Beneficios de la alcachofa: propiedades y usos medicinales

La alcachofa, Cynara scolymus, es una de esas plantas que utilizamos continuamente como alimento y a veces olvidamos que también es una magnífica planta medicinal.

Originaria de la región mediterránea y del norte de África, pertenece a la familia de las Asteráceas.

Y aquí debemos distinguir la alcachofa que nos comemos de la parte que utilizamos principalmente en fitoterapia.

Cuando comemos una alcachofa consumimos fundamentalmente el capítulo floral carnoso. Sin embargo, en fitoterapia utilizamos sobre todo las hojas, mucho más amargas y particularmente interesantes por su acción sobre el hígado, la vesícula biliar y la digestión de las grasas.

Propiedades de la alcachofa

Uno de los compuestos más conocidos de la alcachofa es la cinarina, aunque no es ni mucho menos el único responsable de sus propiedades.

Las hojas contienen diferentes derivados del ácido cafeoilquínico, entre ellos cinarina y ácido clorogénico, además de flavonoides y lactonas sesquiterpénicas como la cinaropicrina.

Todo este conjunto de sustancias explica que una planta aparentemente tan sencilla tenga aplicaciones bastante amplias.

Pero si tengo que definir a la alcachofa por algo, para mí es fundamentalmente una planta de hígado y vesícula biliar.

Alcachofa, hígado y vesícula biliar

La alcachofa presenta una importante acción colerética, es decir, favorece la producción y secreción de bilis.

Y esto tiene muchas más implicaciones de las que parece.

La bilis participa en:

  • digestión y absorción de las grasas;

  • eliminación de colesterol;

  • eliminación de determinadas sustancias metabolizadas por el hígado;

  • y funcionamiento normal del sistema digestivo.

Por eso cuando estimulamos correctamente la función hepatobiliar podemos notar cambios no solamente en la digestión, sino también en el metabolismo general.

La alcachofa se utiliza tradicionalmente cuando encontramos:

  • digestiones lentas;

  • sensación de pesadez después de comer;

  • mala tolerancia a las grasas;

  • insuficiencia biliar funcional;

  • hígado sobrecargado;

  • y alteraciones relacionadas con el metabolismo hepático.

Además, diferentes compuestos de la alcachofa presentan actividad antioxidante y hepatoprotectora, ayudando a proteger la célula hepática frente al estrés oxidativo.

Esta combinación de acción hepatoprotectora y estimulación biliar es precisamente lo que convierte a la alcachofa en una de mis plantas básicas cuando quiero trabajar sobre el terreno hepático.

Alcachofa y regeneración hepática

Tradicionalmente se ha hablado de la alcachofa como una planta regeneradora del hígado.

Cuando utilizamos esta expresión no estamos diciendo simplemente que haga producir más bilis.

Los extractos de hoja de alcachofa y sus compuestos fenólicos han mostrado capacidad antioxidante y protectora sobre los hepatocitos, y se han estudiado por su influencia sobre diferentes marcadores de función hepática.

Por eso se ha utilizado tradicionalmente como apoyo en:

  • hígado graso;

  • sobrecarga hepática;

  • alteraciones hepatobiliares;

  • recuperación de la función hepática;

  • y diferentes procesos en los que necesitamos proteger al hepatocito.

Para mí esta acción es especialmente interesante porque hígado, bilis, colesterol, glucosa y metabolismo de las grasas no funcionan como compartimentos separados.

Cuando trabajamos sobre uno de ellos, muchas veces estamos actuando sobre todo el terreno metabólico.

Alcachofa y colesterol

Otra de las aplicaciones clásicas de la alcachofa es el colesterol.

Y aquí nuevamente aparece el hígado.

El hígado es uno de los órganos fundamentales en la síntesis, transformación y eliminación del colesterol.

La alcachofa actúa por diferentes vías.

Por una parte, favorece la secreción biliar, una de las vías mediante las que nuestro organismo elimina colesterol.

Por otra, diferentes componentes de sus hojas se han estudiado por su influencia sobre la propia síntesis hepática de colesterol.

Por eso los extractos de hoja de alcachofa se utilizan tradicionalmente para ayudar a mantener unos niveles adecuados de:

  • colesterol total;

  • LDL;

  • y triglicéridos.

Y nuevamente vemos que su utilización para el colesterol no está separada de su acción sobre el hígado.

