Oligoelementos: Qué Son, Para Qué Sirven y Beneficios

Los oligoelementos son elementos minerales que nuestro organismo necesita en cantidades muy pequeñas.

Pero pequeña cantidad no significa pequeña importancia.

Algunos están presentes en nuestro cuerpo solamente en miligramos o incluso en cantidades inferiores y, sin embargo, participan en procesos fundamentales como:

  • Producción de energía.

  • Funcionamiento de enzimas.

  • Síntesis de hormonas.

  • Formación de hemoglobina.

  • Sistema inmunitario.

  • Protección antioxidante.

  • Función tiroidea.

  • Formación de huesos y tejido conjuntivo.

  • Fertilidad.

  • Sistema nervioso.

  • Metabolismo de grasas, proteínas e hidratos de carbono.

Esta es precisamente una de las cosas más fascinantes de los oligoelementos.

Nuestro organismo necesita grandes cantidades de agua, proteínas o determinados minerales como calcio.

Pero para que muchas de las reacciones que utilizan esos nutrientes puedan realizarse necesitamos cantidades diminutas de otros elementos.

Son pequeños, pero están situados en lugares estratégicos.

¿Qué significa oligoelemento?

La palabra oligo significa poco o escaso.

Por eso hablamos de elementos que se encuentran en el organismo en cantidades muy pequeñas y que también necesitamos en cantidades reducidas.

También reciben el nombre de:

  • Elementos traza.

  • Minerales traza.

  • Microelementos.

No existe una única clasificación completamente rígida.

Tradicionalmente se consideran oligoelementos minerales como:

  • Hierro.

  • Zinc.

  • Cobre.

  • Selenio.

  • Manganeso.

  • Yodo.

  • Molibdeno.

  • Cobalto.

Otros elementos, como el cromo, han sido considerados durante décadas oligoelementos esenciales, aunque actualmente existe discusión sobre si debemos considerarlos estrictamente esenciales para el ser humano.

Lo importante es entender el concepto:

son elementos presentes en cantidades muy pequeñas capaces de participar en funciones biológicas extraordinariamente importantes.

¿Cómo puede una cantidad tan pequeña hacer tanto?

Porque muchos oligoelementos funcionan como cofactores enzimáticos.

Una enzima es una proteína que permite que una reacción química se produzca a una velocidad adecuada.

Podemos tener:

  • Nutrientes.

  • Oxígeno.

  • Proteínas.

  • Grasas.

  • Vitaminas.

pero determinadas reacciones necesitan además un mineral concreto para funcionar.

Podemos imaginar una enzima como una máquina.

La máquina puede estar perfectamente construida, pero si le falta una pequeña pieza no funciona.

En muchísimos casos, esa pequeña pieza es precisamente un oligoelemento.

Los oligoelementos como catalizadores

Esta función catalítica explica buena parte de su importancia.

Un oligoelemento puede participar una y otra vez en reacciones bioquímicas sin necesitar estar presente en cantidades enormes.

Por eso unos pocos miligramos pueden intervenir en un número enorme de procesos metabólicos.

El zinc, por ejemplo, participa estructural o funcionalmente en cientos de proteínas y enzimas.

El cobre interviene en enzimas relacionadas con:

  • Mitocondrias.

  • Formación de colágeno.

  • Metabolismo del hierro.

  • Producción de neurotransmisores.

  • Defensa antioxidante.

El selenio forma parte de enzimas antioxidantes y de enzimas necesarias para transformar las hormonas tiroideas.

El manganeso participa en metabolismo y protección mitocondrial.

Esta es la verdadera importancia de los oligoelementos:

no aportan grandes cantidades de materia; ayudan a que funcione la maquinaria.

Una historia bastante más interesante de lo que parece

El ser humano utiliza minerales con fines terapéuticos desde hace miles de años.

Pero el concepto moderno de oligoelemento comienza a desarrollarse a finales del siglo XIX.

El químico y biólogo francés Gabriel Bertrand estudió cantidades diminutas de minerales presentes en organismos vivos y observó que no eran simples impurezas.

En 1894 comenzó a demostrar su importancia como biocatalizadores.

Aquello cambió completamente la manera de entender estas pequeñas cantidades minerales.

