
La piel necesita nutrientes igual que cualquier otro órgano de nuestro cuerpo. Aunque solemos tratar el acné exclusivamente desde fuera, mediante limpiadores, cremas o productos específicos, el estado nutricional también influye en el funcionamiento de la piel, su capacidad de reparación, la producción de sebo, la inflamación y las marcas que pueden quedar después de una lesión.
Esto no significa que el acné aparezca simplemente porque «nos falta una vitamina».
En su desarrollo intervienen numerosos factores: producción de sebo, queratinización del folículo, microbiota cutánea, inflamación, hormonas, alimentación, estrés y predisposición individual.
Precisamente por eso, cuando trabajo una piel acneica no me interesa solamente qué podemos poner encima. También merece la pena observar qué está ocurriendo desde dentro.
Vitamina A
La vitamina A es probablemente una de las vitaminas más interesantes cuando hablamos de acné.
Participa en el mantenimiento y diferenciación de las células epiteliales, la renovación de la piel y la regulación de numerosos procesos relacionados con la queratinización.
Y aquí encontramos una conexión muy interesante: los retinoides, utilizados desde hace décadas en el tratamiento dermatológico del acné, son derivados de la vitamina A.
No debemos confundir un retinoide utilizado sobre la piel o como medicamento con la vitamina A que obtenemos de los alimentos, pero su relación nos permite comprender hasta qué punto las vías metabólicas relacionadas con esta vitamina son importantes para el funcionamiento de la piel.
La vitamina A también participa en la reparación de los tejidos y en el funcionamiento normal del sistema inmunitario.
Podemos obtener vitamina A preformada de alimentos de origen animal como huevos, pescado, lácteos e hígado, mientras que muchos vegetales aportan carotenoides que nuestro organismo puede transformar en vitamina A, especialmente zanahoria, calabaza, boniato y verduras de hoja verde.
Vitamina C
La vitamina C tiene un papel diferente, pero también muy interesante.
Es antioxidante y, además, resulta necesaria para la síntesis normal de colágeno, por lo que interviene en la estructura y reparación de la piel.
Cuando existen lesiones de acné, una de las cuestiones que más preocupa posteriormente son las marcas, el enrojecimiento y la hiperpigmentación postinflamatoria.
La vitamina C se utiliza mucho en cosmética precisamente por su actividad antioxidante y su relación con la pigmentación y el colágeno. Aplicada tópicamente mediante formulaciones adecuadas puede resultar especialmente interesante para mejorar el aspecto y uniformidad de la piel una vez controladas las lesiones inflamatorias.
Desde la alimentación podemos encontrarla en cítricos, kiwi, fresas, pimientos, brócoli, coles y numerosas frutas y verduras frescas.
Vitamina E
La vitamina E es uno de los principales antioxidantes liposolubles del organismo y ayuda a proteger los lípidos de las membranas celulares frente al daño oxidativo.
En la piel participa en su sistema natural de protección antioxidante y trabaja estrechamente relacionada con otros antioxidantes, incluida la vitamina C.
También resulta interesante cuando existe inflamación y durante los procesos de reparación cutánea.
Encontramos vitamina E principalmente en aceites vegetales, germen de trigo, frutos secos, semillas, aguacate y algunas verduras de hoja verde.
¿Y el aceite esencial de árbol de té?
Aquí conviene hacer una distinción porque se suelen mezclar dos cosas diferentes.
El aceite esencial de árbol de té (Melaleuca alternifolia) no es una fuente de vitamina E.
Sin embargo, sí merece aparecer cuando hablamos de acné porque tradicionalmente se utiliza sobre pieles con imperfecciones por sus propiedades purificantes y por su actividad sobre determinados microorganismos relacionados con las lesiones acneicas.
Por eso podemos encontrarlo en geles, limpiadores y preparados destinados específicamente a piel grasa o con tendencia acneica.
Como ocurre con todos los aceites esenciales, debe utilizarse correctamente formulado y evitando aplicaciones indiscriminadas que puedan irritar la piel.
Vitaminas del grupo B y niacinamida
Dentro de las vitaminas B merece una atención especial la vitamina B3, particularmente en forma de niacinamida.
