifidobacterias.

Puede formar parte de la microbiota gastrointestinal humana y encontramos diferentes subespecies y, dentro de ellas, diferentes cepas.

Esto es muy importante.

Cuando hablamos de probióticos no podemos pensar que todos los productos que contienen Bifidobacterium longum hacen exactamente lo mismo.

Especie y cepa no son sinónimos.

Podemos tener dos productos que indiquen B. longum en la etiqueta y que contengan cepas diferentes, estudiadas para aplicaciones también diferentes.

Por eso, cuando elijo un probiótico, me interesa saber algo más que el nombre de la especie.

Bifidobacterium longum y microbiota intestinal

B. longum vive en un ecosistema tremendamente complejo.

En nuestro intestino conviven cientos de especies de microorganismos que:

  • Compiten entre ellas.

  • Cooperan.

  • Utilizan los metabolitos producidos por otras.

  • Transforman componentes de nuestra alimentación.

  • Interactúan con la mucosa.

  • Se comunican con nuestro sistema inmunitario.

Bifidobacterium longum participa en este ecosistema fermentando diferentes carbohidratos y produciendo metabolitos como acetato y lactato.

Estos metabolitos contribuyen a crear unas condiciones intestinales que pueden favorecer el equilibrio de la microbiota y dificultar la proliferación excesiva de determinados microorganismos.

Bifidobacterium longum y carbohidratos que nosotros no digerimos

Una de las características que hacen especialmente interesantes a nuestras bacterias intestinales es que poseen enzimas que nosotros no tenemos.

Parte de los carbohidratos que ingerimos consigue atravesar el aparato digestivo sin haber sido completamente digerida.

Y entonces llegan las bacterias.

B. longum posee una importante capacidad para utilizar diferentes carbohidratos y oligosacáridos.

Dependiendo de la cepa y de la alimentación puede participar en el aprovechamiento de compuestos procedentes de:

  • Vegetales.

  • Legumbres.

  • Cereales.

  • Fibras.

  • Diferentes oligosacáridos.

Por eso resulta imposible separar completamente alimentación y microbiota.

No sólo importa qué bacterias tenemos.

También importa qué les damos de comer.

Bifidobacterium longum y prebióticos

Aquí aparece una relación que me parece fundamental cuando hablamos de probióticos.

Los probióticos son microorganismos vivos seleccionados.

Los prebióticos son sustancias que determinados microorganismos pueden utilizar y que favorecen cambios beneficiosos en la microbiota.

Esto significa que podemos introducir una bacteria interesante, pero también podemos trabajar sobre el terreno intestinal para favorecer a las bacterias que queremos mantener.

Por eso muchas veces tiene más sentido pensar en:

probiótico + alimentación + prebióticos + ecosistema intestinal

que limitarse a comprar un bote de bacterias y esperar que ellas hagan todo el trabajo.

Bifidobacterium longum y mucosa intestinal

La microbiota mantiene una comunicación continua con la mucosa intestinal.

Esta mucosa no es simplemente una pared.

Participa activamente en:

  • Absorción de nutrientes.

  • Función de barrera.

  • Respuesta inmunitaria.

  • Producción de moco.

  • Comunicación con los microorganismos.

Diferentes cepas de B. longum se han estudiado por su relación con la integridad de la barrera intestinal y la regulación de determinadas respuestas inflamatorias.

Esto explica buena parte de su interés dentro de los problemas digestivos.

Bifidobacterium longum y sistema inmunitario

Una enorme cantidad de actividad inmunitaria tiene lugar alrededor del intestino.

Y tiene lógica.

El aparato digestivo está continuamente expuesto a alimentos, microorganismos y sustancias procedentes del exterior.

Nuestro sistema inmunitario necesita aprender continuamente:

qué tolerar, ante qué reaccionar y cuándo dejar de reaccionar.

Las bifidobacterias participan en esta comunicación entre microbiota, mucosa y sistema inmunitario.

Diferentes cepas de B. longum han mostrado capacidad para modular señales inmunitarias y favorecer una respuesta más equilibrada.