Hasta entonces podía pensarse que una cantidad tan pequeña era prácticamente irrelevante.

Bertrand propuso exactamente lo contrario:

una pequeña cantidad podía dirigir una reacción biológica fundamental.

Décadas después, el médico francés Jacques Ménétrier desarrollaría a partir de estos trabajos la denominada oligoterapia catalítica, utilizando pequeñas cantidades de determinados oligoelementos según el terreno y las características funcionales de cada persona.

Así comenzaron a desarrollarse dos campos relacionados pero diferentes:

la nutrición de los oligoelementos y la oligoterapia.

Oligoelementos nutricionales y oligoterapia no son exactamente lo mismo

Esta distinción es importante.

Oligoelementos en nutrición

Aquí hablamos de minerales que necesitamos para cubrir funciones fisiológicas.

Por ejemplo:

Hierro para fabricar hemoglobina.

Yodo para fabricar hormonas tiroideas.

Zinc para numerosas enzimas.

Selenio para selenoproteínas.

Cuando existe una deficiencia nutricional, aportamos una cantidad suficiente para corregir esa carencia.

Oligoterapia

La oligoterapia utiliza determinados elementos traza en pequeñas cantidades buscando una acción reguladora o catalítica.

Dentro de ella se han desarrollado diferentes enfoques.

Entre ellos:

  • Oligoterapia catalítica.

  • Oligoterapia nutricional.

  • Utilización de oligoelementos en cantidades farmacológicas.

Históricamente, la oligoterapia catalítica de Ménétrier se centró especialmente en el concepto de terreno y en determinados patrones funcionales.

Por eso cuando hablamos de un oligoelemento no siempre estamos hablando simplemente de cubrir una cantidad diaria recomendada.

¿Qué hace que un oligoelemento sea esencial?

Un elemento se considera esencial cuando nuestro organismo necesita su presencia para realizar una función fisiológica y su carencia provoca alteraciones que pueden corregirse restituyendo ese elemento.

Esto parece sencillo, pero no siempre lo es.

Conforme avanza la investigación aparecen nuevas funciones, nuevas proteínas dependientes de minerales e incluso cambia la clasificación de algunos elementos.

Además, existe otra cuestión fundamental:

esencial no significa inocuo a cualquier dosis.

Muchos oligoelementos tienen una ventana relativamente estrecha entre:

  • Cantidad insuficiente.

  • Cantidad adecuada.

  • Cantidad excesiva.

El organismo intenta mantenerlos dentro de unos márgenes muy concretos.

El equilibrio importa más que “tomar mucho”

Con los oligoelementos más no significa mejor.

Necesitamos zinc.

Pero cantidades excesivas de zinc durante mucho tiempo pueden interferir con el cobre.

Necesitamos cobre.

Pero el exceso de cobre libre también puede generar problemas.

Necesitamos selenio.

Pero cantidades demasiado elevadas pueden producir toxicidad.

Nuestro organismo trabaja constantemente para:

  • Absorber.

  • Transportar.

  • Almacenar.

  • Utilizar.

  • Eliminar.

estos minerales en cantidades adecuadas.

Por eso la palabra clave cuando hablamos de oligoelementos es:

equilibrio.

Hierro

El hierro es probablemente uno de los oligoelementos más conocidos.

Su función más famosa es formar parte de la hemoglobina, la proteína de los glóbulos rojos que transporta oxígeno.

Pero también participa en:

  • Mioglobina muscular.

  • Producción de energía.

  • Mitocondrias.

  • Diferentes enzimas.

  • Sistema inmunitario.

  • Síntesis de neurotransmisores.

Cuando existe una deficiencia importante pueden aparecer:

  • Cansancio.

  • Debilidad.

  • Palidez.

  • Falta de concentración.

  • Menor tolerancia al ejercicio.

  • Caída de cabello.

  • Alteraciones de uñas.

Si la deficiencia progresa puede aparecer anemia ferropénica.

Zinc

El zinc es uno de los minerales más extraordinarios por la enorme cantidad de procesos en los que participa.

Interviene en cientos de enzimas y proteínas relacionadas con:

  • Síntesis de ADN.

  • División celular.

  • Sistema inmunitario.

  • Cicatrización.

