
Los aceites esenciales se han puesto enormemente de moda. Los encontramos en cosmética, difusores, masajes, productos de limpieza y cada vez con más frecuencia en internet acompañados de recomendaciones para tomarlos por vía oral.
Y aquí es donde empiezan mis problemas.
Porque una cosa es utilizar unas gotas de aceite esencial correctamente diluidas sobre la piel o disfrutar de su aroma en un difusor y otra muy diferente es empezar a echar gotas de orégano, canela, limón o árbol del té en un vaso de agua porque alguien ha dicho en internet que «como es natural, no pasa nada».
Sí puede pasar.
Y precisamente porque utilizo y recomiendo productos naturales desde hace muchos años, creo que también tenemos la obligación de explicar cuándo un producto natural deja de utilizarse con sentido.
Una de las preguntas que me hacéis continuamente es si los aceites esenciales pueden ingerirse, si pueden ser tóxicos y si su utilización indiscriminada podría incluso estar afectando al aparato digestivo y a nuestra microbiota.
Vamos a poner un poco de orden.
¿Qué son realmente los aceites esenciales?
Un aceite esencial no es simplemente «el aceite de una planta».
Es una mezcla muy concentrada de compuestos volátiles aromáticos producidos por determinadas plantas.
Dependiendo de la especie podemos encontrar monoterpenos, sesquiterpenos, alcoholes, aldehídos, cetonas, fenoles, ésteres, óxidos y otras familias químicas.
Y esto es importante porque las propiedades y también la seguridad de un aceite esencial dependen precisamente de qué moléculas contiene y en qué proporción.
No tiene el mismo perfil un aceite esencial de lavanda que uno de canela, orégano, menta o eucalipto.
Tampoco contienen proteínas, fibra, vitaminas o minerales como la planta completa.
Cuando destilamos una planta estamos seleccionando fundamentalmente su fracción volátil.
Por eso tampoco podemos trasladar automáticamente las propiedades de una infusión, un extracto o una planta entera a su aceite esencial.
Es una preparación diferente.
Una concentración que a veces olvidamos
Éste es probablemente el concepto más importante de todo el artículo.
Los aceites esenciales están extraordinariamente concentrados.
Para conseguir una pequeña cantidad pueden necesitarse cantidades muchísimo mayores de material vegetal.
Por eso hablar de «una gotita» puede engañarnos.
Una gota parece insignificante visualmente, pero químicamente contiene una concentración importante de sustancias aromáticas.
Que procedan de una planta no cambia este hecho.
Y aquí aparece uno de los errores que más encuentro actualmente: pensar que si un aceite esencial es puro podemos utilizarlo de cualquier manera.
No.
Pureza no significa inocuidad.
Una sustancia puede ser perfectamente pura y resultar irritante o tóxica si utilizamos una cantidad o una vía inadecuadas.
El famoso «grado terapéutico»
También quiero aclarar algo que lleva años generando bastante confusión.
Encontramos continuamente aceites esenciales anunciados como de «grado terapéutico», expresión que puede dar la impresión de que existe una certificación oficial e independiente que ha clasificado ese aceite como apto para determinados tratamientos.
No existe un sistema internacional único y oficial llamado «grado terapéutico» que garantice por sí mismo la calidad o la seguridad clínica de un aceite esencial.
Las empresas pueden establecer sus propios estándares y controles de calidad, algunos muy buenos, pero la expresión comercial no sustituye la información que realmente deberíamos buscar.
Me interesa conocer:
-
Nombre botánico completo.
-
Parte de la planta utilizada.
-
Método de obtención.
-
Quimiotipo cuando corresponda.
-
Procedencia.
-
Lote.
-
Condiciones de conservación.
-
Composición y controles analíticos.
-
Posibles adulteraciones.
-
Indicaciones de utilización y seguridad.
Eso me dice muchísimo más sobre un aceite que una expresión bonita en la etiqueta.
¿Se pueden ingerir los aceites esenciales?
Ésta es la gran pregunta.
La Alliance of International Aromatherapists (AIA) ha mantenido una posición muy prudente respecto al uso interno y no recomienda el uso terapéutico oral, vaginal o rectal de aceites esenciales sin la supervisión de profesionales adecuadamente formados para esas vías de administración.
