Para que sirve el Bacillus subtilis

El Bacillus subtilis es un probiótico muy particular. A diferencia de muchos de los probióticos que conocemos, como los lactobacilos o las bifidobacterias, pertenece al grupo de las bacterias capaces de formar esporas, una característica que le permite sobrevivir en condiciones ambientales realmente difíciles.

Y para entender por qué resulta tan interesante hay que mirar un poco más allá del intestino.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad hemos vivido en estrecho contacto con la tierra. Nuestros alimentos no llegaban lavados, desinfectados y envasados, y el agua procedía de pozos, fuentes, ríos y arroyos. Junto con los alimentos consumíamos inevitablemente pequeñas cantidades de tierra y, con ella, microorganismos y minerales.

Los seres humanos modernos hemos hecho prácticamente lo contrario. Lavamos, desinfectamos, esterilizamos y procuramos eliminar de nuestra comida cualquier resto de «suciedad».

Evidentemente, esto ha supuesto enormes ventajas desde el punto de vista de la higiene y de las enfermedades infecciosas. Pero también ha modificado radicalmente nuestra exposición cotidiana a los microorganismos ambientales con los que convivimos durante miles de años.

Y entre esas bacterias del suelo encontramos precisamente al Bacillus subtilis.

Una bacteria capaz de convertirse en espora

Bacillus subtilis está ampliamente distribuido en la naturaleza. Podemos encontrarlo en el suelo, el agua y los restos vegetales en descomposición, pero también asociado a diferentes alimentos.

Cuando las condiciones ambientales dejan de ser favorables tiene una capacidad extraordinaria: forma una endospora.

Podríamos imaginarla como una especie de estado de resistencia. La bacteria queda protegida frente a condiciones que destruirían fácilmente a muchos otros microorganismos y puede soportar períodos de sequedad, falta de nutrientes, cambios de temperatura y otras situaciones ambientales adversas.

Esta característica tiene una consecuencia muy interesante cuando hablamos de probióticos.

El estómago constituye una barrera bastante hostil para las bacterias. Su elevada acidez destruye una parte de los microorganismos que ingerimos y, posteriormente, éstos todavía tienen que enfrentarse a las sales biliares.

Las esporas de determinadas cepas de Bacillus subtilis toleran muy bien este recorrido. Una vez alcanzado el intestino pueden germinar y pasar nuevamente a su forma bacteriana activa, interactuando con el ecosistema intestinal.

Ésta es una de las grandes diferencias entre los probióticos esporulados y muchos probióticos convencionales.

Bacillus subtilis y microbiota intestinal

Una vez en el intestino, Bacillus subtilis no trabaja solo. Forma parte de una comunidad extraordinariamente compleja en la que diferentes microorganismos compiten, cooperan y producen sustancias capaces de modificar el ambiente que los rodea.

Una de sus características más interesantes es precisamente su capacidad para dificultar el crecimiento de determinados microorganismos patógenos.

Puede hacerlo mediante diferentes mecanismos: compitiendo por nutrientes y espacio, produciendo sustancias antimicrobianas y modificando las condiciones del ecosistema intestinal.

Aquí aparece el concepto de exclusión competitiva.

Cuando mantenemos una microbiota abundante y diversa, los microorganismos potencialmente perjudiciales tienen muchas más dificultades para encontrar espacio y nutrientes suficientes para proliferar. No se trata solamente de «añadir bacterias buenas», sino de favorecer un ecosistema en el que las bacterias beneficiosas ocupen su sitio.

Bacillus subtilis también puede relacionarse con otras bacterias de nuestra microbiota y favorecer un entorno compatible con el crecimiento de microorganismos como los Lactobacillus.

Por esta razón puede utilizarse solo o formando parte de combinaciones con otras especies probióticas.

Digestión, nutrientes y metabolismo

Otra de las funciones interesantes de Bacillus subtilis está relacionada con la digestión.

Esta bacteria puede producir diferentes enzimas, entre ellas proteasas, amilasas y otras enzimas capaces de participar en la degradación de componentes de los alimentos.