  • Fertilidad.

  • Piel.

  • Cabello.

  • Gusto.

  • Olfato.

  • Metabolismo hormonal.

También encontramos estructuras llamadas dedos de zinc, proteínas capaces de interactuar con el ADN y regular la actividad de determinados genes.

Así que el zinc no solamente ayuda a una reacción.

Puede intervenir incluso en decidir qué genes se expresan.

Zinc y sistema inmunitario

El zinc es especialmente importante para las células inmunitarias.

Participa en:

  • Desarrollo.

  • Multiplicación.

  • Comunicación.

  • Activación.

de diferentes poblaciones celulares.

Por eso una carencia de zinc puede acompañarse de una peor respuesta inmunitaria y mayor susceptibilidad a determinados procesos infecciosos.

Pero nuevamente:

no necesitamos cantidades ilimitadas de zinc.

Necesitamos la cantidad adecuada.

Cobre

El cobre suele recibir mucha menos atención que el zinc y, sin embargo, participa en procesos fascinantes.

Es necesario para enzimas implicadas en:

  • Producción de energía mitocondrial.

  • Formación de colágeno y elastina.

  • Metabolismo del hierro.

  • Formación de melanina.

  • Producción de determinados neurotransmisores.

  • Protección antioxidante.

Una de las enzimas dependientes de cobre más importantes es la citocromo c oxidasa, situada en la cadena respiratoria mitocondrial.

Por eso:

cobre → mitocondria → respiración celular → energía.

También interviene la enzima lisil oxidasa, necesaria para crear enlaces resistentes entre fibras de:

  • Colágeno.

  • Elastina.

Aquí aparece su relación con:

  • Piel.

  • Vasos sanguíneos.

  • Huesos.

  • Tejido conjuntivo.

El cobre también interviene en la ceruloplasmina, fundamental para el correcto manejo del hierro, y en enzimas relacionadas con neurotransmisores.

Zinc y cobre: dos minerales que debemos mirar juntos

Zinc y cobre ofrecen un ejemplo perfecto de algo fundamental en nutrición:

los nutrientes no trabajan de manera aislada.

Un exceso prolongado de zinc puede dificultar la absorción del cobre.

Por eso tomar grandes cantidades de un solo mineral durante mucho tiempo puede acabar creando el problema contrario al que pretendíamos solucionar.

En nutrición importa:

  • Cantidad.

  • Forma química.

  • Absorción.

  • Otros nutrientes presentes.

  • Duración de la suplementación.

Selenio

El selenio forma parte de unas proteínas llamadas selenoproteínas.

Entre ellas encontramos enzimas especialmente interesantes.

Glutatión peroxidasa

Participa en los sistemas antioxidantes del organismo.

Ayuda a controlar determinados peróxidos que pueden dañar las células.

Desyodasas

Estas enzimas participan en la transformación de las hormonas tiroideas.

Una de sus funciones es intervenir en la conversión de:

T4 → T3.

Por eso selenio y tiroides están estrechamente relacionados.

Selenio y tiroides

La glándula tiroides tiene una concentración especialmente importante de selenio.

Lo necesita tanto para el metabolismo hormonal como para controlar el estrés oxidativo producido durante la síntesis de hormonas tiroideas.

Así tenemos otra conexión preciosa:

selenio → enzimas antioxidantes + metabolismo de hormonas tiroideas.

Yodo

El yodo tiene una función extraordinariamente concreta y fundamental.

Forma parte de las hormonas tiroideas:

  • T4 o tiroxina.

  • T3 o triyodotironina.

El número nos indica incluso cuántos átomos de yodo contiene cada molécula.

La hormona T4 contiene cuatro.

La T3 contiene tres.

Sin yodo nuestro organismo no puede producirlas correctamente.

Estas hormonas participan en:

  • Metabolismo.

  • Temperatura corporal.

  • Crecimiento.

  • Desarrollo cerebral.

  • Producción de energía.

Por eso una deficiencia severa de yodo puede tener repercusiones muy importantes.

Selenio y yodo trabajan juntos

Este es otro buen ejemplo de por qué estudiar los minerales por separado puede hacernos perder parte de la historia.

Necesitamos yodo para fabricar hormonas tiroideas.

