Las sales de Epsom, también conocidas como sales inglesas, son simplemente sulfato de magnesio, una combinación de magnesio, azufre y oxígeno que forma unos característicos cristales blancos.
Su nombre procede de Epsom, en Inglaterra, donde estas sales se obtenían antiguamente a partir de las aguas minerales de la zona. Posteriormente comenzaron a obtenerse también de otras fuentes minerales. Existe incluso un mineral hidratado de sulfato de magnesio denominado epsomita.
Aunque actualmente conocemos el sulfato de magnesio fundamentalmente por los famosos baños con sales de Epsom, sus aplicaciones son muchísimo más amplias. Se ha utilizado como laxante, en diferentes remedios tradicionales, en cosmética casera, para los pies cansados, como exfoliante e incluso en jardinería.
Y el propio sulfato de magnesio tiene también aplicaciones médicas muy concretas.
¿Qué tienen de especial las sales de Epsom?
El magnesio es un mineral fundamental para nuestro organismo. Participa como cofactor en cientos de reacciones enzimáticas y está relacionado con la función muscular, la transmisión nerviosa, el equilibrio de electrolitos, la producción de energía y numerosas funciones celulares.
También tiene una conocida relación con la relajación muscular y el sistema nervioso.
Ésta es una de las razones por las que los baños con sales de Epsom se han hecho tan populares para aliviar la sensación de músculos cargados, pies cansados y tensión después de un día de esfuerzo.
El sulfato aporta además sulfato, que también participa en diferentes procesos biológicos.
Ahora bien, una cosa es utilizar sulfato de magnesio sobre la piel y otra tomar magnesio como nutriente. El magnesio de los alimentos y complementos se absorbe en el aparato digestivo y ésta sigue siendo nuestra principal vía para incorporarlo al organismo.
Los baños con sales de Epsom tienen otra finalidad: aprovechar el agua templada, el contacto con las sales y el propio ritual del baño como recurso de relajación y cuidado corporal.
Baño relajante con sales de Epsom
Éste es probablemente su uso doméstico más conocido.
Llenamos la bañera con agua templada, sin que esté excesivamente caliente, y añadimos aproximadamente tres tazas de sales de Epsom, removiendo con la mano hasta que se hayan disuelto.
Podemos añadir unas gotas de algún aceite esencial relajante, siempre previamente dispersado en un vehículo adecuado para evitar que el aceite esencial concentrado quede flotando directamente sobre el agua y entre en contacto con la piel.
Podemos permanecer en el baño unos 15 minutos y después aclarar la piel con agua.
Es especialmente agradable después del ejercicio, cuando tenemos los músculos cargados o sencillamente al final de uno de esos días en los que parece que llevamos la tensión acumulada hasta en las orejas.
También podemos preparar un pediluvio utilizando un recipiente con agua templada y sales de Epsom. Es uno de los remedios tradicionales más sencillos para los pies cansados.
Otros usos de las sales de Epsom
El sulfato de magnesio tiene una historia curiosamente amplia.
Por vía oral se ha utilizado tradicionalmente como laxante salino, ya que atrae agua hacia el intestino y favorece la evacuación. Precisamente por este mecanismo un exceso puede provocar diarrea intensa, dolor abdominal y alteraciones de líquidos y electrolitos.
Las sales de Epsom aparecen también en la conocida limpieza hepática y de vesícula biliar, donde tradicionalmente se utiliza el sulfato de magnesio dentro del procedimiento.
En medicina, el sulfato de magnesio tiene aplicaciones completamente diferentes y se utiliza bajo control sanitario. Una de las más conocidas es su administración intravenosa para la prevención y tratamiento de las convulsiones asociadas a la preeclampsia y eclampsia.
También puede utilizarse por vía intravenosa en determinadas crisis asmáticas graves cuando está indicado.
Son aplicaciones médicas del sulfato de magnesio que no deben confundirse con los baños o remedios domésticos realizados con sales de Epsom.
Recetas y trucos con sales de Epsom
Una de las razones por las que merece la pena tener un paquete de estas sales en casa es que sirven para bastantes cosas.
Exfoliante para talones y codos
Mezclar un puñado de sales de Epsom con una cucharada de aceite corporal y masajear suavemente las zonas de piel más gruesa. Después aclarar.
Es especialmente útil para talones y codos, donde la piel suele acumular más células muertas.
Limpiador facial
Podemos añadir media cucharadita de sales de Epsom a nuestra crema limpiadora y utilizar la mezcla como exfoliante ocasional, masajeando con mucha suavidad y evitando el contorno de los ojos.
No lo utilizaría diariamente ni sobre piel sensible o irritada porque los cristales pueden resultar demasiado abrasivos.
