Acaba con la fatiga adrenal: cómo cuidar tus glándulas suprarrenales

Hay épocas en nuestra vida en las que parece que el cuerpo sencillamente ya no puede más. Nos levantamos cansados, nos cuesta concentrarnos, necesitamos café o dulce para funcionar, llegamos agotados al final del día y, curiosamente, cuando por fin podemos acostarnos, parece que nos hemos activado.

Es lo que dentro de la naturopatía solemos llamar fatiga adrenal o desarmonía suprarrenal.

Las glándulas suprarrenales participan de manera fundamental en nuestra respuesta al estrés. El problema aparece cuando vivimos durante demasiado tiempo como si estuviéramos permanentemente huyendo de un león: problemas económicos, trabajo, niños, padres, pareja, falta de sueño, preocupaciones, enfermedad, prisas...

Nuestro cuerpo está preparado para responder al estrés. Lo que no lleva tan bien es vivir permanentemente estresado.

Síntomas de la fatiga adrenal

Cuando el eje que regula nuestra respuesta al estrés empieza a funcionar de manera desequilibrada, podemos encontrarnos con síntomas como:

  • debilidad;

  • falta de energía;

  • dificultad para concentrarnos;

  • sensación de confusión o niebla mental;

  • olvidos;

  • dificultad para realizar tareas que antes hacíamos fácilmente;

  • mala digestión;

  • estreñimiento;

  • bajo estado de ánimo;

  • insomnio;

  • dormir pero levantarnos sin sensación de haber descansado;

  • sudoración excesiva ante pequeños esfuerzos;

  • sed o boca seca;

  • apetencia por alimentos salados;

  • visión borrosa o dificultad ocasional para enfocar;

  • necesidad constante de estimulantes, café, tabaco o alimentos dulces.

También es muy característico encontrarnos cansados durante todo el día y activarnos por la noche.

O estar absolutamente agotados y, sin embargo, ser incapaces de conciliar el sueño.

Las suprarrenales no funcionan de manera aislada. Forman parte de una compleja comunicación entre cerebro y sistema endocrino, por lo que un periodo prolongado de estrés puede terminar repercutiendo también en el sueño, la digestión, el metabolismo, el sistema nervioso, la función tiroidea y las hormonas sexuales.

¿Qué son las glándulas suprarrenales?

Las glándulas suprarrenales son dos pequeñas glándulas situadas encima de los riñones que forman parte del sistema endocrino.

Entre otras sustancias producen cortisol y adrenalina, dos hormonas esenciales para responder correctamente ante una situación de estrés.

La adrenalina nos permite reaccionar rápidamente. El cortisol participa en la disponibilidad de energía, el metabolismo, la presión arterial, la respuesta inmunitaria y nuestro ritmo diario de sueño y vigilia.

Por tanto, el problema no consiste simplemente en imaginar unas glándulas que se han «gastado» y han dejado de producir hormonas.

Cuando hablo de fatiga adrenal me refiero a algo bastante más complejo: una respuesta al estrés que ha perdido su equilibrio.

Podemos tener momentos de hiperactivación, otros de agotamiento y una sensación general de que el organismo ya no responde al estrés como antes.

El estrés y las suprarrenales

Nuestras glándulas suprarrenales producen hormonas fundamentales para que podamos responder a una situación de peligro.

Y esto tiene muchísimo sentido si pensamos para qué fue diseñada esta respuesta.

Aparece un peligro, reaccionamos, luchamos o huimos y, cuando el peligro desaparece, volvemos a la normalidad.

El problema es que nuestro cuerpo no necesita que aparezca un tigre para activar la respuesta de estrés.

Un problema económico que dura seis meses, un trabajo insoportable, cuidar a una persona dependiente, dormir mal durante años o vivir permanentemente preocupados pueden mantener activado durante demasiado tiempo el mismo sistema.