Y me parece una precaución bastante sensata.
No porque absolutamente ningún aceite esencial pueda utilizarse nunca internamente.
De hecho, determinados componentes aromáticos y algunos aceites esenciales tienen usos alimentarios y existen preparados específicamente formulados para administración interna.
El problema es transformar eso en:
«Este aceite es puro, así que puedo beberlo».
No funciona así.
La seguridad depende del aceite concreto, composición, cantidad, concentración, formulación, vía de administración, duración del uso, edad, enfermedades, embarazo, medicación y muchas otras circunstancias.
Por eso no existe una cantidad universal de gotas que podamos considerar segura para todos los aceites esenciales.
Aceite esencial y agua: un problema muy frecuente
Uno de los consejos que más me preocupa es éste:
«Pon dos gotas en un vaso de agua y bébetelo».
Los aceites esenciales no se disuelven en agua.
Que veamos desaparecer una gota al remover no significa que químicamente se haya convertido en una solución homogénea.
Podemos terminar poniendo aceite esencial concentrado directamente en contacto con las mucosas de la boca, esófago y aparato digestivo.
Y algunos aceites contienen sustancias especialmente irritantes.
Canela, clavo, orégano y tomillo, dependiendo de su composición, son buenos ejemplos de aceites con los que no deberíamos jugar alegremente.
Dolor, quemazón, irritación, náuseas o reflujo después de ingerir un aceite esencial no significan que el organismo se esté limpiando.
Significan que algo no está sentando bien y puede estar irritando los tejidos.
¿Pueden afectar al intestino y a la microbiota?
Ésta es una cuestión que me parece especialmente interesante.
Numerosos aceites esenciales y componentes aislados presentan actividad antimicrobiana en estudios experimentales.
Precisamente por ello se investigan frente a diferentes microorganismos.
Pero nuestro intestino contiene una enorme comunidad de bacterias, arqueas, hongos, virus y otros microorganismos que mantienen relaciones muy complejas entre ellos y con nosotros.
Por eso me parece poco coherente utilizar repetidamente por vía oral sustancias concentradas con actividad antimicrobiana como si no pudieran interactuar con ese ecosistema.
Actualmente se investiga cómo diferentes aceites esenciales y sus componentes pueden modificar comunidades microbianas.
Lo que todavía no podemos hacer es afirmar que el consumo de aceites esenciales sea el responsable general de los problemas intestinales actuales.
Hay demasiados factores implicados.
Pero tampoco compraría la idea contraria: que podemos ingerir sustancias antimicrobianas concentradas indefinidamente y asumir que nuestra microbiota no se va a enterar.
Precisamente por eso la utilización interna necesita bastante más criterio que «a mí me funciona».
El aceite de orégano es un buen ejemplo
El orégano contiene componentes como carvacrol y timol, dependiendo de la especie y quimiotipo, que presentan una marcada actividad antimicrobiana experimental.
Y precisamente porque tiene esa actividad me parece contradictorio recomendar su consumo continuado «para prevenir».
Si estamos utilizando una sustancia por su capacidad para actuar sobre microorganismos, debemos preguntarnos qué microorganismos, durante cuánto tiempo, con qué preparación y para qué objetivo.
No utilizamos antibióticos continuamente por si acaso.
Con las sustancias naturales de marcada actividad antimicrobiana tampoco me parece razonable actuar sin criterio.
Inhalación: la aromaterapia propiamente dicha
La inhalación es una de las formas más conocidas de utilizar aceites esenciales.
Podemos emplear un difusor, realizar una inhalación ambiental o percibir durante un tiempo breve el aroma desde un soporte adecuado.
Las moléculas volátiles alcanzan nuestro sistema olfativo y algunas pueden entrar en contacto con las mucosas respiratorias.
El olfato mantiene además conexiones estrechas con regiones cerebrales relacionadas con memoria, emociones y respuestas autonómicas.
Esto explica gran parte del interés de los aceites esenciales en relajación, concentración, sensación de bienestar y creación de determinados ambientes.
Pero incluso inhalar necesita sentido común.
Más aceite en un difusor no significa más beneficio.