Pero necesitamos selenio para algunas de las enzimas que las transforman.

Así:

yodo → materia prima de T4 y T3

mientras:

selenio → ayuda a metabolizar y transformar esas hormonas.

El sistema necesita ambos.

Manganeso

El manganeso participa como cofactor de diferentes enzimas relacionadas con:

  • Metabolismo de aminoácidos.

  • Metabolismo de hidratos de carbono.

  • Formación de tejido conjuntivo.

  • Huesos.

  • Protección antioxidante.

Una enzima especialmente interesante es la:

superóxido dismutasa de manganeso o MnSOD.

Se encuentra dentro de las mitocondrias.

Su función consiste en ayudar a neutralizar radicales superóxido producidos durante la respiración celular.

Y eso tiene muchísimo sentido.

Las mitocondrias producen energía.

Pero ese proceso puede generar especies reactivas.

Así que en el mismo lugar tenemos un sistema antioxidante dependiente de manganeso encargado de ayudar a controlarlas.

Molibdeno

El molibdeno suele olvidarse cuando hablamos de oligoelementos.

Y, sin embargo, forma parte de enzimas muy interesantes.

Entre ellas:

  • Sulfito oxidasa.

  • Xantina oxidasa.

  • Aldehído oxidasa.

La sulfito oxidasa, por ejemplo, ayuda a transformar sulfito en sulfato.

Esto relaciona al molibdeno con el metabolismo de compuestos azufrados.

Necesitamos cantidades extraordinariamente pequeñas, pero su función enzimática es muy concreta.

Es un ejemplo perfecto de qué significa realmente un oligoelemento.

Cobalto

Cuando hablamos del cobalto en nutrición humana aparece inmediatamente una molécula:

vitamina B12.

La vitamina B12 también recibe el nombre de cobalamina precisamente porque contiene un átomo de cobalto en el centro de su estructura.

Por tanto, nuestra necesidad fisiológica de cobalto está estrechamente vinculada a la vitamina B12.

Esta participa en:

  • Formación de glóbulos rojos.

  • Sistema nervioso.

  • Metabolismo de homocisteína.

  • Síntesis de ADN.

Cromo

El cromo tiene una historia especialmente curiosa.

Durante décadas se ha considerado un oligoelemento esencial relacionado con:

  • Acción de la insulina.

  • Metabolismo de glucosa.

  • Metabolismo de grasas.

  • Metabolismo de proteínas.

Por eso aparece frecuentemente en suplementos destinados a:

  • Control de glucosa.

  • Metabolismo.

  • Control del peso.

  • Deseo de dulces.

Sin embargo, actualmente se discute si el cromo debe seguir considerándose un nutriente esencial para los seres humanos.

Esto no elimina toda la investigación realizada sobre cromo y metabolismo.

Lo que ha cambiado es nuestra interpretación de su esencialidad nutricional.

Y me parece un ejemplo muy interesante de cómo evoluciona la ciencia de los oligoelementos.

Oligoelementos y energía

Aunque cuando pensamos en energía solemos pensar inmediatamente en vitaminas del grupo B, varios oligoelementos participan también en las rutas necesarias para producir ATP.

Por ejemplo:

hierro participa en proteínas de la cadena respiratoria.

cobre forma parte de la citocromo c oxidasa.

manganeso protege la mitocondria frente al estrés oxidativo.

Así que nuestra capacidad para utilizar los alimentos y fabricar energía depende de una red en la que participan:

  • Vitaminas.

  • Minerales.

  • Oligoelementos.

  • Enzimas.

  • Mitocondrias.

Nada trabaja solo.

Oligoelementos y sistema inmunitario

Entre los oligoelementos especialmente relacionados con las defensas encontramos:

  • Zinc.

  • Selenio.

  • Cobre.

  • Hierro.

Cada uno interviene de una forma diferente.

El zinc participa en la función y proliferación de células inmunitarias.

El selenio participa en sistemas antioxidantes.

El cobre forma parte de diferentes enzimas y procesos celulares.

El hierro es necesario tanto para nuestras células como para numerosos microorganismos, por lo que su regulación durante una infección es especialmente compleja.

Por eso el sistema inmunitario no se limita simplemente a:

“cuanto más hierro o zinc, mejores defensas”.