Y hay algo todavía más curioso: nuestro cuerpo responde también a aquello que imaginamos.

Si estamos sentados tranquilamente en el sofá pero nuestra cabeza está construyendo una catástrofe que todavía no ha ocurrido, fisiológicamente podemos empezar a responder como si realmente estuviéramos ante un peligro.

El estrés y la adrenalina

La adrenalina es maravillosa cuando la necesitamos.

Nos aumenta el estado de alerta, moviliza energía, acelera el corazón y prepara los músculos para reaccionar.

Pero no podemos vivir permanentemente así.

Yo suelo explicarlo con los coches.

No se necesita el mismo combustible para una moto que para un avión, y una moto tampoco consume la misma cantidad de gasolina estando al ralentí que subiendo una cuesta.

Pues con nuestro organismo ocurre algo parecido.

La intensidad de nuestra respuesta cambia dependiendo de lo que estamos haciendo y del desafío al que nos enfrentamos.

El problema de nuestra sociedad es que muchas personas han terminado acostumbrándose a funcionar a golpe de adrenalina.

Y no estoy hablando solamente de quien salta de un avión o practica deportes de riesgo.

¿Cuántos hacemos auténticos malabares para sacar adelante el trabajo, los niños, la pareja, la casa, los amigos y nuestros padres?

La madre que consigue llegar a todo puede acostumbrarse a funcionar en permanente estado de alerta.

El ejecutivo que tiene una reunión a primera hora, se salta la comida y continúa trabajando hasta las once de la noche también.

Y durante un tiempo funciona.

Hasta que deja de funcionar.

A veces ocurre incluso algo paradójico: después de vivir muchísimo tiempo en tensión, relajarnos nos resulta incómodo.

He tenido personas en Jin Shin Jyutsu que, al relajarse profundamente por primera vez después de muchísimo tiempo, han llegado a sentir una enorme inquietud porque habían olvidado prácticamente qué sensación producía no estar en alerta.

Cómo ayudar a recuperar el equilibrio suprarrenal

1. Reducir el estrés

Sí, ya sé que decir «no tengas estrés» es facilísimo cuando el estrés lo tiene otro.

Pero tenemos que empezar a entender lo que mantenernos continuamente en tensión hace en nuestro organismo.

Hay que priorizar.

Si esta semana tienes que entregar un trabajo importantísimo, quizá la casa no esté perfecta.

No se puede llegar a todo.

El cementerio está lleno de perfeccionistas.

Cuando el día se nos escapa de las manos y empezamos a andar como pollo sin cabeza pensando que no sabemos qué desgracia ocurrirá después, hay una cosa sencillísima que podemos hacer:

parar y respirar tres veces profundamente.

Después volvemos a empezar.

Parece una tontería, pero muchas veces somos muchísimo más eficaces después de esos pocos segundos.

Y aprovecha las situaciones que no puedes cambiar.

Si estás en un atasco, enfadarte no hará que los coches circulen más deprisa. Pon música y canta. Llegarás cuando llegues.

Busca también algo que desconecte completamente tu cabeza.

Una película, un libro, música, pintar, hacer punto, aprender un idioma... lo que sea.

Yo durante una época me preparaba un té por la noche y aprendía ruso. Intentar escribir en cirílico conseguía que mi cerebro y mi lengua se hicieran un nudo, me reía de mí misma y después caía como un tronco.

Y si tienes un rato libre, procura no gastarlo con personas que te dejan peor de lo que estabas.

2. La alimentación también importa

Saltarnos comidas cuando ya estamos agotados puede convertirse en otro factor de estrés para el organismo.

Cuando disminuye la glucosa en sangre, nuestro cuerpo dispone de diferentes mecanismos para mantenerla dentro de unos márgenes adecuados, y entre ellos participan hormonas como el glucagón, la adrenalina y el cortisol.