Pasta para zonas musculares cargadas
Mezclar las sales con una pequeña cantidad de agua hasta obtener una pasta y aplicarla externamente sobre la zona muscular.
También podemos sustituirla sencillamente por un baño o pediluvio si queremos una aplicación más cómoda.
Para ayudarnos a sacar una astilla
Si se nos ha clavado una pequeña astilla en una mano o un pie, podemos sumergir la zona durante un rato en agua templada con sales de Epsom.
El agua reblandece la piel y puede facilitar posteriormente la extracción de la astilla.
Compresa para picores
Disolver dos cucharadas de sales de Epsom en una taza de agua, empapar un paño limpio y aplicarlo sobre la zona.
No utilizar sobre heridas abiertas o piel muy lesionada.
Crema exfoliante corporal con lavanda
Mezclar:
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2 tazas de sales de Epsom,
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¼ de taza de vaselina,
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unas gotas de aceite esencial de lavanda.
Utilizar para exfoliar zonas de piel gruesa y aclarar después.
Para el rostro prefiero fórmulas mucho más suaves porque la piel facial no necesita la misma intensidad de exfoliación que talones, rodillas o codos.
Exfoliante revitalizante de limón
Mezclar:
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½ taza de azúcar,
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½ taza de sales de Epsom,
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½ cucharadita de zumo de limón,
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3 o 4 cucharadas de ralladura de limón,
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3 cucharadas de aceite de semilla de uva, almendras dulces o aceite de oliva.
Guardar la mezcla en un frasco de vidrio bien cerrado.
Para utilizarla, humedecemos la piel, masajeamos suavemente el cuerpo y después aclaramos y secamos sin frotar.
Si vamos a exponernos al sol inmediatamente después, prefiero prescindir del limón y utilizar únicamente las sales, el azúcar y el aceite vegetal.
Para los pies cansados
Llenar una palangana con agua templada, añadir sales de Epsom y sumergir los pies.
Probablemente sea uno de los usos más sencillos y agradables que podemos darles.
Para el cabello graso
Mezclar cuatro cucharadas de sales de Epsom con ¼ de taza de champú y utilizar una pequeña cantidad sobre el cabello, aclarando después abundantemente.
Si el cuero cabelludo está irritado, presenta dermatitis o pequeñas lesiones, no utilizar esta preparación.
Y también sirven para las plantas
Las sales de Epsom llevan muchísimo tiempo utilizándose también en jardinería porque aportan magnesio y azufre, dos elementos utilizados por las plantas.
Tradicionalmente se emplean aproximadamente 250 g por cada 100 m² de césped, unas dos cucharadas alrededor de arbustos y árboles y cantidades mucho menores, alrededor de una cucharadita, en plantas pequeñas.
Pero aquí hay una pequeña trampa: más magnesio no significa necesariamente plantas mejores.
Si el suelo ya contiene suficiente, añadirlo continuamente puede desequilibrar otros minerales. Por eso tiene mucho más sentido utilizar las sales de Epsom cuando existe una necesidad real de magnesio que convertirlas en un fertilizante automático para cualquier planta.
Precauciones con las sales de Epsom
Utilizadas externamente y de manera razonable suelen ser sencillas de manejar, pero ingerir sulfato de magnesio es completamente diferente a bañarse con él.
Por vía oral puede producir diarrea, calambres intestinales, gases, náuseas y una pérdida importante de líquidos.
Un exceso de magnesio puede llegar a producir hipermagnesemia, especialmente cuando existe una función renal disminuida. Entre sus manifestaciones pueden aparecer descenso de la presión arterial, debilidad, somnolencia, náuseas, disminución de los reflejos y alteraciones del ritmo cardíaco; las intoxicaciones graves requieren atención médica.
Tampoco utilizaría repetidamente las sales de Epsom como laxante sin investigar primero por qué existe estreñimiento.
En embarazo, enfermedad renal, problemas cardíacos o cuando se toman medicamentos, el uso oral del sulfato de magnesio debe valorarse individualmente.
El magnesio también puede interferir con la absorción intestinal de determinados medicamentos cuando se toma por vía oral, por lo que conviene separar su administración cuando corresponda.
Y, por supuesto, el agua de un baño con sales de Epsom no debe beberse, algo especialmente importante cuando bañamos a niños.
Las sales de Epsom son uno de esos productos antiguos y tremendamente sencillos que han terminado sirviendo para medio cuarto de baño: baños relajantes, pediluvios, exfoliantes, compresas, pequeños trucos domésticos e incluso plantas.
Un paquete de cristales de sulfato de magnesio da bastante más juego de lo que parece.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. Los usos domésticos externos de las sales de Epsom no son equivalentes a la administración oral o intravenosa de sulfato de magnesio, que requiere sus propias precauciones.



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