Lo importante es mantener una homeostasis adecuada.

Oligoelementos y estrés oxidativo

Varios oligoelementos forman parte directamente de nuestras defensas antioxidantes.

Por ejemplo:

Selenio → glutatión peroxidasa

Zinc + cobre → superóxido dismutasa Cu/Zn

Manganeso → superóxido dismutasa mitocondrial

Esto explica por qué un déficit de determinados minerales puede alterar nuestra capacidad para controlar radicales libres.

Pero encontramos nuevamente la paradoja.

Algunos metales que necesitamos como antioxidantes dentro de sus proteínas pueden favorecer oxidación cuando aparecen libres y en exceso.

Por eso el organismo los transporta y almacena de manera tan cuidadosamente regulada.

Oligoelementos, huesos y articulaciones

Cuando hablamos de huesos pensamos casi automáticamente en:

  • Calcio.

  • Vitamina D.

Pero el tejido óseo necesita bastante más.

El manganeso participa en enzimas relacionadas con la formación de matriz.

El cobre interviene en la lisil oxidasa, necesaria para los enlaces del colágeno.

El zinc interviene en proliferación celular y actividad de numerosas enzimas.

Por eso el mantenimiento del hueso depende de un auténtico equipo de nutrientes.

Oligoelementos y colágeno

La formación de colágeno también nos ofrece un buen ejemplo.

No basta con ingerir proteínas.

Necesitamos:

  • Aminoácidos.

  • Vitamina C.

  • Cobre.

  • Zinc.

  • Diferentes enzimas.

El cobre participa en la formación de enlaces entre fibras de colágeno y elastina.

Por eso un oligoelemento presente en cantidades mínimas puede influir sobre la resistencia de:

  • Piel.

  • Vasos sanguíneos.

  • Tendones.

  • Huesos.

  • Tejido conjuntivo.

Oligoelementos y sistema nervioso

El cerebro también depende de los oligoelementos.

Hierro, cobre y zinc participan en procesos relacionados con:

  • Neurotransmisores.

  • Mitocondrias.

  • Sinapsis.

  • Desarrollo cerebral.

  • Metabolismo neuronal.

El cobre, por ejemplo, participa en una enzima relacionada con la formación de noradrenalina.

El zinc se encuentra incluso almacenado en determinadas vesículas sinápticas y puede intervenir en señalización neuronal.

Una vez más:

cantidades pequeñas, funciones enormes.

Oligoelementos y hormonas

El ejemplo más evidente es:

yodo → hormonas tiroideas.

Pero no es el único.

El selenio participa en la transformación de hormonas tiroideas.

El zinc participa en numerosas proteínas relacionadas con señalización hormonal.

El hierro, cobre y manganeso intervienen en diferentes enzimas necesarias para el metabolismo general.

Por eso el estado mineral forma parte necesariamente del terreno hormonal.

Oligoelementos y piel, cabello y uñas

Piel, cabello y uñas son tejidos de renovación continua.

Para fabricarlos correctamente necesitamos:

  • Proteínas.

  • Grasas.

  • Vitaminas.

  • Minerales.

Entre los oligoelementos especialmente relacionados encontramos:

  • Zinc.

  • Hierro.

  • Cobre.

  • Selenio.

El zinc participa en división celular y reparación.

El hierro influye en la oxigenación y el metabolismo de tejidos.

El cobre participa en colágeno y melanina.

El selenio participa en protección antioxidante.

Por eso las alteraciones de piel, cabello o uñas pueden acompañar determinadas carencias minerales.

Deficiencia de oligoelementos

Una deficiencia puede aparecer por diferentes motivos.

No solamente por comer poco de un mineral.

También influyen:

  • Dietas muy restrictivas.

  • Problemas de absorción intestinal.

  • Enfermedades digestivas.

  • Pérdidas sanguíneas.

  • Mayor demanda fisiológica.

  • Embarazo.

  • Crecimiento.

  • Interacciones entre minerales.

  • Determinados medicamentos.

  • Consumo excesivo de alcohol.

  • Cirugías digestivas.

  • Patologías crónicas.

Por eso dos personas que comen lo mismo no necesariamente tienen el mismo estado mineral.

