El zinc es un oligoelemento esencial que necesitamos en cantidades relativamente pequeñas, pero participa en una cantidad enorme de procesos del organismo.
Interviene en la actividad de cientos de enzimas y en proteínas relacionadas con la expresión de nuestros genes. Participa en la síntesis y reparación del ADN, la división celular, el metabolismo de proteínas e hidratos de carbono, el funcionamiento del sistema inmunitario, la cicatrización, la reproducción y el mantenimiento de la piel.
No tenemos grandes depósitos especializados de zinc que podamos utilizar indefinidamente, por lo que necesitamos recibirlo regularmente a través de la alimentación.
Principales funciones y beneficios del zinc
Una de las características más interesantes del zinc es su participación en las llamadas proteínas con dedos de zinc, estructuras capaces de interactuar con ADN, ARN y otras proteínas y que intervienen en numerosos mecanismos de regulación genética.
También resulta fundamental durante los periodos de crecimiento y renovación celular. Por eso sus necesidades adquieren especial importancia durante la infancia, adolescencia, embarazo y en aquellos tejidos que se renuevan rápidamente.
Zinc, antioxidantes y envejecimiento
El zinc forma parte de importantes sistemas de protección celular.
Entre ellos encontramos la enzima superóxido dismutasa cobre-zinc (Cu/Zn-SOD), implicada en la defensa frente al estrés oxidativo.
Además, el zinc contribuye a mantener la integridad de las membranas celulares y participa en numerosos mecanismos relacionados con inflamación, reparación y respuesta frente al daño celular.
Por eso resulta mucho más preciso considerarlo parte de nuestra maquinaria antioxidante que imaginarlo simplemente como una sustancia que «elimina células anormales».
Sistema inmunitario
El zinc es especialmente importante para el sistema inmunitario.
Interviene tanto en la inmunidad innata como en la adaptativa y participa en la función de diferentes células inmunitarias, entre ellas neutrófilos, células NK y linfocitos.
Una carencia puede alterar la respuesta inmunitaria y aumentar la susceptibilidad a determinadas infecciones.
Precisamente por esta relación se ha estudiado muchísimo el zinc en infecciones respiratorias y resfriados.
Pero aquí aparece una diferencia importante entre corregir una deficiencia y pensar que cuanto más zinc tomemos, mejores serán nuestras defensas. Con los oligoelementos el equilibrio es fundamental.
Zinc, piel y cicatrización
La piel contiene una proporción importante del zinc corporal y necesita este mineral para numerosos procesos de renovación y reparación.
Participa en la proliferación celular, síntesis de proteínas, respuesta inflamatoria y cicatrización de las heridas.
Su carencia puede producir una piel seca, lesiones cutáneas y una cicatrización más lenta.
También se utiliza desde hace mucho tiempo en dermatología. El óxido de zinc, por ejemplo, aparece en multitud de preparados destinados a proteger la piel.
El zinc también tiene interés en el acné, tanto por su participación en la respuesta inflamatoria como por su relación con la fisiología cutánea.
Fertilidad masculina y función reproductiva
El aparato reproductor masculino contiene concentraciones importantes de zinc.
Este mineral participa en la espermatogénesis, maduración de los espermatozoides y función reproductiva, por lo que una carencia puede afectar a la fertilidad masculina.
También interviene en el funcionamiento normal del sistema hormonal y de las gónadas.
Esto explica que tradicionalmente haya existido una estrecha asociación entre zinc, fertilidad y función sexual masculina, aunque naturalmente una impotencia o un problema de fertilidad pueden tener muchas otras causas.
Zinc y próstata
La próstata es uno de los tejidos del organismo con concentraciones particularmente elevadas de zinc.
El mineral participa en su metabolismo y fisiología celular, razón por la que existe una importante línea de investigación alrededor de zinc y salud prostática.
Esto no significa que tomar zinc indiscriminadamente prevenga las enfermedades de próstata, pero sí explica por qué este oligoelemento aparece tan frecuentemente relacionado con la salud masculina.
Glucosa e insulina
El zinc también tiene una relación especialmente interesante con la insulina.
Las células beta del páncreas necesitan zinc para el almacenamiento y procesamiento adecuado de esta hormona. Dentro de los gránulos pancreáticos, la insulina se almacena asociada a zinc.
Además, el mineral participa en diferentes mecanismos relacionados con el metabolismo de la glucosa y la señalización celular.
Por eso encontramos alteraciones del metabolismo glucídico entre las consecuencias que pueden acompañar a una deficiencia importante.
Gusto y olfato
Uno de los signos más característicos de una carencia de zinc es la alteración del gusto y del olfato.
Algunas personas comienzan a percibir menos los sabores, pierden interés por la comida o necesitan condimentarla mucho más para obtener la misma sensación.
El problema puede hacerse especialmente importante en personas mayores, porque la pérdida de gusto y apetito puede terminar favoreciendo una alimentación todavía más deficiente.
Naturalmente, no toda pérdida de olfato o gusto se debe al zinc, pero ante estos síntomas es uno de los nutrientes que merece la pena valorar.
Zinc, cerebro y sistema nervioso
Existe zinc en concentraciones importantes en determinadas regiones del sistema nervioso central, donde participa en señalización neuronal, plasticidad sináptica y regulación de diferentes receptores.
