El cobre es un oligoelemento esencial que nuestro organismo necesita en pequeñas cantidades, pero que participa en numerosos procesos fundamentales.
Interviene en el metabolismo del hierro y contribuye a la formación normal de los glóbulos rojos. También participa en la formación del colágeno y la elastina, en el mantenimiento del tejido conjuntivo, en el funcionamiento del sistema nervioso, en las defensas antioxidantes y en la pigmentación normal de la piel y el cabello.
Además, el cobre mantiene una estrecha relación con otros minerales, especialmente con el zinc y el hierro, por lo que el equilibrio entre estos nutrientes es importante.
Propiedades del cobre
El cobre forma parte de numerosas enzimas conocidas como cuproenzimas, implicadas en diferentes reacciones metabólicas.
Entre sus funciones destaca su participación en la formación del tejido conjuntivo. Es necesario para la actividad de la lisil oxidasa, una enzima implicada en los enlaces del colágeno y la elastina, dos proteínas fundamentales para la estructura de la piel, los vasos sanguíneos, los huesos y otros tejidos.
También participa en el metabolismo del hierro. Una cantidad insuficiente de cobre puede dificultar su correcta utilización y contribuir a determinadas formas de anemia.
Otra de sus funciones importantes es la protección frente al estrés oxidativo, ya que forma parte de enzimas antioxidantes como la superóxido dismutasa cobre-zinc (Cu/Zn-SOD).
Beneficios del cobre
Sistema inmunitario
El cobre participa en el funcionamiento normal del sistema inmunitario y en los mecanismos naturales de defensa del organismo.
Tradicionalmente, dentro de la oligoterapia, el cobre se ha utilizado especialmente en terrenos asociados a procesos infecciosos e inflamatorios.
Además, el cobre posee una conocida actividad antimicrobiana por contacto, razón por la que este metal continúa despertando interés en diferentes aplicaciones sanitarias.
Inflamación y articulaciones
Dentro de la oligoterapia, el cobre se ha utilizado tradicionalmente como oligoelemento asociado a los procesos inflamatorios, especialmente durante brotes articulares y reumatológicos.
También participa en la formación y mantenimiento del tejido conjuntivo, por su relación con el colágeno y la elastina.
De esta tradición procede igualmente el conocido uso de los brazaletes de cobre entre personas con molestias articulares y reumáticas.
Formación de glóbulos rojos
El cobre y el hierro mantienen una relación metabólica muy estrecha.
Aunque el cobre no forma parte de la hemoglobina como lo hace el hierro, sí resulta necesario para el correcto metabolismo y transporte del hierro, por lo que una deficiencia de cobre puede terminar produciendo alteraciones hematológicas y anemia.
Piel, cabello y pigmentación
El cobre interviene en la actividad de la tirosinasa, una enzima necesaria para la formación de melanina.
Por esta razón participa en la pigmentación normal de:
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Piel.
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Cabello.
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Ojos.
Además, al intervenir en la síntesis y estructura del colágeno y la elastina, también contribuye al mantenimiento normal del tejido conjuntivo.
Huesos y cartílagos
El cobre participa en la formación del tejido conjuntivo y en la estructura del hueso y el cartílago.
Una deficiencia importante y prolongada puede afectar negativamente a la salud ósea.
Sistema nervioso
Este oligoelemento participa en diferentes procesos relacionados con el sistema nervioso, incluida la formación y mantenimiento de estructuras nerviosas y la síntesis de determinados neurotransmisores.
Por eso una carencia importante no afecta únicamente a la sangre o al tejido conjuntivo, sino que también puede producir manifestaciones neurológicas.
Protección antioxidante
El cobre forma parte de la enzima superóxido dismutasa cobre-zinc, uno de los sistemas antioxidantes naturales del organismo.
Esta enzima ayuda a neutralizar determinadas especies reactivas de oxígeno generadas durante el metabolismo celular, protegiendo las células frente al daño oxidativo.
Cobre y zinc
El cobre y el zinc mantienen una relación especialmente estrecha.
