El manganeso es un oligoelemento esencial para el organismo. Lo necesitamos en cantidades muy pequeñas, pero participa en numerosas reacciones enzimáticas relacionadas con el metabolismo, la formación de los huesos, el sistema nervioso y la protección de las células frente al daño oxidativo.
Se encuentra de forma natural en el suelo, el agua, las plantas y numerosos alimentos. Una vez ingerido, una pequeña proporción se absorbe principalmente en el intestino delgado, pasa al hígado y desde allí puede distribuirse hacia los diferentes tejidos. El organismo controla bastante estrechamente este mineral y elimina la mayor parte del exceso a través de la bilis.
Una de sus funciones más interesantes está relacionada con la superóxido dismutasa de manganeso (Mn-SOD), una importante enzima antioxidante localizada en las mitocondrias. Allí ayuda a neutralizar radicales superóxido generados durante el propio metabolismo celular.
Por tanto, aunque necesitemos muy poco manganeso, su presencia está ligada a algunas funciones celulares fundamentales.
Principales funciones del manganeso
El manganeso actúa como cofactor de diferentes enzimas y participa en el metabolismo de hidratos de carbono, aminoácidos, colesterol y otros nutrientes.
Está relacionado con la formación y mantenimiento del tejido óseo y del tejido conjuntivo, interviniendo en enzimas necesarias para la formación de componentes de la matriz extracelular.
También participa en los mecanismos normales de coagulación sanguínea y en diferentes procesos relacionados con la cicatrización.
Su relación con el metabolismo de la glucosa resulta especialmente interesante. El manganeso participa en diferentes enzimas implicadas en el aprovechamiento de los nutrientes y desde hace mucho tiempo se estudia la relación entre este oligoelemento, el metabolismo de los hidratos de carbono y la tolerancia a la glucosa.
En el sistema nervioso también desempeña funciones importantes. Interviene en diferentes procesos enzimáticos relacionados con neurotransmisores y con el funcionamiento cerebral.
Y a través de la Mn-SOD protege especialmente las mitocondrias frente al estrés oxidativo, algo que termina repercutiendo en tejidos de todo el organismo.
Tradicionalmente también se ha relacionado el manganeso con:
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recuperación del cansancio y la astenia;
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funcionamiento normal del sistema nervioso;
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metabolismo de grasas, hidratos de carbono y proteínas;
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síntesis y metabolismo del colesterol;
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formación y mantenimiento de huesos y tejidos;
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cicatrización;
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metabolismo de la glucosa;
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pelo y uñas;
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función reproductiva;
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respuesta inmunitaria;
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migrañas y cefaleas;
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y diferentes manifestaciones alérgicas y respiratorias.
El manganeso mantiene además una relación bastante estrecha con otros minerales. Hierro, calcio, fósforo, cobre y manganeso pueden influir unos sobre otros en su absorción y metabolismo, algo especialmente importante cuando utilizamos minerales concentrados y no simplemente los obtenemos de los alimentos.
¿Qué ocurre cuando falta manganeso?
La deficiencia nutricional de manganeso no es frecuente porque necesitamos cantidades pequeñas y se encuentra distribuido en bastantes alimentos.
Cuando existe un aporte insuficiente o una alteración importante de su metabolismo pueden aparecer cambios relacionados precisamente con las funciones en las que participa.
Entre las manifestaciones descritas o tradicionalmente relacionadas con una insuficiencia de manganeso encontramos:
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alteraciones del crecimiento;
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anomalías en la formación ósea;
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alteraciones del metabolismo de los hidratos de carbono;
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disminución de la tolerancia a la glucosa;
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alteraciones de la coordinación;
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cansancio;
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alteraciones cutáneas;
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cambios en el crecimiento y pigmentación del cabello;
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crecimiento más lento de las uñas;
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alteraciones reproductivas;
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disminución del deseo sexual;
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y cambios en el metabolismo de grasas y colesterol.
Algunas fuentes antiguas incluyen también convulsiones, discinesias y alteraciones de la coagulación dentro de los signos asociados a un metabolismo insuficiente del manganeso.
Pero aquí aparece una peculiaridad muy importante: con el manganeso tan problemático puede resultar el exceso como la carencia.
El manganeso en oligoterapia
Además de su papel nutricional, el manganeso tiene una larga historia dentro de la oligoterapia.
En este contexto no se utiliza simplemente para corregir una deficiencia nutricional, sino como oligoelemento asociado a determinados terrenos y formas de respuesta del organismo.
Tradicionalmente se ha empleado en situaciones como:
Circulación: arteritis e hipertensión arterial.
Piel y tejidos: úlceras dérmicas y problemas de cicatrización.
Aparato digestivo y metabolismo: acetonemia, cálculos biliares, diarrea, dispepsia, ictericia, alteraciones hepáticas y determinadas situaciones relacionadas con el control del peso.
Sistema endocrino: alteraciones tiroideas y diferentes desequilibrios metabólicos.
Salud femenina: dismenorrea y metrorragia.
Sistema nervioso: insomnio, irritabilidad, cefaleas y migrañas.
Aparato locomotor: ciática y artritis aguda.
Manifestaciones alérgicas y respiratorias: rinitis y asma alérgica.
También aparece tradicionalmente en aplicaciones relacionadas con conjuntivitis, otalgia y tinnitus o acúfenos.
Éste es uno de esos casos en los que conviene distinguir dos formas diferentes de hablar del mismo mineral: una cosa es estudiar el manganeso como nutriente esencial y otra su utilización dentro de la oligoterapia. Ambas explican por qué encontramos aplicaciones tan diferentes asociadas al manganeso en la literatura sobre nutrición y medicina natural.
Alimentos ricos en manganeso
Una alimentación variada proporciona normalmente el manganeso que necesitamos.
Lo encontramos especialmente en cereales integrales, frutos secos, semillas, legumbres y verduras de hoja verde. También pueden aportar cantidades interesantes el té, algunas especias y determinados alimentos vegetales.
Las fuentes animales suelen contener cantidades menores.
Y esto explica también por qué una alimentación muy refinada puede reducir considerablemente su aporte: buena parte del manganeso de los cereales se encuentra precisamente en las capas externas que eliminamos durante el refinado.
Contraindicaciones y exceso de manganeso
Aquí sí debemos tener cuidado porque el manganeso presenta una característica muy particular: el organismo necesita cantidades pequeñas y una exposición excesiva puede resultar tóxica.
El exceso afecta especialmente al sistema nervioso. Una acumulación importante y mantenida puede producir síntomas neurológicos y alteraciones del movimiento.
Este problema se ha observado especialmente en exposiciones laborales o ambientales importantes al manganeso, pero también debemos tenerlo presente cuando existen alteraciones que dificultan su eliminación.
El hígado y la vía biliar tienen especial importancia porque constituyen una de las principales rutas de eliminación del manganeso.
Por eso no tiene ningún sentido pensar que, por tratarse de un oligoelemento esencial, cuanto más manganeso tomemos mejor.
Es uno de los mejores ejemplos de lo que significa realmente la palabra oligoelemento: necesitamos muy poco, pero ese poco participa en funciones enormemente importantes.
Metabolismo, huesos, tejido conjuntivo, sistema nervioso, glucosa y protección mitocondrial mediante la Mn-SOD dependen, entre muchos otros factores, de que dispongamos de la cantidad adecuada de este pequeño mineral.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La utilización nutricional de manganeso y su empleo dentro de la oligoterapia responden a criterios diferentes y deben valorarse según las características de cada persona.



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