
Cada vez son más las personas que utilizan suplementos naturales, plantas medicinales y complementos alimenticios para cuidar su salud. Las razones son muchas: un mayor interés por el bienestar, la alimentación y la prevención, la búsqueda de opciones más naturales y, también, cierto alejamiento o desconfianza hacia el uso indiscriminado de medicamentos.
Pero que algo sea natural, popular o lleve años utilizándose no significa que podamos tomarlo de cualquier manera.
Las plantas medicinales funcionan precisamente porque contienen sustancias químicamente activas. Algunas de esas sustancias han servido incluso como punto de partida para desarrollar medicamentos. Por tanto, si una planta tiene capacidad para producir un efecto en nuestro organismo, también puede tener contraindicaciones, interacciones o efectos indeseados.
Después de muchos años trabajando con fitoterapia y complementos, éstos son cinco de los mitos que considero más importante aclarar.
1. Los suplementos naturales son siempre seguros
Éste probablemente sea el error más frecuente.
Si pensamos en una cápsula de cúrcuma, ajo o jengibre podemos tener la impresión de que simplemente estamos concentrando algo que también encontramos en nuestra cocina. Pero incluso estas plantas pueden presentar interacciones importantes, especialmente cuando una persona toma determinados medicamentos o tiene alguna patología previa.
Y no todas las plantas medicinales son cúrcuma o jengibre.
El mundo vegetal contiene alcaloides, glucósidos, aceites esenciales, cumarinas y multitud de sustancias con una enorme actividad biológica. Algunas son medicinales a determinadas concentraciones y pueden resultar tóxicas en otras condiciones.
La amapola es un ejemplo evidente de hasta dónde puede llegar la actividad farmacológica de una planta. También podemos pensar en los cannabinoides del cannabis o en la enorme cantidad de alcaloides presentes en diferentes especies medicinales.
Además, no todas las partes de una planta contienen los mismos principios activos.
En fitoterapia importa muchísimo si estamos utilizando la raíz, las hojas, las flores, la corteza, los frutos o las semillas. Incluso la forma de preparación y extracción puede cambiar considerablemente lo que obtenemos de ella.
Un ejemplo muy sencillo es el diente de león. Su raíz se ha utilizado tradicionalmente sobre todo dentro del ámbito digestivo y hepático, mientras que sus hojas tienen una utilización mucho más relacionada con la diuresis y el aparato urinario.
Por eso «es natural» nunca debería ser el único criterio para decidir si algo nos conviene.
Hay que saber qué planta es, qué parte estamos utilizando, qué preparación contiene el producto, para qué queremos utilizarla y con qué puede interaccionar.
2. Los suplementos naturales no tienen efectos secundarios
Natural e inocuo no son sinónimos.
Hay plantas que pueden ser magníficas cuando se utilizan correctamente y convertirse en un problema cuando se toman durante demasiado tiempo, en cantidades inadecuadas o sin tener en cuenta a la persona que las utiliza.
Un ejemplo clásico son los laxantes estimulantes, como los preparados que contienen senósidos. Pueden resultar útiles en determinadas circunstancias, pero utilizarlos continuamente como solución habitual al estreñimiento puede terminar provocando problemas y perpetuando la dependencia del laxante en lugar de averiguar por qué el intestino no funciona correctamente.
Otro buen ejemplo es la ruda.
Es una planta con una larguísima tradición medicinal y ginecológica, pero precisamente por la actividad de sus principios activos no es una planta para utilizar alegremente. En cantidades inadecuadas puede producir toxicidad importante, incluida afectación hepática y neurológica, y presenta además contraindicaciones muy claras.
Y existen situaciones todavía más curiosas.
Comer alimentos que contienen semillas de amapola puede llegar a provocar un resultado positivo para opiáceos en determinadas pruebas de orina. No significa que quien haya comido un bollo con semillas de amapola haya consumido opio: significa que incluso un alimento aparentemente inocente puede contener trazas de sustancias capaces de aparecer en una prueba analítica.
Recuerdo también haber escuchado en un herbolario cómo aconsejaban a una madre preparar una cocción de semillas de lino para administrársela a un bebé con estreñimiento.
Independientemente de las propiedades del lino, un bebé no es un adulto pequeño y no deberíamos improvisar preparados medicinales para un lactante simplemente porque procedan de una semilla o de una planta.
