
El ajo (Allium sativum) es una de las plantas medicinales más antiguas utilizadas por el ser humano. Desde la antigüedad ha sido valorado tanto por sus propiedades culinarias como por sus beneficios para la salud.
Los egipcios y los griegos lo consideraban una fuente de fortaleza física y lo incluían en la dieta de esclavos y atletas para mejorar su vitalidad. En el antiguo Egipto también se utilizaba como protector frente a infecciones y parásitos.
Incluso aparece en la mitología clásica: según el relato de la Odisea, Ulises utilizó el ajo para protegerse de los hechizos de la maga Circe.
Hoy en día el ajo sigue siendo una de las plantas más estudiadas dentro de la fitoterapia gracias a sus múltiples compuestos activos.
Propiedades del ajo
El ajo es originario de Asia Central y la parte de la planta que se utiliza principalmente es el bulbo.
Este bulbo contiene numerosos compuestos activos entre los que destacan:
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compuestos sulfurados como la aliina
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enzimas
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vitaminas A, B1, B2 y C
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niacina
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compuestos antioxidantes
Cuando el ajo se machaca o se corta, la aliina se transforma en alicina, uno de los compuestos responsables de muchas de sus propiedades.
Las sustancias sulfuradas del ajo son altamente volátiles y, una vez ingeridas, se distribuyen por el organismo a través de la sangre, impregnando distintos tejidos y órganos como:
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riñones
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pulmones
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bronquios
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piel
Esto explica por qué el ajo ha sido tradicionalmente utilizado para apoyar múltiples funciones del organismo.
Beneficios del ajo
Salud cardiovascular
El ajo es una de las plantas más conocidas por sus efectos beneficiosos sobre el sistema cardiovascular.
Se ha observado que puede ayudar a:
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reducir la presión arterial
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mejorar la circulación sanguínea
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favorecer la vasodilatación
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ayudar a fluidificar la sangre
Por este motivo se ha utilizado tradicionalmente como apoyo en casos de:
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arteriosclerosis
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problemas circulatorios
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trombosis
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riesgo cardiovascular
También se ha estudiado su capacidad para reducir los niveles de colesterol en sangre.
Regulación del azúcar en sangre
Otro de los beneficios atribuidos al ajo es su posible efecto hipoglucemiante.
Diversos estudios han señalado que sus compuestos activos pueden contribuir a mejorar el metabolismo de la glucosa y ayudar a regular los niveles de azúcar en sangre.
Por ello se ha utilizado tradicionalmente como complemento en personas con alteraciones metabólicas.
Propiedades antimicrobianas
El ajo posee propiedades antibacterianas, antifúngicas y antivirales, en gran parte gracias a sus compuestos sulfurados.
Se ha observado actividad frente a microorganismos como:
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estafilococos
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estreptococos
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salmonela
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distintos tipos de hongos
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algunos virus
Una característica interesante del ajo es que, a diferencia de algunos antibióticos, puede ayudar a controlar bacterias patógenas sin alterar de forma importante la flora intestinal.
Apoyo digestivo
El ajo también puede contribuir al buen funcionamiento del sistema digestivo.
Tradicionalmente se ha utilizado para:
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mejorar la digestión
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ayudar en casos de infecciones intestinales
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favorecer el tránsito intestinal
Al mejorar el tránsito intestinal y reducir el estreñimiento, también se ha considerado útil como apoyo en la salud del aparato digestivo.
Estimulación del sistema inmunológico
El ajo se ha utilizado durante siglos como apoyo natural para las defensas.
Sus compuestos activos pueden estimular la actividad del sistema inmunológico y favorecer la producción de glóbulos blancos, células clave en la defensa frente a infecciones.
Por este motivo se utiliza frecuentemente como complemento en:
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infecciones respiratorias
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infecciones urinarias
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infecciones intestinales
Uso externo
El ajo también se ha utilizado tradicionalmente en aplicaciones externas.
Aplicado directamente sobre la piel se ha utilizado para ayudar a eliminar:
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verrugas
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callos
En estos casos se aplica sobre la zona afectada protegiendo la piel sana alrededor.
Cómo tomar el ajo
El ajo puede consumirse de diferentes maneras.
Ajo crudo
Consumir ajo crudo es una de las formas más tradicionales de aprovechar sus propiedades.
Una práctica popular consiste en tomar por la mañana un zumo de limón con ajo machacado.
Cocimiento
Otra opción es preparar un cocimiento.
Se puede hervir una cabeza de ajo por cada litro de agua durante unos 10 minutos y tomar dos o tres tazas al día.
Tintura
También puede prepararse una tintura casera macerando una cabeza de ajo en alcohol durante unas 48 horas.
Posteriormente se filtra y se toman 20 a 25 gotas al día.
Jarabe de ajo
El jarabe de ajo se prepara rallando dos cabezas de ajo y mezclándolas con agua y azúcar.
Tradicionalmente se ha utilizado como apoyo para ayudar a regular la presión arterial.
Preparados comerciales
Actualmente existen suplementos de ajo en diferentes formatos:
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cápsulas
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comprimidos
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perlas de ajo desodorizado
Estas presentaciones permiten aprovechar sus propiedades evitando el fuerte olor característico del ajo crudo.
La cura tibetana del ajo
La llamada cura tibetana del ajo es una preparación tradicional a base de ajo macerado en alcohol.
Según la tradición, esta receta fue encontrada en un monasterio budista del Tíbet y se ha utilizado como método de depuración del organismo.
El preparado se obtiene macerando ajo triturado en alcohol durante varios días y posteriormente se consume en gotas siguiendo un protocolo progresivo.
Según los textos tradicionales se le atribuyen diversos beneficios, entre ellos:
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mejora del sistema inmunológico
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apoyo en la circulación sanguínea
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reducción del colesterol
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mejora del metabolismo
Contraindicaciones del ajo
Aunque el ajo es un alimento muy seguro cuando se consume en cantidades normales, conviene tener en cuenta algunas precauciones.
Las personas que toman medicación anticoagulante deben consultar con un profesional antes de consumir grandes cantidades de ajo o suplementos concentrados.
También se recomienda precaución en personas con:
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estómago sensible
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úlceras digestivas
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problemas de coagulación
En algunos casos pueden aparecer reacciones como molestias digestivas, mareos o irritación gástrica si se consume en exceso.
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