Bifidobacterium longum y diarrea asociada a antibióticos

Los antibióticos pueden modificar considerablemente la microbiota intestinal.

A veces estas modificaciones producen:

  • Diarrea.

  • Gases.

  • Distensión.

  • Cambios en el tránsito intestinal.

  • Alteraciones de determinadas poblaciones bacterianas.

Las bifidobacterias se encuentran entre los microorganismos que más se han utilizado para ayudar a recuperar el equilibrio intestinal después o durante determinados tratamientos antibióticos.

Algunas cepas de B. longum, solas o combinadas con otros probióticos, se han estudiado en este contexto.

Bifidobacterium longum y estreñimiento

También encontramos cepas de bifidobacterias estudiadas en personas con estreñimiento.

Aquí volvemos a encontrarnos con algo que ya vimos al hablar de otros probióticos.

Una bacteria no funciona necesariamente como un laxante.

Puede modificar:

  • Fermentación intestinal.

  • Producción de metabolitos.

  • Consistencia de las heces.

  • Motilidad.

  • Ecosistema intestinal.

Por eso la elección del probiótico debe depender del tipo de problema y de las características de la persona.

Bifidobacterium longum y síndrome de intestino irritable

El síndrome de intestino irritable puede acompañarse de dolor, distensión abdominal, diarrea, estreñimiento o alternancia entre ambos.

Pero además tiene una característica muy interesante: su estrecha relación con el sistema nervioso.

Intestino y cerebro se comunican constantemente.

Por eso en este síndrome podemos encontrar relaciones entre:

  • Microbiota.

  • Motilidad.

  • Hipersensibilidad visceral.

  • Estrés.

  • Alimentación.

  • Sistema nervioso.

  • Fermentación intestinal.

Determinadas cepas de Bifidobacterium longum se han estudiado precisamente dentro de este contexto.

Bifidobacterium longum, estrés y ansiedad

Ésta es probablemente una de las partes más curiosas de B. longum.

Durante años hablamos de los probióticos exclusivamente como productos para «la flora intestinal».

Hoy sabemos que la conversación es muchísimo más amplia.

Existe una comunicación bidireccional entre:

intestino ↔ microbiota ↔ cerebro.

Es lo que conocemos como eje microbiota-intestino-cerebro.

Determinadas cepas de B. longum se han estudiado por su relación con la respuesta al estrés, la percepción de determinadas molestias gastrointestinales y diferentes parámetros relacionados con ansiedad y función cerebral.

Y aquí vuelve a ser importantísima la cepa.

No podemos coger cualquier Bifidobacterium longum y atribuirle automáticamente los resultados obtenidos con una cepa concreta.

Cuando el estrés se nota en el intestino

Todos conocemos personas que cuando están nerviosas tienen diarrea.

O se estriñen.

O se les hincha el abdomen.

O sienten un nudo en el estómago.

No es imaginación.

El sistema nervioso puede modificar la motilidad intestinal, las secreciones, la sensibilidad visceral y diferentes aspectos del funcionamiento digestivo.

Y el intestino, a su vez, envía continuamente información hacia el cerebro.

Por eso me interesa especialmente estudiar la microbiota cuando las molestias digestivas aparecen claramente relacionadas con periodos de estrés.

Bifidobacterium longum y colitis ulcerosa

Las bifidobacterias también han sido estudiadas dentro de diferentes estrategias relacionadas con la colitis ulcerosa.

En estos casos nos interesa especialmente su interacción con:

  • Mucosa intestinal.

  • Barrera epitelial.

  • Microbiota.

  • Sistema inmunitario.

  • Producción de metabolitos.

Las enfermedades inflamatorias intestinales son procesos complejos y el estado de la microbiota constituye sólo una parte del terreno que debemos valorar.

Bifidobacterium longum y enfermedad de Crohn

En la enfermedad de Crohn también existe un enorme interés por la microbiota intestinal.

Encontramos alteraciones relacionadas con inmunidad, barrera intestinal, inflamación y composición microbiana.

Diferentes probióticos y combinaciones de microorganismos han sido estudiados dentro de este campo.

