
El agua de mar, también denominada plasma marino cuando hablamos de las preparaciones desarrolladas a partir de los trabajos de René Quinton, tiene una larguísima historia relacionada con la salud.
El mar se ha utilizado desde la Antigüedad mediante baños, curas marinas y diferentes formas de talasoterapia. Y no resulta extraño: nuestra propia historia biológica comenzó en el medio acuático y todos nuestros tejidos continúan dependiendo de un delicadísimo equilibrio de agua y electrolitos.
Pero si hay un nombre inevitablemente unido al agua de mar es el del fisiólogo francés René Quinton.
René Quinton y el plasma marino
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Quinton estudió las semejanzas existentes entre el medio marino y el medio interno de los animales.
De sus investigaciones nació lo que denominó plasma de Quinton, agua marina preparada y utilizada en diferentes concentraciones.
Quinton desarrolló su teoría del «medio vital», según la cual las células necesitan unas condiciones adecuadas en el líquido extracelular que las rodea para desarrollar correctamente sus funciones.
El concepto resulta particularmente interesante porque nuestras células efectivamente no viven aisladas. Se encuentran rodeadas por un medio extracelular cuya composición en agua, sodio, potasio, calcio, cloruro y otros electrolitos está extraordinariamente regulada por nuestro organismo.
Quinton relacionó este medio interno con el océano primitivo y desarrolló a partir de esta idea diferentes aplicaciones del agua marina.
Sus famosos dispensarios marinos atendieron especialmente a niños y personas con graves problemas nutricionales y gastrointestinales, y forman parte de la historia de la utilización terapéutica del plasma marino.
Hay, sin embargo, una diferencia que conviene entender bien: el agua de mar y nuestro plasma sanguíneo no tienen la misma concentración de sales.
El agua marina contiene aproximadamente 35 gramos de sales por litro, aunque la cifra cambia según el lugar, mientras que una solución salina fisiológica presenta una concentración muy inferior.
Precisamente por eso Quinton trabajó con dos conceptos diferentes: agua marina hipertónica e isotónica.
¿Qué contiene realmente el agua de mar?
La mayor parte de las sales disueltas corresponde a sodio y cloruro, pero el agua marina contiene además magnesio, calcio, potasio, sulfatos, bicarbonatos y cantidades mucho menores de numerosos elementos.
También contiene yodo, boro, estroncio y diferentes oligoelementos en concentraciones variables.
Ésta es una de las características más interesantes del agua marina: no estamos ante agua a la que simplemente se ha añadido cloruro sódico, sino ante una matriz mineral extraordinariamente compleja.
En el océano encontramos además una inmensa comunidad de microorganismos, fitoplancton y zooplancton que participa en los ciclos biogeoquímicos del planeta.
El fitoplancton tiene una importancia extraordinaria: mediante la fotosíntesis fija carbono, participa en la producción de oxígeno y constituye la base de buena parte de las redes alimentarias marinas.
Pero los minerales del océano no son fabricados por el fitoplancton. Proceden fundamentalmente de procesos geológicos, aportes de los continentes, actividad hidrotermal y del continuo intercambio entre océanos, atmósfera y corteza terrestre.
Agua de mar hipertónica e isotónica
Esta distinción es fundamental cuando hablamos de plasma marino.
El agua de mar hipertónica es el agua marina con su concentración natural de sales.
El agua de mar isotónica, dentro de la tradición de Quinton, se obtiene diluyendo agua marina para aproximar su concentración osmótica a la del medio interno.
Y son dos cosas completamente diferentes.
Beber cantidades importantes de agua marina sin diluir provoca una carga muy elevada de sales. Además, debido a su concentración osmótica puede producir sed, náuseas, molestias digestivas y diarrea, y obliga al riñón a eliminar el exceso de sodio.
Por eso no debemos confundir el empleo de preparados de plasma marino correctamente elaborados con la idea de que podemos beber libremente agua directamente del mar.
Minerales y equilibrio hidroelectrolítico
Uno de los motivos tradicionales para utilizar plasma marino ha sido precisamente su contenido mineral.
Sodio, cloruro, magnesio, calcio y potasio participan en procesos esenciales como la transmisión nerviosa, contracción muscular, equilibrio de líquidos, funcionamiento enzimático y mantenimiento del potencial eléctrico de las membranas celulares.
De ahí procede el concepto de recarga hidroelectrolítica asociado tradicionalmente al plasma marino.
Esto no significa que cuanto más mineral tomemos mejor funcione nuestro organismo.
Nuestro medio interno se mantiene dentro de márgenes muy estrechos gracias principalmente a los riñones, hormonas y diferentes mecanismos reguladores. Precisamente esa regulación es una de las grandes maravillas de nuestra fisiología.
Agua de mar, piel y talasoterapia
Donde el agua marina tiene una tradición especialmente extensa es en el cuidado de la piel.
Los baños marinos combinan agua salina, minerales, temperatura, movimiento, exposición ambiental y, cuando nadamos, ejercicio físico.
Muchas personas con psoriasis y determinados problemas cutáneos observan una mejoría durante temporadas de baños de mar. Las soluciones salinas también pueden ayudar a desprender escamas y limpiar suavemente determinadas zonas de la piel.
El magnesio y otros minerales presentes en el agua marina han despertado además interés por su interacción con la barrera cutánea.