Ésta es una de las cosas que más me preocupan de la recomendación indiscriminada de productos naturales: a veces parece que, como no llevan receta, tampoco hace falta conocimiento para utilizarlos.
Y no es así.
3. Los suplementos naturales pueden sustituir a los alimentos
La propia palabra debería darnos la pista: suplemento.
Un complemento alimenticio puede aportarnos una sustancia concreta, concentrar determinados principios activos o ayudarnos en una situación específica, pero no puede reproducir toda la complejidad de una alimentación adecuada.
Podemos utilizar, por ejemplo, un extracto de arándano por una finalidad determinada, pero eso no convierte una cápsula en sustituto de una alimentación que incluya frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado u otras fuentes de nutrientes.
Los alimentos no contienen una única sustancia.
Contienen proteínas, grasas, hidratos de carbono, minerales, vitaminas, fibra, polifenoles y cientos de compuestos que interactúan entre sí. Y además alimentan nuestra microbiota.
Por eso, salvo situaciones concretas en las que exista una necesidad específica, la suplementación debería construirse sobre una alimentación adecuada y no utilizarse para compensar permanentemente una mala dieta.
Podemos tener un armario lleno de suplementos maravillosos y seguir alimentándonos fatal.
Una cosa no arregla automáticamente la otra.
4. Todos los suplementos naturales son iguales
Éste es uno de mis mitos favoritos porque llevo muchos años viendo las enormes diferencias que pueden existir entre productos que aparentemente contienen exactamente lo mismo.
Me gusta compararlo con el vino.
Dos botellas pueden proceder de la misma variedad de uva y, sin embargo, el terreno, el clima, la cosecha, la maduración y el trabajo del enólogo producen vinos completamente diferentes.
Con las plantas ocurre algo parecido.
La especie y variedad vegetal, el lugar donde ha crecido, el momento de recolección, la parte utilizada, las condiciones de cultivo, el secado, la conservación y el sistema de extracción pueden modificar considerablemente su composición.
Después entra en juego el laboratorio.
No es lo mismo utilizar simplemente planta pulverizada que un extracto, ni todos los extractos presentan la misma concentración. En algunos productos se realiza una estandarización de determinados principios activos para conseguir una composición más constante entre lotes.
Y esto explica por qué mirar solamente los miligramos de la parte frontal de una caja puede resultar tremendamente engañoso.
Dos suplementos que aparentemente contienen «la misma planta» pueden ser productos bastante diferentes.
Por eso, cuando elijo un complemento, no miro únicamente qué contiene, sino también en qué forma está, qué parte de la planta se ha utilizado, cómo está estandarizado y quién lo fabrica.
5. Los suplementos naturales y los medicamentos convencionales se excluyen mutuamente
Éste es posiblemente el mito que más daño hace porque obliga a elegir dos bandos que no tendrían por qué existir.
Utilizar fitoterapia o suplementación no significa estar en contra de los medicamentos.
Y utilizar un medicamento cuando hace falta tampoco invalida todo lo que podamos hacer mediante alimentación, plantas medicinales, nutrientes o cambios en el estilo de vida.
En muchas situaciones pueden complementarse perfectamente.
La cuestión está en saber qué necesita esa persona, qué prioridad existe en ese momento y, sobre todo, comprobar las posibles interacciones entre plantas, complementos y medicamentos.
Hay situaciones agudas o graves en las que la prioridad evidente es resolver el problema con rapidez y recibir la atención sanitaria necesaria. Y existen problemas crónicos en los que además puede resultar especialmente interesante trabajar sobre alimentación, descanso, microbiota, déficits nutricionales, ejercicio, estrés o utilizar determinados recursos naturales.
No se trata de sustituir una medicina por otra ni de librar una guerra entre «químico» y «natural».
Se trata de utilizar el sentido común.
Después de más de veinte años trabajando con plantas medicinales y complementos, sigo considerando que la fitoterapia es una herramienta extraordinaria. Precisamente por eso creo que merece utilizarse con conocimiento.
Una planta medicinal no deja de ser potente porque podamos comprarla sin receta.
Y un suplemento no es bueno simplemente porque sea natural.
Lo importante siempre será saber qué estamos utilizando, para quién, para qué y en qué contexto.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La elección de plantas y complementos debe adaptarse a cada persona, especialmente cuando existen enfermedades previas o se utiliza medicación.


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