Absorber es tan importante como ingerir

Podemos consumir un mineral y no absorberlo completamente.

La biodisponibilidad depende de:

  • Forma química.

  • Alimento en el que se encuentra.

  • Estado digestivo.

  • Otros nutrientes presentes.

  • Reservas del organismo.

Por ejemplo, determinados compuestos vegetales pueden dificultar la absorción de algunos minerales.

En otros casos ocurre lo contrario.

La vitamina C puede mejorar la absorción del hierro no hemo.

Por eso estudiar únicamente cuántos miligramos contiene un alimento nos cuenta solamente una parte de la historia.

Los oligoelementos también compiten entre ellos

Algunos minerales utilizan sistemas de transporte similares.

Cuando administramos cantidades elevadas de uno durante mucho tiempo podemos alterar el equilibrio de otro.

El ejemplo clásico es:

zinc ↔ cobre.

Esto resulta especialmente importante en suplementaciones prolongadas.

La fisiología mineral es una red, no una colección de cajones independientes.

Fuentes naturales de oligoelementos

Una alimentación variada puede aportar una enorme diversidad de elementos traza.

Hierro

  • Carnes.

  • Vísceras.

  • Mariscos.

  • Legumbres.

  • Verduras de hoja verde.

Zinc

  • Ostras y otros mariscos.

  • Carne.

  • Semillas.

  • Frutos secos.

  • Legumbres.

Cobre

  • Vísceras.

  • Mariscos.

  • Cacao.

  • Frutos secos.

  • Semillas.

Selenio

  • Pescados.

  • Mariscos.

  • Huevos.

  • Carnes.

  • Nueces de Brasil.

La cantidad de selenio de los vegetales puede cambiar muchísimo dependiendo del suelo donde se hayan cultivado.

Yodo

  • Algas.

  • Pescados.

  • Mariscos.

  • Sal yodada.

Manganeso

  • Frutos secos.

  • Cereales integrales.

  • Legumbres.

  • Té.

  • Vegetales.

Molibdeno

  • Legumbres.

  • Cereales.

  • Frutos secos.

El suelo también importa

Los minerales no aparecen mágicamente dentro de una planta.

Proceden en buena parte del suelo.

Por eso la concentración de determinados oligoelementos en un alimento vegetal puede variar muchísimo dependiendo de:

  • Geología.

  • Tipo de suelo.

  • Cultivo.

  • Agua.

  • Fertilización.

El selenio es uno de los ejemplos más claros.

Existen regiones cuyos suelos son ricos en selenio y otras donde contienen cantidades muy bajas.

Así que incluso dos alimentos aparentemente iguales pueden presentar composiciones minerales diferentes.

¿Cuándo tiene sentido utilizar un suplemento?

La suplementación puede ser interesante cuando existe:

  • Deficiencia confirmada.

  • Ingesta insuficiente.

  • Mayor necesidad.

  • Problemas de absorción.

  • Situaciones fisiológicas concretas.

  • Objetivo terapéutico determinado.

Pero los oligoelementos son precisamente uno de los campos donde no me gusta la filosofía de:

“si un poco es bueno, mucho será mejor”.

Con estos minerales el equilibrio importa muchísimo.

Biodisponibilidad del suplemento

Cuando elegimos un oligoelemento también debemos fijarnos en la forma en que aparece.

Podemos encontrar:

  • Sales minerales.

  • Gluconatos.

  • Citratos.

  • Bisglicinatos.

  • Picolinatos.

  • Formas líquidas.

  • Formas ionizadas.

  • Combinaciones.

La absorción y tolerancia pueden variar entre ellas.

Por eso no elegiría un producto únicamente mirando cuántos miligramos aparecen en grande en la etiqueta.

Oligoelementos líquidos

Dentro de la oligoterapia encontramos también preparados líquidos con cantidades pequeñas de minerales.

Su objetivo puede ser diferente del de un suplemento nutricional convencional.

Un suplemento de hierro destinado a corregir una deficiencia aporta una cantidad nutricional o terapéutica de hierro.

Un preparado utilizado dentro de oligoterapia catalítica puede aportar cantidades muchísimo menores y utilizarse siguiendo otro criterio.

Confundir ambos conceptos conduce a bastante lío.

