
Las infecciones urinarias son uno de los tipos de infección más frecuentes y las mujeres somos especialmente propensas a sufrirlas.
Una de las razones es puramente anatómica: nuestra uretra es mucho más corta que la del hombre, por lo que las bacterias tienen que recorrer una distancia menor para alcanzar la vejiga. Además, la abertura de la uretra se encuentra relativamente cerca de la vagina y del ano, dos zonas desde las que pueden llegar bacterias al tracto urinario.
Los síntomas más habituales de una infección de vejiga o cistitis son ardor y dolor al orinar, necesidad de ir continuamente al baño, sensación de no haber terminado de vaciar la vejiga y molestias en la parte baja del abdomen. En algunos casos también puede aparecer sangre en la orina.
Existen además una serie de circunstancias que pueden favorecer su aparición: beber poca agua, aguantar demasiado tiempo las ganas de orinar, determinadas prácticas de higiene, las relaciones sexuales, la sequedad vaginal y los cambios que experimentan las mucosas durante la menopausia.
El estrés también merece atención, especialmente cuando es mantenido y termina afectando al descanso, las defensas, la alimentación y nuestros hábitos cotidianos.
Hay una serie de cambios muy sencillos que podemos realizar para cuidar la vejiga y las vías urinarias.
Beber suficiente agua
Parece demasiado sencillo, pero es una de las primeras cosas que debemos revisar.
Beber suficiente agua aumenta la producción de orina y hace que vaciemos la vejiga con mayor frecuencia, ayudando a arrastrar microorganismos que hayan podido alcanzar las vías urinarias.
La deshidratación y el hábito de pasar muchas horas sin beber ni orinar no son precisamente buenos compañeros cuando existe tendencia a las cistitis recurrentes.
Arándano rojo para las vías urinarias
El arándano rojo americano o cranberry es probablemente uno de los remedios naturales más conocidos para el cuidado de las vías urinarias.
Contiene unas sustancias llamadas proantocianidinas, especialmente las de tipo A, que dificultan que determinadas bacterias se adhieran a las paredes del tracto urinario.
Esto resulta especialmente interesante frente a Escherichia coli, responsable de una gran parte de las infecciones urinarias.
Puede consumirse como alimento, zumo sin grandes cantidades de azúcar añadido o mediante complementos de arándano rojo.
D-manosa
La D-manosa es un azúcar simple que se utiliza especialmente cuando existe tendencia a sufrir infecciones urinarias recurrentes.
Una parte importante de la D-manosa ingerida llega a la orina, donde puede unirse a determinadas estructuras de E. coli. De esta forma dificulta que la bacteria se adhiera al revestimiento de las vías urinarias y favorece que sea arrastrada al orinar.
Por eso encontramos con frecuencia productos para las vías urinarias que combinan arándano rojo y D-manosa: aunque actúan de manera diferente, ambos están relacionados con la adhesión bacteriana.
No abusar del azúcar
Si eres propensa a las infecciones de vejiga, merece la pena revisar cuánto azúcar estás consumiendo.
Refrescos, bollería, dulces y alimentos ultraprocesados pueden terminar desplazando una alimentación mucho más interesante para el sistema inmunitario y para el equilibrio de nuestra microbiota.
Además, cuando existen alteraciones importantes de la glucosa en sangre puede aumentar también la predisposición a las infecciones urinarias.
Vigilar el estrés
El estrés crónico afecta a numerosos sistemas del organismo y también puede alterar nuestra respuesta inmunitaria.
Pero además suele venir acompañado de otras cosas: dormimos peor, comemos peor, bebemos menos agua, aguantamos las ganas de ir al baño porque estamos trabajando y prestamos menos atención a las señales que nos envía nuestro cuerpo.
Si las infecciones aparecen una y otra vez, merece la pena observar también qué estaba ocurriendo en nuestra vida cuando comenzaron.
Orinar después de mantener relaciones sexuales
Las relaciones sexuales pueden facilitar el desplazamiento de bacterias hacia la entrada de la uretra.
Por eso, una medida tan sencilla como orinar después de mantener relaciones sexuales puede ayudar a arrastrar las bacterias que hayan podido alcanzar la zona.
No hace falta obsesionarse ni convertirlo en un ritual complicado. Simplemente no aguantar durante horas las ganas de orinar después de una relación sexual.
Cuidar la higiene íntima sin pasarnos
En las mujeres es importante limpiarse siempre de delante hacia atrás después de ir al baño, evitando transportar bacterias procedentes de la zona anal hacia la uretra.
Pero tan malo puede resultar descuidar la higiene como pasarnos con ella.
El abuso de jabones agresivos, desodorantes íntimos, duchas vaginales y otros productos puede alterar la microbiota y las mucosas de la zona íntima.
La vagina no necesita que la estemos desinfectando continuamente.
Cuidar la sequedad vaginal
La sequedad vaginal puede provocar pequeñas irritaciones y microlesiones durante las relaciones sexuales, especialmente durante la perimenopausia y la menopausia.
Si existe sequedad, utilizar un lubricante adecuado y respetuoso con las mucosas puede ayudar a proteger los delicados tejidos de la vulva, la vagina y la zona próxima a la uretra.
También conviene observar si existe irritación relacionada con determinados preservativos, lubricantes, espermicidas o productos de higiene.
No aguantar las ganas de orinar
La vejiga está diseñada para almacenar orina, pero eso no significa que debamos acostumbrarnos a pasar medio día ignorándola.
Vaciarla regularmente forma parte de sus propios mecanismos de limpieza.
Este es un hábito especialmente frecuente cuando trabajamos muchas horas seguidas, viajamos o simplemente vamos posponiendo continuamente la visita al baño.
La menopausia también cambia la vejiga
Este punto es especialmente importante y muchas veces se pasa por alto.
Con la disminución de estrógenos durante la menopausia cambian los tejidos de la vagina, la vulva y las vías urinarias. Las mucosas pueden hacerse más finas y secas y también cambia la microbiota vaginal.
Por eso algunas mujeres que nunca habían sufrido infecciones urinarias comienzan a tenerlas de manera recurrente durante esta etapa.
En estos casos no basta siempre con pensar únicamente en bacterias: hay que mirar también cómo están las mucosas y qué está ocurriendo hormonalmente.
Cuando una infección urinaria necesita atención
Una cistitis ocasional no es lo mismo que sufrir infecciones continuamente.
Si aparecen de manera repetida, conviene averiguar qué está favoreciendo que vuelvan una y otra vez.
Y si además del dolor al orinar aparece fiebre, escalofríos, dolor en la espalda o en la zona de los riñones, vómitos o un empeoramiento importante del estado general, la infección puede haber ascendido hacia las vías urinarias superiores y necesita valoración médica.
Cuidar nuestra vejiga no consiste únicamente en actuar cuando aparece una infección. Hidratación, microbiota, mucosas, higiene, alimentación, relaciones sexuales, estrés y cambios hormonales forman parte del mismo conjunto y pueden explicar por qué algunas personas sufren cistitis una y otra vez mientras otras apenas las conocen.
Aviso: Este artículo tiene carácter meramente informativo y educativo y no sustituye el diagnóstico, tratamiento ni seguimiento de un profesional sanitario. Si padeces alguna enfermedad, estás tomando medicación o deseas utilizar complementos alimenticios o plantas medicinales, consulta previamente con un profesional.


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