Una habitación completamente saturada de aroma puede producir dolor de cabeza, náuseas, irritación respiratoria o malestar.
También debemos tener especial cuidado alrededor de bebés, niños pequeños, personas con asma o hiperreactividad respiratoria y animales domésticos.
¿Es seguro inhalarlos directamente del frasco?
Una inhalación breve y ocasional no es lo mismo que permanecer durante horas respirando una concentración elevada.
No recomiendo pegar continuamente la nariz al frasco ni realizar inhalaciones intensas durante periodos prolongados.
Los aceites esenciales son volátiles precisamente porque sus moléculas pasan fácilmente al aire.
No necesitamos inundarnos de ellas para percibir su aroma.
Uso tópico de los aceites esenciales
Otra de las formas más habituales de utilización es la piel.
Los aceites esenciales pueden incorporarse a aceites de masaje, cremas, ungüentos y otros preparados cosméticos.
Pero nuevamente aparece la concentración.
Aunque existen aceites y circunstancias concretas en las que tradicionalmente se ha utilizado alguna aplicación puntual sin diluir, la norma más prudente para el uso doméstico es diluirlos.
Podemos utilizar como vehículo aceites vegetales como jojoba, almendras, oliva, coco fraccionado, aguacate u otros dependiendo del preparado.
La dilución permite distribuir una cantidad muy pequeña de aceite esencial sobre una superficie mayor y reduce considerablemente el riesgo de irritación.
No todos los aceites irritan igual
Esto también es fundamental.
No podemos establecer una única norma de seguridad para todos.
Algunos aceites esenciales presentan mayor riesgo de irritación o sensibilización cutánea.
Otros contienen componentes que requieren límites específicos de concentración.
Y algunos aceites esenciales de cítricos obtenidos por expresión pueden contener sustancias fototóxicas, capaces de provocar reacciones importantes cuando la piel tratada se expone posteriormente a radiación ultravioleta.
Por eso tampoco sirve aprender que «los aceites esenciales se diluyen» y terminar ahí.
Necesitamos saber qué aceite estamos utilizando.
Natural también puede producir alergia
Una persona puede utilizar durante meses o años un aceite esencial y terminar desarrollando una sensibilización.
También pueden producirse dermatitis de contacto y otras reacciones.
Por eso no debemos interpretar el enrojecimiento, picor o descamación como una señal de que el aceite «está sacando toxinas».
Si nuestra piel protesta, la escuchamos.
No la castigamos con otra dosis.
Los aceites esenciales se oxidan
Ésta es otra razón para conservarlos correctamente.
La exposición continuada a oxígeno, luz y calor puede modificar algunos de sus componentes.
Un aceite oxidado puede presentar mayor capacidad irritante o sensibilizante.
Por eso debemos mantener los frascos bien cerrados, protegidos de la luz y el calor y prestar atención a su antigüedad y condiciones de almacenamiento.
No tiene sentido comprar un magnífico aceite esencial y dejarlo durante años abierto en un cuarto de baño caliente.
Aceites esenciales durante embarazo y lactancia
Aquí tampoco existe una única respuesta.
Cada aceite tiene una composición diferente y las precauciones dependen del aceite, concentración y vía de utilización.
Durante embarazo y lactancia no recomiendo experimentar con aceites esenciales por vía interna y también conviene seleccionar cuidadosamente los utilizados por inhalación o vía tópica.
Que una mujer utilizara una planta como alimento antes del embarazo tampoco significa automáticamente que pueda utilizar su aceite esencial concentrado de la misma manera.
Son preparaciones completamente diferentes.
Aceites esenciales y niños
Los niños no son adultos pequeños.
Peso corporal, piel, metabolismo y sistema respiratorio son diferentes y determinados aceites esenciales requieren especial precaución.
Esto resulta particularmente importante con aceites ricos en ciertos componentes como mentol, 1,8-cineol o alcanfor, especialmente en niños pequeños.
No aplicaría aceites esenciales cerca de nariz y boca de un bebé ni utilizaría automáticamente las concentraciones de un adulto.
Y, por supuesto, los frascos deben permanecer completamente fuera de su alcance.
Muchísimo cuidado con los ojos y las mucosas
Los aceites esenciales no deben entrar en los ojos.