Oligoterapia catalítica

La oligoterapia catalítica desarrollada a partir de los trabajos de Ménétrier considera determinados oligoelementos como reguladores del terreno.

Dentro de este sistema se desarrollaron asociaciones tradicionales como:

  • Manganeso.

  • Manganeso-Cobre.

  • Manganeso-Cobalto.

  • Cobre-Oro-Plata.

  • Zinc-Cobre.

  • Zinc-Níquel-Cobalto.

La elección no se basa únicamente en buscar una carencia analítica.

Se tiene en cuenta el patrón funcional de la persona.

Este es un sistema diferente de la suplementación nutricional clásica, aunque ambos utilizan elementos traza.

El concepto de terreno

Esta es probablemente una de las partes más interesantes de la oligoterapia tradicional.

Ménétrier describió diferentes diátesis o terrenos.

La idea era que personas diferentes podían presentar tendencias funcionales diferentes y que determinados oligoelementos podían utilizarse para modular esas tendencias.

Por eso en oligoterapia catalítica la pregunta no es solamente:

“¿Cuánto zinc come esta persona?”

También puede plantearse:

“¿Qué patrón funcional está presentando?”

Esto explica por qué la oligoterapia tiene una lógica propia y no debería confundirse con tomar un multivitamínico-mineral.

Deficiencia y exceso: las dos caras de los oligoelementos

Uno de los principios fundamentales de estos elementos es que tanto la falta como el exceso pueden alterar la homeostasis.

Necesitamos hierro, pero demasiado hierro puede favorecer procesos oxidativos.

Necesitamos cobre, pero un exceso puede ser perjudicial.

Necesitamos selenio, pero en cantidades elevadas puede causar selenosis.

Necesitamos manganeso, pero una acumulación excesiva puede afectar al sistema nervioso.

Precisamente porque son biológicamente activos necesitamos mantenerlos dentro de determinados márgenes.

¿Cómo elegir oligoelementos?

Antes de comprar un producto conviene saber qué estamos buscando.

No es lo mismo:

  • Corregir una deficiencia de hierro.

  • Utilizar zinc durante un periodo determinado.

  • Apoyar la función tiroidea.

  • Utilizar una asociación de oligoterapia.

  • Tomar un complejo multimineral.

Son objetivos diferentes.

Por eso debemos fijarnos en:

  • Qué mineral contiene.

  • Cantidad.

  • Forma química.

  • Combinación.

  • Objetivo.

  • Duración prevista.

En Herbolario de Confianza podemos encontrar diferentes preparados de oligoelementos, pero precisamente porque no todos cumplen la misma función merece la pena elegirlos según la necesidad concreta.

Principales beneficios de los oligoelementos

En conjunto, los oligoelementos participan en:

  • Producción de energía.

  • Actividad enzimática.

  • Sistema inmunitario.

  • Formación de sangre.

  • Oxigenación.

  • Tiroides.

  • Función hormonal.

  • Sistema nervioso.

  • Protección antioxidante.

  • Piel.

  • Cabello.

  • Uñas.

  • Huesos.

  • Articulaciones.

  • Colágeno.

  • Fertilidad.

  • Metabolismo.

Pero esta lista puede llevarnos a una conclusión equivocada si la leemos demasiado deprisa.

No existe un único “oligoelemento para todo”.

Cada uno posee funciones diferentes.

Y muchas veces funcionan formando redes.

La verdadera importancia de los oligoelementos

Cuando observamos cuánta cantidad de estos minerales tenemos en nuestro organismo parecen insignificantes.

Pero después empezamos a mirar lo que hacen.

Un átomo de hierro permite transportar oxígeno.

El yodo entra directamente en la estructura de una hormona tiroidea.

El selenio permite funcionar a determinadas enzimas.

El cobre participa en la respiración mitocondrial y en la formación de colágeno.

El manganeso protege nuestras mitocondrias.

El cobalto aparece en el centro de la vitamina B12.

El zinc participa en cientos de proteínas y puede ayudar incluso a regular la expresión de nuestros genes.

Así entendemos por qué se llaman elementos traza, pero no elementos secundarios.

Están presentes en cantidades diminutas.

Su importancia no lo es.

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