La elección de un probiótico en una enfermedad inflamatoria intestinal debe hacerse teniendo en cuenta la situación concreta, la localización de la enfermedad, el momento clínico y los tratamientos que utiliza la persona.

Bifidobacterium longum y alergias

La relación entre microbiota y alergias constituye otra línea muy interesante.

Las bacterias intestinales participan desde edades muy tempranas en la maduración del sistema inmunitario.

Diferentes bifidobacterias se han estudiado por su capacidad para influir sobre:

  • Respuesta inmunitaria.

  • Tolerancia.

  • Producción de determinadas citoquinas.

  • Barrera intestinal.

Por ello algunas cepas y combinaciones probióticas se investigan en relación con diferentes procesos alérgicos.

Bifidobacterium longum y colesterol

También encontramos investigaciones sobre Bifidobacterium longum y metabolismo del colesterol.

La microbiota puede intervenir en diferentes procesos relacionados con:

  • Ácidos biliares.

  • Metabolismo hepático.

  • Absorción intestinal.

  • Fermentación.

  • Producción de metabolitos.

Esto nos vuelve a mostrar algo que aparece una y otra vez cuando estudiamos microbiota:

lo que sucede en el intestino puede influir sobre procesos metabólicos que aparentemente ocurren muy lejos de él.

Bifidobacterium longum y control del peso

La microbiota también participa en el metabolismo energético.

Por eso diferentes bifidobacterias han sido estudiadas dentro del contexto de:

  • Obesidad.

  • Inflamación metabólica.

  • Metabolismo de la glucosa.

  • Regulación del peso.

  • Composición de la microbiota.

Aquí el probiótico debe entenderse como una pieza más dentro de alimentación, ejercicio, descanso, metabolismo y situación hormonal.

Bifidobacterium longum y salud ósea

Puede resultar sorprendente encontrar intestino y huesos en el mismo artículo.

Sin embargo, también existe un eje intestino-hueso.

La absorción de nutrientes, la inflamación, el sistema inmunitario y los metabolitos producidos por la microbiota pueden participar en diferentes mecanismos relacionados con el tejido óseo.

Por eso determinadas cepas probióticas están siendo estudiadas también dentro del ámbito de la salud ósea.

Bifidobacterium longum y cáncer de colon

Ésta es una de las líneas que ya aparecía en los primeros estudios sobre Bifidobacterium longum.

En diferentes modelos experimentales se ha investigado su relación con:

  • Compuestos mutagénicos.

  • Inflamación intestinal.

  • Metabolismo bacteriano.

  • Desarrollo de lesiones en el colon.

  • Crecimiento tumoral.

En estudios animales se han observado modificaciones en la incidencia, número o tamaño de tumores inducidos experimentalmente.

También se investigan los metabolitos producidos por las bifidobacterias y su interacción con las células del colon.

Esta línea resulta especialmente interesante para estudiar la relación entre:

alimentación → microbiota → metabolitos → mucosa del colon.

Bifidobacterium longum en bebés

Las bifidobacterias tienen una historia especialmente bonita porque están relacionadas con nuestros primeros meses de vida.

La leche materna no sólo alimenta al bebé.

También contiene oligosacáridos de la leche humana, conocidos como HMO, que el bebé apenas puede digerir directamente pero que sirven como alimento para determinadas bacterias intestinales.

Es decir, una parte de la leche está diseñada también para alimentar la microbiota del bebé.

Determinadas bifidobacterias están especialmente adaptadas para utilizar estos oligosacáridos.

Es uno de los mejores ejemplos que tenemos de la relación entre alimentación, microbiota y evolución humana.

¿Bifidobacterium longum está en la leche materna?

Cuando hablamos de leche materna y B. longum conviene distinguir dos cosas.

La leche materna puede contener microorganismos, pero además proporciona sustancias que favorecen enormemente el crecimiento de determinadas bifidobacterias en el intestino del bebé.

Por eso el predominio de bifidobacterias en muchos lactantes amamantados no depende simplemente de «recibir bacterias», sino de crear un ecosistema intestinal favorable para ellas.

¿Dónde encontramos Bifidobacterium longum?

