Los mejores aceites naturales para cuidar la piel

Los aceites vegetales naturales se han utilizado durante siglos para cuidar la piel y el cabello. Mucho antes de que existieran sérums, cremas y acondicionadores con interminables listas de ingredientes, ya se utilizaban aceites obtenidos de semillas, frutos y nueces para proteger la piel, suavizarla y mantener el cabello flexible y brillante.

Durante un tiempo quedaron bastante eclipsados por la cosmética moderna, pero han regresado con fuerza. Y no me extraña.

Un buen aceite vegetal puede ser un cosmético extraordinariamente sencillo: pocos ingredientes, multitud de aplicaciones y una composición rica en ácidos grasos, tocoferoles, fitoesteroles, carotenoides, polifenoles y otros compuestos, aunque el perfil cambia enormemente de un aceite a otro.

Ésa es precisamente la cuestión. No existe «el mejor aceite para la piel». Existe el aceite que mejor encaja con esa piel y con lo que queremos conseguir.

Muchos actúan fundamentalmente como emolientes, suavizando la piel y reduciendo la pérdida de agua. Otros destacan por su contenido en ácido linoleico, oleico u otros ácidos grasos; algunos presentan una fracción insaponificable particularmente interesante y otros son ligeros y se absorben rápidamente.

Por eso merece la pena conocerlos uno por uno.

Los mejores aceites naturales para la piel

Aceite de coco

El aceite de coco se obtiene de la pulpa del coco y presenta una composición muy diferente a la mayoría de los aceites vegetales debido a su elevada proporción de ácidos grasos saturados, especialmente ácido láurico.

Es un magnífico emoliente y oclusivo, por lo que ayuda a reducir la pérdida de agua y deja la piel suave y protegida. También presenta interesantes propiedades antimicrobianas relacionadas con su composición en ácidos grasos.

Me gusta especialmente para el cuerpo, labios, zonas muy secas y cabello. Puede utilizarse también como aceite previo al lavado o para proteger las puntas.

En el rostro hay que conocer nuestra piel. En personas con tendencia a comedones o acné puede resultar demasiado oclusivo, por lo que existen alternativas mucho más apropiadas.

Para uso cosmético prefiero un aceite de coco virgen y sin refinar cuando queremos conservar su composición y aroma naturales.

Aceite de tamanu

El aceite de tamanu se obtiene de las semillas de Calophyllum inophyllum, árbol tropical utilizado tradicionalmente en diferentes islas del Pacífico y regiones asiáticas.

Es uno de esos aceites que merece un artículo entero.

Su composición incluye ácidos grasos y una fracción de compuestos propios del tamanu que ha despertado especial interés por sus propiedades antioxidantes, antiinflamatorias, antimicrobianas y reparadoras.

Tradicionalmente se ha utilizado para piel dañada, marcas, pequeñas cicatrices, estrías, imperfecciones y diferentes problemas cutáneos. Tiene además un olor y una textura muy característicos, por lo que no es precisamente un aceite cosmético neutro.

Aceite de oliva

Tenemos uno de los grandes aceites cosméticos delante de nosotros todos los días y a veces ni siquiera pensamos en él como tal.

El aceite de oliva virgen contiene principalmente ácido oleico, además de escualeno, tocoferoles y numerosos compuestos minoritarios, especialmente cuando hablamos de aceite virgen extra.

Es un aceite denso y nutritivo que puede resultar estupendo para el cuerpo, manos, pies y zonas secas, además de utilizarse tradicionalmente en jabones y preparados cosméticos.

No necesariamente es mi primera elección para todos los rostros. Una piel muy seca puede disfrutar muchísimo con él, mientras que una piel sensible, acneica o con una barrera alterada puede encontrarse más cómoda con aceites ricos en ácido linoleico y de textura más ligera.

Aceite de sésamo

El aceite de sésamo tiene una larguísima tradición cosmética, y ocupa además un lugar importantísimo dentro del Ayurveda, donde el masaje con aceite forma parte del cuidado corporal tradicional.

Es rico en ácidos grasos oleico y linoleico y contiene vitamina E, fitoesteroles y lignanos característicos del sésamo como sesamina y sesamolina.

Es estupendo para masajes, piel corporal, labios, manos, uñas y cutículas, y combina muy bien con aceites esenciales cuando queremos preparar un aceite de masaje.