Una ingesta elevada de zinc durante periodos prolongados puede reducir la absorción intestinal de cobre y terminar provocando una deficiencia.
Por esta razón, cuando se utilizan cantidades elevadas de zinc durante mucho tiempo conviene tener presente también el estado del cobre.
No se trata simplemente de mantener una proporción matemática idéntica en todas las personas, sino de conservar un aporte equilibrado de ambos oligoelementos.
Síntomas de falta de cobre
La deficiencia de cobre no es habitual cuando existe una alimentación variada, pero puede aparecer por problemas de absorción, determinadas enfermedades digestivas, cirugía gastrointestinal o un consumo excesivo y prolongado de zinc.
Entre sus posibles manifestaciones encontramos:
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Anemia.
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Fatiga y debilidad.
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Alteraciones de los glóbulos blancos.
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Mayor susceptibilidad a infecciones.
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Alteraciones neurológicas.
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Debilidad del tejido conjuntivo.
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Alteraciones de la pigmentación.
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Problemas en el cabello.
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Alteraciones óseas.
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Menor densidad mineral ósea.
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Dificultades en el crecimiento cuando la deficiencia aparece durante etapas de desarrollo.
Una deficiencia grave y mantenida puede llegar a producir alteraciones neurológicas importantes.
Asociaciones del cobre
El cobre mantiene una relación especialmente importante con:
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Zinc.
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Hierro.
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Vitamina C.
Sin embargo, estas asociaciones no significan que siempre deban suplementarse conjuntamente.
Por ejemplo, dosis elevadas de zinc pueden disminuir la absorción de cobre y cantidades muy altas de vitamina C mantenidas durante largos periodos también pueden modificar su metabolismo.
Cantidad diaria de cobre
Las necesidades de cobre son pequeñas y normalmente pueden cubrirse mediante la alimentación.
Como referencia nutricional, en adultos las necesidades se sitúan aproximadamente alrededor de 1 mg diario, aunque pueden variar según edad, sexo y situación fisiológica.
Los complementos pueden aportar cantidades diferentes dependiendo de su formulación y de si se utilizan como complemento nutricional o dentro de preparados de oligoterapia.
Fuentes naturales de cobre
Entre los alimentos más ricos en cobre encontramos:
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Hígado y otras vísceras.
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Mariscos, especialmente ostras y mejillones.
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Nueces y otros frutos secos.
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Semillas.
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Cacao.
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Legumbres.
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Cereales integrales.
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Champiñones y otras setas.
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Algas.
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Arroz integral.
También podemos encontrar cobre en diferentes plantas utilizadas tradicionalmente, como el diente de león y el espino blanco, aunque su cantidad dependerá considerablemente del suelo en el que hayan crecido.
¿Quién puede tener falta de cobre?
La carencia nutricional es poco frecuente, pero existen determinadas situaciones en las que puede aumentar el riesgo:
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Problemas importantes de malabsorción.
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Enfermedad celíaca no controlada.
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Determinadas cirugías gastrointestinales.
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Nutrición muy restrictiva.
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Consumo prolongado de cantidades elevadas de zinc.
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Determinadas alteraciones metabólicas o genéticas.
Una de las causas que conviene recordar es precisamente el exceso de zinc, porque ambos minerales compiten en determinados mecanismos de absorción intestinal.
Contraindicaciones del cobre
El hecho de que el cobre sea esencial no significa que cantidades elevadas sean beneficiosas.
Un exceso de cobre puede producir:
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Náuseas.
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Vómitos.
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Dolor abdominal.
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Diarrea.
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Alteraciones hepáticas en intoxicaciones importantes.
Las personas con enfermedad de Wilson deben evitar los complementos que contengan cobre salvo indicación expresa de su especialista, ya que esta enfermedad produce una acumulación anormal del mineral en diferentes tejidos.
También debe extremarse la precaución ante enfermedades hepáticas importantes o cuando ya se utilizan varios complementos que contienen cobre.
Como sucede con otros oligoelementos, el objetivo no es acumular grandes cantidades, sino mantener un equilibrio adecuado entre cobre, zinc, hierro y otros nutrientes.



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