El agua salada puede utilizarse también para el cuero cabelludo en determinadas circunstancias, aunque una exposición excesiva puede producir el efecto contrario y dejar piel y cabello secos.
El mar es estupendo, pero no siempre más sal significa más hidratación.
Mar, articulaciones y músculos
Las curas marinas y la talasoterapia se han utilizado tradicionalmente para molestias articulares y musculares.
Cuando nos introducimos en el agua disminuye la carga que soportan nuestras articulaciones. Podemos movernos con mayor facilidad y realizar ejercicios que fuera del agua resultarían más dolorosos.
Si además hablamos de agua templada, aparecen el efecto de la temperatura sobre músculos y articulaciones y una sensación general de relajación.
Por eso los beneficios atribuidos a los baños marinos en personas con artrosis, artritis, rigidez o dolores musculares no dependen exclusivamente de absorber minerales a través de la piel. El propio medio acuático tiene efectos físicos muy interesantes.
Agua marina y vías respiratorias
Otra aplicación muy conocida son las soluciones de agua marina para la higiene nasal.
Ayudan a arrastrar moco, partículas y alérgenos y pueden facilitar la limpieza de las fosas nasales cuando existe congestión.
De hecho, actualmente encontramos soluciones marinas isotónicas e hipertónicas específicamente preparadas para higiene nasal.
Esto tiene poco que ver con la idea de que respirar la brisa marina «elimina toxinas de los pulmones».
Lo que muchas personas sí experimentan junto al mar es una combinación de humedad ambiental, aerosoles marinos, menor exposición a determinados contaminantes dependiendo del entorno y, sencillamente, una respiración más tranquila asociada al descanso y al paisaje.
Y eso también cuenta.
Agua de mar y digestión
La presencia de sales modifica de manera importante el comportamiento del agua dentro del intestino.
Cuando una solución es muy hipertónica puede atraer agua hacia la luz intestinal y provocar un efecto laxante. Ésa es precisamente una de las razones por las que beber demasiada agua marina puede producir diarrea.
La sal participa además en numerosos procesos digestivos y en el transporte intestinal de nutrientes, pero nuestro organismo necesita concentraciones cuidadosamente reguladas.
Por eso no utilizaría el agua de mar hipertónica de manera rutinaria como purgante o «limpieza intestinal».
Una cosa es estudiar la fisiología de las soluciones salinas y otra convertir una diarrea osmótica en un método habitual de desintoxicación.
Agua de mar en la cocina
Éste es probablemente uno de los usos más sencillos.
El agua marina destinada expresamente a uso alimentario puede utilizarse en determinadas preparaciones culinarias sustituyendo total o parcialmente la sal añadida.
Se emplea, por ejemplo, para cocinar pescados y mariscos, arroces, verduras y otras recetas.
También existen preparados comerciales de agua marina utilizados como ingrediente de bebidas o alimentos.
Lo importante es recordar que sigue aportando una cantidad considerable de sodio y debe contabilizarse dentro del conjunto de sal de nuestra alimentación.
Agua del mar y agua de mar para consumo no son lo mismo
Ésta es una diferencia fundamental.
No recomiendo llenar una botella en cualquier playa y comenzar a beberla.
El agua costera puede contener microorganismos, contaminantes, hidrocarburos, residuos procedentes de vertidos, proliferaciones de algas y otros compuestos que no podemos detectar simplemente mirando si el agua parece limpia.
Los productos de agua marina destinados al consumo se obtienen en zonas y condiciones controladas y pasan por procedimientos de filtración y controles microbiológicos y químicos.
Lo mismo ocurre con las soluciones destinadas a higiene nasal, ocular o cuidado de heridas: deben ser productos preparados específicamente para ese uso.
Precauciones con el consumo de agua de mar
El agua marina contiene una concentración elevada de sodio, por lo que no podemos afirmar que su consumo carezca de contraindicaciones.
Hay que tener especial prudencia cuando existen enfermedad renal, insuficiencia cardíaca, hipertensión sensible al sodio, edemas o cualquier situación en la que se haya indicado controlar la ingesta de sal.
Tampoco calcularía una cantidad diaria «segura» simplemente dividiendo los gramos de sal presentes en un litro de agua marina.
La tolerancia al sodio y la capacidad para eliminarlo dependen de la alimentación completa, función renal, medicación, actividad física, pérdidas por sudor y situación individual.
Y el agua marina hipertónica no sustituye al agua potable para hidratarnos.
Mucho más que agua con sal
Reducir el agua marina a «agua con sal» es quedarse corto. Es una solución mineral compleja y forma parte de una tradición terapéutica que atraviesa desde los antiguos baños marinos hasta René Quinton y la talasoterapia moderna.
Pero tampoco necesitamos atribuirle propiedades imposibles para reconocer su interés.
Podemos estudiar su composición mineral, el concepto histórico de plasma marino, su utilización isotónica e hipertónica, las soluciones nasales, los baños marinos, la talasoterapia, sus aplicaciones cutáneas y su utilización alimentaria.
Y quizá la historia de Quinton siga siendo interesante precisamente por la pregunta que colocó en el centro de su trabajo hace más de un siglo:
¿Qué necesita el medio que rodea a nuestras células para que puedan desarrollar correctamente su vida?
Una pregunta mucho más interesante que pensar simplemente que beber agua del océano sirve para todo.


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