
El ejercicio físico es muy bueno para la salud, tengamos la edad que tengamos, pero debemos practicarlo con cierta moderación y aumentar progresivamente la intensidad hasta que nuestro cuerpo y nuestros músculos se acostumbren.
¿Quién no ha sentido, después de practicar algún deporte al que no estaba acostumbrado o de hacer bastante más ejercicio de lo habitual, las famosas agujetas?
Y al día siguiente llega ese momento maravilloso en el que te duele hasta el carnet de identidad.
Pero ¿qué son realmente las agujetas?
¿Qué son las agujetas?
Las agujetas reciben el nombre de dolor muscular de aparición tardía, conocido también por sus siglas en inglés como DOMS (Delayed Onset Muscle Soreness).
De pequeños nos han contado todo tipo de historias.
Que si eran cristales de ácido láctico acumulados en los músculos, que si el músculo se había sobrecalentado...
Pues no.
El famoso ácido láctico cristalizado no es el responsable de las agujetas.
El dolor aparece generalmente después de someter al músculo a un esfuerzo más intenso o diferente del que realiza habitualmente, especialmente cuando predominan determinados movimientos excéntricos, en los que el músculo trabaja mientras se alarga.
Ese esfuerzo provoca pequeñas alteraciones microscópicas en las fibras musculares y tejidos asociados y desencadena posteriormente una respuesta inflamatoria y de reparación.
De ahí aparecen:
- dolor;
- sensibilidad;
- rigidez;
- sensación de pinchazos;
- menor movilidad;
- y esa maravillosa dificultad para bajar unas escaleras después de entrenar piernas.
Normalmente las agujetas no aparecen inmediatamente después del ejercicio.
Suelen comenzar varias horas después, alcanzar su máxima intensidad aproximadamente entre 24 y 72 horas y posteriormente ir desapareciendo.
Cómo combatir las agujetas
Lo primero es entender que las agujetas forman parte del proceso de adaptación del músculo a un esfuerzo al que no estaba acostumbrado.
No necesitamos quedarnos completamente inmóviles hasta que desaparezcan.
De hecho, movernos suavemente suele resultar mucho más agradable que pasar el día sin mover el músculo.
Podemos ayudarnos de:
- caminar o realizar ejercicio suave;
- movilidad y estiramientos sin forzar;
- hidratarnos adecuadamente;
- dormir y descansar;
- aportar suficientes proteínas y nutrientes;
- aplicar calor suave si nos resulta agradable;
- masajear la musculatura sin machacarla todavía más.
Y además tengo una vieja receta casera que llevo utilizando desde hace años.
Receta de la abuela para las agujetas
Si hemos hecho bastante más ejercicio del que debíamos o del que estábamos acostumbrados y a la mañana siguiente nos duele hasta el carnet de identidad, podemos preparar esta bebida.
Necesitamos:
- el zumo de 2 limones;
- 1 cucharada sopera de azúcar;
- ½ cucharada sopera de bicarbonato de sodio;
- 1 vaso grande de agua.
Aquí no utilizo edulcorantes, porque en esta receta tradicional utilizamos precisamente azúcar. Si queremos podemos emplear azúcar moreno, aunque metabólicamente continúa siendo azúcar.
Ponemos el zumo de los dos limones en el vaso, añadimos el azúcar y el bicarbonato y terminamos de llenar con agua.
Removemos bien.
Y aviso desde ya:
bueno, lo que se dice bueno, no está.
Yo lo voy tomando poco a poco a lo largo del día.
Es uno de esos remedios caseros antiguos que han pasado de generación en generación y que personalmente he utilizado muchas veces cuando me he pasado entrenando.
No necesitamos justificarlo con los antiguos «cristales de ácido láctico», porque ese mecanismo no es correcto.
El limón aporta líquido, citratos y vitamina C; el azúcar proporciona glucosa y el bicarbonato modifica la composición y el pH de la bebida. Otra cuestión diferente es atribuirle la capacidad de eliminar directamente el proceso muscular que produce las agujetas.
Cúrcuma para después del ejercicio
Otra de las cosas que utilizo personalmente cuando tengo días de entrenamiento especialmente intenso es la cúrcuma.
Su principal componente estudiado, la curcumina, está relacionado con diferentes mecanismos que participan en la respuesta inflamatoria.
Por eso es uno de los complementos que me gusta utilizar cuando sé que he exigido a mi musculatura bastante más de lo habitual.
¿Podemos evitar las agujetas?
Probablemente no siempre.
Además, tener agujetas no significa necesariamente que hayamos entrenado mejor.
Podemos realizar un entrenamiento perfectamente efectivo sin levantarnos al día siguiente andando como Robocop.
La mejor forma de reducirlas es bastante sencilla:
progresión.
Si aumentamos poco a poco la intensidad, duración o carga del ejercicio, nuestros músculos se van adaptando y cada vez responden mejor al mismo esfuerzo.
Curiosamente, después de haber realizado un determinado ejercicio, el músculo suele desarrollar cierta adaptación que hace que una sesión similar posterior provoque muchas menos agujetas.
Nuestro cuerpo aprende.
Así que ejercicio, sí.
Pero no necesitamos pasar de cero a cien el primer día y después descubrir que sentarnos en el váter se ha convertido en un deporte de riesgo.


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