La niacinamida se ha convertido en uno de los ingredientes más interesantes en cosmética para piel grasa y con tendencia acneica.
Ayuda a mantener la función barrera de la piel, favorece su hidratación, tiene propiedades relacionadas con la regulación de la inflamación y resulta especialmente interesante cuando quedan zonas enrojecidas o hiperpigmentadas después de las lesiones.
No actúa de forma «instantánea», pero utilizada de manera constante dentro de una rutina adecuada puede ser una magnífica herramienta para este tipo de piel.
Y hay algo que me parece importante: una piel grasa también puede estar deshidratada.
Eliminar continuamente la grasa con productos agresivos no siempre mejora el acné. Podemos terminar deteriorando la barrera cutánea y provocando irritación, tirantez y una piel cada vez más reactiva.
Vitamina D
La piel y la vitamina D mantienen una relación especialmente curiosa porque es precisamente nuestra piel la que permite iniciar su síntesis cuando recibe radiación ultravioleta B.
La vitamina D participa en la regulación inmunitaria, la diferenciación celular y diferentes procesos inflamatorios.
Por eso se ha estudiado también su relación con el acné y otras alteraciones inflamatorias de la piel.
No significa que toda persona con acné necesite suplementarse con vitamina D, pero sí es uno de los nutrientes que puede resultar interesante valorar dentro del contexto general de la persona.
Vitamina K
La vitamina K no tiene el mismo protagonismo que la A, la C o algunas vitaminas B en el acné activo.
Sin embargo, participa en procesos relacionados con la coagulación y los tejidos y aparece con frecuencia en productos cosméticos destinados a mejorar el aspecto de rojeces, hematomas y determinadas alteraciones vasculares superficiales.
Por eso su interés estaría más relacionado con el estado general y recuperación de la piel que con controlar directamente la producción de sebo o la formación de comedones.
Zinc: uno de los minerales más interesantes para el acné
Si tuviera que destacar un mineral dentro de este artículo sería el zinc.
Participa en la función inmunitaria, reparación de tejidos, síntesis de proteínas, actividad de numerosas enzimas y regulación de procesos inflamatorios.
Además, mantiene una relación muy interesante con la glándula sebácea y la piel acneica.
Por eso lleva muchos años utilizándose y estudiándose en personas con acné, tanto desde el punto de vista nutricional como en diferentes preparados tópicos.
Podemos encontrar zinc en mariscos, carnes, pescados, huevos, legumbres, semillas y frutos secos.
En dietas fundamentalmente vegetales hay que tener además en cuenta que los fitatos presentes en determinados alimentos pueden disminuir parcialmente su absorción.
Calcio y salud de la piel
El calcio también participa en la fisiología cutánea.
Las células de las distintas capas de la epidermis utilizan gradientes de calcio como parte de los mecanismos que regulan su diferenciación, renovación y formación de la barrera cutánea.
Por eso es un mineral necesario para mantener una piel normal.
Sin embargo, no lo colocaría al mismo nivel que el zinc cuando buscamos específicamente nutrientes relacionados con el acné.
Su importancia es más general: forma parte del funcionamiento normal de la epidermis y de numerosos procesos celulares.
Encontramos calcio en lácteos, sardinas y otros pescados pequeños consumidos con espina, legumbres, almendras, semillas y determinadas verduras de hoja verde.
La piel también se trabaja desde dentro
Cuando aparece acné, especialmente si es persistente o reaparece una y otra vez, limitarse a secar los granitos suele quedarse corto.
Además del cuidado externo, me interesa valorar alimentación, estado digestivo, inflamación, estrés, hormonas, ciclo menstrual cuando corresponda, producción de sebo y posibles desequilibrios nutricionales.
Vitaminas A, C, E, D y algunas vitaminas del grupo B, junto con minerales como el zinc, participan de diferentes maneras en la salud de la piel.
Pero no se trata de tomar todas ellas porque tengamos acné.
Se trata de entender qué necesita esa piel y por qué se está comportando así.
Y ésa es la diferencia entre acumular suplementos y trabajar realmente desde dentro.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. El acné persistente, intenso, doloroso o que deja cicatrices merece una valoración individual para identificar los factores implicados.


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