Tampoco debemos aplicarlos alegremente sobre mucosas genitales, boca, interior de la nariz u otras zonas especialmente sensibles.
Y aquí aparece otra cosa importante: si accidentalmente entra aceite esencial en los ojos o se produce una ingestión importante, no debemos improvisar remedios caseros.
La actuación dependerá del producto y de la exposición y puede requerir asesoramiento toxicológico o sanitario.
¿Y utilizarlos para cocinar?
Algunos componentes aromáticos se utilizan desde hace muchísimo tiempo en alimentación.
Pero existe una enorme diferencia entre la cantidad de sustancias aromáticas presentes naturalmente en una hierba culinaria y echar gotas de un concentrado en una receta sin saber lo que estamos haciendo.
Además, que un producto esté comercializado como aceite esencial no significa automáticamente que haya sido fabricado o etiquetado para uso alimentario.
Si se utiliza un aroma o aceite esencial en cocina debe tratarse de un producto expresamente adecuado para uso alimentario y emplearse conforme a las indicaciones específicas del fabricante.
No extrapolaría una receta de un aceite a otro.
Medicamentos y enfermedades
Los componentes de los aceites esenciales son moléculas químicamente activas y algunos pueden interaccionar con enzimas metabólicas, medicamentos o determinadas enfermedades.
También existen aceites que requieren precauciones especiales en personas con antecedentes de convulsiones, problemas hepáticos, tratamientos anticoagulantes u otras situaciones concretas.
Por eso siempre vuelvo al mismo punto:
No existe «la contraindicación de los aceites esenciales».
Existen las contraindicaciones y límites de cada aceite esencial.
Animales domésticos
Esto también merece un apartado porque utilizamos cada vez más difusores dentro de casa.
Perros y, especialmente, gatos no metabolizan necesariamente las sustancias aromáticas igual que nosotros.
Además, un animal no puede decidir marcharse siempre del espacio en el que hemos puesto un difusor.
Si convivimos con animales debemos utilizar los aceites esenciales con especial prudencia, mantener una buena ventilación, permitirles abandonar la habitación y evitar aplicarles productos directamente sin saber si son adecuados para su especie.
¿Cuáles son las señales de que algo va mal?
Después de utilizar un aceite esencial debemos prestar atención a síntomas como:
-
Ardor o dolor.
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Enrojecimiento intenso.
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Picor o erupción.
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Hinchazón.
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Náuseas o vómitos.
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Dolor abdominal.
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Reflujo o irritación digestiva.
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Mareo o confusión.
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Dificultad respiratoria.
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Somnolencia anormal u otros síntomas neurológicos.
Nada de esto debe interpretarse como una «depuración».
Una reacción adversa es una reacción adversa.
Entonces, ¿son peligrosos los aceites esenciales?
Esta pregunta está mal planteada.
Un cuchillo puede ser peligrosísimo y lo utilizamos todos los días.
Lo importante es saber qué tenemos entre las manos.
Los aceites esenciales son preparados vegetales extremadamente concentrados que pueden proporcionarnos herramientas magníficas en aromaterapia, masaje, cosmética y otros ámbitos cuando conocemos su composición y sabemos utilizarlos.
Lo que me preocupa no son los aceites esenciales.
Me preocupa la banalización de su uso.
Me preocupa que internet haya conseguido que alguien que jamás bebería un frasco de colonia piense que puede echarse aceite esencial de canela debajo de la lengua porque en la etiqueta aparece una planta.
Y me preocupa todavía más que, si después siente ardor, dolor o diarrea, alguien le diga que eso demuestra que se está «desintoxicando».
No.
Utilizar medicina natural también significa conocer cantidades, concentraciones, vías de administración, contraindicaciones e interacciones.
Natural no significa inocuo.
Y precisamente cuanto más potente es una herramienta natural, más sentido tiene utilizarla con conocimiento.
Este artículo tiene carácter educativo e informativo. La utilización interna de aceites esenciales requiere conocimientos específicos sobre el aceite, composición, formulación, vía de administración y situación individual. Ante una ingestión accidental importante o una reacción intensa debe solicitarse asesoramiento sanitario o toxicológico.


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