Beneficios del agua hidrogenada

Gran parte de nuestro organismo es agua. Durante años hemos dedicado una enorme atención a los nutrientes, vitaminas, minerales, aminoácidos y demás sustancias que forman parte de nuestro cuerpo. Pero ¿y si también prestáramos más atención al agua que bebemos?

Ésta es una de las razones por las que el agua hidrogenada comenzó a despertar tanto interés.

¿Qué es el agua hidrogenada?

El agua hidrogenada es simplemente agua que contiene hidrógeno molecular disuelto (H₂).

No hay que confundirlo con el hidrógeno que ya forma parte de la molécula de agua, H₂O. En este caso hablamos de moléculas de H₂ adicionales disueltas físicamente en ella.

Desde que en 2007 investigadores japoneses publicaron uno de los trabajos que despertó el interés científico por las posibles aplicaciones biológicas del hidrógeno molecular, se han desarrollado diferentes sistemas para obtenerlo.

Existen tabletas y sistemas basados en magnesio, recipientes específicos y máquinas hidrogenadoras que producen agua enriquecida con hidrógeno molecular, generalmente mediante sistemas electroquímicos.

Y hay una peculiaridad importante: el hidrógeno es un gas extraordinariamente pequeño y ligero que escapa con facilidad del agua. Por eso no es lo mismo producir agua hidrogenada y consumirla relativamente pronto que almacenarla durante mucho tiempo en cualquier recipiente.

Ésta es precisamente una de las ventajas de disponer de una máquina que permita producirla cuando vamos a beberla.

¿Qué tiene de particular el hidrógeno molecular?

El hidrógeno es el elemento más sencillo y ligero que existe y, al mismo tiempo, el más abundante del universo.

Una molécula de hidrógeno está formada por dos átomos, de ahí su fórmula H₂.

Su pequeño tamaño le proporciona una característica especialmente interesante desde el punto de vista biológico: puede difundirse con gran facilidad a través de las membranas celulares y alcanzar compartimentos a los que otras moléculas tienen más dificultades para acceder.

Puede penetrar en las células y llegar a estructuras tan importantes como las mitocondrias, relacionadas directamente con la producción de energía celular.

Precisamente ahí comenzó una de las líneas más interesantes de investigación sobre el hidrógeno molecular: estrés oxidativo, mitocondrias y señalización celular.

Durante años se explicó su actividad principalmente por su capacidad para reaccionar selectivamente con especies oxidantes especialmente agresivas, entre ellas el radical hidroxilo, una de las especies reactivas capaces de producir daño sobre lípidos, proteínas y ADN.

También se ha estudiado su relación con el peroxinitrito, otra especie reactiva relacionada con el estrés nitrosativo.

Pero lo interesante del hidrógeno molecular es que su funcionamiento no parece limitarse a actuar como un antioxidante convencional que va capturando radicales uno por uno.

La investigación posterior empezó a mostrar algo bastante más complejo.

Hidrógeno, antioxidantes y señalización celular

Nuestro organismo necesita especies reactivas. No todos los radicales libres son enemigos que tengamos que eliminar.

Algunos actúan como mensajeros celulares y participan en procesos normales de señalización, defensa y adaptación.

Por eso siempre me ha parecido especialmente interesante la relación del hidrógeno molecular con el equilibrio redox: se ha estudiado no solamente por su interacción con especies oxidantes muy reactivas, sino también por su capacidad para influir en los propios sistemas antioxidantes del organismo.

Entre ellos encontramos el glutatión, la superóxido dismutasa (SOD) y la catalasa.

También se han estudiado sus efectos sobre diferentes vías de señalización y expresión génica relacionadas con la respuesta antioxidante y la inflamación.

Aquí aparecen nombres como NF-κB y TNF-α, que encontramos continuamente cuando estudiamos inflamación.

NF-κB es un importante factor de transcripción implicado en la activación de numerosos genes relacionados con la respuesta inflamatoria. TNF-α, por su parte, es una de las citocinas más conocidas dentro de esta respuesta.

El hidrógeno molecular ha mostrado capacidad para modular estas y otras vías en diferentes modelos experimentales.

Por eso hoy resulta demasiado sencillo definir el agua hidrogenada diciendo únicamente que «es antioxidante». Hay detrás un campo bastante más amplio relacionado con estrés oxidativo, inflamación, señalización celular y función mitocondrial.

Agua hidrogenada y mitocondrias

Las mitocondrias son nuestras grandes productoras de energía, pero también uno de los lugares donde se generan especies reactivas como consecuencia normal del metabolismo.

El diminuto tamaño del H₂ permite que llegue hasta ellas.

Se ha estudiado el agua enriquecida con hidrógeno en relación con el metabolismo energético, consumo de oxígeno, producción de CO₂ y diferentes alteraciones mitocondriales.