Su relación con el cerebro es especialmente curiosa porque el zinc debe mantenerse dentro de un margen adecuado: tanto su deficiencia como una alteración de su regulación pueden afectar al funcionamiento neuronal.
También se ha estudiado su relación con estado de ánimo, estrés y función cognitiva, lo que explica que tradicionalmente aparezca en fórmulas destinadas al sistema nervioso.
Más que considerarlo simplemente un «antienvejecimiento cerebral», me parece interesante comprender que el cerebro también depende de un equilibrio adecuado de micronutrientes.
Síntomas de carencia de zinc
Una deficiencia importante puede manifestarse de diferentes maneras dependiendo de su intensidad y duración.
Entre los signos más característicos encontramos:
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pérdida de apetito;
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alteraciones del gusto y del olfato;
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retraso del crecimiento en niños y adolescentes;
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alteraciones de la maduración sexual cuando la deficiencia es importante;
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disminución de la función inmunitaria;
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mayor susceptibilidad a infecciones;
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cicatrización lenta;
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dermatitis y lesiones cutáneas;
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caída del cabello;
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y alteraciones de la función reproductiva.
En determinadas situaciones también pueden aparecer cambios metabólicos y otros signos derivados de una deficiencia prolongada.
Las famosas manchas blancas de las uñas, sin embargo, no permiten diagnosticar una carencia de zinc. Con mucha frecuencia se deben simplemente a pequeños traumatismos en la matriz de la uña.
¿Por qué puede faltar zinc?
No siempre se trata simplemente de consumir poco.
También importa cuánto conseguimos absorber.
Uno de los principales factores que reducen la biodisponibilidad del zinc son los fitatos, presentes especialmente en cereales integrales, semillas y legumbres. Los fitatos pueden unirse al mineral dentro del intestino y dificultar su absorción.
Esto no significa que estos alimentos sean malos. De hecho, muchos contienen zinc. Técnicas tradicionales como remojo, germinación, fermentación y utilización de masa madre pueden disminuir su contenido en fitatos y mejorar la disponibilidad de diferentes minerales.
Las necesidades o el riesgo de deficiencia también pueden aumentar en determinadas situaciones de malabsorción intestinal, alimentación muy restrictiva, alcoholismo, pérdidas digestivas y otras circunstancias.
Con la edad, además, pueden coincidir una menor ingesta, peor alimentación y diferentes problemas digestivos que dificulten alcanzar un estado nutricional adecuado.
Zinc y cobre: dos minerales que deben guardar equilibrio
Zinc y cobre mantienen una relación especialmente estrecha.
Una ingesta elevada y mantenida de zinc puede disminuir la absorción intestinal del cobre y terminar provocando una deficiencia de este último.
Y esto tiene consecuencias importantes porque el cobre participa, entre otras cosas, en metabolismo del hierro, formación sanguínea, tejido conjuntivo y sistema nervioso.
Por eso no me gusta trabajar con oligoelementos como si fueran piezas completamente independientes.
En nutrición mineral, muchas veces el equilibrio importa tanto como la cantidad.
Fuentes naturales de zinc
Las ostras destacan extraordinariamente por su contenido en zinc.
También podemos encontrarlo en:
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mariscos;
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pescados y carnes;
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huevos;
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legumbres como lentejas, judías y guisantes;
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frutos secos y semillas;
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cereales integrales;
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soja y otras legumbres.
En los alimentos vegetales la presencia simultánea de fitatos puede reducir parcialmente su absorción, algo especialmente interesante en dietas exclusivamente vegetales.
Zinc y vitamina A
Otra asociación interesante es la del zinc con la vitamina A.
El zinc participa en proteínas y enzimas relacionadas con el metabolismo y transporte de esta vitamina. Ambos nutrientes intervienen además en piel, inmunidad y función visual.
Una deficiencia importante de zinc puede, por tanto, interferir con diferentes procesos en los que participa la vitamina A.
También encontramos numerosas relaciones metabólicas entre zinc y vitamina B6, aunque esto no significa que siempre deban suplementarse conjuntamente.
¿Más zinc significa más salud?
No.
Y ésta es probablemente una de las cosas más importantes que debemos recordar cuando hablamos de oligoelementos.
El zinc es esencial precisamente porque nuestro organismo lo necesita dentro de un determinado equilibrio fisiológico.
Un exceso mantenido puede provocar náuseas y molestias digestivas, interferir con el cobre y terminar ocasionando problemas derivados de ese desequilibrio.
Por eso me parece mucho más interesante entender para qué necesita zinc nuestro organismo que convertirlo en otro suplemento que debamos tomar indefinidamente.
Pocas cantidades de este mineral participan en procesos enormes: expresión genética, crecimiento, inmunidad, cicatrización, reproducción, metabolismo, gusto, olfato y funcionamiento del sistema nervioso.
Eso es precisamente lo fascinante de los oligoelementos.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La necesidad de suplementar zinc depende de la alimentación, las necesidades individuales y la posible existencia de una deficiencia; su uso prolongado en cantidades elevadas puede alterar el equilibrio de otros minerales, especialmente el cobre.



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