De ahí su relación con la digestión y el aprovechamiento de nutrientes.

Cuando el ecosistema intestinal está alterado no solamente puede cambiar el tránsito. También pueden aparecer gases, hinchazón, digestiones incómodas y modificaciones en la manera en que procesamos determinados alimentos.

Por eso Bacillus subtilis se ha utilizado tradicionalmente y se continúa estudiando en situaciones como:

  • síndrome de intestino irritable,

  • malestar abdominal,

  • flatulencia,

  • hinchazón,

  • náuseas,

  • diarrea,

  • estreñimiento,

  • alteraciones digestivas acompañadas de cansancio y malestar general.

También resulta especialmente interesante después de tratamientos con antibióticos, cuando buscamos recuperar la diversidad y el equilibrio del ecosistema intestinal.

Bacillus subtilis y sistema inmunitario

El intestino y el sistema inmunitario mantienen una relación estrechísima.

Una parte muy importante de nuestra actividad inmunitaria se desarrolla precisamente en contacto con la mucosa intestinal, donde el organismo necesita realizar continuamente una tarea bastante complicada: tolerar alimentos y microorganismos beneficiosos y, al mismo tiempo, responder frente a posibles patógenos.

Bacillus subtilis interactúa con esta inmunidad de las mucosas y puede modular diferentes respuestas inmunitarias, incluida la producción de inmunoglobulinas.

Ésta es una de las razones por las que esta bacteria ha despertado interés no solamente por su efecto sobre la digestión, sino también por su interacción con las defensas intestinales.

También se ha estudiado su relación con microorganismos responsables de determinados cuadros diarreicos, entre ellos Rotavirus y Shigella, así como su posible interés dentro del equilibrio microbiano de otras mucosas.

Un probiótico con una historia peculiar

Antes de la utilización generalizada de los antibióticos, diferentes preparados bacterianos se emplearon para problemas gastrointestinales y cuadros diarreicos, incluidos los que afectaban a niños.

Los Bacillus tienen además otra particularidad: no son una invención de la moderna industria de los probióticos.

Llevamos conviviendo con bacterias esporuladas del suelo desde muchísimo antes de saber siquiera que existían las bacterias.

Nuestra relación con ellas comenzó caminando sobre la tierra, cultivando, recolectando alimentos y bebiendo agua de nuestro entorno.

Quizá por eso me parece especialmente interesante Bacillus subtilis. Nos recuerda que nuestra microbiota no puede entenderse completamente separada del ambiente en el que evolucionamos.

¿Tiene contraindicaciones el Bacillus subtilis?

Los probióticos elaborados con cepas correctamente identificadas de Bacillus subtilis suelen presentar una buena tolerancia en personas sanas.

Precisamente aquí la palabra cepa es importante.

No basta con que una etiqueta diga simplemente Bacillus subtilis. En microbiología, dos cepas pertenecientes a la misma especie pueden presentar características diferentes. Cuando elegimos un probiótico interesa conocer qué cepa contiene, su procedencia y las características con las que ha sido estudiada.

También debe comprobarse que la cepa destinada a utilización como probiótico no presente factores problemáticos de virulencia ni resistencias antibióticas adquiridas que puedan transferirse a otros microorganismos.

En personas con inmunosupresión importante, enfermedades graves o dispositivos intravasculares, la utilización de microorganismos vivos requiere una valoración individual mucho más cuidadosa.

Para el resto, una de las grandes ventajas de Bacillus subtilis es precisamente la resistencia de sus esporas. No necesita comportarse como un microorganismo frágil para llegar hasta el intestino: está biológicamente preparado para atravesar condiciones adversas y volver a activarse cuando encuentra un ambiente favorable.

Y ésa es, probablemente, una de las razones por las que esta pequeña bacteria procedente del suelo ha terminado ocupando un lugar tan interesante entre los probióticos esporulados.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. En los probióticos, las propiedades y características de seguridad deben valorarse según la cepa concreta y no únicamente por el nombre de la especie.

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