Forma parte del mismo mecanismo.

Alcachofa, hipertensión y arteriosclerosis

Al mejorar el terreno lipídico y aportar numerosos compuestos antioxidantes, la alcachofa también resulta interesante dentro del cuidado cardiovascular.

Tradicionalmente se ha utilizado en personas con:

  • colesterol elevado;

  • arteriosclerosis;

  • hipertensión;

  • y alteraciones metabólicas asociadas.

Sus polifenoles ayudan además a proteger frente a la oxidación, algo especialmente interesante cuando hablamos de salud vascular.

A esto se suma su acción diurética, que puede contribuir a la eliminación de líquidos.

Alcachofa como diurético

La alcachofa también presenta una acción diurética suave.

Tradicionalmente se ha utilizado para favorecer la eliminación renal de agua y acompañar situaciones de:

  • retención de líquidos;

  • edema;

  • dietas depurativas;

  • y sobrecarga metabólica.

Y aquí volvemos a encontrarnos con una planta que trabaja simultáneamente sobre varias de nuestras principales vías de eliminación:

hígado, bilis, intestino y riñón.

Por eso siempre ha tenido tanta fama como planta depurativa.

Alcachofa y obesidad

La alcachofa no adelgaza por arte de magia.

Pero sí tiene características que explican perfectamente por qué tradicionalmente se ha utilizado en personas con sobrepeso y obesidad.

Por una parte tenemos su acción diurética, que puede ayudar cuando existe retención de líquidos.

Por otra tenemos su influencia sobre:

  • función hepática;

  • producción de bilis;

  • digestión de grasas;

  • metabolismo lipídico;

  • colesterol;

  • glucosa;

  • y eliminación.

Y esto para mí es mucho más interesante que vender la alcachofa simplemente como una planta «quemagrasas».

Cuando una persona presenta sobrepeso acompañado de hígado graso, colesterol, triglicéridos elevados, digestiones pesadas y alteraciones de glucosa, estamos viendo un terreno metabólico completo.

Ahí es donde tiene sentido una planta como la alcachofa.

Alcachofa y diabetes

La alcachofa también tiene una larga tradición de utilización en personas con alteraciones de glucosa.

Antiguamente se hablaba de la existencia de un «fermento antidiabético».

Hoy podemos explicarlo mejor.

La alcachofa contiene fibra, incluida inulina, y numerosos polifenoles que están siendo estudiados por su influencia sobre el metabolismo de la glucosa, la sensibilidad a la insulina y el estrés oxidativo.

Además, volvemos a encontrarnos con la conexión metabólica entre:

glucosa → insulina → hígado → triglicéridos → colesterol → tejido adiposo.

Por eso su utilización tradicional en diabetes no aparece aislada del resto de sus aplicaciones.

Encaja dentro del mismo terreno en el que tradicionalmente utilizamos la planta.

Una antigua receta popular recomendaba incluso tomar el zumo de las hojas de alcachofa mezclado con vino.

Yo hoy no utilizaría el vino para este objetivo, pero me parece interesante conservar la referencia porque forma parte de la historia de sus usos tradicionales.

Cinaropicrina y actividad antitumoral

La cinaropicrina es una lactona sesquiterpénica característica de la alcachofa y otras especies del género Cynara.

Es un compuesto especialmente interesante porque se ha investigado por sus propiedades:

  • antiinflamatorias;

  • antioxidantes;

  • antiproliferativas;

  • y citotóxicas frente a determinadas líneas celulares tumorales.

También otros polifenoles presentes en la alcachofa han sido estudiados en modelos celulares relacionados con proliferación, apoptosis y estrés oxidativo.

Esto ayuda a comprender por qué encontramos referencias tradicionales y experimentales a la alcachofa dentro del estudio del terreno tumoral.

En mi artículo original recogía además una preparación tradicional a base de raíz de alcachofa:

60 gramos de raíz seca en un litro de agua, cocidos hasta reducir aproximadamente a medio litro, para posteriormente colar la decocción.

Conservo esta fórmula porque forma parte de los usos tradicionales recopilados de la planta, aunque hoy no utilizaría una decocción de alcachofa como sustituto de un tratamiento oncológico.