Su textura es más nutritiva que la de otros aceites ligeros, algo que puede ser precisamente lo que buscamos en pieles secas.

Aceite de semillas de girasol

Barato, sencillo y tremendamente interesante.

El aceite de girasol, especialmente las variedades ricas en ácido linoleico, puede ayudar a mantener la función de la barrera cutánea y reducir la pérdida de agua.

Por eso me parece especialmente interesante para piel seca y sensible.

Su composición incluye además tocoferoles y otros componentes liposolubles. Se ha estudiado incluso en el cuidado de la piel infantil y por su relación con la integridad de la barrera cutánea.

Es un buen ejemplo de que un aceite no necesita ser exótico ni costar una fortuna para resultar cosméticamente interesante.

Manteca de karité

Técnicamente no es un aceite líquido, pero sería absurdo hablar de grasas vegetales para la piel y dejar fuera la manteca de karité.

Se obtiene de las nueces de Vitellaria paradoxa, árbol originario de África, y permanece sólida o semisólida a temperatura ambiente, fundiéndose fácilmente con el calor de las manos.

Su riqueza en ácidos grasos y, especialmente, su interesante fracción insaponificable hacen de ella uno de mis productos favoritos para pieles secas, labios, manos, talones, codos y zonas que necesitan una protección intensa.

También funciona estupendamente en el cabello y forma parte de infinidad de bálsamos y mantecas corporales.

Aceite de jojoba

La jojoba merece una explicación especial porque, aunque todo el mundo la llama aceite, químicamente es diferente.

En realidad es una cera líquida formada principalmente por ésteres de cadena larga.

Se obtiene de las semillas de Simmondsia chinensis, arbusto adaptado a regiones áridas de México y el sudoeste de Estados Unidos, y tradicionalmente utilizado por pueblos indígenas de estas regiones para el cuidado de la piel y el cabello.

Su estructura presenta semejanzas interesantes con algunos componentes lipídicos de nuestra superficie cutánea. Es muy estable frente a la oxidación, se extiende estupendamente y deja una sensación mucho menos pesada que otros aceites.

Por eso es una de mis elecciones favoritas para piel mixta o grasa, aunque también funciona perfectamente en piel seca y sensible.

Actúa como emoliente, ayuda a mantener la flexibilidad de la piel y puede utilizarse sola o como vehículo para otros ingredientes cosméticos.

En el cabello resulta estupenda para el cuero cabelludo y las puntas, y también podemos utilizarla para uñas y cutículas.

Aceite de almendras

El aceite de almendras dulces es otro clásico que no necesita demasiada presentación.

Predominan en él los ácidos grasos oleico y linoleico y contiene tocoferoles y otros componentes liposolubles.

Es suave, emoliente y muy agradable para masajes, piel corporal, zonas secas y preparados cosméticos. También es una magnífica base cuando queremos diluir determinados aceites esenciales para aplicación corporal.

Su textura permite extenderlo fácilmente sobre grandes superficies, algo que explica que continúe siendo uno de los aceites de masaje más utilizados.

Aceite de semilla de uva

El aceite de semilla de uva tiene una textura considerablemente más ligera que oliva, coco o almendras.

Destaca por su elevada proporción de ácido linoleico y su contenido en vitamina E y otros compuestos antioxidantes, aunque su composición depende mucho del sistema de extracción y refinado.

Se absorbe con facilidad y no deja una sensación excesivamente grasa, por lo que resulta especialmente agradable en pieles mixtas y en personas a las que no les gusta sentir aceite sobre la cara.

También puede incorporarse a mezclas con aceites más densos para conseguir una textura mucho más ligera.

Aceite de rosa mosqueta

El aceite de rosa mosqueta se obtiene de las semillas de diferentes especies de rosales silvestres y se ha convertido, con razón, en uno de los grandes aceites del cuidado facial.

Es rico en ácidos grasos esenciales, especialmente linoleico y alfa-linolénico, y contiene tocoferoles, carotenoides y otros compuestos antioxidantes.

Su utilización tradicional y cosmética está especialmente relacionada con piel seca, cicatrices, marcas, alteraciones de la pigmentación, fotoenvejecimiento y pérdida de elasticidad.

Es uno de los llamados aceites «secos»: se extiende y absorbe con facilidad y no deja la sensación pesada de otros aceites vegetales.