Esto ayuda a entender por qué el interés por el hidrógeno molecular terminó extendiéndose a campos aparentemente tan diferentes.

No estamos hablando solamente de «un agua antioxidante». Estamos actuando sobre un terreno que tiene relación con la forma en que las células gestionan energía, oxidación, inflamación y respuesta al estrés.

Efecto antiinflamatorio

Cuando una célula está expuesta repetidamente a señales inflamatorias puede mantenerse activada una respuesta que inicialmente estaba diseñada para ser temporal.

Entre las moléculas que participan encontramos nuevamente NF-κB, TNF-α, óxido nítrico y peroxinitrito.

En diferentes investigaciones sobre hidrógeno molecular se han observado modificaciones de estos mediadores y de las vías que regulan la respuesta inflamatoria.

Esta relación ha llevado a estudiar el H₂ tanto en procesos inflamatorios agudos como en situaciones de inflamación mantenida.

Y de ahí procede buena parte de las aplicaciones que después encontramos asociadas al agua hidrogenada.

Beneficios del agua hidrogenada

Estrés oxidativo

Probablemente sea su aplicación más conocida.

El hidrógeno molecular se ha estudiado por su capacidad para reducir determinados procesos de oxidación y, al mismo tiempo, favorecer los sistemas antioxidantes propios de la célula.

Esto resulta especialmente interesante porque el estrés oxidativo no pertenece a una sola enfermedad. Aparece relacionado con envejecimiento, inflamación, alteraciones metabólicas y numerosos procesos degenerativos.

Corazón y circulación

También se ha investigado el hidrógeno en diferentes situaciones cardiovasculares.

El estrés oxidativo y la inflamación intervienen en el daño vascular y cardíaco, por lo que se han estudiado sustancias ricas en hidrógeno en relación con aterosclerosis, daño por isquemia y reperfusión y diferentes alteraciones cardiovasculares.

Inflamación

Se ha estudiado en procesos inflamatorios intestinales, hepáticos, pulmonares y articulares.

También existen investigaciones relacionadas con artritis reumatoide, precisamente por la combinación de inflamación y estrés oxidativo que encontramos en este tipo de procesos.

Metabolismo de las grasas

Otro campo interesante es el metabolismo lipídico.

El agua hidrogenada se ha estudiado en relación con grasa hepática, colesterol, metabolismo energético, obesidad y síndrome metabólico.

Aquí volvemos a encontrarnos con una conexión que para mí es importante: metabolismo, inflamación y oxidación raramente aparecen aislados.

Síndrome metabólico

El síndrome metabólico reúne varias alteraciones que con frecuencia aparecen juntas: obesidad abdominal, resistencia a la insulina, alteraciones de los lípidos e hipertensión.

En pequeños estudios realizados con agua rica en hidrógeno se han observado cambios en diferentes marcadores relacionados con estrés oxidativo y metabolismo lipídico.

Precisamente estos primeros trabajos fueron los que hicieron que el agua hidrogenada empezara a llamar la atención mucho más allá de Japón.

Glucosa, diabetes y prediabetes

También se ha investigado en personas con alteraciones del metabolismo de la glucosa.

En algunos trabajos se observaron cambios en marcadores de estrés oxidativo, metabolismo lipídico y determinados parámetros relacionados con la utilización de la glucosa.

Esto abrió otra línea de investigación especialmente interesante sobre hidrógeno molecular, resistencia a la insulina y metabolismo energético.

Cerebro y sistema nervioso

Una de las peculiaridades del hidrógeno es su capacidad de difundirse con enorme facilidad por los tejidos.

Por eso también se ha estudiado en relación con el cerebro, memoria, estrés neurológico, enfermedad de Parkinson, Alzheimer, accidentes cerebrovasculares y lesiones traumáticas del cerebro y la médula espinal.

El interés vuelve a estar fundamentalmente en la relación entre estrés oxidativo, inflamación, mitocondrias y daño neuronal.

Hígado y riñones

El hígado y el riñón son dos órganos sometidos a una intensa actividad metabólica.

El hidrógeno molecular se ha investigado en diferentes modelos de daño hepático y renal, además de su relación con hígado graso y estrés oxidativo.

Agua hidrogenada durante radioterapia

Éste es uno de los estudios que más llamó la atención cuando comenzó a popularizarse el agua hidrogenada.

En un trabajo realizado con 49 pacientes con cáncer de hígado sometidos a radioterapia, se comparó el consumo de agua rica en hidrógeno con agua convencional.

Los participantes que recibieron agua hidrogenada presentaron cambios favorables en determinados marcadores de estrés oxidativo y comunicaron una mejor calidad de vida durante el tratamiento.