Por eso, en una persona que llega a consulta completamente agotada, muchas veces no empiezo obligándola a hacer ayunos larguísimos ni dietas extremadamente bajas en carbohidratos.

Primero quiero que su organismo recupere estabilidad.

Haremos nuestras comidas principales y, cuando sea necesario, podemos incorporar una pequeña comida a media mañana o a media tarde.

Y aquí quiero dejar una cosa clara:

hay que comer carbohidratos.

El cuerpo necesita energía y no es lo mismo obtener los hidratos de carbono de fruta, verduras, legumbres, tubérculos o cereales de buena calidad que vivir a base de bollería y refrescos.

Yo suelo utilizar mucho la fruta a media mañana. Un plátano, por ejemplo, resulta muy práctico porque aporta hidratos de carbono y potasio, aunque podemos utilizar cualquier fruta que nos siente bien.

Otra merienda que me gusta es una bebida de almendras acompañada de unas nueces, semillas y un par de onzas de chocolate negro de más del 70 %.

Son ejemplos, naturalmente. No sustituyen el desayuno, la comida o la cena.

También moderaría el exceso de grasas y, especialmente, los carbohidratos refinados.

Ni necesitamos vivir a base de grasa ni tenemos que declarar la guerra a los carbohidratos.

Necesitamos comida de verdad.

Alimentos que ayudan a cuidar las glándulas suprarrenales

Entre los alimentos que podemos incorporar dentro de una alimentación destinada a recuperar energía y apoyar al organismo durante periodos de estrés encontramos:

  • brotes;

  • espárragos;

  • arándanos silvestres;

  • plátanos;

  • ajo;

  • brócoli;

  • kale;

  • frambuesas;

  • moras;

  • lechuga romana;

  • manzanas de piel roja.

Son alimentos interesantes porque aportan vitaminas, minerales, antioxidantes y diferentes fitonutrientes necesarios para el sistema nervioso y el metabolismo energético.

Zumos y batidos para periodos de agotamiento

El zumo de apio es uno de los alimentos que tradicionalmente utilizo cuando quiero trabajar alimentación, hidratación y aporte de minerales.

Otra opción es preparar un batido con:

  • plátano;

  • un poco de agua o agua de coco;

  • verde de cebada.

Podemos añadir más o menos líquido dependiendo de si queremos una textura más espesa o más ligera.

Es una forma sencilla de combinar hidratos de carbono naturales y minerales dentro de la alimentación.

Plantas adaptógenas y estrés

Aquí entran en juego las plantas adaptógenas, uno de mis grupos favoritos de plantas cuando trabajo con personas sometidas a periodos prolongados de estrés.

Los adaptógenos reciben precisamente este nombre porque ayudan al organismo a adaptarse mejor a diferentes situaciones de estrés físico y emocional.

Entre ellas encontramos plantas como:

  • ashwagandha;

  • rhodiola;

  • eleuterococo o ginseng siberiano;

  • astrágalo;

  • maca.

Para este tipo de situaciones, una de mis favoritas es la ashwagandha.

Es una planta utilizada desde hace siglos en Ayurveda y especialmente interesante cuando el estrés prolongado se acompaña de agotamiento, alteraciones del sueño y sensación de no poder desconectar.

Eso no significa que todos los adaptógenos sirvan para todo el mundo. Una persona agotada pero acelerada no siempre necesita exactamente lo mismo que alguien apático, con hipotensión y sin energía desde que se levanta.

Y ahí es donde deja de tener sentido comprar cinco suplementos porque hemos leído una lista en Internet y empieza a tener sentido valorar qué está ocurriendo realmente en esa persona.

 


Aviso: Este artículo tiene carácter meramente informativo y educativo. La fatiga persistente puede aparecer por numerosas causas y debe valorarse especialmente cuando es intensa, aparece de forma repentina o se acompaña de otros síntomas. La información aquí recogida no sustituye el diagnóstico, seguimiento ni tratamiento médico.

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