
La deficiencia de magnesio es un problema que muchas veces puede pasar desapercibido, especialmente cuando todavía no es importante, porque sus síntomas pueden confundirse fácilmente con cansancio, estrés, problemas musculares o alteraciones del sueño.
Además, valorar el estado del magnesio no siempre es tan sencillo como parece.
Menos del 1 % del magnesio total del organismo se encuentra en la sangre, mientras que aproximadamente el 50-60 % está almacenado en los huesos y buena parte del resto se encuentra dentro de las células y tejidos.
Por eso, una concentración normal de magnesio en sangre no siempre nos proporciona una imagen completa de las reservas del organismo.
Entre las causas que pueden favorecer una deficiencia de magnesio encontramos:
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Una ingesta insuficiente a través de la alimentación.
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Diabetes, especialmente cuando existe un mal control de la glucemia y mayores pérdidas urinarias.
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Malabsorción intestinal.
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Diarrea crónica.
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Enfermedad celíaca.
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Consumo elevado y mantenido de alcohol.
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Determinados medicamentos.
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Otras situaciones que aumenten las pérdidas digestivas o renales de magnesio.
¿Y cómo podemos sospechar que nos está faltando?
1. Espasmos y calambres musculares
Los espasmos, temblores y calambres musculares son algunos de los signos más conocidos relacionados con una deficiencia de magnesio.
El magnesio participa en la transmisión nerviosa y en los mecanismos de contracción y relajación muscular, manteniendo además una estrecha relación con otros minerales como el calcio y el potasio.
Cuando existe una carencia pueden aparecer:
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Calambres en las piernas.
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Espasmos.
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Contracturas.
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Temblores.
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Hormigueos.
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Sensaciones de entumecimiento.
Por supuesto, no todos los calambres significan que falte magnesio, pero cuando aparecen repetidamente es uno de los minerales que merece la pena valorar.
2. Lentitud mental
La apatía, la sensación de mente espesa, la dificultad para concentrarse o cierta sensación de desconexión también pueden aparecer cuando existe una deficiencia importante.
El magnesio participa en numerosos procesos relacionados con el funcionamiento del sistema nervioso y la actividad neuronal.
Por eso una carencia puede manifestarse no solamente en los músculos, sino también en cómo funciona nuestro cerebro.
3. Fatiga y debilidad muscular
La fatiga es otro posible síntoma.
El magnesio participa en cientos de reacciones enzimáticas y tiene una relación especialmente estrecha con la producción y utilización de energía celular.
También interviene en la función muscular.
Por eso una deficiencia puede acompañarse de:
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Cansancio.
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Sensación de falta de energía.
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Debilidad muscular.
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Menor resistencia física.
El problema es que el cansancio puede tener muchísimas causas, de modo que por sí solo no nos indica una deficiencia de magnesio.
4. Presión arterial alta
El magnesio participa en la regulación del tono vascular y en diferentes mecanismos relacionados con la presión arterial.
Por eso un estado insuficiente de magnesio puede formar parte del terreno que encontramos en algunas personas con hipertensión.
No significa que toda presión arterial elevada se deba a falta de magnesio.
Pero cuando valoramos globalmente la salud cardiovascular, el estado de este mineral también merece atención.
5. Latido cardíaco irregular
Las alteraciones del ritmo cardíaco se encuentran entre las manifestaciones más importantes que pueden aparecer cuando existe una deficiencia significativa de magnesio.
El corazón es un músculo y su funcionamiento depende de un delicado equilibrio de electrolitos, especialmente:
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Magnesio.
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Potasio.
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Calcio.
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Sodio.
Cuando ese equilibrio se altera pueden aparecer palpitaciones o alteraciones del ritmo cardíaco.
6. Dolor de cabeza
El magnesio también tiene una interesante relación con las cefaleas y migrañas.
Participa en la función neuromuscular, la regulación vascular y diferentes procesos del sistema nervioso.
Cuando existe tensión muscular también podemos encontrar molestias en:
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Cuello.
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Trapecios.
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Mandíbula.
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Cabeza.
Por eso, cuando encontramos dolores de cabeza acompañados de tensión muscular, calambres, estrés o problemas de sueño, resulta especialmente interesante valorar el magnesio.
7. Cambios en el estado de ánimo y ansiedad
El magnesio participa en la regulación del sistema nervioso.
Cuando existe una deficiencia pueden aparecer:
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Mayor nerviosismo.
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Irritabilidad.
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Ansiedad.
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Cambios en el estado de ánimo.
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Mayor sensibilidad al estrés.
Esto explica por qué muchas veces encontramos juntos varios síntomas aparentemente diferentes: tensión muscular, dificultad para dormir, ansiedad, cansancio y cefaleas.
El mismo mineral está participando en numerosos mecanismos relacionados con todos ellos.
8. Estreñimiento
El magnesio también está relacionado con la función intestinal.
Determinadas formas de magnesio tienen además un efecto osmótico, atrayendo agua hacia el intestino y favoreciendo unas heces más blandas y el tránsito intestinal.
Por eso algunas sales de magnesio se utilizan tradicionalmente cuando existe estreñimiento.
Una deficiencia no significa necesariamente que vaya a producir estreñimiento, pero cuando éste aparece junto con calambres, tensión muscular y otros signos compatibles, podemos valorar el estado de magnesio dentro del conjunto.
9. Problemas de sueño
Y llegamos a uno de los síntomas más habituales: dificultad para relajarnos y dormir correctamente.
El magnesio participa en la regulación neuromuscular y en diferentes mecanismos relacionados con la excitabilidad del sistema nervioso.
Cuando existe una carencia podemos encontrarnos con una situación bastante característica:
Estamos agotados, pero no conseguimos relajarnos.
Puede aparecer:
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Dificultad para conciliar el sueño.
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Sueño poco reparador.
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Despertares.
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Inquietud.
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Tensión muscular nocturna.
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Sensación de hiperactividad a la hora de acostarnos.
Cuando aparecen varios síntomas a la vez
Un calambre aislado no significa que nos falte magnesio.
Tampoco lo demuestra una noche de insomnio o un día especialmente cansado.
Lo que resulta mucho más interesante es observar el conjunto.
Si encontramos simultáneamente calambres, tensión muscular, cansancio, nerviosismo, problemas de sueño, cefaleas o estreñimiento, entonces sí puede tener sentido valorar si estamos obteniendo suficiente magnesio y, sobre todo, preguntarnos por qué podría estar faltándonos.
Porque no siempre se trata simplemente de consumir poco.
También podemos estar absorbiéndolo mal o perdiéndolo en exceso.


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