Además, en aquel estudio el agua rica en hidrógeno no redujo el efecto antitumoral de la radioterapia.

Esta aplicación resulta especialmente interesante porque no pretende sustituir el tratamiento oncológico. Lo que se estaba estudiando era otra cosa: cómo influía el hidrógeno sobre el estrés oxidativo y la calidad de vida producidos alrededor del tratamiento.

Hidrógeno molecular y cáncer

La relación entre inflamación, especies reactivas de oxígeno y progresión tumoral lleva muchos años estudiándose.

Las ROS participan en numerosas funciones celulares y también intervienen en diferentes procesos relacionados con proliferación, invasión y comunicación entre las células tumorales y su entorno.

Por este motivo el hidrógeno molecular también ha entrado en el campo de la investigación oncológica.

Su interés se encuentra especialmente en su capacidad para actuar sobre estrés oxidativo, inflamación, mitocondrias y diferentes vías de señalización celular.

Es un campo particularmente complejo porque en oncología no interesa eliminar indiscriminadamente todas las especies reactivas: algunas forman parte de la propia respuesta celular y otras intervienen incluso en el mecanismo de determinados tratamientos.

Precisamente por eso el carácter regulador y selectivo que se investiga alrededor del H₂ resulta tan interesante.

En enfermedades complejas, el agua hidrogenada tiene sentido dentro de un protocolo completo, no como una intervención aislada que pretenda sustituir todo lo demás.

Otros usos estudiados del agua hidrogenada

A lo largo de los años el hidrógeno molecular se ha investigado en campos muy diferentes:

  • aterosclerosis y sistema cardiovascular;

  • aprendizaje y memoria sometidos a estrés;

  • Parkinson y Alzheimer;

  • colitis y otras alteraciones inflamatorias intestinales;

  • diabetes y metabolismo de la glucosa;

  • reacciones alérgicas;

  • artritis reumatoide;

  • asma y alteraciones pulmonares;

  • traumatismos cerebrales y de médula espinal;

  • accidentes cerebrovasculares;

  • alteraciones hepáticas y renales;

  • enfermedades autoinmunes;

  • síndrome metabólico;

  • y recuperación frente a diferentes situaciones de estrés oxidativo.

Precisamente esta variedad puede resultar extraña hasta que comprendemos que el punto común no es la enfermedad concreta, sino mecanismos que aparecen repetidamente en muchas de ellas: oxidación, inflamación, mitocondrias y señalización celular.

¿Es lo mismo cualquier agua hidrogenada?

No.

Para que podamos hablar realmente de agua hidrogenada tiene que existir H₂ molecular disuelto en el agua.

Además, como el hidrógeno escapa rápidamente, importan el sistema utilizado para generarlo, la concentración conseguida, el recipiente y el tiempo transcurrido desde su producción.

También debemos distinguir entre agua hidrogenada y agua alcalina. Pueden coincidir en determinados dispositivos, pero no son lo mismo.

Una cosa es el pH del agua y otra muy distinta la cantidad de hidrógeno molecular disuelto.

Por eso, cuando buscamos una máquina hidrogenadora, me parece mucho más interesante saber cómo genera y mantiene el H₂ que quedarnos simplemente con que el agua tenga un pH alto.

Contraindicaciones del agua hidrogenada

El hidrógeno molecular presenta un perfil de seguridad muy interesante y una de sus ventajas es precisamente que no estamos añadiendo al agua una sustancia farmacológicamente compleja.

Algunas personas refieren al comenzar a beber agua hidrogenada cambios intestinales, heces más blandas, molestias digestivas leves o dolor de cabeza. No necesariamente aparecen y no debemos interpretar automáticamente cualquier síntoma como una «desintoxicación».

También hay que diferenciar el agua producida por una máquina de los sistemas que generan hidrógeno mediante reacción con magnesio. En estos últimos hay que tener en cuenta qué sustancias quedan finalmente en el agua y la cantidad de magnesio aportada.

Y ésta es otra razón por la que prefiero saber exactamente cómo produce el hidrógeno cada dispositivo en lugar de meter bajo el mismo nombre cualquier producto que anuncie «agua hidrogenada».

El agua hidrogenada me parece especialmente interesante porque detrás de algo aparentemente tan sencillo como añadir H₂ al agua encontramos una enorme cantidad de investigación sobre mitocondrias, estrés oxidativo, inflamación y señalización celular.

Y además tiene una ventaja práctica evidente: actualmente podemos producirla en casa y beberla recién preparada, algo especialmente importante en una molécula tan pequeña y escurridiza como el hidrógeno.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. En enfermedades o tratamientos complejos, el uso del agua hidrogenada debe formar parte de una valoración individual y no sustituye el seguimiento correspondiente.

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