Principales usos de la alcachofa

Por todas estas propiedades, tradicionalmente utilizamos la alcachofa fundamentalmente para:

  • favorecer la función hepática;

  • estimular la producción y secreción de bilis;

  • digestiones pesadas;

  • mala digestión de las grasas;

  • hígado graso y sobrecarga hepática;

  • colesterol y triglicéridos;

  • apoyo en arteriosclerosis;

  • retención de líquidos;

  • como diurético;

  • sobrepeso y obesidad asociados a alteraciones metabólicas;

  • alteraciones del metabolismo de la glucosa;

  • y como planta depurativa.

Además, algunos de sus componentes continúan estudiándose por sus actividades antioxidantes, antiinflamatorias y antiproliferativas.

Cómo tomar alcachofa para hígado y bilis

Una de las preparaciones tradicionales más sencillas consiste en utilizar las hojas secas de alcachofa.

Podemos preparar una infusión con aproximadamente:

2 cucharadas de hojas secas por litro de agua.

Tradicionalmente se toma repartida durante el día, especialmente antes de las comidas.

Su sabor es amargo.

Y precisamente ese amargor forma parte de su interés.

Las plantas amargas se han utilizado tradicionalmente antes de las comidas para estimular las secreciones digestivas y preparar el aparato digestivo para recibir los alimentos.

También podemos encontrar alcachofa en:

  • extracto líquido;

  • tintura;

  • extracto seco;

  • cápsulas;

  • comprimidos;

  • y diferentes fórmulas hepatobiliares.

En estos casos la cantidad dependerá de la concentración del extracto utilizado.

Decocción tradicional de raíz de alcachofa

En el artículo original utilizaba también otra preparación tradicional:

60 gramos de raíces secas por litro de agua.

Se deja cocer hasta reducir aproximadamente el volumen a medio litro y posteriormente se filtra.

Esta preparación se utilizaba tradicionalmente como:

  • diurética;

  • depurativa;

  • apoyo metabólico;

  • y dentro de fórmulas destinadas a hígado y eliminación.

Actualmente es muchísimo más habitual encontrar hoja de alcachofa que raíz en fitoterapia, pero me parece interesante conservar esta preparación porque forma parte de sus usos tradicionales.

Contraindicaciones de la alcachofa

Aquí hay una contraindicación especialmente importante precisamente por una de las principales propiedades de la planta.

Si la alcachofa estimula la producción y salida de bilis, debemos tener cuidado cuando existe un obstáculo que impide que esa bilis pueda circular correctamente.

Por eso no debemos utilizarla libremente cuando existe:

  • obstrucción de los conductos biliares;

  • determinadas patologías graves de las vías biliares;

  • o situaciones en las que aumentar el flujo biliar pueda producir un problema.

Cuando existen cálculos biliares, especialmente si son grandes o han provocado previamente cólicos, también hay que valorar muy bien su utilización.

Una cosa es favorecer la función de una vesícula biliar y otra muy distinta estimularla cuando existe una piedra capaz de obstruir un conducto.

Tampoco se recomienda tradicionalmente utilizar preparados medicinales concentrados de alcachofa durante la lactancia, ya que los principios amargos pueden modificar las características de la leche y además no disponemos de suficiente información sobre el uso de extractos concentrados durante esta etapa.

También debemos tener precaución en personas alérgicas a plantas de la familia Asteraceae, como margarita, manzanilla, árnica, diente de león o ambrosía.

Y debido a sus posibles efectos sobre glucosa, presión arterial y eliminación de líquidos, cuando se utilizan extractos concentrados conviene tener en cuenta los tratamientos que la persona ya esté utilizando.

Una planta de hígado que va mucho más allá del hígado

Si tuviera que quedarme con una sola propiedad de la alcachofa, seguiría eligiendo su relación con el hígado y la vesícula biliar.

Pero precisamente cuando entendemos lo que hace el hígado comprendemos por qué sus aplicaciones terminan extendiéndose mucho más allá.

Colesterol, triglicéridos, glucosa, digestión de grasas, bilis, eliminación, peso y metabolismo están profundamente relacionados.

Por eso una planta que tradicionalmente hemos utilizado para «limpiar el hígado» puede aparecer también cuando hablamos de colesterol, digestiones pesadas, retención de líquidos o alteraciones metabólicas.

No son propiedades independientes colocadas una detrás de otra.

Son diferentes manifestaciones de un mismo terreno metabólico sobre el que la alcachofa lleva utilizándose desde hace siglos.

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