Podemos encontrar bifidobacterias en determinados:

  • Yogures.

  • Leches fermentadas.

  • Alimentos fermentados.

  • Complementos probióticos.

Sin embargo, que un alimento sea fermentado no significa automáticamente que contenga Bifidobacterium longum.

Por ejemplo, el chucrut posee su propia microbiota de fermentación, pero no debemos considerarlo una fuente garantizada de B. longum.

Si queremos una cepa concreta necesitamos comprobarla en la composición del producto.

Cómo elegir un probiótico con Bifidobacterium longum

Aquí es donde merece la pena leer la etiqueta.

Yo comprobaría:

La cepa

No me basta con que ponga «Bifidobacterium».

Ni siquiera con que ponga Bifidobacterium longum.

Cuando existe investigación sobre una cepa concreta, quiero saber qué cepa contiene el producto.

Cantidad de microorganismos

Los probióticos suelen expresar su contenido en UFC o unidades formadoras de colonias.

Garantía hasta el final de la vida útil

Me interesa saber si la cantidad declarada corresponde al momento de fabricación o si el fabricante garantiza una determinada cantidad de microorganismos viables hasta la fecha de consumo preferente.

Conservación

Algunas cepas necesitan condiciones específicas de temperatura y humedad.

Otras presentan mayor estabilidad.

Combinación de cepas

Más cepas no significa necesariamente mejor probiótico.

Una combinación debe tener sentido para el objetivo que buscamos.

El problema que queremos trabajar

Ésta es probablemente la pregunta más importante.

No elegiría el mismo probiótico automáticamente para una persona con estreñimiento, después de antibióticos, con intestino irritable o con molestias digestivas relacionadas con estrés.

Contraindicaciones de Bifidobacterium longum

Las cepas de Bifidobacterium longum utilizadas como probióticos suelen presentar una buena tolerancia.

Al comenzar a utilizarlas algunas personas pueden notar temporalmente:

  • Gases.

  • Distensión abdominal.

  • Cambios en el tránsito.

  • Molestias digestivas leves.

También existen situaciones en las que debemos ser especialmente cuidadosos con el uso de microorganismos vivos.

Entre ellas:

  • Inmunodepresión grave.

  • Enfermedad crítica.

  • Determinadas situaciones hospitalarias.

  • Presencia de ciertos dispositivos intravasculares.

  • Prematuridad o situaciones especiales en bebés.

En embarazo, lactancia y niños pequeños conviene además seleccionar productos y cepas adecuados para cada situación.

No existe «el mejor probiótico» para todo el mundo

Éste es probablemente uno de los errores que más veo cuando hablamos de probióticos.

Una persona escucha que una bacteria es buenísima y busca un producto que la contenga.

Pero un probiótico debería elegirse teniendo en cuenta:

persona + problema + microbiota + cepa + alimentación + contexto.

Bifidobacterium longum es una especie extraordinariamente interesante.

Pero dentro de ella encontramos diferentes cepas y no todas tienen exactamente las mismas características.

Por eso me interesa conocer primero qué quiero trabajar y después buscar el microorganismo adecuado.

Bifidobacterium longum: mucho más que una bacteria digestiva

Si sólo describimos Bifidobacterium longum como una bacteria «buena para la digestión», nos quedamos bastante cortos.

Su capacidad para utilizar carbohidratos, producir metabolitos, interactuar con otras bacterias y comunicarse con la mucosa intestinal la convierte en una pieza muy interesante de nuestro ecosistema intestinal.

Y a partir de ahí aparecen conexiones con:

  • Sistema inmunitario.

  • Inflamación.

  • Estrés.

  • Cerebro.

  • Metabolismo.

  • Alergias.

  • Salud del colon.

Eso es precisamente lo fascinante de estudiar microbiota.

Dejamos de pensar en el intestino como un simple tubo digestivo y empezamos a verlo como lo que realmente es: un ecosistema que mantiene una conversación permanente con el resto del organismo.

Este contenido tiene carácter educativo e informativo y no constituye una pauta probiótica individualizada. En probióticos, la cepa concreta y las características de la persona son fundamentales para elegir correctamente.

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