Precisamente por su composición en ácidos grasos poliinsaturados es también más susceptible a oxidarse, por lo que conviene conservarlo correctamente, protegido de luz y calor.

Aceite de argán

Procedente de Argania spinosa, árbol característico de Marruecos, el aceite de argán se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la cosmética natural.

Contiene principalmente ácidos oleico y linoleico, además de tocoferoles y una interesante fracción insaponificable.

Es nutritivo pero relativamente ligero y resulta apropiado para piel, cabello y uñas.

En la piel actúa como emoliente, ayuda a mantener la barrera cutánea y resulta especialmente agradable cuando buscamos elasticidad y suavidad sin utilizar un aceite excesivamente pesado.

En el cabello funciona muy bien en pequeñas cantidades sobre las puntas secas. Y digo pequeñas porque éste es otro producto con el que resulta muy fácil pasar de «cabello precioso» a «parece que llevo tres días sin lavármelo».

Aceite de marula

El aceite de marula se obtiene de las semillas del fruto de Sclerocarya birrea, árbol africano utilizado tradicionalmente tanto como alimento como para diferentes preparados.

Es rico principalmente en ácido oleico y contiene tocoferoles y otros compuestos antioxidantes.

Tiene una textura sedosa, buena estabilidad y resulta especialmente agradable en pieles secas y maduras. Puede utilizarse en cara, cuerpo, cabello y uñas.

Una de sus ventajas cosméticas es precisamente el tacto: proporciona nutrición sin resultar tan pesado como cabría esperar de un aceite rico en ácido oleico.

No todos los aceites sirven para todas las pieles

Ésta es probablemente la idea más importante de todo el artículo.

Que un producto sea natural no significa que tengamos que embadurnarnos la cara con él.

Una piel seca o madura suele agradecer aceites más nutritivos como argán, marula, almendras, oliva o manteca de karité.

En una piel mixta o grasa podemos preferir jojoba, semilla de uva u otros aceites de textura ligera.

Para una piel sensible o con la barrera alterada, la composición en ácidos grasos resulta especialmente importante y los aceites ricos en linoleico pueden resultar muy interesantes.

Y si existe tendencia acneica, hay que observar cómo responde nuestra propia piel. La capacidad comedogénica no puede reducirse a una tabla universal porque influyen el aceite, su calidad, la formulación, la cantidad utilizada y la propia persona.

Cómo utilizar correctamente los aceites vegetales

No necesitamos utilizar grandes cantidades.

Sobre la cara suelen bastar unas gotas aplicadas sobre la piel ligeramente húmeda. Podemos utilizarlas solas o incorporarlas a nuestra crema habitual.

En el cuerpo podemos aplicarlos después de la ducha, cuando todavía queda algo de humedad sobre la piel. Así se extienden mejor y ayudan a reducir la pérdida de agua.

También podemos utilizarlos como base de preparados de masaje, para uñas y cutículas, como tratamiento previo al lavado del cabello o en pequeñas cantidades sobre las puntas.

Los aceites vegetales no sustituyen al protector solar. Y tampoco es cierto que, por ser aceites, intensifiquen automáticamente la radiación del sol.

No debemos confundirlos con determinados aceites esenciales fototóxicos, especialmente algunos obtenidos de cítricos, que sí requieren precauciones específicas antes de la exposición solar.

Siempre que sea posible, escogeremos aceites de buena calidad, correctamente identificados y bien conservados. En muchos casos me gustan los aceites vírgenes, sin refinar y obtenidos mediante procedimientos mecánicos, porque conservan una mayor proporción de sus componentes naturales.

Pero tampoco convertiría «primera presión en frío» en una religión: existen aceites y usos cosméticos en los que el refinado puede mejorar estabilidad, olor, tolerancia o conservación.

Y un último detalle: los aceites también envejecen.

Calor, luz y oxígeno favorecen su oxidación, especialmente cuando son ricos en ácidos grasos poliinsaturados. Un aceite que huele a rancio no se arregla poniéndole unas gotas de aceite esencial encima.

Se tira.

Bien elegidos y utilizados, los aceites vegetales son una de las herramientas más sencillas y versátiles de la cosmética natural. No necesitamos veinte frascos: necesitamos conocer nuestra piel y escoger bien unos pocos.

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